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This article was written on 16 Mar 2014, and is filled under Cine y TV, Crítica.

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Historia de un no y de un sí: ‘Wadjda’, o ‘La bicicleta verde’ (2012)

Cartel oficial de la película.

Cartel oficial de la película.

Una mujer saudita habla por teléfono con su mejor amiga. El último escándalo en el barrio: una jovencita pillada in fraganti en compañía de un hombre de fuera de la familia.

La mujer se arregla cuidadosamente, aguardando a un marido que no vuelve a casa en días… y que pretende contraer matrimonio con otra esposa que pueda darle descendencia. Wadjda, hija del matrimonio, no basta, aunque se le ha educado con amor y razonable manga ancha (en sintonía con su innata aversión por normas y dogmas).

Wadjda, al contrario que la joven ‘indecente’ del barrio, y al contrario que su propia madre -atrapada entre su observancia de la moral social y religiosa y su propio pedacito de disidencia-, goza aún de inmunidad por ser niña. El control más implacable sobre sus actos y pensamientos, no obstante, se pospone para un momento cada vez más cercano. Y el reloj no perdona.

Pero Wadjda pretende aprovechar cada segundo disponible. Cada oportunidad para irritar a la directora del colegio con su cabeza descubierta, o para encontrarse con su amigo Abdullah (ignorando el tabú de la interacción entre sexos), a quien ‘se come con patatas’ gracias a su fuerte personalidad, pero que posee ciertamente una ventaja: una bicicleta con la que desplazarse a voluntad. Wadjda, que le sigue como puede a pie, al final siempre queda atrás cuando echan carreras.

Sin embargo, Wadjda decide emplearse a fondo para poder conseguir una bicicleta propia y así encontrarse con su compañero de juegos en calidad de igual. Su tesón pondrá a prueba a su entorno adulto, que reaccionará con diatribas acerca de la inmoralidad, para una mujer, de dicho armatoste nefasto y perjudicial, además, para la fecundidad (¡!).[1]

El individuo contra la sociedad. De esto trata Wadjda, o La bicicleta verde, que, aclamada por crítica y público, pasa por ser el primer largometraje rodado íntegramente en Arabia Saudí, por una mujer, además (Haifaa al-Mansour): nada mal como hito.

Wadjda es la historia de un no que es un sí. Un no al conformismo y a la prohibición arbitraria, un sí a la individualidad, a la valentía, a lo ‘no hay nada impúdico en lo lúdico’. Y nada impúdico, definitivamente, en la libertad.

Wadjda, o la niñez como autoafirmación.

Wadjda, o la niñez como autoafirmación.

Por otra parte, en esta fábula saudí que discurre con gran fluidez,[2] los malos aprietan pero no ahogan. Siempre quedará una sonrisa clandestina, una escapatoria, un enemigo que se cansa. O, si no siempre, por lo menos sí que habrá todo esto durante esa impagable tregua que supone la infancia para una mujer (de clase media) en Arabia Saudita.[3] O acaso es que los agujeros en el sistema se están agrandando, que los cambios se están abriendo paso en otro feudo. A ritmo lento, sí, pero imparable.

Finalmente, Wadjda no es (o, al menos, no en exclusiva) una película pensada para que el público occidental pueda sublimar sentimientos de compasión y comprensión paternalista ante las injusticias impuestas a la mujer por el Islam conservador. No. Wadjda, como la también soberbia Nader y Simin (2011), posee una honestidad que le permite comunicar, con sencillez, una revelación imprescindible: que los problemas, dilemas y sentimientos humanos son los mismos alrededor del globo. Y que el hombre está compuesto de la misma materia que respira y que palpita… hasta en la tierra del infiel y del extranjero.

Notas:

[1] Parecida situación hubieron de afrontar muchas New Women anglosajonas de fines del XIX en adelante, acusadas de ‘hombrunas’ e indecentes (la misma denominación de ‘Nuevas Mujeres’ poseía connotaciones despectivas) por su empeño de no quedar al margen de ese nuevo y revolucionario invento que suponía la bicicleta. A pesar de todo, el darle a los pedales acabó imponiéndose, otorgando mayor autonomía de movimientos a la mujer (occidental), y, de algún modo, legitimando poco a poco, en base al nuevo terreno ganado, una mayor libertad y alcance de derechos.

[2] A ello contribuye el buen hacer del reparto, que encabeza una Waad Mohammed (Wadjda) de quien el Antoine Doinel niño de Los 400 golpes se habría sentido orgulloso.

[3] Un retrato más amargo de los problemas que enfrentan las mujeres sauditas en la actualidad lo había ofrecido ya al-Mansour en el documental Women Without Shadows (2005).

avatar Claudia Sanjuan (15 Posts)

Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza y Máster en Nineteenth Century-Studies por el King's College de Londres. El fin del XIX, los estudios de género y la historia cultural figuran entre sus mayores intereses. Actualmente, reside en Viena.


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