Revista Ecos de Asia

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This article was written on 01 Jun 2018, and is filled under Historia y Pensamiento.

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Los cinco elementos en las culturas orientales

La mayor parte de las civilizaciones antiguas procedían a interpretar la naturaleza conforme a diversas teorías. El ciclo natural trataba de ser explicado por medio de elementos presentes y su relación entre ellos, por lo que desde Egipto a Japón, pasando por la India y China, se elaboraban textos con el objetivo de llegar a una mejor comprensión de lo que ocurre en la naturaleza y, como parte de ésta, entre todos los seres vivos que la componen. Nada quedaba al margen de estas teorías pues, aunque principalmente se estudiaba al ser humano, todos los fenómenos naturales estaban explicados para llegar a una mejor comprensión, siempre de forma holística, del ciclo natural que se ha desarrollado desde el inicio de los tiempos.

Los egipcios asumieron en la época grecorromana los cuatro elementos de la creación, según la teoría del griego Empédocles: aire, fuego, agua y tierra. Ellos añadieron el espíritu, por lo que pasaron a ser cinco elementos. Esta teoría tiene su origen en la Grecia arcaica, y más concretamente en los filósofos presocráticos, por lo que se puede observar que en la cultura occidental también se intentaba dar una explicación al ciclo natural por medio de los elementos y su relación entre ellos.

En la India se describen los cinco elementos, al igual que en Egipto, aunque cambiando el espíritu por el éter. El fuego está relacionado con la respiración y la digestión; la tierra con la eliminación y expulsión de los desechos; el agua con la distribución y circulación de la sangre; el aire con la fuerza muscular, y el éter con la actividad de control del cuerpo. En los textos de yoga se menciona un sexto elemento que se relaciona con el resto: la mente.

En China los cinco elementos fueron más allá de la mera descripción de la interacción armónica en la naturaleza y pasaron a formar parte de la medicina tradicional china. Los médicos ancestrales basaron su comprensión de la causa y desarrollo de las enfermedades en los modelos interrelacionados de los cinco elementos. Para ello se crearon “los ciclos”, siendo los principales los de generación y control: cada elemento genera a otro y, a su vez, es controlado por uno diferente. Asimismo se asociaron a emociones, colores, alimentos, órganos, etc. Por lo que comenzaron a estar presentes en todos y cada uno de los manuales de medicina tradicional china, desde el Libro del Emperador Amarillo (2600 a.C. aprox.) hasta los modernos textos actuales. Los cinco elementos fueron: el metal, el agua, la madera, el fuego y la tierra. Se puede apreciar que el agua, el fuego y la tierra se mantienen respecto a la India, pero se sustituye el aire y el éter por el metal y la madera.

En Japón los cinco elementos tienen una relación con la medicina tradicional, al igual que en China, pues no en vano la influencia de esta última es enorme en el pueblo japonés, así como sus aplicaciones en las artes Zen, desde la ceremonia del té a las artes marciales. Los cinco elementos japoneses difieren del resto y, aunque se mantienen el agua, el fuego y la tierra, incorporan el viento y el vacío. Además de sus aplicaciones en la interpretación del ciclo natural y en la medicina tradicional, en Japón se usan para mostrar directrices en el plano guerrero y su uso se extiende al campo de batalla, principalmente durante el período feudal, y dura hasta el siglo XX. Ello se puede encontrar en textos como El libro de los cinco anillos de Miyamoto Musashi, escrito en 1645 y orientado a la estrategia militar, similar al redactado por Sun Tzu El arte de la guerra alrededor del 500 a.C. en China, siendo ambos, actualmente, una referencia en destreza militar y estudiados en escuelas de todo el mundo.

Se debe considerar que desde el siglo I a.C. se organizó la Ruta de la Seda en torno al comercio de este material surgido en China y que se llegó a extender a todo el continente asiático, conectando la ciudad actual de Xian (China) con Estambul (Turquía) y Alejandría (Egipto). Ello implicó que culturas tan alejadas como la egipcia en África, la griega y romana en Europa, pasando por Mesopotamia e India, hasta la china y japonesa, fuesen unidas por vías comerciales. Con antelación al esplendor de esta ruta existían contactos entre pueblos ubicados en regiones situadas a miles y miles de kilómetros, por lo que muchas teorías filosóficas pudieron ser influenciadas por otras surgidas en otras partes del mundo. Hay que tener en cuenta que durante el período védico (1300-900 a.C.) se produjo la entrada de arios (grupo indoeuropeo) en la India, por lo que a partir de entonces ya existía el contacto con otras civilizaciones, entre ellas la griega y, posiblemente, la egipcia. No obstante, la Ruta de la Seda influyó notablemente en la expansión de doctrinas filosóficas por toda Asia. En concreto permitió que, por ejemplo, el budismo saliese de la India y, atravesando las montañas del Himalaya, llegase a China y de ahí a otras partes del continente. También la doctrina islámica se vio favorecida en sus inicios gracias a esta ruta comercial, principalmente en su parte occidental, aunque llegó a China para quedarse en muchas de sus ciudades.

Actualmente la teoría de los cinco elementos, junto a la del yin yang, es reconocida y aplicada en muchas partes del mundo gracias a sus aplicaciones en artes y disciplinas orientales extendidas por muchísimos países. Su base filosófica es estudiada desde practicantes budistas y taoístas repartidos por templos propios a acupuntores que ejercen su labor en modernas consultas de ciudades occidentales, siempre manteniendo la esencia que en su origen fue desarrollada como un intento más de comprender el gran misterio de la naturaleza y por ende el del ser humano y todos los seres vivos que lo rodean.

 

Para saber más:

  • Preciado Idoeta, Iñaki. Los cuatro libros del emperador Amarillo. Madrid, Trotta, 2010.
  • Miyamoto Mushasi. El libro de los cinco anillos. Madrid, Librería Argentina, 2010.
  • Diez, Fernando. El legado de la India. Madrid, Mandala, 2005.
avatar José Ángel García González (9 Posts)

José Ángel García González es Diplomado en turismo por la UNED, Diplomado en Shiatsu por la Escuela Mingmen de Madrid e instructor y practicante de diversas disciplinas (Karate, Kobudo, Chi Kung), además de miembro fundador, y actualmente Presidente, de la Asociación Española de Artes Zen japonesas. Se dedica en estos momentos a la investigación del shiatsu y sus aplicaciones en enfermedades desde el espacio shiatsu Kokoro, creado junto a Silvia Juárez Gallango.


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