Revista Ecos de Asia

Mujeres y movimientos sociales en China: desde el imperio hasta la actualidad III

Este es el tercero de una serie de artículos dedicados a las mujeres en China y su participación en los principales movimientos sociales del país. Tras realizar una introducción, en la que se establecía el marco teórico y la metodología de este trabajo, analizamos el contexto social y algunos casos relevantes de la época imperial. En este tercer artículo se trata el contexto social de las mujeres chinas durante la etapa nacionalista (1911-1949), así como algunas figuras y obras relevantes.

Mujeres en la etapa nacionalista china: figuras relevantes

La etapa nacionalista en China comprende desde la caída del último emperador Qing, en 1911, hasta la instauración de la República Popular China en 1949. Los últimos años de la dinastía se habían caracterizado por su inestabilidad, no solo interna con revueltas como la de los Taiping o los musulmanes a mediados del s. XIX; sino también externas con conflictos como las guerras del opio, además de con otras potencias occidentales y con Japón. En este contexto surgen movimientos anti-Qing con la idea de proponer un sistema alternativo de gobierno y reformas encaminadas a abandonar la tradición considerada feudal, entendido como causa del atraso respecto a otras potencias como Japón o los países occidentales.[1]

Es en estos momentos cuando la lucha por la emancipación de las mujeres es incorporada a los movimientos reformistas y de cambio con respecto al orden tradicional y patriarcal. Surgen asociaciones de mujeres, sufragistas femeninas, anti vendaje de los pies[2]… en adición a la creación de escuelas femeninas, siguiendo el modelo educativo nipón, ya que en esos años Japón era el modelo a seguir en lugar de EEUU.[3] En Japón es donde encontramos un aumento de estudiantes y asociaciones chinas, además de la acogida de exiliados chinos contrarios al régimen imperial.

Su Xi Rong, una de las últimas mujeres con pies de loto, fotografiada por Jo Farrell. Esta práctica fue abolida en 1912. Fuente: BBC.

Asimismo, cabe destacar una de las particularidades del caso chino, la participación de los hombres y, en especial, de reconocidos intelectuales en el movimiento reformista pro derechos de la mujer. Es el caso de Lǔ Xùn (1881-1936), uno de los escritores más influyentes del siglo XX. Amelia Sáiz dice lo siguiente:

En su artículo Mi opinión sobre la castidad, el escritor asocia la exigencia de la castidad femenina a la imposibilidad masculina de defender su territorio, dicho de otro modo, cuanto más amenazado se siente el varón, más atenaza a la mujer. (…) La castidad era una “enfermedad masculina” en la medida en que pretender que el orgullo o la esencia de la dignidad de una nación resida en el ejercicio de castidad de sus mujeres es una demostración de debilidad, pues se exige el sacrificio y la entrega a quienes están totalmente alejados de las decisiones que han llevado la nación a la ruina. [4]

Otro erudito que podemos destacar es Jin Tianhe (1873-1947), conocido por publicar el que se considera primer manifiesto feminista chino, The Women’s bell o en su traducción La campana de las mujeres.

The Women’s Bell de Jin Tianhe fue un texto popular en el primer cuarto del siglo XX. La Campana de las Mujeres bien puede haber sido la primera defensa sistemática de los derechos de las mujeres a la educación, al sufragio, al empleo y a la subsistencia, y a la dignidad humana. Sin embargo, en lo que respecta a Jin Tianhe, la emancipación de la mujer era parte de un proyecto más amplio de ilustración y auto fortalecimiento nacional.[5]

Pensadores como Kang Youwei (1858-1927) y su alumno Liang Qichao (1873-1929) eran partidarios de la consideración de los problemas de las mujeres en un programa más amplio de renovación de la nación. Como expone Fisac:

Pidieron la emancipación de la mujer, una mejor educación femenina y la participación de la mujer en la construcción de la nación. En una serie de ensayos, Liang Qichao (1907) argumenta que la debilidad nacional de China radica en la falta de educación de las mujeres.[6]

Asimismo, según Liang Qichao (1907), eran consideradas seres dependientes y eso lastraba el desarrollo de la nación. Con una correcta educación no sólo podrían aportar a la actividad productiva de la nación, sino que además podrían realizar su labor como educadoras de sus hijos. La mujer se fue incorporando al trabajo agrícola y al reciente movimiento industrial, aunque con mayor frecuencia en la industria textil, considerado un trabajo femenino.

1 Movimiento femenino asociado al Kuomintang

El partido nacionalista o Kuomintang (KMT) se creó como una agrupación de organizaciones reformistas y antiimperialistas, como es el caso del Tonmenghui, fundado por Sun Yat Sen (1866-1925). El movimiento femenino asociado a este se constituyó en la creación de sociedades femeninas como las mencionadas anteriormente, así como la creación de un gran número de revistas para mujeres. Como nos presenta Fisac:

Algunas de estas revistas, fundadas por agrupaciones de las más diversas tendencias, se propusieron el objetivo de defender una nueva posición de la mujer en la sociedad y en la familia. En 1902 había aparecido en Shanghai el número inaugural de La revista de la mujer (Nübao) la primera publicación dirigida especialmente a un público femenino. A ésta siguieron muchas más. Así, en 1903 surge El mundo de la mujer (Niizi shijie), La campana de la mujer (Nüjie zhong), La nueva mujer (Xin funü), La crítica de la mujer (Funü pinglun) y La revista de la mujer (Funü zazhi).[7]

Portada de una de las varias revistas surgidas a principios de s. XX en China: La Jeunesse o Nueva Juventud. Fuente: Botton Beja, 1993.

Ligada a esto hallamos la reforma del código civil de 1931, en especial las leyes asociadas al matrimonio y el divorcio. Si bien debemos tener en cuenta que este código no llegó a aplicarse en su totalidad y no en todas las regiones controladas por el KMT, sino especialmente en las zonas urbanas. En dichos artículos se habla de la igualdad de los géneros y se le permite a la mujer seleccionar a su pareja libremente, pedir el divorcio, volver a casarse y heredar propiedades. Sin embargo, como nos dice Botton:

En dichas leyes se reconoce a la familia como una institución secular sin hacer referencia al culto a los ancestros, se proclama la igualdad de géneros y se le permite a la mujer seleccionar a su cónyuge, pedir el divorcio, casarse en segundas nupcias y heredar propiedades; sin embargo, se mantuvo el carácter patrilineal, patrilocal y patriarcal de la familia tradicional. [8]

A partir de 1927, con la ruptura entre el KMT y el Partido Comunista Chino (PCC), el primero tornó su política hacia el conservadurismo. A causa de esto surgió el Movimiento de la Nueva Vida en 1934, basándose en las llamadas 4 virtudes (Lǐyìliánchǐ): comportamiento adecuado, justicia, honestidad y sentido de autorrespeto.

Respecto a la mujer, el Movimiento de la Nueva Vida, que en esta área estaba coordinado por Song Meiling, esposa de Jiang Jieshi (Chiang Kai shek) (1887-1975), sucesor de Sun Yat Sen como líder del KMT; confinó a las mujeres al ámbito tradicional de la administración del hogar y a servicios públicos en educación y enfermería.[9]

La posición de la mujer se marginalizó progresivamente, a la par que aumentaba el conservadurismo del partido. En la década de los 40 se llegó a condenar la participación política femenina, así como el empleo para las casadas o la educación en áreas rurales. Una negación de derechos que, pese a los avances de la revolución, ya había comenzado desde los inicios de la República China (1911), cuando se negó el movimiento sufragista femenino y su participación en la revolución. No obstante, no nos ha de extrañar el giro del mismo, ya que la creación de asociaciones de jóvenes como los Camisas Azules se inspiró en los modelos fascistas de la Italia y Alemania del momento; que, inevitablemente influenciaron el resto de los postulados.

A continuación, trataremos algunas figuras relevantes asociadas al KMT.

2. Qiû Jǐn (1875-1907)

Imagen de Qiu Jin. Fuente: Montiel, Samanta, “Reconocimiento de feminismos periféricos: Interpretando la línea oficial del feminismo en China”, Working Paper Series (WPS) – REDCAEM, 12, 2019.

Qiû Jǐn, apodada “la caballero del lago espejo” (Jiànhú Nǚxiá), fue una escritora, revolucionaria contra el Imperio Qing y feminista. Fue ejecutada durante un levantamiento fallido contra la dinastía manchú, esto hizo que fuera considerada una mártir de la revolución y, actualmente, una heroína nacional. Proveniente de una familia adinerada, recibió educación durante su infancia y junto a sus hermanos. Aprendió equitación, uso de la espada y artes marciales; unido a la educación letrada que ella misma orientó hacia la poesía, unos conocimientos tradicionalmente asociados a los hombres.[10]

Se casó a los veintiuno, una edad tardía para la época, mediante un matrimonio concertado por sus padres y que no destacó por su felicidad. Este es uno de los motivos por los que en 1903 decidió irse a estudiar a Japón, quitándose los vendajes de los pies y dejando a sus hijos. Durante su estancia en Japón, se unió a grupos como el Tongmenghui, fundado por Sun Yat Sen, y que posteriormente formarían el partido nacionalista. Destacaba por su iniciativa de usar ropa tradicionalmente asociada al género masculino y de corte occidental.

Regresó a China en 1906, donde resaltó su capacidad oratoria dando discursos a las mujeres sobre sus derechos a un matrimonio libre, a la educación y a liberarse de la opresión que les imponía la tradición, como eran los pies de loto. En 1907 creó el diario Zhongguo Nu Bao, aunque solo contó con dos publicaciones antes de su prohibición. Era de ideas feministas y dirigidas a las mujeres para que construyeran una nación como ciudadanas plenas. Ese mismo año asumió el cargo de directora en la escuela de Datong, Shaoxing, una escuela de deportes, aunque en realidad se usaba para el entrenamiento militar de los revolucionarios.

Su labor en defensa de los derechos de las mujeres se dio principalmente mediante sus discursos y acciones, aunque también podemos encontrar sus sentimientos al respecto en su poesía. Este es un poema titulado Reflexiones (1904), escrito durante su viaje a Japón y en el que expresa su malestar por tener que dejar su hogar y el acto de quitarse los vendajes de sus pies.

El sol y la luna sin luz. Cielo y tierra en tinieblas.

¿Quién puede elevar el mundo de las mujeres que se hunde? 

Empeñé mis joyas para navegar a través del mar abierto,

separándome de mis hijos cuando salí de la frontera en la Puerta de Jade.

Desatando mis pies para derramar los venenos de un milenio, 

despierto el espíritu de las mujeres, cientos de flores, en flor. 

Oh, este pobre pañuelo hecho de seda tejida por tritones,

medio manchado de sangre y medio empapado de lágrimas.[11]

3. He-Yin Zhen (1884 – ca. 1920): anarco-feminismo en China

Imagen de He Jing Zhen. Fuente: Ko, 2013.

He Zhen fue una escritora feminista y anarquista china de principios del s. XX. En sus publicaciones cambió su nombre a He-Yin Zhen para así incluir el apellido de su madre. Recibió educación en su infancia en los clásicos confucianos pese a ser una mujer, aunque puede ser debido a que provenía de una familia adinerada. En 1903 se casó con Liu Shipei, con el que escribiría tanto conjuntamente como por separado varios artículos en diferentes publicaciones. En 1904 marchan a Japón, donde se integra en grupos anarquistas, teniendo como resultado la fundación de la Asociación de Recuperación de los Derechos de las Mujeres (Nüzi Fuquan Hui) y un periódico conocido como Tianyi (Justicia Natural).

Posteriormente, regresaría a China, donde trabajaría con el nuevo gobierno nacionalista tras la revolución de 1911 y sería académica de la universidad de Beijing. Como anarco-feminista, su tesis radica en la necesidad de liberar a la mujer para poder así liberar a la sociedad, criticando el orden patriarcal y capitalista que lleva a constituir una doble opresión. En su ensayo Sobre la cuestión de la liberación femenina en 1907 escribe:

Durante miles de años, el mundo ha estado dominado por el gobierno del hombre. Esta regla está marcada por distinciones de clase sobre las cuales los hombres —y sólo los hombres— ejercen derechos de propiedad. Para rectificar los errores, primero debemos abolir el dominio de los hombres e introducir la igualdad entre los seres humanos, lo que significa que el mundo debe pertenecer por igual a hombres y mujeres. El objetivo de la igualdad no puede lograrse sino a través de la liberación de la mujer.

En la siguiente entrega de esta serie de artículos se tratará la situación de la mujer china en la etapa comunista, así como algunas figuras destacadas de este periodo.

Para saber más:

  • Botton Beja., Flora, Cornejo Bustamante, R., Bajo un mismo techo: la familia tradicional en China y su crisis, México, El Colegio de México, 1993.
  • Fisac Badell, Taciana, El otro sexo del dragón. Mujeres, literatura y sociedad en China, Madrid, Narcea, 1997.
  • Ko, Dorothy, Karl, R., Liu, L., The birth of Chinese feminism. Essential Texts in Transnational Theory, New York, Columbia University Press, 2013.
  • Kucharski, Jen, Qiu Jin, “An Exemplar of Chinese Feminism, Revolution, and Nationalism at the End of the Qing Dynasty”, New Views on Gender, 17, 2016, pp. 94-109. Disponible aquí.
  • Sáiz López, Amelia, Utopía y género. Las mujeres chinas en el siglo XX, Barcelona, Bellaterra, 2001.

 

Notas:

[1] Gernet, Jackes, El mundo chino. Barcelona, Crítica, 1999.

[2] El vendaje de los pies fue una tradición cuyo origen se remonta a la dinastía Tang (618-907) y cuya extensión se propagó en las dinastías posteriores. Consistía en el vendaje de los pies de forma que estos se quedaran de un tamaño reducido y con una determinada forma, esto se hacía desde que eran muy niñas. Al ser considerado un ideal de belleza podía conseguirse un buen matrimonio con esta práctica. En sus inicios se destinaba únicamente a la clase alta, que se podía permitir el tener a sus mujeres prácticamente inválidas, aunque se acabó extendiendo a gran parte de la población. A principios del s. XX, se consideró una de tantas otras prácticas feudales y quedó abolida. (Yulijiang, La tradición del vendaje de pie en China, Universidad de Zaragoza, 2018).

[3] El modelo educativo y de sociedad por excelencia de la época era Japón, ya que estaba creciendo como potencia con las reformas inspiradas en Occidente. Posteriormente, el crecimiento de EEUU hará que pase a ser el modelo a seguir. Además de esto, las relaciones con Japón se deterioraron a causa del imperialismo a finales de la década de los 30 y los actos cometidos en la Segunda Guerra Mundial.

[4] Sáiz López, Amelia, Utopía y género. Las mujeres chinas en el siglo XX, Barcelona, Bellaterra, 2001.

[5] Ko, Dorothy, Karl, R., Liu, L., The birth of Chinese feminism. Essential Texts in Transnational Theory, New York, Columbia University Press, 2013.

[6] Fisac Badell, Taciana, El otro sexo del dragón. Mujeres, literatura y sociedad en China, Madrid, Narcea, 1997.

[7] Fisac Badell, Taciana, op.cit., pp. 78-79.

[8] Botton Beja., Flora, Cornejo Bustamante, R., Bajo un mismo techo: la familia tradicional en China y su crisis, México, El Colegio de México, 1993.

[9] Botton Beja., Flora, Cornejo Bustamante, R., op.cit., p. 146.

[10] Kucharski, Jen, Qiu Jin, “An Exemplar of Chinese Feminism, Revolution, and Nationalism at the End of the Qing Dynasty”, New Views on Gender, 17, 2016, pp. 94-109. Disponible aquí.

[11] Disponible en inglés aquí.

avatar Cristina Martínez Navarro (3 Posts)

Graduada en Historia por la Universidad de Almería. Actualmente cursando el Master de Profesorado en Educación Secundaria Obligatoria, Bachillerato y Formación Profesional en la Universidad de Almería. Apasionada de la historia de Asia Oriental y sus idiomas, estudia coreano, japonés y chino de forma autodidacta


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