Revista Ecos de Asia

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This article was written on 12 Feb 2020, and is filled under Arte, Historia y Pensamiento.

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De Samper del Salz a Tailandia: Antonio Fortún y el embrujo de Oriente (parte 1)

Se presenta a continuación el primero de tres artículos dedicados a glosar la personalidad artística de Antonio Fortún Paesa (1945-1999) con el ánimo de otorgarle la mayor visibilidad posible en el contexto de su relación con la cultura oriental, muy presente en su imaginario creativo a lo largo de su trayectoria.

Antonio Fortún en 1997. Fotografía de V. COLUMNA. Fundación Torralba-Fortún.

Y, para empezar, es necesario señalar que Antonio Fortún se encuentra incluido en la nómina de creadores más significativos de la vanguardia aragonesa, perteneciendo por derecho propio a una generación que tuvo la personalidad de marcarse su propio camino -y seguirlo- durante un período convulso de nuestra historia reciente: la transición a la democracia. Una etapa llena de paradojas y de contradicciones, pero también de esperanza, ilusiones y propuestas; una etapa en la que un joven de Samper del Salz consiguió hacer realidad un sueño: convertirse en artista. Y a pesar de la invisibilidad que suele perseguir a los creadores aragoneses, su trayectoria ha sido reconocida por prestigiosos críticos, entre los que figura Ángel Azpeitia -recientemente desaparecido- quien, al filo de los noventa, anunciaba su indiscutible ascenso profesional.[1]

Vista en su conjunto, existen dos características que pueden definir perfectamente su trayectoria artística: la persecución de una evidente finalidad estética y su constante deseo de experimentación. Y es que Fortún fue consciente desde el principio de su carrera que tan artista era el que triunfaba como el que fracasaba, teniendo claro desde el principio de su carrera que la supervivencia en el mundo del arte no estaba ligada a la cotización del artista y de su obra en el mercado, sino a la valoración que en el futuro pudiera hacer de ambas la historia del arte y la crítica.

Estas consideraciones nos ayudan a entender mejor sus imágenes; unas imágenes con las que Fortún intentaba transmitirnos las emociones y sentimientos que quedaban prendidos en su retina tras las vivencias que experimentaba y que a lo largo de los años se convirtieron en su seña de identidad y en un auténtico diálogo con la historia de la pintura. Basándose en una curiosidad innata y en una vasta cultura, Antonio estableció a lo largo de su trayectoria un fructífero diálogo con artistas de la talla de Francisco de Goya, Paul Cézanne, Jackson Pollock, Paul Klee, Rothko, Pablo Picasso, Juan Gris o George Braque. Todos, de alguna manera, se encuentran presentes en su imaginario creativo. Lo mismo hizo con la vanguardia, tanto histórica como la de su propio tiempo, a la que acudió como punto de partida para llevar a cabo sus creaciones más originales. Y en cuanto a los géneros, dialogó con el paisaje y el bodegón, conectando de forma indeleble con una de las tradiciones más significativas del arte español contemporáneo. Y no podemos olvidar su estrecha relación con Oriente, desarrollada a través de su actividad como coleccionista y mediante la utilización en sus obras de innumerables referencias técnicas y estéticas a sus culturas milenarias. Y en cuanto al uso de diferentes fórmulas creativas, Fortún dialogó con la abstracción y con la figuración, hasta el punto de que ambas se encuentran imbricadas en muchas de sus creaciones sin ningún tipo de contradicción.

La Fundación Torralba-Fortún

En el año 2001, el profesor, historiador del arte y coleccionista Federico Torralba Soriano donó al Gobierno de Aragón su colección y biblioteca de arte oriental.[2] Y al hacerla efectiva, acordó con dicha Institución crear una Fundación sin ánimo de lucro que propiciara materiales de estudio sobre el arte extremo oriental y contemporáneo, junto a actividades de exposición y difusión de la obra de Antonio Fortún. Desde ese momento, la Fundación Torralba-Fortún ha custodiado el legado del artista, un legado que nos ha permitido ampliar en repetidas ocasiones el conocimiento que teníamos de su figura.[3]

Sede de la Fundación Torralba Fortún, en el Paseo Gran Vía de Zaragoza, último estudio del artista.

Mi proyecto de investigación sobre Antonio Fortún se viene desarrollando desde hace más de una década y comenzó en el año 2000, cuando me entrevisté con el profesor Torralba para llevar a cabo un análisis sobre las galerías de arte más significativas de Zaragoza. Pero su insistencia para que me centrara en su figura como artista, me llevó a emprender durante el curso académico 2001-2002 mi tesina de licenciatura, en la que revisé las valoraciones que sobre su personalidad habían realizado la historia del arte y la crítica.[4] En el año 2009, continué mi tarea, recopilando sus opiniones con respecto al mundo del arte, lo que me permitió apreciar los rasgos más originales de su pensamiento estético.[5] Finalmente, en la primavera de 2014, el secretario de la Fundación Torralba-Fortún, Juan Ulibarri, se puso en contacto conmigo para comunicarme el hallazgo en su estudio de Gran Vía de más de mil quinientas piezas, realizadas por Fortún en pequeño formato y con diferentes técnicas entre 1974 y 1992. Junto a ellas, tuve la oportunidad de catalogar varios de sus cuadernos y libretas, en los que realizaba dibujos, bocetos y anotaciones, más un breve diario redactado por el propio artista en la localidad turolense de Terriente dos años antes de su fallecimiento. Estos materiales -inéditos hasta esa fecha- me permitieron conocer en profundidad su imaginario creativo y constituyeron la base de mi tesis doctoral;[6] un corpus documental y artístico que reflejaba a la perfección su capacidad de trabajo y que constituye un conjunto tan coherente como sorprendente dentro de su producción por su cantidad y calidad. Y es que, al margen de los formatos, técnicas y estilos que utilizó a lo largo de su trayectoria, Antonio Fortún generó una importante producción pictórica y collagista como vehículo de expresión y de experimentación y merece ocupar por ello un destacado lugar en nuestra historia del arte.

Dibujos de Antonio Fortún correspondientes a su etapa de Los Soles Venecianos. Fundación Torralba Fortún.

Una vida entera dedicada al arte

Para quienes desconozcan la trayectoria de Antonio Fortún, habría que recordar que nació en Samper del Salz -una pequeña localidad de la provincia de Zaragoza- en 1945, y que tras una aprovechada educación en su pueblo se trasladó a la capital aragonesa en 1963, siendo prácticamente un adolescente. Tras emplearse en algunas ocupaciones que no le interesaron demasiado, conoció a Federico Torralba, quien apreció de inmediato el interés que el muchacho sentía por el mundo del arte, animándole a matricularse en la Escuela de Artes Aplicadas. Allí realizó sus primeros dibujos del natural y del antiguo, junto a varios bodegones y paisajes de corte académico. A principios de los años setenta, alquiló su primer estudio, decantándose por el arte no figurativo a través de varias series de collage de clara influencia geométrica, algunos lienzos en clave informalista y diferentes versiones del expresionismo abstracto, entre las que destacan sus composiciones de inspiración orgánica y cósmica, su afamada serie de Los soles venecianos y sus lienzos de influencia oriental, denominados por la crítica Etapa Zen. A principios de los años ochenta, abandonó los materiales tradicionales para realizar una pintura sobre papel en la que utilizó de forma casi exclusiva la tinta y el agua. Con esta técnica, desarrolló varias series de paisajes dedicados al Mediterráneo, una serie titulada Antropomorfas y sus magníficas Caligrafías. A finales de 1982, las líneas rectas y curvas se adueñaron de sus composiciones, retomando la figuración por los caminos de la geometría, fórmula que protagonizó su trayectoria entre 1983 y 1986, y en la que destacan sus Arquitecturas y Estructuras para el sol. A partir de 1987, Fortún se dedicó a rescatar los principios estéticos del cubismo, una de las vanguardias más relevantes e influyentes de la historia del arte, con los que intentó dar respuesta a los problemas que, según él, tenía planteados la plástica contemporánea.

Pero además de todo lo expuesto anteriormente, nuestro artista presenta un amplio currículo, compuesto por numerosas exposiciones individuales y una importante participación en colectivas, tanto a nivel nacional como internacional. Este hecho demuestra la voluntad que tuvo de presentar su obra al público, al que consideraba parte fundamental de su proyecto creativo. Y como animador de la vida cultural zaragozana, fundó y promocionó los colectivos Intento y Azuda 40, este último punta de lanza de la vanguardia local en los años setenta; y fue uno de sus galeristas más destacados, trabajando al lado de Federico Torralba en Kalós y Atenas -salas indispensables para quién desee informarse con criterio sobre el desarrollo de la vanguardia en Zaragoza-. Desde estos espacios expositivos, Fortún pretendió mostrar a sus conciudadanos el arte más significativo del pasado y del presente, apoyando a las jóvenes generaciones de creadores aragoneses en el inicio y consolidación de sus carreras y desarrollando una importante faceta como coleccionista y promotor del arte oriental junto al profesor Torralba.

Y no contento con mantener esta frenética actividad, Antonio Fortún encontró tiempo para defender sus principios estéticos, planteando agudas reflexiones sobre el arte y la pintura en los medios de comunicación, revistas especializadas y catálogos expositivos. A esta faceta como teórico y ensayista, debemos sumar sus estudios en la Universidad de Zaragoza, donde se licenció en Geografía e Historia -sección Historia del Arte- con una tesina sobre Azuda 40 y donde cursó estudios de doctorado, llevando a cabo un proyecto de investigación sobre el escultor aragonés Pablo Gargallo que no tuvo tiempo de culminar .[7]

Vista su trayectoria desde esta amplia perspectiva, hay que reconocer que Antonio conocía bien la historia del arte en general y, especialmente, la de su propio tiempo, adoptando en numerosas ocasiones los “estilemas” -o rasgos más característicos- de la vanguardia histórica y actual como punto de partida en sus creaciones. Esto explica la rapidez y diversidad formal de sus etapas, su espíritu de superación y su gran capacidad para el trabajo, pilares en los que cimentó su trayectoria y con los que intentó conquistar la pintura y, por qué no, cierto protagonismo en Zaragoza, ciudad pionera en el surgimiento del arte abstracto en España. Quizá fuera este el verdadero motivo que le llevó a permanecer en su tierra, decidiendo no emigrar, como hacían otros, a París, Madrid o Barcelona en busca del éxito.

En el próximo capítulo, continuaré mi análisis sobre Fortún centrándome en la relación que mantuvo con la estética oriental para señalar los factores que la explican y desarrollar la influencia que tuvo en su pintura a lo largo de sus etapas más significativas.

Para saber más:

LOMBA, C., “Fortún Paesa, Antonio”, en Gran Enciclopedia de Aragón. Zaragoza, Urusaragón, 2001, pp. 115-116 (Apéndice IV).

ORDÓÑEZ, R., “FORTÚN PAESA, Antonio”, en Gran Enciclopedia de España. Zaragoza, Enciclopedia de España, 1991, p. 4.180 (tomo 9).

              -, “Antonio Fortún. Su pintura y su tiempo”, Formas Plásticas, núm. 35, 1990, pp. 31-36.

PANO, J. L., “Antonio Fortún (1945-1999). In Memoriam”, Artigrama, 1999, pp.11-14.

PÉREZ-LIZANO, M., “Fortún Paesa, Antonio”, en Gran Enciclopedia Aragonesa. Zaragoza, Ibercaja, Gobierno de Aragón y El Periódico de Aragón, 2000, p. 2.261 (tomo IX).

TORRALBA, F., Antonio Fortún, Madrid, Formas Plásticas, 1987.

[1] Cfr., AZPEITIA, Á., “Fortún Paesa, Antonio”, en AZPEITIA, Á. (Coord.), Diccionario antológico de artistas aragoneses. 1947-1978. Zaragoza, Institución Fernando El Católico, 1983, pp. 185-187; “He seguido con el mayor interés hace muchos años”, en ORDÓÑEZ, R. (Coord.), Antonio Fortún. Veinte años, Cien pinturas. Ayuntamiento de Zaragoza, 1990, pp. 11-16 (catálogo exposición); y “Antonio Fortún, del testimonio personal a sus exposiciones en Zaragoza”, en Antonio Fortún. Zaragoza, Gobierno de Aragón, 2003 pp. 23-31 (catálogo exposición).

[2] Personaje clave en la defensa y difusión del arte contemporáneo y oriental a nivel estatal y local, Federico Torralba fue profesor y catedrático de la Universidad de Zaragoza -entre otras-, crítico y teórico del arte, director de la Cátedra Goya de la Institución Fernando El Católico -dependiente de la Diputación Provincial de Zaragoza-, galerista, animador y promotor de grupos y coleccionista; también el albacea testamentario de su amigo y artista Antonio Fortún; cfr. BORRAS, G. M. y PACIOS, A. R., Diccionario de Historiadores Españoles del Arte. Madrid, Cátedra, 2006, pp. 331-332.

[3] Decreto 320/2002, de 8 de octubre, del Gobierno de Aragón por el que se autoriza la constitución de la Fundación Torralba-Fortún. BOA, núm. 128, publicado el 28 de octubre de 2002, pp. 8.974-8.977.

[4] MEDIAVILLA, J., Antonio Fortún (1945–1999): Aproximación al estado de la cuestión y a su fortuna crítica. Zaragoza, 2002. Esta tesina obtuvo la calificación de sobresaliente y permanece inédita.

[5] Cfr., FORTÚN, A. y MEDIAVILLA, J., La conexión imaginativa de Antonio Fortún. Textos e ideas estéticas. Zaragoza, Fundación Torralba-Fortún, 2009.

[6] MEDIAVILLA, J., Bajo el signo de la creación: Antonio Fortún (1945–1999). Estudio catalográfico, histórico y crítico de la obra inédita en la Fundación Torralba–Fortún. Zaragoza, 2018. Esta tesis doctoral obtuvo la calificación de sobresaliente cum laude y permanece inédita.

[7] En su proyecto de Tesis Doctoral, Fortún fue ayudado por Federico Torralba y Pierret Gargallo, hija del escultor, teniendo acceso a materiales y documentos de primera mano. Realizó varios borradores, pero nunca la terminó. La copia más completa y corregida se puede encontrar en FORTÚN, A. y MEDIAVILLA, J., La conexión imaginativa de Antonio Fortún. Textos e ideas estéticas, op. cit., pp. 245-350.

avatar Jesús Mediavilla (3 Posts)

Nacido en Zaragoza en 1962. Licenciado en FF.LL por la UNIZAR (Historia Moderna y Contemporánea) en 1989); Doctor en Historia del Arte por la UNIZAR en 2018. Profesor de la Universidad la Experiencia (UNIZAR) desde 2019. Profesor de Enseñanzas Medias en el Colegio Cardenal Xavierre de Zaragoza desde 1992. Especializado en el estudio de la figura de Antonio Fortún desde hace más de una década: tesina, publicación de sus escritos teóricos y tesis doctoral sobre su obra inédita


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