Revista Ecos de Asia

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This article was written on 10 Oct 2014, and is filled under Arte.

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Un paseo por “La fascinación por el arte del País del Sol Naciente. El encuentro entre Japón y Occidente en la Era Meiji (1868-1912)”.

La exposición que se encuentra en el Museo de Zaragoza y que lleva por título “La fascinación por el arte del País del Sol Naciente. El encuentro entre Japón y Occidente en la Era Meiji (1868-1912)”, intenta reflejar el fenómeno que tuvo lugar en este especial momento de encuentro de culturas. La era Meiji (1868-1912) constituye una de las más importantes y atractivas etapas de la Historia de Japón. En este periodo, época del reinado del emperador Mutsuhito (conocido oficialmente como Meiji), el archipiélago nipón, tras siglos de aislamiento, fue obligado a abrir sus fronteras para establecer relaciones diplomáticas y comerciales con distintas naciones de Europa y América y emprendió un acelerado proceso de modernización. Siguiendo modelos occidentales, la nación japonesa experimentó una profunda renovación política, legislativa, económica, social, artística y cultural que, en breve periodo de tiempo, le llevó a convertirse en una gran potencia mundial.

La mayoría de las piezas y libros que se exhiben en la misma pertenecen a la colección que Federico Torralba Soriano donó al Museo de Zaragoza. En la actualidad se muestran algunas piezas que tienen relación con la era Meiji, pero no hay que olvidar que la Colección Torralba de Arte Oriental está compuesta por más de un millar de obras,entre las que se encuentran esculturas, pinturas, estampas, grabados, objetos lacados, cerámicas y porcelanas de China y Japón principalmente, además de piezas de Corea, Tailandia, Tíbet, Nepal y otros países, y que constituye, junto con la biblioteca especializada, una de las colecciones de arte oriental más importantes de nuestro país.

A continuación, pasaremos a realizar una breve visita por la exposición, destinada a todas aquellas personas que estos días de fiesta o en cualquier otro momento se quieran acercar al museo.

Nada más iniciar la visita, encontramos la sección “La modernización de Japón y la apertura a Occidente”, en la que a través de una serie de grabados ukiyo-e se describen las transformaciones que se llevaron a cabo en Japón en la Era Meiji, así como al principal responsable de ellas, el emperador Mutsuhito. La modernización del nuevo Japón estuvo personificada en la figura del emperador, que reinó entre 1868 y 1912, y quese presentaba públicamente con uniforme de tipo occidental. Su esposa, la emperatriz Shôken también exhibió la adaptación a los nuevos tiempos mediantevestidos de alta costura importados desde París. El polifacético artista Chikanobu realizó propagandísticas escenas sobre la familia imperial que mostraban los nuevos códigos de la elegancia y la distinción. Ejemplo de ello son los grabados que podemos encontrar en el museo, como Contemplación de las peonías Shôken, de Yôshû Chikanobu, y Descripción precisa del jardín del santuario Yasukuni en lo alto de la pendiente de Kudanzaka, de Yasuji Inoue, ambas obras de 1888.

Contemplación de las peonías, Yôshû Chikanobu (1838-1912), 1888.  Dos estampas ukiyo-e, técnica nishiki-e. Colección particular .

Contemplación de las peonías, Yôshû Chikanobu (1838-1912), 1888.
Dos estampas ukiyo-e, técnica nishiki-e.
Colección particular .

Los restantes grabados de esteprimer apartado de la exposición nos ilustran acerca delas transformaciones que se llevaron a cabo.Siguiendo modelos occidentales, la nación japonesa experimentó una renovación política, legislativa, económica, social y cultural, que afectó a múltiples aspectos de su vida cotidiana. Las calles de las ciudades se transformaron. Aparecieron nuevos tipos de edificios, como podemos ver en el grabado Vista de los doce pisos Ryôunkaku[1], en Asakusa, de 1891, los nuevos medios de transporte en Vistas famosas de Tokio. El ferrocarril en Shimabashi, de Utagawa Kunitoshi de 1879, o Vistas famosas de Tokio. El parque público de Ueno[2], de Watanabe Nobukazu, de 1899, en la que se puede observar la estatua de Saigo Takamori (1828-1877), líder militar que comenzó apoyando al emperador, pero que después intentó que Japón abandonara el proceso de modernización y retomara los valores éticos del código samurái.

En la segunda sección de la exposición se aborda el tema de “El descubrimiento del arte japonés y la fascinación por lo exótico”. Una de la claves de la fascinación que suscitó el País del Sol Naciente fue el descubrimiento y difusión de su arte, generando un importante fenómeno que se conoció como japonismo. En la segundamitad del siglo XIX y primeras décadas del XX se forjaron algunas de las grandes colecciones de arte japonés, muchas de las cualescon el tiempo fueron parar a nuestros museos y que hoy podemos contemplar. Asimismo, coincidiendo con esta época, fue cuando Occidente comenzó recibir noticias sobre Japón sobre su cultura y su arte a través de libros, periódicos y revistas, y cuando se inició el análisis de estas singulares manifestaciones artísticas que dieron lugar a enjundiosos estudios sobre el tema en monografías, ensayos y catálogos. En la exposición podemos observar un amplio repertorio de esos tratados, pertenecientes al legado que Federico Torralba donó a la Biblioteca del Museo de Zaragoza. Entre los libros que encontramos de autores extranjeros destacan: L´art en Chine et au Japon de Ernest Fenollosa, de 1913, L´Art Japonais de Louis Gonse de 1883, Japanese Wood engravings: their history, technique and characteristics de William Anderson de 1895, Japanese Lacqueur de James Orange, del año 1910 y Promenades japonaises: Tokio-Nikko de Émile Guimet de 1880, así como El Japón de Pierre Loti, de 1931.También encontramos obras de autores españoles que trataron diversos aspectos de la cultura japonesa, como Estudios sobre el Japón de Enrique Dupuy de Lôme de 1895, Japón Heroico y Galante, de Enrique Gómez Carrillo, de 1912, o Dai Nipon (El Japón) de Antonio García Llansó de 1905.

Resulta de especial interés la colección de ejemplares que podemos observar de la obra de Samuel Bing, Le Japon Artistique. Documents d’Art et d’industries réunis par Bing, editados entre los años 1888 y 1891. Samuel Bing (1838-1905) fue un marchante de arte alemán que en 1854 se trasladó a Francia, donde desarrolló su trayectoria profesional. Fundamentalmente, se dedicó a la importación y venta de objetos y obras de arte de países asiáticos, especialmente de Japón. La publicación surgió en el momento de máximo esplendor de la moda por lo japonés y fue fruto de la cada vez mayor demanda de información específica y veraz sobre el tema. La revista recogía numerosos artículos, redactados por los mejores expertos, y estaba ilustrada con espléndidas reproducciones de piezas representativas y originales, tal como podemos observar en la selección de portadas expuestas.

BING, SAMUEL (ED.),  Le Japon Artistique. Documents d’Art et d’industrie réunis par Bing  Paris, Marpon et Flammarion, 1888-1891. Biblioteca Museo de Zaragoza (legado Federico Torralba), sign. 3-259 .

BING, SAMUEL (ED.),
Le Japon Artistique. Documents d’Art et d’industrie réunis par Bing
Paris, Marpon et Flammarion, 1888-1891.
Biblioteca Museo de Zaragoza (legado Federico Torralba), sign. 3-259 .

Posteriormente en la tercera sección, “La elegancia y sofisticación del arte japonés de la era Meiji”, se dispone de una gran variedad de obras del período, que van desde pinturas (en biombos y en alargados kakejiku), a grabados ukiyo-e (estampas y libros ilustrados), lacas urushi, cerámicas y marfiles, reflejo de la continuidad de la rica tradición cultural japonesa y, a la par, adaptación a los gustos occidentales que exigían los nuevos tiempos.

Podemos contemplar una serie de libros ilustrados (e-hon) de Katsushika Hokusai y de Kawanabe Kyôsai, obras que fueron muy admiradas en Occidente. La palabra japonesa manga, que hoy utilizamos para referirnos a los comics o tebeos japoneses, antes significaba simplemente bosquejo o apuntes de dibujo. Varios artistas recopilaron estos bosquejos en libros, en los que se reúne una gran variedad de dibujos pero sin seguir una historia o trama argumental. El manga más famoso e influyente fue el del gran maestro Hokusai, publicado en quince  volúmenes entre 1814 y 1877, siendo los últimos obras póstumas. Tal como podemos observar, todo lo imaginable fue dibujado por Hokusai: paisajes, animales, rocas, olas, divinidades, personas en cualquier actividad, apareciendo incluso representaciones de fantasmas.

Manga, Katsushika HOKUSAI (1760-1849) 1877.  Libro ilustrado e-hon (15 volúmenes). Colección Federico Torrralba, Museo de Zaragoza no 49741 – 49755.

Manga, Katsushika HOKUSAI (1760-1849) 1877.
Libro ilustrado e-hon (15 volúmenes). Colección Federico Torrralba, Museo de Zaragoza no 49741 – 49755.

El pintor Kawanabe Kyôsai es considerado como el sucesor de Hokusai. Al igual que éste, también publicó libros ilustrados para enseñar su arte. Los cuatro libros que completan la obra Kyôsai Gaden conforman un extenso manual de pintura ilustrado y editado en 1887, en el que el artista explica tanto su propia forma de pintar como también la de otros maestros antiguos.

A continuación se expone una selección de grabados xilográficos japoneses. Estas obras captaban fundamental escenas de la vida cotidiana, de las diversiones mundanas y de los entretenimientos de las clases populares, temas característicos del genero conocido como ukiyo-e (literalmente, pintura del “mundo flotante” o del “mundo efímero”). El género de los grabados teatrales es conocido como yakusa-e. Los actores de kabuki eran tan populares como lo son hoy las grandes estrellas de cine y las estampas con sus retratos estaban orientadas a aumentar su fama. Las representaciones generalmente mostraban las escenas teatrales más celebres, pero también era muy habitual representar a los actores en situaciones de la vida cotidiana caracterizados comolos papeles recientemente interpretados. En la exposición podemos encontrar algunas de estas estampas de los más celebres maestros, entre ellas El actor Kataoka Gadô III en el papel de Kiyomoto Matsudayû de 1884, dos estampas de Nueva obra en el teatro de Ichimura de Kôchôrô Hôsai del año 1892, o el tríptico de  la obra Ono no Tôfūaoyagisuzuri de Toyohara Kunichika de 1869.

Ono no Tôfūaoyagisuzuri, Toyohara Kunichika (1835-1900), 1869. Tríptico ukiyo-e, técnica nishiki-e. Colección Federico Torrralba, Museo de Zaragoza, nº 49108.

Ono no Tôfūaoyagisuzuri,
Toyohara Kunichika (1835-1900), 1869.
Tríptico ukiyo-e, técnica nishiki-e.
Colección Federico Torrralba, Museo de Zaragoza, nº 49108.

Toyohara Kunichika, además de en el género de los grabados teatrales, fue un artista que también destacó en el género de las mujeres hermosas (bijin), que solía consistir en representaciones tradicionalistas que se agrupaban en series de treinta y seis. En ocasiones, la interpretación de estas estampas se complica por la presencia de juegos de palabras y parodias (mitate-e). En la exposición podemos apreciar varios grabados de mujeres hermosas, entre losque destaca uno de Toyohara Kunichika, Selección de treinta y seis bordados: Kiyohara no Motosuke, de 1881, y Modelos de flores: Belleza de la era Meiji, de Kobayashi Kiyochika, de 1896.

Posteriormente encontramos una amplia representación de lacas, netsukes y cerámicas japonesas, acompañados de otros objetos muestra del comercio y coleccionismo que se desarrolló orientado a los gustos de occidente. Encontramos una variada muestra de objetos lacados para la exportación, como cajas para instrumentos de escritura (suzuribako), cajas con distintas utilidades, pitilleras, cajas para tabaco (tonkotsu), pipas, pequeños muebles o armarios con llaves, que fueron elaborados para la exportación ante el éxito de las delicadas manufacturas japonesas en los mercados internacionales. El gobierno japonés estableció una empresa llamada Kiritsukôshô, que estuvo en funcionamiento entre los años 1873 y 1891, para promover estas actividades artesanales de altísimo nivel. La mayoría de las obras de laca urushi que se exhibieron en las exposiciones Universales fueron elaboradas por Kiritsukôshô. En la sala pueden verse varias piezas que probablemente llegaron por esta vía. Muchas de las obras para el consumo foráneo se ornaban con decoraciones que representaban los rasgos más típicos del País del Sol Naciente, como son paisajes con el monte Fuji, cerezos en flor, grullas, pagodas y templos sintoístas, así como con la imagen tradicional de la mujer japonesa.

Estantería kazaridana

. Empresa estatal Kiritsukôshô (atribución) Laca japonesa urushi, con decoración nashiji, maki-e, taka-maki-e, shishiai-maki-e, kinfundame, kirigane, tsukegaki, sobre madera
. 1873-1891.
 Colección Federico Torralba
Museo de Zaragoza, nº49310.

Estantería kazaridana

. Empresa estatal Kiritsukôshô (atribución)
Laca japonesa urushi, con decoración nashiji, maki-e, taka-maki-e, shishiai-maki-e, kinfundame, kirigane, tsukegaki, sobre madera
. 1873-1891.

Colección Federico Torralba
Museo de Zaragoza, nº49310.

Los netsuke son esculturas en miniatura, de escasos centímetros, realizadas generalmente en marfil, que, en origen, tenían una función práctica. Constituían una suerte de contrapeso para mantener colgados, mediante un cordón, aquellos objetos, sobre todo cajitas, que era costumbre llevar en el obi o cinturón del quimono. Su uso se hizo extensivo a partir del siglo XVII y su producción se mantuvo en la era Meiji, cuando en el propio Japón cayeron en desuso, para responder a las exigencias del mercado extranjero, sensible a la belleza de estas exóticas miniaturas. Su temática predilecta la componen animales, criaturas mitológicas, plantas y flores, pero sobre todo, variados tipos de personajes (históricos, legendarios, religiosos, filosóficos o populares) en imaginativas composiciones.

Colección de Netsuke. Ultimo cuarto del siglo XIX- primer cuarto del siglo XX. Marfil de elefante tallado y tinta, con decoración incisa. Colección Federico Torralba .

Colección de Netsuke.
Ultimo cuarto del siglo XIX- primer cuarto del siglo XX.
Marfil de elefante tallado y tinta, con decoración incisa.
Colección Federico Torralba .

La cerámica de Satsuma es un tipo de cerámica fina japonesa que se produce en la meridional isla de Kyûshû desde el siglo XVI. Se caracteriza por su superficie esmaltada, de color crema o marfil, finamente craquelada, sobre la cual se extiende una elaborada decoración polícroma en tonos cálidos y oro. La decoración de esta cerámica presentaba idealizadas escenas cotidianas con hermosas mujeres inmersas en la exuberante naturaleza japonesa. También tenían un gran éxito las dinámicas escenas de samuráis en episodios históricos o legendarios. En una clave más espiritual, también aparecían representaciones vinculadas con el Budismo (Buda y sus discípulos) y el Taoísmo (historia de los Ocho Inmortales). Asimismo fueron muy frecuentes otros diseños propios de la ornamentación oriental, como los animales mitológicos, las flores y los motivos geométricos. La familia Shimazu, que desde sus inicios había dirigido la producción de Satsuma, aprovechó la Exposición Internacional de Paris de 1867 para promocionar su cerámica. Por su delicada factura y magníficos diseños, tuvo un éxito instantáneo y desde entonces también desde Tokio, Kioto, Nagoya y Yokohama se comenzaron a producir piezas de este estilo para la exportación. En la sala podemos encontrar una serie de magníficos ejemplos de estas piezas realizadas para la exportación.

Jarrón de estilo Satsuma  Primera mitad del siglo XX Cerámica / Esmaltes Colección Federico Torralba Museo de Zaragoza, nº 49051.

Jarrón de estilo Satsuma
Primera mitad del siglo XX
Cerámica / Esmaltes
Colección Federico Torralba
Museo de Zaragoza, nº 49051.

A continuación se dispone una magnífica colección de inrô y otras cajitas colgantes. Dado que el atavío tradicional japonés, el quimono, no tenía bolsillos, era costumbre portar los pequeños objetos en cajitas que se colgaban del obi o cinturón mediante un cordón. Entre estas cajitas se encontraban los porta monedas (kinchaku), esencieros (niobin), tabaqueras (tonkotsu), estuches para la pipa (kiseutsu) y sobre todo los inrô. Este tipo de objeto consta de varios compartimentos o diminutos cajetines de sección ovalada, unidos por un cordón y perfectamente encajados, que se cierran con una tapa, dando la apariencia de una única caja. Tenía la función de guardar las distintas medicinas que se organizaban en  los departamentos. En la era Meiji decayó el uso de este tipo de objetos (igual que sucedió con los netsuke), ya que se empezó a generalizar la ropa occidental con bolsillos, sin embargo este tipo de objetos se siguieron fabricando para el mercado exterior ya que los extranjeros los apreciaban por su belleza y detallada técnica.

Colección de inrô y lacas. Laca japonesa urushi, con decoración maki-e, taka-maki-e, kin- fundame, zôgan. Finales del siglo XIX Colección Federico Torralba Museo de Zaragoza.

Colección de inrô y lacas.
Laca japonesa urushi, con decoración maki-e, taka-maki-e, kin- fundame, zôgan.
Finales del siglo XIX
Colección Federico Torralba
Museo de Zaragoza.

Las delicadas lacas japonesas fueron una de las manufacturas más apreciadas por los coleccionistas del siglo XIX, que descubrieron la belleza que envolvía los objetos de la vida cotidiana de Japón. Durante la era Meiji llegaron objetos lacados que ya estaban en desuso para satisfacer la demanda que tenían de estas exquisitas piezas. Por otra parte la apertura comercial de Japón impulsó también la aparición de obras elaboradas para la exportación, que adaptaban sus diseños a los gustos de los occidentales, amantes del exotismo. En la sala se exhiben piezas representativas de ambos tipos. La diversidad de tipologías de objetos lacados en Japón es extraordinaria: cajas lacadas para guardar cartas, útiles para fumar o instrumentos de escritura, cajas con el set para ir de picnic, cajas para almacenar papeles, cajitas para guardar incienso, bandejas, cuencos, platos, delicadas copas para beber sake, y muchos objetos más. La temática de las bellas decoraciones son también muy variados, temas figurativos procedentes tanto de las leyendas como de la vida cotidiana, pero sobre todo temas extraídos de la naturaleza como flores, frutos, plantas, árboles, peces, pájaros, insectos y paisajes, que captan el encanto de cada una de las estaciones.

Para saber más:

Notas:

[1] Ryôunkaku es el nombre del primer rascacielos de Tokio. Fue construido por en ingeniero británico William K. Burton (1856-1899) en 1890 en el barrio de Asakusa. Era una torre octogonal de ladrillo, de doce pisos, que alcanzaba casi los 70 metros de altura. Gracias a su ascensor eléctrico, el primero de Japón, el público podía disfrutar cómodamente de la vista panorámica más espectacular de Tokio. El rascacielos disponía de numerosas tiendas e incluso salas de exposiciones y salones para conciertos. El Gran Terremoto de 1923 que arrasó esta zona de Japón, supuso el derrumbamiento de este icono de la nueva arquitectura de Tokio en la era Meiji.

[2] El Parque Ueno es un parque público localizado en el distrito de Ueno, en la ciudad de Tokio. El parque fue establecido en 1873 en tierras que habían pertenecido al templo de Kan’ei-ji, vinculado a la familia Tokugawa. Se encuentra entre los primeros parques públicos del país.Se diseñó siguiendo modelos europeos y americanos como parte de la “modernización”  emprendida por el gobierno Meiji.

avatar David Lacasta (64 Posts)

Soy Licenciado en Historia del Arte y actualmente estoy cursando el máster en estudios avanzados, en la modalidad de Asia Oriental. Estoy trabajando en la cerámica Satsuma, y el fenómeno de su coleccionismo en occidente.También me interesa mucho todo lo relacionado con las armas y armaduras de los samurai, así como la historia militar de Japón.


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