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“1898. Los últimos de Filipinas” y la apuesta por el cine bélico español – Revista Ecos de AsiaRevista Ecos de Asia
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“1898. Los últimos de Filipinas” y la apuesta por el cine bélico español

El pasado 17 de agosto Yvonne Blake, presidenta de la Academia de Cine español, anunciaba las tres cintas que aspiraban a representar a nuestro país en los premios Oscar en la categoría a Mejor Película de Habla No Inglesa (sección de cuya presencia asiática ya nos hemos ocupado en un artículo anterior). Los filmes que se alzaron con un lugar en el pódium fueron la comedia negra Abracadabra; la aclamada ópera prima de la cineasta Carla Simón, Verano 1993; y el drama bélico 1898. Los últimos de Filipinas,[1] el cual analizaremos a continuación.

Cartel promocional de la película.

La película de Salvador Calvo ambienta su acción en las islas Filipinas, cuyo nombre data precisamente de la ocupación española en la zona, puesto que deriva del rey Felipe II cuyo imperio, por herencias que se remontan hasta los Reyes Católicos y conquistas marítimas en América y Asia, alcanzó tales dimensiones que en él “no se ponía el Sol”. En contraste con el antiguo esplendor del imperio español del siglo XVI, la historia que narra el filme se sitúa en el crepúsculo finisecular que marca el fin del imperio colonial español y el comienzo de una profunda crisis económica, política y sobre todo moral. La guerra entre Estados Unidos y España se saldó con la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, en un fiasco militar sin precedentes que se dio en llamar el “Desastre del 98” y cuyas consecuencias no entraremos ahora a analizar.[2]

Mapa de la zona. Fuente: National Geographic.

Justo antes de que estallara el desastre, la población filipina se reveló contra la ocupación española, contando para ello con el apoyo de los Estados Unidos, y uno de los episodios más recordados de esta guerra es sin duda el sitio de Baler. En esta pequeña localidad de Luzón, el destacamento militar español había sufrido las escaramuzas de los rebeldes tagalos, de forma que a finales de 1897 llegaron tropas de refuerzo desde Manila. Estos cincuenta soldados, liderados por el capitán Enrique de las Morenas, decidieron atrincherarse en la iglesia de Baler a esperar una ayuda que jamás llegaría, puesto que, sin que ellos lo supieran, la guerra habría llegado a su fin con la destrucción de la flota española en la batalla del puerto de Cavite y el asedio de Manila. Aislados del exterior y sin noticias del desarrollo de la guerra, los soldados españoles aguantaron el asedio durante 337 días, defendiendo una plaza que, en realidad, ya pertenecía a los Estados Unidos.

Fotografía de la iglesia de Baler.

Los avatares de esta historia fueron relatados por el teniente Saturnino Martín Cerezo en sus diarios, que más tarde serían publicados[3] y que sirvieron para documentar la película. El acontecimiento del sitio de Baler ya había sido llevado a la gran pantalla con anterioridad en la cinta clásica Los últimos de Filipinas (1945)[4] y tiene asimismo su versión filipina en la película Baler (2008).[5] Si bien la primera supone un panfleto de exaltación militarista nacional, fruto del contexto de posguerra en el que se realizó, y la segunda un drama romántico de ambientación bélica, la cinta que ahora nos ocupa relata los mismos hechos desde un contexto sociopolítico muy diverso.

Los últimos de Filipinas (1945) y Baler (2008)

La forma de contar una película histórica dice mucho de la sociedad que la produce, y 1898. Los últimos de Filipinas es un ejemplo claro de ello. Lejos de la exaltación de la bravura española por la que optaba el clásico de los años cuarenta, esta nueva versión se centra en el confinamiento realizando un majestuoso análisis de los personajes que se sustenta en las impecables interpretaciones de un plantel actoral para enmarcar. El protagonista de este drama coral es el soldado Carlos (Álvaro Cervantes), que se convierte en narrador de la película gracias al recurso de la voz en off. Este joven de Extremadura llega a Filipinas con la intención de conseguir un informe de conducta favorable que le permita costearse la matrícula en la Escuela de Artes de Madrid, pues sueña con ser pintor. De hecho relata la historia de cómo aprendió su oficio pintando con piedra caliza en las piedras mientras su padre pastoreaba, en lo que supone un calco de la anécdota que relata Vasari en Las Vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos, cuando escribe sobre el artista italiano Giotto y cómo lo descubrió Cimabue:

Un buen día, Cimabue salió de Florencia y se dirigió a Vespignano, donde tenía que arreglar ciertos asuntos y acertó a pasar cerca de donde estaba Giotto, quien, mientras sus ovejas pastaban, habíase puesto a retratar una oveja, sin otra enseñanza que la recibida de la misma naturaleza.[6]

Fray Carmelo (Karra Elejalde) pronto apreciará su talento y le propondrá renovar las pinturas de la maltrecha iglesia, haciéndose amigos inseparables. El religioso compartirá con Carlos algunas reflexiones sobre la Fe y su remedio para la desesperanza: el opio, al que el joven soldado se acabará volviendo adicto.

El confinamiento y la lucha llevan a estos personajes hasta el extremo y cada uno afrontará las desgracias de forma diferente: valientes, temerosos, desesperados, escapistas… el retrato psicológico que ofrece el filme es amplio y realista, permitiendo al espectador empatizar con los protagonistas de la acción. Atención especial merece el sargento Jimeno (Javier Gutiérrez), superviviente de la anterior masacre en Baler al que la lucha ha llevado hasta la más sanguinaria locura, siendo un personaje cruel que roza la psicopatía.

El sargento Jimeno, en el centro, en un fotograma de la película.

El ambiente se torna más y más opresivo con el paso de los días: un joven soldado desertará, los alimentos escasean y la insuficiente dieta hace que muchos sufran la enfermedad conocida como beriberi. Las circunstancias obligan a estos muchachos, mal entrenados y escasamente equipados, a enfrentarse al enemigo para defender un imperio que ya no existe, mientras las situaciones dramáticas se suceden. Forzados por el asedio, deberán enterrar a sus muertos en el mismo espacio donde viven, generando un trauma psicológico genialmente interpretado, y los escasos momentos de acción no hacen sino exacerbar la violencia de unos jóvenes que acaban convertidos en máquinas de matar. Los filipinos utilizarán asimismo todas las armas en su poder para resquebrajar la fuerza mental de los españoles, incluyendo a las mujeres que, cual seductoras sirenas, entonan su cántico para atraer a los militares enemigos. Este cántico, elemento rescatado de la cinta original del año 1945 es la habanera “Yo te diré”, que aquí se desembaraza de todo el contenido romántico que tenía para convertirse en una provocación más, envuelta en erotismo.

La habanera “Yo te diré”, arriba en el filme original y abajo en la cinta actual.

Al margen de la locura queda el doctor Vigil (Carlos Hipólito), un hombre inteligente y más culto que el resto, que sufre con las barbaridades de las que debe ser testigo, intentando aliviar el sufrimiento de sus compañeros con los escasos medios de los que posee.

Uno de los puntos más importantes del filme es el cuestionamiento de la cadena de mando, que se produce en varios momentos cuando los filipinos intenten negociar una tregua mostrando los periódicos que evidencian la derrota española ante Estados Unidos, pero los hombres al mando se niegan a aceptarlo. A la muerte del capitán Enrique de las Morenas (Eduard Fernández), será el teniente Martín Cerezo (Luis Tosar) quien lidere a los soldados y, siguiendo firmemente el manual, se empeñe en ignorar el fin de la guerra por la imposibilidad de confirmar las fuentes.

Izquierda, fotografía de época con el médico Rogelio Vigil de Quiñones, el cabo Jesús García Quijano y el teniente Saturnino Martín Cerezo. Derecha, fotograma de la película con Luis Tosar, que interpreta a Martín Cerezo, Javier Gutiérrez y Carlos Hipólito, que da vida al doctor.

El director ha intentado focalizar el drama en las tensiones personales más allá de la Historia, pero es verdad que algunos han querido interpretar el filme en clave antibelicista, entendiendo las deslealtades y conatos de insurrección como una muestra del sinsentido que son las guerras. Otros, en cambio, enarbolan la bandera del patriotismo criticando duramente la cinta y entendiéndola como una ofensa al heroico pasado de España. “Tanto heroísmo, tanta mierda que nos piden… y ¿qué es lo que cuenta? El dinero, lo de siempre…” le dice Juan (Patrick Criado) a Carlos cuando son conscientes de que las colonias han sido vendidas a Estados unidos por veinte millones de dólares.

Análisis políticos al margen, lo cierto es que 1898. Los últimos de Filipinas es visualmente una joya del cine español y una de las escasísimas cintas bélicas de nuestro panorama fílmico. Probablemente la disfrutarán mucho más los apasionados del cine de batallas o incluso los aficionados a la Historia Contemporánea, para los que las dos horas de metraje pasarán sin darse cuenta. El público en general se maravillará con los planos impecablemente realizados por Álex Catalán en un filme en el que nada se ha escatimado en cuanto a la producción técnica. Las impecables interpretaciones de todo el elenco son otro de sus puntos fuertes en una película en la que los jóvenes que ya se han curtido en la pequeña pantalla (como es el caso de Ricardo Gómez en Cuéntame) dan la réplica a leyendas de la talla de Luis Tosar, que cuenta con tres Premios Goya en su haber.

Imagen de la película que muestra a Luis Tosar en primer plano y a Ricardo Gómez al fondo.

Todas las apuestas ya daban como favorita a Verano 1993, que finalmente fue la elegida el pasado 7 de septiembre, pero lo cierto es que este filme de ambientación asiática hubiera sido una digna competidora en los Premios Oscar del próximo año y, aunque finalmente no se alzará con ningún premio, siempre debemos recordar que “más se perdió en Cuba”.

Tráiler de la película.

Para saber más:

  • Ficha de la película en Filmaffinity.
  • Ficha de la película en IMDb.
  • Artículo sobre el sitio de Baler publicado en el diario ABC.

 

Notas:

[1] 1898. Los últimos de Filipinas (2016) País: España. Director: Salvador Calvo. Guion: Alejandro Hernández. Fotografía: Álex Catalán. Reparto: Luis Tosar, Álvaro Cervantes, Javier Gutiérrez, Karra Elejalde, Carlos Hipólito, Eduard Fernández, Patrick Criado, Miguel Herrán, Ricardo Gómez, Emilio Palacios, Alexandra Masangkay, Maykol Hernández, Pedro Casablanc, Ciro Miró. Productora: Enrique Cerezo PC / 13 TV / CIPI Cinematografica S.A. / ICAA.

[2] La crisis del 98 puso de manifiesto la inviabilidad del sistema de la Restauración, surgiendo en oposición una nueva corriente conocida como el Regeneracionismo. La crisis identitaria nacional propició el auge de los nacionalismos periféricos y este desencanto derrotista se plasmó en la literatura con la llamada Generación del 98.

[3] Los diarios de Martín Cerezo fueron publicados en los años treinta en la revista España Militar, que se encuentra almacenada en la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional, por lo que pueden leerse aquí.

[4] Los últimos de Filipinas (1945). País: España. Director: Antonio Román. Guion: Pedro de Juan, Antonio Román. Música: Jorge Halpern, Manuel Parada. Fotografía: Heinrich Gärtner (B&W). Reparto: Armando Calvo, José Nieto, Guillermo Marín, Manolo Morán, Juan Calvo, Fernando Rey, Manuel Kayser, Carlos Muñoz, José Miguel Rupert, Pablo Álvarez Rubio, Nani Fernández, Emilio Ruiz de Córdoba, César Guzmán, Alfonso de Horna, Manuel Arbó, Conrado San Martín, Adriano Domínguez, Tony Leblanc. Productora: Alhambra-CEA.

[5] Baler (2008) País: Filipinas. Director: Mark Meily. Guion: Roy Iglesias. Música: Vincent de Jesus. Fotografía: Lee Meily. Reparto: Jericho Rosales, Anne Curtis, Phillip Salvador, Fender de Leon Legaspi. Productora: Viva Films / Bida Productions.

[6] Vasari, Giorgio, Las Vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos, escritas por Giorgio Vasari, pintor aretino. UNAM, 1996, p. 101.

avatar Laura Martínez (173 Posts)

Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza y Máster de Estudios Avanzados en Historia del Arte de la misma, con especialización en Cine. Actualmente realiza estudios de Doctorado en la Universidad de La Rioja.


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One Comment

  1. Name *
    27/05/2019
    avatar

    Análisis políticos al margen, y sin entrar en si la presencia de España en Filipinas y en concreto la resistencia de Baler son o no son criticables, en esta película se manipula lo que ocurrió. Y se hace de forma tan descarada y brutal que no te lo crees hasta que no ves la película.

    Entre tantos detalles, se muestra que los soldados españoles están oprimidos por sus mandos y luchan por miedo. Muestran al sargento cortando el brazo a un soldado que intenta desertar. Aparece el teniente disparando a una mujer solo porque estaba cantando. Ponen al cura español como adicto al opio. Y por supuesto se oculta que lo que sucedió fue desde el punto de vista militar una de las mayores hazañas de la historia militar de la humanidad.

    Es una manipulación tremenda con el solo objetivo de criticar al Ejército Español y a la Iglesia Católica. ¿Pero es necesario mentir para criticar algo con lo que no se está de acuerdo?

    Lo peor de todo no es que se miente para criticar a un colectivo o institución, sino que se difama a personas que tienen nombres y apellidos. Si uno solo de aquellos militares estuviera vivo, ahora el director estaría procesado por un delito de calumnias. Y eso es lo peor de lo peor, que no solo están mintiendo sobre ciertas personas, sino que esas personas están muertas y se está difamando a un muerto. Lástima que el autor de este artículo no se haya documentado sobre el Sitio de Baler.

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