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"Twice: the extraordinary life of Tsutomu Yamaguchi" (2011)Revista Ecos de Asia
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This article was written on 24 Ene 2018, and is filled under Cine y TV.

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“Twice: the extraordinary life of Tsutomu Yamaguchi” (2011)

De entre las muchas interesantes actualizaciones que la plataforma Netfllix ha añadido a sus contenidos durante las fechas navideñas destaca una que, aunque no se trata ni de una novedad –pues data de 2010- y seguramente se pierda entre las numerosas y atractivas nuevas propuestas (nuevas temporadas de Black Mirror, Las Chicas del Cable, The Crown, Lovesick…) del momento. Twice: the extraordinary life of Tsutomu Yamaguchi (2011) es un documental producido por la televisión pública japonesa (NHK) y dirigido por Hidetaka Inazuka, que relata la vida del, por aquel entonces, todavía vivo Tsutomu Yamaguchi (1916-2010), el único doble hibakusha[1] –superviviente de una bomba nuclear- reconocido oficialmente por el gobierno japonés.[2]

Imagen promocional del documental, que nos muestra a Yamaguchi en su fase activista.

El verano pasado, desde Ecos de Asia comenzamos una línea editorial digital precisamente dedicando un libro a la poesía post-traumática realizada por Yamaguchi – Y el río fluía como una corriente de cuerpos, traducida al castellano por Juan Pablo Gil, acercándonos por primera vez a la historia de este singular personaje. En esta ocasión, os proponemos el visionado de un documental que, mediante la narración de una microhistoria puede ayudarnos a comprender mejor el sentir de los millones de víctimas –directas e indirectas- de los bombardeos atómicos de Japón.

La propuesta de Hidetaka Inazuka combina el seguimiento de un anciano pero muy activo Tsutomu Yamaguchi –al que vemos durante sus últimos meses de vida- en su día a día  con toda una serie de imágenes de archivo de los bombardeos y sus consecuencias y con unas bienintencionadas –aunque técnicamente bastante pobres- secuencias en las que se reconstruye dramáticamente, mediante el uso de actores, las experiencias vividas por Yamaguchi durante aquellos fatídicos días, así como en algunos momentos críticos posteriores.

Una de las imágenes de las reconstrucciones históricas que aparecen en el documental

Una de las imágenes de las reconstrucciones históricas que aparecen en el documental.

En 1945, Yamaguchi Tsutomu era un joven ingeniero de Nagasaki, trabajador de la gran zaibatsu Mitsubishi –cuyo nombre no se menciona explícitamente en el documental, aunque aparece su logo-, que se encontraba junto a otros compañeros en un viaje de trabajo en Hiroshima cuando fueron sorprendidos por la detonación de la bomba atómica. Heridos con quemaduras de gravedad, él y sus compañeros consiguieron sobrevivir esa noche, viendo como personas de toda clase y condición fallecían ante sus ojos, y tuvieron que atravesar corrientes de cadáveres humanos para llegar hasta el tren que los llevaría de vuelta a Nagasaki. Una vez en su ciudad de residencia, de vuelta en el trabajo, nadie creyó el relato de Yamaguchi sobre cómo una sola bomba había destruido una ciudad entera. Pero entonces, un resplandor que ya les era ya conocido, el pika-don, sobrevino de nuevo. Afortunadamente, Yamaguchi, su mujer y su hijo sobrevivirían a la bomba, pero los tres quedaron con graves secuelas; él quedó casi sordo, y con heridas que tardaron doce años en cicatrizar.

Durante mucho tiempo, Yamaguchi y su familia guardaron silencio, ya que existía un gran estigma sobre los hibakusha,[3] que podía incluso dificultar un buen matrimonio para su hija Toshiko –que aparece en el documental cuidando y ayudando a su padre-, pero cuando el hijo de Tsutomu falleció como consecuencia tardía de la radiación, este se decidió a dejar de guardar silencio y comenzó una cada vez más insistente campaña de activismo antinuclear en institutos y organismos públicos. Precisamente el documental se centra en su rutina durante estos últimos años de vida, plagada de emotivos testimonios y recuerdos, en los que se sucedieron visitas y discursos en lugares tan relevantes como el Museo Memorial de la Paz de la Hiroshima o la Sede de las Naciones Unidos. También en este periodo se editaron en inglés los poemas de Yamaguchi –el editor y traductor Chad Diehl, responsable de esta esta empresa, aparece en numerosas ocasiones en el documental, aunque nunca se menciona su nombre- y, en marzo de marzo de 2009, el gobierno japonés le reconoció finalmente el status de doble superviviente (eniijuu hibakusha), convirtiéndose en la única persona con este reconocimiento oficial. Lamentablemente, como también nos deja ver el documental, Yamaguchi fallecería en Nagasaki en 2010, víctima de un cáncer de estómago.

A pesar de sus loables intenciones, se trata de documental que desmerece la historia que relata, ya que las carencias de presupuesto condicionan unas ya de por complicadas reconstrucciones históricas, que ni siquiera están acompañadas por actuaciones acordes, y que parecen innecesarias debido a lo vívido y expresivo de los recuerdos de un tremendamente cabal Yamaguchi, capaz de transmitir con muchos menos medios un mensaje mucho más poderoso. Quizás uno de los momentos más impactantes del documental es aquel en el que Yamaguchi lleva a la activista Kathleen a visitar la reconstruida Catedral de Urakami en Nagasaki,[4] destruida por la bomba y que conserva todavía una escultura de la Virgen María afectada por la radiación, mostrando “heridas” similares a las que sufrieron las víctimas. Una imagen lo suficientemente clara de cómo hay algunas heridas que jamás se terminarán de curar y que no deben ser olvidadas. Desaparecido Yamaguchi, es gracias a documentales como este y a su difusión en grandes plataformas que su recuerdo, y sus terribles vivencias, podrán seguir, en cierto modo, vivos.

Fotografía de la maltrecha y superviviente Madonna de Nagasaki.

 

Para saber más:

 

Notas:

[1] Hibakusha es un término japonés que significa literalmente “gente afectada por la explosión”, y que se utiliza para referirse a los supervivientes de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki de 1945. Se considera hibakusha a aquellos que se encontraban a menos de dos kilómetros del hipocentro de las detonaciones, a aquellos que estuvieron expuestos a la lluvia radiactiva y a aquellos, todavía no nacidos, que estaban en los vientres de madres pertenecientes a las anteriores categorías. Mientras que el gobierno japonés ha reconocido a unas 650000 personas como hibakusha –la mayoría, japoneses–, se considera que solo un 1% enfermaron como consecuencia de la radiación. Desde 1957, todos los hibakusha demostrables reciben apoyo económico por parte del gobierno, y el 1% que presentan enfermedades causadas por la radiación, dispone de atención médica especializada y gratuita, además de otros beneficios; desde 1978, también reciben dichos beneficios los hibakusha no japoneses. Además de los millares de japoneses afectados, también hubo varios prisioneros de guerra estadounidenses y holandeses que sobrevivieron a los bombardeos y que fallecieron como consecuencia de los efectos de la radiación. También resultaron afectados numerosos coreanos, que durante aquellos momentos se encontraban en Japón obligados a trabajar; aunque fueron varios miles los fallecidos tras las detonaciones, el gobierno japonés no reconoció los derechos a los supervivientes hasta fechas relativamente recientes. No obstante, el grupo más numeroso de hibakusha extranjeros son los japoneses americanos; muchos de ellos, nisei nacidos en Estados Unidos que se encontraban en Japón durante el momento de las detonaciones, como consecuencia de la costumbre de regresar a las regiones de sus padres para recibir educación japonesa (kibei). Todos ellos reciben apoyo económico y revisiones médicas especializadas por parte del gobierno japonés.

[2] Existen otros casos que no gozan de un reconocimiento oficial.

[3] Muchos hibakusha y sus descendientes han sido objeto de discriminación social, ya que, en contra de lo que han demostrado los estudios científicos, mucha gente todavía cree que las consecuencias de la radiación son hereditarias o, incluso, contagiosas, por lo que muchos hibakusha y sus descendientes han sido discriminados laboral y socialmente, especialmente a la hora de encontrar pareja.

[4] La Catedral de la Inmaculada Concepción, también conocida como Catedral de Santa María o la Catedral de Urakami –debido a su localización–, es la catedral católica de Nagasaki. Su construcción se inició en 1875 por parte del Padre Francine, tras levantarse la prohibición del cristianismo; para ello, se compró un terreno en el que se había perseguido y humillado a los cristianos durante varios siglos (en este lugar se llevaban a cabo e-fumi -las ceremonias en las cuales los cristianos debían renegar de su religión pisando sobre imágenes cristianas- y durante los primeros años de la Era Meiji varios miles de cristianos de esta zona fueron humillados y perseguidos; muchos de ellos morirían durante su exilio). La iglesia, construida en estilo neo-románico, no se terminó hasta 1925, y hasta su destrucción, fue la estructura cristiana de mayor tamaño en esta región del mundo. En 1945, la iglesia fue completamente destruida por la bomba atómica, durante la celebración en un oficio, en el que falleció buena parte de la comunidad cristiana de Nagasaki. Durante la postguerra, hubo un importante esfuerzo popular en reconstruir y preservar la iglesia en aquel mismo lugar, como símbolo de la persecución cristiana; finalmente, en 1959 se reconstruyó por completo.

avatar Marisa Peiró Márquez (145 Posts)

Marisa Peiró Márquez (marisapeiro@ecosdeasia.com) es Doctora en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza. En esta misma universidad se licenció en Historia del Arte y realizó el Máster en Estudios Avanzados de Historia del Arte, así como el Diploma de Especialización en Estudios Japoneses. Se especializa en el Arte y la Cultura Audiovisual de la primera mitad del s. XX, y en las relaciones artísticas interculturales, especialmente entre Asia y América Latina (fue becaria del Gobierno de México), con especial interés en el Sudeste Asiático y en Oceanía.


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