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La obra que introdujo el haiku a la poesía hispánica: "Un día…" de José Juan Tablada – Revista Ecos de AsiaRevista Ecos de Asia
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La obra que introdujo el haiku a la poesía hispánica: “Un día…” de José Juan Tablada

A finales del siglo XIX, el poeta mexicano José Juan Tablada (1871-1945) cambió de rumbo su estética modernista y se encaminó hacia la posteridad como el autor que introdujo el haiku en la literatura en español. Su colección de poemas titulada Un día…, publicada en 1919 tras un polémico viaje a Japón para conocer la cultura que ya admiraba desde joven y por la que se sentía atraído dentro del orientalismo modernista, supuso la primera obra constituida íntegramente por este tipo de estrofa dentro de la tradición hispánica.

Fotografía de José Juan Tablada

Pero, antes de nada, ¿cuál es el origen de los haikus? Para averiguarlo hay que remontarse hasta el tanka, un tipo de composición propia japonesa con cinco versos de 5-7-5-7-7 sílabas respectivamente. Esta poesía de tono culto empezó a trabajarse en renga o concatenaciones de tanka escritos por varias personas. Sin embargo, en el siglo XVII, se produjo la popularización del género, se relajaron las normas y se convirtió en una poesía coloquial y satírica que se denominó haikai no renga (concatenaciones cómicas) y que fue diametralmente opuesta al tono grave de los renga anteriores. Así, se ve cómo la nueva forma estrófica de este siglo tendió a la banalización de lo elevado y sagrado, es decir, trató temas vulgares mientras que, paralelamente, el poeta Matsuo Bashô (1644-1694) tomó los tres primeros versos, denominados hokku (5-7-5), que inician cada haikai y los refinó, buscando lo elevado en lo bajo y cotidiano. El término moderno japonés «haiku» es el cruce entre las palabras haikai y hokku (primeros tres versos de un tanka, pues pasó a ser una unidad independiente aparte) y fue propuesto en el periodo Meiji por el poeta Masaoka Shiki (1867-1902) en la revista literaria Hototogisu (El cuco).

Estatua de Matsuo Bashô mirando hacia atrás en el parque Fudabagashi. Fotografía: Yoshiko Okamoto.

En el modernismo hispánico existió cierto orientalismo en la obra de Rubén Darío, Julián del Casal, Leopoldo Lugones, etc., pero se valían, normalmente, de largos versos que contrastaban con la escueta lírica nipona, a pesar de la existencia de estrofas similares en la tradición hispánica. Un día… fue publicada en Caracas el 1 de septiembre de 1919 por la editorial Bolívar con el subtítulo de Poemas sintéticos y se erige como la obra que introdujo el haiku en el mundo hispánico y el acercamiento más grande del poeta a la poesía breve japonesa. Claramente, los versos no respetan las normas formales de esta composición poética, es decir, no miden rigurosamente 5-7-5 sílabas japonesas, pero sí que suponen una adaptación en español que, para algunos autores, transmite la esencia fundamental de la lírica sintética japonesa; mientras que, para otros estudiosos, la obra no tiene más que un vago interés exótico, pues son pocos los ejemplos que presentan la llamada «palabra cortante» o kireji de los haikus japoneses —la cual interrumpe la circunstancia general y hace saltar la chispa de la iluminación zen— y abundan los poemas constituidos por una única unidad oracional dividida en tres versos.

En cualquier caso, Un día… es una obra que consta de 37 poemas divididos desigualmente en cuatro capítulos («La mañana», «La tarde», «El crepúsculo» y «La noche») y que nació tres años después de una crítica que realizó Genaro Estrada a Tablada. En ella, lo denominaba «un tanto retórico», entre otras cosas, pero no especificaba nada acerca de cuál sería la solución, sino que Tablada por sí solo sintió que había llegado el momento de dirigir su atención al estilo propio del haiku japonés, el cual admiraba desde hacía tiempo. Los haikus de Un día… deben mucho también al Bestiaire ou Cortege d’Orphée, de Apollinaire (1911), ilustrado por Dufy, pues sin duda conoció la edición original en su estancia en París. De hecho, la edición original de Un día… consta de dibujos en formato circular realizados por el propio autor.

Portada de Un día… (1919)

En el prólogo nos describe su deseo de poetizar todas las cosas de la naturaleza porque hasta lo aparentemente más pequeño e insignificante se ve apreciado en los breves versos del haiku, que parecen retener un instante eternamente y permiten su contemplación. A estas composiciones las califica de «arte», capaces de retener el momento retratado como si fueran un alfiler dorado que sujeta a una mariposa clavada en un papel («las mariposas del instante / quise clavar en el papel»). Así, esta realidad que Tablada pretende capturar la entiende como una realidad muerta, de la misma manera que está muerta la mariposa en su vitrina de taxidermia o las «flores del herbario» a las que se refiere en el último verso del prólogo. Antes de concluir con esto, habla de cómo el haiku refleja como una «gota de rocío» a «todas las rosas del jardín», es decir, de cómo se rememora el instante recogido en unos rápidos versos como el caer de esa gota minúscula en la que se refleja el mundo o de cómo se puede reflejar también en los ojos del poeta que tratan de capturar el momento.

En la cultura japonesa, este pensamiento acerca de lo efímero de la existencia de las cosas, no solo de la vida humana, se ve reflejado en el tópico mono no aware, ilustrado frecuentemente con el símbolo del país: los cerezos en flor o sakura. Este hecho no se debe sino a que el número de estados de ánimo adecuados para la poesía japonesa es limitado, predominando un tono de suave melancolía que se refleja perfectamente en la mencionada caída de la flor del cerezo o las hojas de otoño. Esta imagen tan típica aparece concretamente en tres poemas sintéticos de Un día… El primero se titula «Las hormigas» y describe la escena de unas hormigas arrastrando los pétalos caídos de las flores blancas de azahar, lo cual la voz lírica interpreta como un breve cortejo de boda. Sin embargo, esta sucesión de pétalos caídos manifiesta también el término de la floración y, de hecho, el poema se sitúa en el capítulo La tarde. El siguiente sería «Hojas secas»:

El jardín está lleno de hojas secas;

nunca vi tantas hojas en sus árboles

verdes, en primavera.

Aquí se recoge el instante del jardín repleto de hojas secas en primavera. Acerca de este poema, Seiko Ota comenta que se trataría de una paráfrasis del haiku de Yayu Yokoi (1702-1783) que Tablada leería en una traducción. Mientras, en el poema «Hotel» aparece ya el otoño y esta vez las hojas se amontonan sobre el patio de tenis, donde también hay musgo:

Otoño en el hotel de primavera;

En el patio de «tennis»

Hay musgo y hojas secas.

Así, a través también de la naturaleza, Tablada comparte este sentimiento de melancolía ante el cual se deleita para crear sus poemas. El japonés, de hecho, es un idioma que presta mucha atención a los elementos naturales (probablemente debido a la marcada diferencia entre las estaciones del año) y gran parte del léxico que hace referencia a estos es de uso cotidiano.

Chiyo (1703-1775), maestra del haiku a quien Tablada dedica su obra Un día… junto a Bashô. Pintura: Utagawa Kuniyoshi.

Es posible, con todo esto en mente, observar en Un día… motivos muy frecuentes en la poesía japonesa que Tablada admiraba y percibir sus intenciones artísticas, ajenas a la mera copia, en la denominación «poemas sintéticos», pues es consciente de las diferencias entre el haiku japonés y sus poemas breves, pero también es capaz de recoger muchos elementos de estos para ofrecerlos adaptados al contexto literario hispanoamericano del momento. Lo que aporta no es solamente la brevedad, sino las potentes imágenes de Chiyo, Bashô y otros autores que fueron recogidos en inglés y en francés en las obras de Aston o de Couchoud, abriendo, así, en palabras de Octavio Paz, «una ventana hacia una perspectiva desconocida» hasta entonces.

Para saber más:

  • Keene, Donald, La literatura japonesa. México, Fondo de Cultura Económica, 1956.
  • Ota, Seiko, José Juan Tablada: su haiku y su japonismo. México, Fondo de Cultura Económica, 2014.
  • Rodríguez-Izquierdo, Fernando, El haiku japonés: historia y traducción; evolución y triunfo del haikai, breve poema sensitivo. Madrid, Guadarrama, 1972.
  • Valdés, Héctor (ed.), Obras completas, Vol. 1. Poesía, México, Universidad Nacional Autónoma, Centros de Estudios Literarios, 1971.
avatar Marta Añorbe (2 Posts)

Graduada en Filología Hispánica. Máster en Profesorado de Educación Secundaria, especialización en enseñanza de ELE a alumnado japonés. Traductora de literatura japonesa para distintas editoriales españolas. Actualmente realiza el Máster en Estudios de Asia Oriental (especialidad en estudios japoneses).


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