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Yakuza: la caída de una de las mafias más grandes y temidas del mundo – Revista Ecos de AsiaRevista Ecos de Asia
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Yakuza: la caída de una de las mafias más grandes y temidas del mundo

La palabra Yakuza escrita en katakana

El 1 de marzo de 2021 los medios de comunicación se hicieron eco del arresto de diez miembros de la Yakuza, entre ellos un jefe de la rama Asahikawa de la familia Yamaguchi-gumi. Hasta aquí podríamos pensar que se trata de un asunto de tráfico de drogas o de algún conflicto entre distintos grupos. Sin embargo, y aunque pueda parecer broma, fueron acusados por traficar con pepinos de mar. Por muy curiosa que resulte esta noticia, no es la primera vez que miembros de la famosa mafia nipona son arrestados por sustraer y traficar con estos animales marinos. El año pasado, otro jefe de Yamaguchi-gumi, también fue imputado por posesión de sesenta toneladas de pepinos de mar, lo que le supuso una multa de cien millones de yenes[1] (770 000 euros aproximadamente, a fecha de 2 de septiembre de 2021). ¿Cómo se explica que una mafia tan famosa, de cuya historia han devenido películas, videojuegos, mangas y anime, haya pasado de ser temida en todo Japón por sus secuestros y extorsiones (entre otros crímenes) a dedicarse al tráfico de pepinos de mar?

La delincuencia organizada presenta una serie de complicaciones que a menudo giran en torno a los límites, sobre todo entre la legislación y las zonas grises que suelen ser aprovechadas por estos grupos delictivos. Estos límites borrosos indican una conexión entre la legalidad y la ilegalidad.

Mediante esta zona gris pueden infiltrarse actores ilegales en la esfera legal para llevar a cabo, por ejemplo, conductas ilícitas por parte de empresas legales o emplear herramientas legales para fines ilícitos. En algunos casos, toda una mafia que cuenta con decenas de miles de miembros puede sobrevivir en este limbo durante décadas sin recibir demasiado escrutinio de la sociedad y las autoridades. Este podría ser el caso de la bôryokudan o más comúnmente conocida como Yakuza, sindicatos criminales que han sobrevivido y prosperado durante décadas en uno de los países más seguros del mundo.

Pero vayamos por partes, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de crimen organizado? Si bien no existe un único concepto de crimen organizado, sí se han establecido ciertos criterios que deben cumplirse y que son similares en la mayoría de los casos. Al leer las definiciones de crimen organizado ofrecidas por la OIPC INTERPOL en 1988 y la Organización de Naciones Unidas (ONU), en el Convenio sobre Criminalidad Organizada Transnacional celebrado en Palermo en el año 2000, quedan claros tres elementos que la definen:

  1. La asociación o grupo de tres o más personas, que perdura en el tiempo.
  2. Que realizan una actividad ilícita.
  3. Con el objetivo de obtener beneficios, ya sean económicos, materiales o de control de territorios o de mercados.

Atendiendo a estos criterios, puede decirse que la Yakuza encaja a la perfección en la categoría de grupo organizado, que gracias al poder social y político adquirido durante el paso de los años pasó a convertirse en una mafia.

Actualmente la Yakuza cuenta con veinticuatro shiteibôryokudan o grupos designados, que son nombrados por la Comisión de Seguridad pública. Por lo tanto, la pertenencia a la Yakuza no es ilegal y los grupos han sabido aprovechar estas lagunas para infiltrarse en el mercado legal. Sin embargo, un conjunto creciente de leyes y reglamentos estrictos ha hecho que la Yakuza tenga que cambiar su forma de actuar y de conseguir ingresos.  De hecho, las Bôryokudan Taisaku-hô o contramedidas de la Bôryokudan (en adelante abreviadas como Bôtaihô) de 1991 y más recientemente las Bôryokudan Haijojôrei o normas de exclusión del Bôryokudan (en adelante abreviadas como Bôhaijôrei) han causado grandes daños en la organización de la Yakuza, por lo que se encuentra en una situación en la que tiene que encontrar nuevas formas de seguir operando en las áreas legales y semilegales de su negocio, adoptando nuevos modus operandi.

Esta serie de artículos está dividida en dos partes, por lo que en esta primera nos centraremos únicamente en intentar comprender el funcionamiento de esta mafia y su forma de actuar; y, en la segunda parte, veremos qué medidas se han tomado para controlar su actividad y qué efectos han tenido en esta organización criminal.

Yakuza: origen e historia

Como ya se ha mencionado, Yakuza es el nombre por el que se conoce al crimen organizado en Japón. Si bien no se sabe con certeza, se dice que la palabra Yakuza proviene de los juegos de cartas tradicionales japonesas llamadas hanafuda, en concreto del Oicho-kabu. Este tipo de juegos era practicado por los bakuto o apostadores, que existieron en Japón entre los siglos VIII y XX. Su objetivo era estafar a otros hombres retándoles a jugar a las cartas, que estaban trucadas para que los bakuto siempre ganaran. En el Oicho-kabu la peor mano que podía sacarse era un 8 (ya), un 9 (ku), y un 3 (za), a la que se denominaba yakuzamono, que hacía referencia a que, aunque la apariencia fuera llamativa, el contenido era inútil, ya que era la mano más débil.

Cartas del juego Oicho-kabu que representan el 8 (ya), el 9 (ku) y el 3 (za)

El origen de la Yakuza como grupo criminal organizado se remonta al periodo Edo (1603-1868). Provienen de los últimos guerreros mercenarios que, tras la pacificación que trajo el shogunato Tokugawa al unificar a los señores feudales o daimyô fueron cayendo en el olvido, teniendo que buscarse la vida de otra manera.

A estos guerreros se les llamó rônin o guerreros sin dueño, los cuales empezaron a emplear su tiempo en realizar trabajos de dudosa legalidad para gente de alto nivel social. Estos se dividieron en dos grupos, los hatamoto-yakko (sirvientes del shôgun) y los machi-yakko (sirvientes del pueblo). Este último grupo estaba formado por rônin y por jóvenes aldeanos, que se encargaban de la seguridad de los pueblos y hacían frente a los hatamoto-yakko.

Al poco tiempo, los machi-yakko se hicieron con el monopolio de la seguridad y algunos empezaron a extorsionar a los aldeanos de los pequeños poblados. Así, comenzaron a crearse grupos dentro de los rônin y empezaron las disputas por el control de los territorios.

No obstante, el verdadero poder de la Yakuza en Japón comenzó a aumentar a partir de la Segunda Guerra Mundial. Es entonces cuando la organización se hace con el control de los negocios situados fuera de la ley como la prostitución, el tráfico de drogas, la trata de personas, extorsión, asesinatos… Asimismo, las bombas de Hiroshima y Nagasaki sumadas a la rendición del país nipón, dejaron a este en una situación desoladora. Con la economía del país hundida, el mercado negro se convirtió en un bote salvavidas para muchos ciudadanos. La Yakuza no tardó en controlar este sistema y durante los años cincuenta los grupos especializados que fueron creándose siguieron aumentando su influencia en el país, llegando a la esfera política. Su poder fue creciendo hasta llegar a su punto álgido durante los años del denominado milagro japonés, entre los años sesenta y noventa del siglo XX.

Yakuza: organización interna

Respecto a la organización interna de la Yakuza, los grupos se rigen a través de los ikkai o familias ficticias. Esto hace referencia a una organización jerárquica con los roles de cada miembro muy marcados. El kumichô es el líder del clan y se encarga de los negocios y las actividades de la ikkai. Por debajo de este está el vicepresidente o wakagashira, y también los consejeros, llamados saikôkanbu que están a las órdenes del vicepresidente.

Continuarían los kanbu, que pueden crear grupos internos, siempre y cuando se mantengan dentro de las actividades de la ikkai. A los miembros rasos se les denomina kumi-in y son quienes se encargan de cobrar las deudas, extorsionar, realizar las tareas administrativas y de adiestrar a los miembros más recientes, entre otras tareas. Y aunque los kanbu y kumi-in actúen por su cuenta, tienen que rendir cuentas ante el kumichô.

En 2019 existían veinticuatro sindicatos del crimen organizado, con unos 14 900 miembros, de los cuales la mayoría pertenecen al grupo Yamaguchi-gumi cuyo jefe, desde agosto de 2005 es Shinobu Tsukada. Controlan principalmente la región de Kansai (Osaka, Kobe y Kioto), pero llevan años intentando controlar la zona de Kantô (Tokio y alrededores). Aun así, están presentes en todo el archipiélago japonés. También destacan los clanes Inagawa-kai y Sumiyoshi-rengô.

En orden, los emblemas de los clanes Yamaguchi-gumi, Inagawa-kai y Sumiyoshi-rengô

Yakuza: las actividades de la organización

En cuanto a las actividades de la Yakuza, una gran parte de estas se realizan ilícitamente y pueden destacarse, entre otros, el tráfico de drogas, la trata de personas, la especulación de bienes inmobiliarios, tráfico de personas y animales y extorsión.

En el tráfico de drogas la Yakuza tiende a ser altamente sofisticada y no suele involucrarse directamente, prefiriendo actuar como financiador. Por ejemplo, pagarían a una banda criminal de Corea del Sur para que fabricara anfetaminas en instalaciones secretas situadas, en la mayoría de las ocasiones, en Tailandia o China, para después introducirlas en Japón. Las anfetaminas son la droga más vendida en Japón, pero el cannabis, MDMA y la ketamina parecen estar poniéndose de moda, mientras que la cocaína y la heroína no son muy demandadas. Por esta razón, la Yakuza no puede sacar beneficios de su relación con las mafias estadounidenses o latinoamericanas.

Otra de las actividades importantes de la mafia japonesa es la denominada como sôkaiya. Es un tipo de extorsión empleado por la Yakuza que tiene su origen en el siglo XIX. En aquel entonces, los directivos empresariales tenían una irresponsabilidad ilimitada y cualquier escándalo iba asociado a la pérdida de su fortuna personal y credibilidad, código que aprovechaban los miembros de la organización criminal para llevar a cabo la extorsión.

El modus operandi de la sôkaiya consiste en escoger a una empresa que cotice en bolsa y adquirir acciones de esta. Posteriormente, se realiza una investigación de los altos ejecutivos de la empresa con la intención de encontrar cualquier información comprometedora sobre ellos o sobre la actividad de la empresa. Estas pueden ser infidelidades, consumo de drogas… y si se encuentra alguna de ellas se procede a extorsionar al empresario.

En el caso de que los ejecutivos se nieguen a pagar los jefes de la Yakuza, escogen a los miembros más agresivos de su organización y los mandan a realizar la sôkaiya, que consiste en irrumpir de forma inesperada en las reuniones de la junta directiva de la empresa en la que trabajan los ejecutivos que están siendo extorsionados y revelan de forma violenta y brusca toda la información recabada sobre esa persona, atentando así contra su honor. Esta forma de actuar tan brusca suele llevar a que la gran mayoría de los ejecutivos extorsionados paguen la cantidad de dinero exigida por la organización criminal y no denuncien la extorsión por miedo a algún tipo de represalia por parte de la Yakuza.

Asimismo, una parte importante de los ingresos de estos grupos proviene de las compañías industriales que regentan o con las que tienen algún tipo de relación. La Yakuza se ha vuelto mucho más audaz llevando negocios legales, enmascarando así su carácter de organización criminal en compañías lícitas. Estas compañías se sitúan principalmente dentro del sector de las finanzas, ingeniería civil, construcción, servicios sexuales, hostelería o la gestión integral de residuos.

Para conseguir entrar en estos sectores los grupos llevan a cabo la subcontratación de otras empresas o personas que lleven la actividad a cabo y que obtengan el beneficio por ellos. Debido a las grandes restricciones contra los miembros de la Yakuza, estos se ven obligados a pagar a personas de confianza ajenas a la organización para poder llevar a cabo su negocio desde el ámbito legal.

No obstante, el negocio que actualmente parece ser el más lucrativo, como se hacía referencia al comienzo de este artículo, es el del tráfico de especies. Es un negocio que ha aumentado en los últimos años dentro de las actividades de la Yakuza, no solo debido a las dificultades que genera la normativa japonesa contra las organizaciones criminales en los demás registros delictivos, sino porque está resultando ser un negocio más lucrativo incluso que el tráfico de drogas.

Y uno de los ejemplos de tráfico de especies más recientes puede encontrarse en la exportación de pepinos de mar. Esta especie marina tiene un alto precio en el mercado de algunos países como China, donde se emplea como alimento de lujo y afrodisíaco. Esta demanda ha causado que el precio por kilo de este producto aumente hasta los miles de euros.

A la izquierda, pepino de mar en su hábitat natural. A la derecha, plato preparado con pepino de mar.

Otra de las razones por las que la pesca de estos animales es tan lucrativa es porque en Japón es relativamente fácil enviar al extranjero grandes cantidades y la pena por pesca furtiva de los pepinos de mar es de máximo 6 meses en prisión más una multa de diez mil yenes (unos setenta y siete euros aproximadamente, a fecha de 2 de septiembre de 2021). Además, si bien al principio de este artículo se han nombrado algunos ejemplos de yakuza detenidos por traficar con esta especie, este tipo de arrestos no son habituales, ya que la mafia japonesa posee embarcaciones mucho más veloces que las de las autoridades japonesas y resulta complicado alcanzarlos. Además, pueden arrojar las pruebas al mar en el caso de ser sorprendidos.

Por otro lado, debido a su naturaleza mafiosa, las tareas de protección son otra de las actividades más lucrativas para la organización. La habilidad para exigir una cantidad de dinero determinada a cambio de protección, o lo que se denomina mikajimeryô, va asociada a la fuerza de la organización. En el caso de la Yakuza, este mikajimeryô es solicitado tanto por empresas legales como ilegales con las que el grupo está relacionado. El dinero por la protección está en la mayoría de los casos camuflado como “tarifas de portero” (bouncer fees) o en ocasiones se hace que el dueño del local compre productos en una empresa a cargo de la Yakuza por un precio exageradamente mayor al del producto. Si bien actualmente es ilegal pagar por la protección de la Yakuza, resulta casi imposible para los bares y clubs deshacerse del sistema mikajimeryô, ya que lo necesitan para su propia protección.

Como puede observarse, la Yakuza está presente en muchas de las actividades económicas del país nipón, pero poco a poco han ido perdiendo su influencia y su poder. ¿Por qué ha ocurrido esto? Si bien no es la única razón, en gran parte se debe a los esfuerzos del gobierno japonés para poner fin al crimen organizado. Cada país tiene su propia regulación contra el crimen organizado y cada una sigue modelos diferentes. No obstante, en el caso de Japón el problema con el que se encuentran es hacerle frente a una organización que es, de facto, una organización legal. En el próximo artículo, que dará continuidad a este, se hablará sobre las contramedidas que ha tomado el gobierno japonés para hacer frente a la Yakuza, y cómo han afectado estas a la actividad de la mafia.

Para saber más:

  • Baradel, Martina. “Yakuza Grey: The Shrinking of the Il/legal Nexus and its Repercussions on Japanese Organised Crime”,Global Crime, 22:1, 2021, pp. 74-91. Última visita 02/09/2021. Disponible aquí.
  • Fight againts organized crime en la web de la Agencia Nacional de Policia japonesa.
  • White paper on crime 2019. Libro blanco del crimen en japón del año 2019. Disponible aquí.

 

Notas:

[1] Noticia completa sobre la detención llevada a cabo el 1 de marzo disponible aquí.

avatar Raquel Pérez (2 Posts)

Graduada en Criminología (2015, UPV/EHU). Experta Universitaria en antropología forense aplicada a los Derechos Humanos (2016, UNED) y en Criminalidad Organizada trasnacional y seguridad (2021, UNED). Máster Universitario en Derechos Fundamentales y Poderes Públicos (2016, UPV/EHU). Este año cursará el Máster Propio en Estudios Japoneses (Unizar). Actualmente es doctoranda en la Universidad del País Vasco.


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