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Luís Froís y su Tratado sobre las contradicciones y diferencias de costumbres entre los europeos y japoneses (1585). – Revista Ecos de AsiaRevista Ecos de Asia
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Luís Froís y su Tratado sobre las contradicciones y diferencias de costumbres entre los europeos y japoneses (1585).

Portada de una edición reciente del libro.

Portada de una edición reciente del libro.

Este libro de Luís Fróis, Tratado sobre las contradicciones y diferencias de costumbres entre los europeos y japoneses fue descubierto por el padre jesuita alemán Josef Franz Schütte en 1946 en la Biblioteca Real de la Academia de Historia de Madrid, donde estaba registrado desde el final del siglo XVIII. Fechado el catorce de junio de 1585, se compone de cuarenta hojas de papel japonés de formato 16×22 cm y fue atribuido directamente a Luís Fróis que escribió también un tratado sobre la historia de la famosa embajada de los jóvenes japoneses en Europa, Tratado dox embaixadores Japoes que forao de Iapo no anno de 1582, e Historia del Japón entre 1584 y 1594.

En una primera parte presentaremos el camino recorrido por Luís Fróis para llegar a Japón. Después veremos de dónde saca la información que constituye la materia de su libro, quienes son las personas que describe y la situación histórica de Japón. Luego precisaremos cuáles son las fuentes de la descripción y el planteamiento general del libro: los fines e intenciones de éste, a quien va dirigido y la postura del autor. Como conclusión presentaremos cuál era la veracidad de la descripción y el valor de este libro como fuente histórica.

Luís Fróis nació en Lisboa en 1532. Trabajó como secretario del rey Juan III antes de dejar este servicio en 1548 a la edad de dieciséis años para entrar en la Compañía de Jesús e irse a la India.

El diecisiete de marzo del mismo año sale de Lisboa y el nueve de octubre entra en Goa, donde permanece seis años. El dieciocho de abril de 1554 vuelve a emprender el viaje hacia Japón con la intención de continuar la evangelización empezada allí por Francisco Javier a partir de 1549. Pero éste ya había fallecido cuando Luís Fróis llegó. Como veremos, la meta de los viajes de Luís Fróis es la evangelización de Japón siguiendo los pasos y tomando el relevo de Francisco Javier. Sin embargo, antes de llegar a Japón se queda tres años en Malaca y regresa a Goa en 1557. Sus superiores les dan buenas notas y en 1561 se hace sacerdote. En abril 1562 reanuda su viaje a Japón con el padre italiano Giovanni Battista da Monte, pero antes permanece diez meses en Macao.

Alcanza por fin el puerto de Yokoseura (región de Oomura) el seis de julio de 1563, pero debido a las circunstancias y a los acontecimientos políticos como el asesinato del emperador, Luís Fróis huye a la isla de Takushima (Hirado), al noroeste de Kyûshû. En 1564 a petición del Padre Cosme de Torres se desplazaa Miyako pasando por el Bungo y navegando hasta Sakai donde fue recibido por Diego Hibiya. Como Fróis tenía prisa de ver a su amigo el Padre Gaspar Vilela instalado en Miyako desde 1560, decide reunirse con él y se marcha. Luís Fróis llega a Miyako el treinta y uno de enero de 1565. Pero, como el nuevo emperador no está conforme con la presencia de los jesuitas, Fróis y Vilela son expulsados y regresan al puerto de Sakai donde se refugian esperando una mejor oportunidad para llegar a Miyako, que se produce en el mes de marzo 1569 cuando la situación política se estabiliza. Allí Fróis permanece allí siete años.

A finales del año 1576, a petición del nuevo jefe Francisco Cabral, que había sucedido a Cosme de Torres se desplaza a la región del Bungo y se instala en la ciudad de Usuki. Vuelve a Miyako en 1586 con el padre Gaspar Coelho, sucesor de Cabral, con quien trabajaba. Pero, en respuesta al decreto de Toyotomi Hideyoshi (1536-1598), señor feudal sucesor de Ôda Nabunaga (1534-1582), contra los misioneros, se retira en la isla de Takushima en 1587. En 1592 se va a Macao donde permanece durante tres años y en julio de 1595 regresa a Japón, donde muere el ocho de julio de 1597 en la ciudad de Nagasaki.

Podemos constatar que Luís Fróis en el Tratado sobre las contradicciones y diferencias de costumbres entre los europeos y japoneses describe al pueblo japonés, comparándolo con los europeos. En teoría hay dos métodos de lectura posibles: podemos observar de manera autónoma las realidades europeas y las japonesas o, como lo sugiere el autor, comparar ambas realidades puestas en oposición. Oposiciones no quiere decir únicamente contradicción sino diferencias. Eso ya está dicho en el título del tratado. Porque se trata de poner de relieve las diferencias que son al fin y al cabo meras inversiones; así muestra como se acercan las dos culturas. Podemos verlo con un ejemplo sacado del capítulo ocho, página 89: “Nosotros montamos a caballo con el pie izquierdo; los japoneses con el derecho”.

Mapa de los principales lugares donde realizó su actividad Luís Froís. (Fuente: Froís y García, J. M., Traité...)

Mapa de los principales lugares donde realizó su actividad Luís Froís. (Fuente: Froís y García, J. M., Traité…)

En lo que se refiere al conocimiento que tenían los europeos   de Japón, si dejamos de lado el ámbito comercial, es con la llegada de los jesuitas y la evangelización que luchaba con las dos grandes religiones, el budismo y el sintoísmo, como se ahonda el conocimiento de este país. Hubo tres zonas de la actividad misionaria: el Shimo y el Bungo en la isla de Kyûshû y el Gokinai, conjunto de cinco provincias (Yamashiro, Yamato, Kawachi, Settsu e Izumi) alrededor de la capital de Miyako. El conocimiento del Japón por los jesuitas se profundizó por dos razones. Primero los jesuitas tienen una preparación intelectual propia de la Sociedad de Jesús: con el contexto de aculturación, los jesuitas intentan integrarse. En lo que se refiere al aprendizaje de los idiomas y en las actividades comerciales entre portugueses y japoneses, al principio los chinos tenían el papel de intérprete pero después los japoneses se ponen a aprender el portugués y los jesuitas el japonés. Así, los portugueses introdujeron también vocabulario suyo. La segunda razón de este buen conocimiento es que los jesuitas deben mandar informes detallados de sus actividades y sobre la cultura del país. A partir de 1553, bajo una instrucción del General de la Orden, el envío de las cartas se sistematiza lo que va a dar lugar a un nuevo tipo de literatura ya que se reúnen las cartas en volúmenes que se publican.

Al principio los misioneros estaban bien considerados. Cuando Fróis llega a Japón, el seis de julio de 1563, había solamente dos sacerdotes: el Padre Cosme de Torres en Yokoseura y el Padre Gaspar Vilela en Miyako con cinco o seis frailes. Nueve días después de la llegada de Fróis, Cosme de Torres le ayuda a bautizar a sesenta conversos. Poco antes, el daimio Sumitada, señor feudal de Oomura, se había bautizado, no sólo por creencia sino por interés militar y comercial. Dio permiso a los europeos para que se instalaran en el puerto de Nagasaki, que tuvo un papel importante desde el punto de vista comercial y además facilitó la llegada de jesuitas.

Pero con el contexto de la guerra civil, la situación de los misioneros fue más difícil. Por ejemplo, cuando el nuevo convertido Sumitada destruyó un templo de la guerra y fue desposeído de su reino, la iglesia y las casas de los misioneros fueron destruidas. Por eso Fróis estuvo una temporada en la isla de Takushima. Unos años después vuelve a Miyako pero el shôgun Ashikaga Yoshiteru (1547-1565) fue asesinado el diecisiete de junio de 1565. Entonces el imperador Ôgimachi (1557-1586) mandó la expulsión de todos los misioneros de Miyako y Fróis tuvo que marcharse a la isla de Saika. Luego Ôda Nobunaga, que quería unificar Japón para establecer el régimen de los samuráis, instaló a Ashikaga Yoshiaki (1568-1573) en el poder y Fróis pudo volver a Miyako. Pero, como el nuevo shôgun se alejó de Ôda Nobunaga, fue expulsado en 1573. En 1582, Ôda Nobunaga, a punto de someter al señor feudal Mori fue asesinado por uno de sus vasallos Akechi Mitsuhide. Toyotomi Hideyoshi toma su sitio. Fue él quien acabó la obra de la unificación de Japón pero fue también al origen de las persecuciones a partir del veinticinco de julio de 1587, prohibiendo a los creyentes mostrar su religión bajo pena de expulsión.

Se puede destacar otras dos razones del fracaso de los jesuitas. Por un lado, la desnaturalización de la Orden a causa de la entrada de demasiados japoneses después de la salida de Cabral. Cabral era un antiguo militar y mientras dirigió a los jesuitas no quiso que los japoneses entraran en la Orden porque pensaba que no tenían bastantes conocimientos de la cultura europea. La segunda razón es la llegada a Japón de las órdenes mendicantes (franciscanos y dominicos) que vinieron de las Filipinas y de México entre 1592 y 1595. Se construyó una iglesia en Miyako a pesar de que Toyotomi Hideyoshi lo había prohibido. El cinco de febrero de 1595 tuvo lugar el primer gran martirio cristiano, veintitrés religiosos franciscanos y tres jesuitas japoneses fueron enviados a Nagasaki y crucificados. Los jesuitas podían quedarse en Japón pero fueron rechazados en Nagasaki. No pudieron asistir a esta ejecución excepto dos que pudieron dar testimonio, uno de ellos fue Joan de Rodrigues. Pero fue sobre todo a partir de 1614 cuando hubo una serie de martirios y de persecuciones como por ejemplo la matanza de campesinos cristianos rebeldes de Shimabara el doce de marzo de 1638. A partir de 1639 se prohibió que los portugueses entraran en Japón y que los japoneses salieran del país.

Las fuentes del tratado son datos extraídos de la propia experiencia personalde Luís Fróis. Podemos ver que tiene contactos con los japoneses y con los europeos.En noviembre de 1548 Luís Fróis conoce a tres japoneses que el Padre Francisco Javier había traído de Malaca. Entre ellos estaba Anjirô, quien huía de su país y se convirtió al cristianismo. Luego, gracias a su buen conocimiento del idioma japonés Luís Fróis pudo hablar directamente con la población local sobre todo para predicar y pedirles permiso de hacerlo a los shogunes, por ejemplo en Miyako del treinta y uno de enero de 1565 hasta 1576. Notemos que era este lugar el que Francisco Javier quería evangelizar primero pero no había podido hablar con el shôgun  Yoshiteru lo que consiguió Vilela y después Luís Fróis, que le acompañó. De la misma manera el diecinueve de abril 1569 pidió audiencia a Ôda Nobunaga y a Ashikaga Yoshiaki quienes le autorizan a predicar el veinticuatro de abril y mantuvo después muchas conversaciones con ellos. El cuatro de mayo de 1586 Luís Fróis y Coelho tienen una audiencia solemne con Toyotomi Hideyoshi.

En lo que se refiere a contactos con europeos, en Takushima Luís Fróis aprendió el japonés durante un año con el fraile Juan Fernández, un antiguo amigo de Francisco Javier. Con él redacta una gramática japonesa y dos diccionarios para traducir del portugués al japonésy viceversa.Durante el año 1582 hasta 1594 fue el traductor y acompañador del Padre Visitador Alejandro Valignano. Éstos siguen la política de aculturación en desacuerdo con el Padre Cabral que preconizaba la superioridad del cristianismo y prohibía la utilización del idioma japonés.

Frontispicio de una recopilación de cartas misioneras. (Fuente: Froís y García, J. M., Traité...)

Frontispicio de una recopilación de cartas misioneras. (Fuente: Froís y García, J. M., Traité…)

Luego Luís Fróis manejaba libros y documentos diversos publicados en el lugar y en Occidente. En Miyako, Luís Fróis escuchó los sermones budistas porque se había dando cuenta de la importancia de esta religión y de la necesidad de saber más sobre ella.  Por eso con el Padre Organtino y gracias a la ayuda de un antiguo budista transcribió en portugués l’Hoyye-kyo, escrito en chino, para los cristianos. Además con la imprenta de caracteres móviles importada por los jesuitas, muchos libros de Occidente fueron traducidos. También, la embajada del reino de Bungo en 1555-1556, con los jesuitas y gracias a la ayuda de Fernao Mendes Pinto y Padre Melchio Nunes transportó libros europeos de Goa a Japón para montar la primera librería jesuita. Por eso las traducciones de libros occidentales en japonés van a desarrollarse. Estas traducciones han desaparecido pero este trabajo se puede ver cuando se leen las cartas de los misioneros.

El Tratado sobre las contradicciones y diferencias de costumbres entre los europeos y japoneses viene de una petición formulada en 1579 por Pietro Maffei al General de la Orden, Padre Mercurian, para informar a los europeos sobre los progresos de la fe y la historia de Japón. En 1581, el nuevo general Claudio Aquiviva reactiva el proyecto a través de Valignano. La idea de poner en paralelo las dos culturas viene seguramente de Valignano quien cuando llega a Japón hace una comparación entre los japoneses y los chinos, remplazados después por europeos: Sumario de las cosas del Japón, 1583 y Adiciones del sumario de 1592. El tratado de Fróis y las obras de Valignano como Advertimentos e avisos acerca dos costumes e catangues de Jappao (acabado en 1582 pero modificado luego) pudieron servir como guías a los futuros misioneros para que éstos sean vistos como interlocutores más creíbles. El tratado se debe poner también en relación con el libro de Luís Fróis Historia del Japón, escrito en las mismas fechas porque el índice corresponde al del tratado que puede entonces considerarse como una introducción a este libro. Se estructura en catorce capítulos que abordan muchos aspectos, lo que pone de relieve el interés de Luís Fróis y su capacidad de observación. Se habla primero de los hombres, después de las mujeres, de los niños, los bonzos, los cultos (templos, religiones), la alimentación (comidas y bebidas), las armas, la medicina, las escrituras, las casas y jardines, las embarcaciones, las fiestas (baile y teatro). El último capítulo está dedicado a reflexiones sobre diversos temas que el autor no había incluido o que había olvidado. Pero se habla sobre todo del mundo urbano, faltan descripciones del campo y de la agricultura. Lo que se ha visto también a la hora de la transcripción es que no hay retoques ni reescritura, los elementos no están siempre en el buen sitio y el índice no corresponde al libro. También, quedan varias  hojas blancas, quizás porque Luís Fróis pensaba completar el tratado más tarde.

En este tratado no aparece un juicio moral y las diversas observaciones no tienen relaciones entre sí. Eso implica que Fróis no insiste en una característica japonesa en particular como consecuencias de las diferencias entre Japón y Europa. El culto pagano es solo una diferencia más. Ciertas prácticas chocan a Luís Fróis, sobre todo en lo que se refiere a las costumbres de las mujeres, como la matanza de los niños y práctica del aborto, que es muy común. También recalca el culto de los bonzos que los jesuitas deben combatir, eso se ve en las páginas 61-62, en el capítulo cuatro: “Nuestros religiosos tienen su fuerza principal en la pureza y limpieza interior; los bonzos son limpísimos en las casas, nivas [jardines] y templos, y abominables en las almas” o página 70, en el capítulo cinco: “Nuestro bautismo se celebra con muchas ceremonias y solemnidades; en Japón basta con poner un libro sobre la cabeza para pertenecer a una secta”. Pero de esta descripción no se desprende una visión despreciativa en comparación con otros jesuitas y por lo tanto queda más objetivo. Además se debe notar que Luís Fróis emplea palabras japonesas lo que demuestra su propia aculturación al lenguaje local. Para tener el punto de vista de los japoneses sobre la cultura europea, muestra también que la cultura europea es extraña para los japoneses. Hay una doble presentación y un doble análisis. Así, por una parte dice que la música japonesa es horrible, pero por otra parte nos indica también que a los japoneses no les gusta la de Europa. Podemos verlo página 117 en el capítulo 13: “Entre nosotros es suavísima la melodía del clave, viola, flauta, órgano, dulzaina, etc.; a los japoneses todos nuestros instrumentos les son ásperos y desagradables”.

En conclusión, aunque los misioneros construyeron una imagen exótica del Japón en sus cartas, las de Fróis, publicadas en la edición integral en dos volúmenes de las Cartas del Japón, (realizada por la Compañía de las Indias en Evora en 1598), describen más detalladamente la realidad convirtiéndolo en el principal informador de las realidades japonesas entre 1563 y 1597. Además este tratado sigue resultando interesante aun en nuestra época debido a su rigor a la hora de comparar las dos culturas. Así, Claude Levi-Strauss dice que Luís Fróis aparece hoy como el precursor del inglés Basil Hall Chamberlain porque en uno de sus libros Things Japonese de 1890 compuesto como un diccionario hay una entrada que se llama Topsy-Turvydom « el mundo del todo al revés » donde hace un poco las mismas comparaciones que Luís Fróis. Vemos también que el tratado influenciará obras posteriores sobre Japón. John Z. Bowers en su libro Western Medical Pioneers in Feudal Japan (Baltimore and London, 1970), cita en su primer capítulo “Medicine before the Dutch” el noveno del tratado. Eta Harich-Shneider en A History of Japanese Music (London, 1973), se inspira para su capítulo decimocuarto “The first Introduction of Western Music (1546-1638)” del décimo del libro de Fróis. Fukumoto Hideko y Catherine Pigeaire en Femme et Samouraï (Paris, 1986), también hacen referencias al tratado mezclando el segundo capítulo con el del Sumario de Valignano sin citar las fuentes. Estos ejemplos indican que tal vez no se tenga un verdadero conocimiento de este texto, ya que aparece como una mera observación de las realidades del Japón y no como un análisis de éstas. Pero, a pesar de que fuera de Europa sigue percibido como una fuente de información sobre la cultura japonesa y/o europea sin que se perciba la comparación que hace el autor entre ambas, lo que constituye su originalidad, sigue siendo un libro muy importante en los estudios del encuentro entre Europa y Japón, tal  como lo apunta Claude Levi-Strauss: “La simetría que se nota entre dos culturas las une oponiéndolas. Aparecen a la vez similares y diferentes, como la imagen simétrica de nosotros mismos, reflejada por un espejo, que queda irreductible para nosotros aunque nos vemos en cada detalle. […] Es también recurriendo a la simetría como Fróis, sin saberlo, porque era aún demasiado pronto, y Chamberlain sabiéndolo, nos ofrecieron un medio de entender mejor la profunda razón por la cual, a mediados del siglo XIX, el Occidente adquiere el sentimiento de redescubrirse en las formas de sensibilidad estética y poética que le proponía Japón”[1].

 

Para saber más:

  •  Froís, Luís y Levi-Strauss Claude, Européens & Japonais: traité sur les contradictions & différences de mœurs, Paris, Chandeigne, 1998.
  • Froís, Luís y García,José Manuel, Traité de Luís Fróis, S.J. (1585): sur les contradictions de mœurs entre Européens et Japonais, Paris, Chandeigne, 1993.
  • Froís, Luís y De la Fuente Ballesteros, Ricardo, Tratado sobre las contradicciones y diferencias de costumbres entre los europeos y japoneses (1585), Salamanca, Universidad de Salamanca, 2003.
  • Takizawa, Osami, La historia de los Jesuitas en Japón (siglos XVI-XVII), Madrid, Universidad de Alcalá, 2010.
  • Cieslik,Hubert,  “Father Louis Frois: Historian of the Mission”, en la web All about Francis Xavier:  http://pweb.cc.sophia.ac.jp/britto/xavier/
  •  Cooper, Michael, “The First Meeting between Japan and the West”, en la web All about Francis Xavier:  http://pweb.cc.sophia.ac.jp/britto/xavier/
  •  HoyosHattori,Paula, Las primeras miradas europeas sobre Japón. Aproximaciones al Tratado (1585) de Luís Froís (1532-1597), Congreso ALADAA, Universidad Nacional de Tucumán, 2012 http://grupotadaima.files.wordpress.com/2011/11/primeras-miradas-europeas-sobre-japc3b3n-luc3ads-frc3b3is.pdf

Notas:

[1] “La symétrie qu’on reconnaît entre deux cultures les unit en les opposant. Elles apparaissent à la fois semblables et différentes, comme l’image symétrique de nous-mêmes, réfléchie par un miroir, qui nous reste irréductible bien que nous nous retrouvions dans chaque détail. […] C’est aussi en faisant appel a la symétrie que Froís, sans le vouloir, car c’était encore trop tôt, et Chamberlain en le sachant, nous offrirent un moyen de mieux comprendre la profonde raison pour laquelle, vers le milieu du XIXe siècle, l’Occident acquit le sentiment de se redécouvrir dans les formes de sensibilités esthétique et poétique que lui proposait le Japon.” FROÍS L., LEVI-STRAUSS C., Européens & Japonais : traité sur les contradictions & différences de mœurs,Paris, Chandeigne, 1998, p.9, 11.

avatar Claire Richet-Delgado (1 Posts)

Realiza la Carrera de Ciencias Humanas y Sociales, con itinerario de Historia del Arte, en la Université de Nantes (Francia), cursando durante un tiempo el módulo de Arte Oriental del Máster en Estudios Avanzados de la Universidad de Zaragoza.


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