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"Outrage": Kitano al cuadrado – Revista Ecos de AsiaRevista Ecos de Asia
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This article was written on 15 May 2015, and is filled under Cine y TV.

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“Outrage”: Kitano al cuadrado

El pasado mes de abril llegó a los videoclubs españoles (los pocos que aún quedan) una novedad interesante procedente de Japón: Outrage 2 (2012),[1] secuela de la popular Outrage (2010)[2] del maestro entre maestros, Takeshi Kitano. Presentadas en sendas ediciones del afamado Festival de Cannes (optando incluso a la Palma de Oro en el caso del filme original), Outrage llega ahora al gran público y desde Ecos de Asia queremos rendir homenaje a esta dupla imprescindible del yakuza-eiga o género de yakuzas.

Carteles publicitarios de Outrage y Outrage 2.

Carteles publicitarios de Outrage y Outrage 2.

Se trata de dos filmes que, en conjunto, componen una historia cuyo final, abierto e inesperado, hace prever (temer, si sois detractores; desear, para el caso de los fans acérrimos) una posible continuación. El cine de Kitano, en plena crisis existencialista,[3] puede tender a la repetición y con Outrage 2 vuelve a caer en un viejo vicio: el cine de yakuzas aunque, si cabe, más violento y perturbador que en anteriores entregas.

Ambas películas son herederas de una trayectoria fílmica que ha hecho de Takeshi Kitano uno de los baluartes del cine de yakuzas: desde su salto a la dirección con Violent Cop (1989) hasta la afamada Hana-bi (Flores de fuego, 1997). A través de estas películas, el director nipón ha ido configurando una “estética de la violencia” fundamentada en el preciosismo formal, con encuadres cuidados, escasos movimientos de cámara y un ritmo lento que bebe del cine japonés más clásico.

Arriba: fotograma de Outrage donde vemos un jardín seco japonés en una casa tradicional. Abajo: Kitano en Outrage 2, impasible, bebiendo sake. Ambas imágenes muestran la horizontalidad y el estatismo que caracteriza el estilo cinematográfico del director.

Arriba: fotograma de Outrage donde vemos un jardín seco japonés en una casa tradicional. Abajo: Kitano en Outrage 2, impasible, bebiendo sake. Ambas imágenes muestran la horizontalidad y el estatismo que caracteriza el estilo cinematográfico del director.

La violencia es, de nuevo, el santo y seña por el que se rige Outrage, título que al español podría haber sido traducido como “atrocidad” y es que, en efecto, a lo largo de estos dos filmes se suceden los actos de barbarie, muchas veces desposeídos de todo sentido. Este tono nihilista del cine de Kitano es también característica intrínseca de su filmografía y deriva del grave accidente de tráfico que sufrió en 1994.

Así pues, ¿es Outrage 2 más de lo mismo? ¿Ha entrado Kitano en una espiral autorreferencial de la que no puede salir? No vamos a caer en reduccionismos maniqueos y discernir si es mejor el original o la secuela, pero sí que es conveniente establecer unas similitudes y diferencias que permitan analizar críticamente ambas obras.

En apariencia, ambas películas resultan muy similares, pues son dramas centrados en el ambiente de las mafias japonesas o yakuzas, aunque presentan aspectos diferenciados que comentaremos más adelante. Los dos filmes poseen argumentos enrevesados en su sencillez, ya que ilustran las luchas de poder existentes entre distintas familias de la yakuza: una guerra sin trincheras donde las traiciones y venganzas provocan un “toma y daca” continuado. En el largometraje original, estas luchas se inician de manera intencionada por un estúpido malentendido –muestra del nihilismo del director, que ya hemos adelantado-, mientras que en la segunda, el detonante es el asesinato de un policía con contactos en el Ministerio.

Dos fotogramas que muestran el comienzo de ambos filmes, con el título sobreimpresionado en un coche, que introduce al espectador en la acción.

Dos fotogramas que muestran el comienzo de ambos filmes, con el título sobreimpresionado en un coche, que introduce al espectador en la acción.

Tras este primer acto de violencia (justificado o no), se pone en marcha un letal engranaje de venganzas que, de manera pausada, va escalando hasta entrar en una espiral de crímenes sangrientos. Los cadáveres se van amontonando en la retina del espectador, hasta que este queda insensibilizado, inmune a lo que ve. A base de repetición, el argumento se diluye quedando solo la violencia desmedida, que se convierte en algo connatural: los balazos ya no nos sobresaltan, como lo hacían en un principio, la muerte es solo un plano más. Estamos perdidos en el “universo Kitano”.

En el punto álgido de esta secuencia mortal, el torrente de violencia se detiene con un final abrupto y poco resolutivo, dejando al espectador desconcertado y pidiendo más. Kitano nos ha hecho sufrir, casi físicamente, con sus rituales sangrientos, pero cuando acaba la magia, nos vemos suplicando que vuelva a empezar. Tal es el poder de sugestión del maestro japonés.

La diferencia fundamental entre ambas películas reside en la comicidad, puesto que el original poseía ese tono absurdo que el espectador medio interpretaría como irreverente (“nada de esto tiene sentido”, “Kitano se ha vuelto loco”… serían comentarios habituales y no por ello menos adecuados). Sin embargo, el público japonés y aquellos conocedores de la trayectoria del director, entenderían el tono humorístico que subyace a la tragedia y que bebe del gag cómico tradicional, el cual protagoniza los orígenes profesionales de Takeshi Kitano. Esta vertiente cómica de Outrage, que puede gustar más o menos, no está presente en su secuela, que resulta por ello más sobria y contenida.

Observamos aquí la diferencia de tratamiento que recibe la amputación de un dedo en ambas películas: arriba, Outrage, más explícita; y abajo, su secuela, que muestra el resultado pero no el acto en sí mismo.

Observamos aquí la diferencia de tratamiento que recibe la amputación de un dedo en ambas películas: arriba, Outrage, más explícita; y abajo, su secuela, que muestra el resultado pero no el acto en sí mismo.

Por otra parte, en Outrage 2 la violencia no se agota, pero se muestra menos abiertamente, prefiriendo emplear el recurso del fuera de plano, por el cual no vemos de forma explícita lo que ocurre, pero sí sus resultados. Sirva como ejemplo de esto último el más que habitual ritual de cortarse un dedo: símbolo de respeto hacia los superiores dentro del mundo de la yakuza y empleado para resarcir cualquier tipo de afrenta. Si en la primera película éramos testigos directos de cómo los personajes se rebanan sus propias falanges, en la secuela “tan solo” se nos muestra el miembro inerte en el suelo.

Todos los rituales de la yakuza siguen presentes: reuniones en casas tradicionales japonesas, juramentos sellados con sake, cuerpos tatuados y armas automáticas. Las distintas familias, que ya en la película original tenían importantes lazos con la policía, ascienden ahora un peldaño más en el escalafón de la ilegalidad, llevando sus negocios a las más altas esferas y encontrando socios en el Ministerio.

Fotogramas (arriba Outrage, abajo Outrage 2) que muestran sendas espaldas tatuadas, símbolo inequívoco de la yakuza.

Fotogramas (arriba Outrage, abajo Outrage 2) que muestran sendas espaldas tatuadas, símbolo inequívoco de la yakuza.

Si uno consigue sobreponerse al nudo gordiano de nombres japoneses, familias mafiosas y pactos secretos o no, sin perderse en el intento, podrá disfrutar de un espectáculo sangriento y atronador, que eleva el asesinato a estatus artístico. Uno de los recursos fílmicos utilizados por el director, Takeshi Kitano, para ahondar en esta poética de la violencia, es el de jugar con el montaje de sonido. Así, en ambos filmes, ciertas escenas de importancia capital para el argumento se nos muestran dentro de una “burbuja” especial: este efecto consiste en eliminar el habitual sonido ambiente y amplificar los disparos o puñaladas, aislando la violencia y dándole importancia en sí misma.

Con todo lo señalado anteriormente, y pese a sus diferencias, ambas películas mantienen un estilo inconfundible que ha encumbrado a Takeshi Kitano a los laureles del cine de autor japonés, alcanzando un puesto de honor en el Olimpo del yakuza-eiga más postmodernista. Por ello, el visionado de Outrage y su continuación puede reportar interesantes puntos de análisis, así como un oscuro placer inherente al ser humano: el que produce la contemplación de la violencia y la belleza, aunados por la maestría técnica del director japonés.

Beat Takeshi (pseudónimo artístico del director) interpretando el papel del protagonista: Ôtomo. En ambos fotogramas (arriba en la película original, abajo en la secuela), aparece apuntando a alguien y la cámara lo enfoca desde abajo, agrandando así su figura y enalteciendo al yakuza.

Beat Takeshi (pseudónimo artístico del director) interpretando el papel del protagonista: Ôtomo. En ambos fotogramas (arriba en la película original, abajo en la secuela), aparece apuntando a alguien y la cámara lo enfoca desde abajo, agrandando así su figura y enalteciendo al yakuza.

Para saber más:

 


 

Notas:

[1] Outrage 2 / Autoreiji Biyondo / Outrage Beyond (2012). País: Japón. Director: Takeshi Kitano. Guión: Takeshi Kitano. Música: Keiichi Suzuki. Fotografía: Katsumi Yanagijma. Reparto: Beat Takeshi (Takeshi Kitano), Toshiyuki Nishida, Tomokazu Miura, Ryo Kase, Hideo Nakano, Yutaka Matsushige, Fumiyo Kohinata, Katsunori Takahashi, Kenta Kiritani, Hirofumi Arai, Sansei Shiomi, Akira Nakao, Shigeru Koyama. Productora: Bandai Visual Company / Office Kitano / Tokyo FM Broadcasting Co.

[2] Outrage / Autoreiji (2010). País: Japón. Director: Takeshi Kitano. Guión: Takeshi Kitano. Música: Keiichi Suzuki. Fotografía: Hitoshi Takaya. Reparto: Beat Takeshi (Takeshi Kitano), Tomokazu Miura, Kippei Shiina, Ryo Kase, Soichiro Kitamura, Renji Ishibashi, Jun Kunimura. Productora: Warner Bros. Pictures.

[3] Producto de esta crisis existencial son sus films más reflexivos pertenecientes al género metacinematográfico, los cuáles analizamos ya en un artículo anterior sobre su trayectoria como director, y cuyo punto álgido fue sin duda Glory to the Filmmaker! (2007).

avatar Laura Martínez (173 Posts)

Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza y Máster de Estudios Avanzados en Historia del Arte de la misma, con especialización en Cine. Actualmente realiza estudios de Doctorado en la Universidad de La Rioja.


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