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Mazinger Z. Abriendo camino a la animación japonesa en España. – Revista Ecos de AsiaRevista Ecos de Asia
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Mazinger Z. Abriendo camino a la animación japonesa en España.

Afrodita A en pleno ataque

Afrodita A en pleno ataque

Dragon Ball marcó a comienzos de los años noventa un antes y un después en la visión que se tenía del anime japonés en Occidente. Tuvo un altísimo éxito de audiencia entre el público infantil y juvenil. Numerosas cadenas retransmitieron la serie protagonizada por Gokû, el muchacho con cola procedente de un planeta extraño.Las escenas subidas de tono o con altas dosis de violencia fueron duramente criticadas por numerosas asociaciones de padres, pero la serie no fue retirada de ninguna cadena (a excepción de Canal Sur), y continuó su marcha imparable hasta constituirse como un hito, ya no sólo para la llegada de la animación japonesa a España, sino en lo que respecta a la efervescencia en los años noventa del manga, cuando el editor Antonio Martín (director de Ediciones Forum) decidió apostar por el fenómeno creado en torno a Dragon Ball licenciando la serie en España. Sin embargo, unos quince años antes, otra apuesta de éxito abrió camino y posibilitó la llegada de la industria visual japonesa en las dos décadas posteriores. Esa apuesta fue Mazinger Z.

Imagen de la serie Orzowei.

Imagen de la serie Orzowei.

Y, a diferencia de Dragon Ball, fue retirada de la parrilla televisiva gracias a las quejas de diferentes asociaciones pedagógicas y sociales. TVE lo hizo de golpe, sustituyendo la serie por la producción italoalemana Orzowei, que narraba en imagen real las tribulaciones de un niño de origen occidental criado por una tribu bantú. La composición de la música estuvo a cargo de Guido y Maurizio de Angelis, autores más tarde de la conocida banda sonora de La vuelta al mundo de Willy Fog. Al igual que esta serie, Orzowei estaba basada en una novela de éxito (de Alberto Manzi, antiguo presentador de la televisión italiana), y transmitía valores que buscaban tener un carácter universal, como la amistad o la integración entre las distintas razas. Ante las quejas recibidas por la emisión de la serie japonesa, TVE apostó por una línea de productos de contenido más blanco, menos violento, siguiendo la estela de Heidi y Marco, de los Apeninos a los Andes, compradas a Nippon Animation. El argumento de la primera giraba en torno a la vida de una niña en los Alpes suizos, junto a su abuelo, y la melancolía de ésta ante su traslado obligado a la ciudad. La segunda narraba la búsqueda de la felicidad de un niño a través del mundo, encarnada en la figura de su madre. Mazinger Z, en contraste, relataba la historia de una serie de científicos que se servían de robots gigantes para derrotar los malvados propósitos del Dr. Infierno. Las escenas de violencia entre las máquinas constituían gran parte del arco argumental de la serie. Algunos de ellos tenían ataques que provocaron la ira de numerosos pedagogos: que Afrodita A lanzase misiles desde sus pechos era algo que no podían permitir.

Portada de uno de los capítulos del manga Tetsujin-28 Gô.

Portada de uno de los capítulos del manga Tetsujin-28 Gô.

La idea de Mazinger Z había salido de la mente de Gô Nagai, mangaka especialmente relevante para el género mecha (centrado en robots gigantes) en el que se inserta la serie.Se vio muy influenciado tanto por el Astroboy de Osamu Tezukacomo por series como Tetsujin-28 Gô creada por Mitsuteru Yokoyama (gran referente, a su vez, para series como Iron Kid, creada en parte con capital español). La serie fue analizada con lupa en el momento de su emisión, y se llegaron a realizar interpretaciones de muy diversa índole: el Dr. Infierno fue comparado con el propio Karl Marx, entendiendo que sus rasgos físicos no eran más que una estilización de los del pensador centroeuropeo, y que la forma de dictar las órdenes y organizar a sus seguidores recordaban a episodios protagonizados por el Kremlin durante la Guerra Fría [1].

Imagen del Dr. Infierno, antagonista en Mazinger Z.

Imagen del Dr. Infierno, antagonista en Mazinger Z.

Algunos periodistas destacaron las connotaciones negativas que tenían las manos y el pecho de Mazinger Z, de los que sólo surgía destrucción, cuando deberían ser partes del cuerpo que se asociaran a la creación y la paz. En general, todas las críticas destacaban la intencionalidad de TVE en pro del éxito de audiencia (y las posteriores ventas de merchandising)yen detrimento de la buena educación de los niños, que debían crecer con propuestas más acordes a su edad.

Pero, en verdad, ningún producto animado dirigido a niños y adolescentes resulta totalmente gratuito. Todos admiten dobles lecturas o análisis profundos que tiran por tierra sus aparentes tonos naíf. En la sección de cartas al director del suplemento de ABC Blanco y Negro, el 7 de febrero de 1976, una lectora afirmaba sobre Heidi que:

“(…) estando tan comprometido el tema de la mujer y el de su real papel en la sociedad actual ¿qué argumentos va a aportar esa sublimación de la inocencia que Heidi parece encarnar? Dado que la bondad se traduce tantas veces por estupidez, en punto a la causa femenina ¿es positiva o negativa la imagen de Heidi? Esta es mi crítica y esta es mi duda.”

Imagen de Willy Fog, protagonista de La vuelta al mundo de Willy Fog.

Imagen de Willy Fog, protagonista de La vuelta al mundo de Willy Fog.

En el caso de La vuelta al mundo de Willy Fog, las lecturas pueden ser también infinitas. Debemos pensar, tan sólo, que nos encontramos ante un león de origen inglés, con un gato como mayordomo (en una clara lectura jerárquica entre el animal más fuerte a nivel simbólico, salvaje, y el animal doméstico), y que se encarga de salvar a una princesa india de los tormentos a los que iban a someterla sus incivilizados y anacrónicos congéneres. Sin embargo, lo cierto es que ninguna de estas series llegó a alcanzar la gran cantidad de quejas que recibió TVE acerca de Mazinger Z, y la cadena se vio obligada a retirar su emisión de forma definitiva. Algo parecido ocurrió varias décadas más tarde con Dragon Ball, blanco de la ira de numerosos psicólogos infantiles, que defendían la pureza de la mente joven, fácil de contaminar a través de historias de muerte y lucha. Los niños acabarían imitando a los protagonistas de sus series favoritas para terminar pegándose entre ellos (o a sus maestros) durante el recreo o las clases, entre otras cosas mucho más terribles. La diferencia radica en que Dragon Ball continuó en antena, y lo hizo gracias a todos los cambios que se habían producido a lo largo de los años ochenta en el panorama televisivo español: por un lado, la gran cantidad de nuevos canales, privados y autonómicos, hacía difícil retirar un producto exitoso, que podía saltar de una a otra cadena con facilidad, mientras que, por otro lado, series anteriores habían abierto camino poco a poco para la aceptación de una obra como la de Akira Toriyama y, entre todas ellas, Mazinger Z destacó especialmente.

La retirada de la emisión, sólo confirmó el carácter pionero de la propuesta, vilipendiada por su novedad, pero abrazada por la audiencia infantil y juvenil. Los robots gigantes llegaron a tener su propio ninot en las fallas valencianas durante su primer año de emisión, y Mazinger Z formó parte activa de numerosos festejos populares y cabalgatas de reyes. Mención aparte merece la escultura levantada en la urbanización de Mas del Plata, en Tarragona (en la población de Cabra del Camp).

Escultura de Mazinger Z en Mas del Plata.

Escultura de Mazinger Z en Mas del Plata.

La idea partió de un promotor inmobiliario con el fin de promocionar los terrenos que deseaba vender. Se pidieron las licencias necesarias a los productores de la serie y se encargó su realización a un taller,mayoritariamente, encargado de la fabricación de barcos. Costó unos diez millones de pesetas del momento, medía unos doce metros de alto, e incluía una pequeña escalerilla que permitía subir al interior de la cabeza y contemplar las vistas a través de la rejilla central. Buscando promocionar la estatua, los primeros días se colocó un gran altavoz en esa zona con sonidos extraídos de la banda sonora, como “¡Puños fuera!” o “¡Planeador abajo!”. La escultura es la mayor dedicada a Mazinger Z en todo el mundo [2], y da buena muestra del calado que tuvo la serie en la España del momento.

Cartel anunciador de Mazinger Z, el robot de las estrellas.

Cartel anunciador de Mazinger Z, el robot de las estrellas.

Ante el éxito, la picardía inundaba también, tanto en esa época como en muchas otras, el ingenio de los productores de contenidos: en 1974 se estrenó en Japón una serie titulada Super Robot Mach Baron. No era anime sino una serie de acción real con unos efectos especiales bastante graciosos desde el prisma actual. La serie fue adaptada a la gran pantalla por una productora taiwanesa, y la estrenó como The Iron Superman. Cuando la película llegó a España en 1978, fue renombrada como Mazinger Z, el robot de las estrellas, aunque no guardase ninguna relación con la obra original de Gô Nagai.

Mazinger Z destrozando la Gran Vía madrileña, obra de José Manuel Liebana.

Mazinger Z destrozando la Gran Vía madrileña, obra de José Manuel Liebana.

El robot gigante se convirtió en un verdadero icono de masas en España para varias generaciones. De nada sirvió que TVE suprimiera su emisión o las críticas que recibiese durante su corta andadura. Caló hondo en el imaginario de muchos españoles como una verdadera forma pop. Buen ejemplo de ello lo constituyen obras como el Mazinger Z pintado por José Manuel Liébana (especialista en animación para videojuego) en tono realista y en plena destrucción de la Gran Vía madrileña, una imagen que fue durante mucho tiempo viral en Internet y que despertó algo más que nostalgia entre aquellos que pudieron acceder a ella. Por el contrario, el Mazinger Z retratado por José Luis Muñoz posee un tono mucho más calmado, un cierto aire épico con la mirada del joven tripulante sobre el fondo del robot destrozado ante mil batallas. Tripulante, sin embargo, muy idealizado y bastante alejado de los rasgos de Koji Kabuto, verdadero conductor de la máquina.

Años más tarde de su retirada de la parrilla, Telecinco emitió de nuevo la serie completa. Entre medio, el fenómeno del vídeo doméstico y el numeroso merchandising había consolado a los amantes de la serie. Con la llegada de Internet y los nuevos medios, resultó mucho más fácil acceder a figuras o capítulos exclusivos de la producción. Su reposición en algunos canales atrajo a nuevas generaciones y su huella se dejó sentir en mangas y anime procedentes de Japón que, realizados bajo la influencia directa de la obra de Gô Nagai, llegaron a España décadas más tarde.

Pero, como decimos, lo verdaderamente interesante es que Mazinger Z abrió camino. Demostró que los dibujos podían ir más allá de los argumentos naíf y la estética dulzona. Permitió atisbar en la pequeña pantalla (con todas las posibilidades que eso suponía) lo que podía aportar Japón al terreno del anime. Marcó tendencia y dejó una huella imborrable en España como icono pop, cuyo influjo todavía perdura. Como el propio Gô Nagai acertó a destacar en una entrevista realizada con motivo de su llegada al Salón del Cómic de Barcelona:

“No son seres humanos los que se pelean, sino robots. Es una lucha que tiene sentido en el marco de la historia y lo más importante: los robots se pelean para hacer realidad el sueño de un niño. Mazinger no anima a luchar, sino que enseña a los chicos que cuando se hagan mayores tendrán que hacerlo, no con violencia, pero deberán combatir en el mundo de los mayores”[3]

Obra de José Luis Muñoz, con la cabina de Mazinger Z como motivo de fondo.

Obra de José Luis Muñoz, con la cabina de Mazinger Z como fondo.

Para saber más:

  • La obra de referencia para la llegada de Mazinger Z a España (utilizada en gran medida para la elaboración de este artículo) es: ROMERO RECIO, Jesús (2013), ¡Mazinger! ¡planeador abajo!, Palma de Mallorca: Dolmen Editorial.
  • Para datos más concretos, se puede consultar SANZ, Aurelio (2011), Mazinger Z. La Enciclopedia, Palma de Mallorca: Dolmen Editorial.

Notas:

[1] GONZÁLEZ, Fernando, Doble lectura de Mazinger Z en Triunfo, Madrid: 25 de mayo de 1978.

[2] Y continúa en pie, siendo objeto de numerosas peregrinaciones por parte de aficionados a la serie de toda Europa.

[3] Se puede consultar en: http://www.rtve.es/infantil/padres/noticias/go-nagai-mazinger-z-pertenece-suenos-ninos-no-cambiaria-nada/521898.shtml [21/02/14]

avatar Julio Andrés Gracia (38 Posts)

Investigador y gestor cultural. Doctor en Historia del Arte con la tesis “Intermedialidad en el cómic adulto en España (1985-2005). De la historieta a la pintura, el audiovisual y la ilustración”. Ha trabajado sobre temas relativos al manga y el anime en congresos especializados y en artículos, tanto científicos como de carácter divulgativo.


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