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Amar el arte japonés: Federico Torralba, coleccionista y maestro. – Revista Ecos de AsiaRevista Ecos de Asia
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Amar el arte japonés: Federico Torralba, coleccionista y maestro.

Don Federico Torralba.

Don Federico Torralba.

Buena parte de los componentes de Ecos de Asia pertenecemos a una de las escuelas españolas más longevas de estudio de la cultura oriental, concretamente, en la disciplina del arte japonés (aunque con una gran diversificación en los últimos años). Por ello, queremos dar a conocer a la figura que (para nuestra generación ya indirectamente) ha sido maestro y pionero en estos estudios, dedicándole un homenaje en el segundo aniversario de su muerte. Hablamos del profesor don Federico Torralba Soriano (1913 – 22/04/2012).

Federico Torralba nació en Zaragoza en 1913. Hijo de una familia acomodada, su infancia transcurrió tranquila, recibiendo ya algunas influencias que marcarían lo que luego fue su trayectoria y su pasión: solía rememorar sus visitas a la tienda de Cesáreo Campo, donde se vendían porcelanas japonesas de Satsuma (como la que su madre empleaba para tomar chocolate con sus amigas), grabados y reproducciones, juegos de Mahjong… Imágenes que formaban parte de la imaginación de un niño con una gran inquietud intelectual, que soñaba viajar a la China montado en el tranvía, lector asiduo de la Revista Chiquilín (fundada entre otros por Enrique Jardiel Poncela, en 1924, dirigida a un público infantil y juvenil, en la que se cuidaba con mimo la literatura dirigida a los niños). En su adolescencia, y como premio a sus buenas notas, pidió que le regalasen la Historia del Arte de José Pijoan (una de las obras de mayor prestigio de la época). También tuvo la oportunidad de visitar París, en 1927, ciudad con la que mantendría una especial relación.

Fachada del Museo Guimet en París.

Fachada del Museo Guimet en París.

En su etapa universitaria, don Federico estudió Filosofía y Derecho en la Universidad de Zaragoza. En esta misma universidad obtuvo el título de Doctor en Filosofía y Letras, en 1956, aunque previamente, a finales de los años cuarenta, había realizado una estancia en París, bajo la tutela de Jean Cassou (1887-1986), donde tuvo ocasión de visitar, entre otros, el Museo Guimet de arte asiático. Casi una década después de su nombramiento como Doctor, en 1965 obtuvo la cátedra de Historia del Arte de la Universidad de Oviedo, en 1970 la de Salamanca y en 1972 la de Zaragoza, donde permaneció hasta su jubilación en 1983. No obstante, tras su jubilación continuó ejerciendo como profesor emérito y escritor hasta pocos años antes de su muerte.

Paralelamente a su trayectoria como docente universitario, también dio clases en la Escuela de Artes y Oficios y fue nombrado académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (con sede en Madrid) y de San Luis (con sede en Zaragoza). Dirigió la sección de Arte de la Institución Fernando el Católico y la revista Seminario de Arte Aragonés. Desde 1963 dirigió la Galería Kalos y en 1970 promovió la creación de la Galería Atenas, ambas en Zaragoza, dedicadas ambas al impulso del arte contemporáneo (por ellas pasaron grupos como Tierra, Azuda 40, Algarada, Equipo LT o Forma).

Uno de los mayores méritos de Federico Torralba fue el de ofrecer una nueva mirada más abierta sobre la Historia del Arte, prestando gran atención a la contemporaneidad: desde Goya, artista en el que se demostró un gran experto (a través de varias monografías y del comisariado de exposiciones, así como de su labor en la Institución Fernando el Católico de la Diputación Provincial de Zaragoza, donde fundó y dirigió la cátedra Goya), pasando por las vanguardias, hasta el arte más rabiosamente actual que acogía en las Galerías Atenas y Kalos. Su reivindicación, empero, no se limitó al arte contemporáneo,  sino que se extendió hasta una de sus pasiones: el arte oriental.

Ya adelantábamos que el niño Federico recibió influencias orientales de la mano de los objetos que vendían tiendas zaragozanas que, en la misma línea que Bruno Cuadros en Barcelona o que L’Art Nouveau en París, satisfacían el gusto burgués por el arte y los objetos orientales, principalmente japoneses (una cuestión que trató la exposición Japonismo, de la que ya hablamos aquí). Sin embargo, un suceso clave (y anecdótico, como suele pasar en estos casos) definió para siempre las pasiones de Federico Torralba: en su adolescencia, un amigo le enseñó un grabado japonés, propiedad de la familia, del que don Federico quedó prendado y se prometió que conseguiría algún día.

El puente Ōhashi en Atake bajo una lluvia repentina, de Ando Hiroshige (hacia 1857).

El puente Ōhashi en Atake bajo una lluvia repentina, de Ando Hiroshige (hacia 1857).

Respecto al grabado en cuestión, sí, lo consiguió:

Desde muy joven me interesó todo lo relacionado con el arte y las culturas orientales. Empecé a comprar libros sobre esa especialidad y a estudiar su contenido e ilustraciones. Cuando en 1927 vi algunas obras en los museos parisinos, aún se marcó más mi entusiasmo. Algunas de las reproducciones fotográficas de los libros me hicieron ensoñar que algún día yo pudiese tener en mis manos algunas de aquellas obras; también en casa de unos amigos míos diplomáticos vi, por primera vez, un grabado de Hiroshige. Puedo afirmar que alguna de las obras que yo había admirado en los libros, está hoy en mi colección, así como un ejemplar del grabado de Hiroshige —al que acabo de referirme— que tanto me deslumbró. Empecé relativamente pronto a comprar algunas cosas (por ejemplo un pequeño Buda de porcelana adquirido a los trece o catorce años) pero fue más tarde, siendo ya profesor de universidad, cuando enriquecí más mi colección.[1]

Este grabado produjo un impacto que fue germinando en el corazón de don Federico, que poco a poco fue haciéndose con piezas de este arte oriental que tanto le había impresionado. Aunque sus más significativas adquisiciones pertenecían al arte japonés, también hubo espacio en sus gustos y en su colección para obras de otras procedencias. Como él mismo declaró, su colección estaba siempre condicionada a la labor particular y a una economía modesta, en la que primaba ante todo el interés y el gusto personal, y a la que resultaba imposible incorporar determinadas piezas, bien por su precio o por la dificultad de encontrarlas. Esto no supuso, sin embargo, una merma en la calidad, cantidad y variedad de objetos coleccionados, al contrario, don Federico logró atesorar una de las mejores y más nutridas colecciones españolas dedicadas al arte oriental.

Mueble lacado japonés. Colección de Arte Oriental Federico Torralba.

Mueble lacado japonés. Colección de Arte Oriental Federico Torralba.

Como decimos, la colección se forjó de manera absolutamente particular, a través de las compras de Federico Torralba y posteriormente ayudado por su discípulo, Antonio Fortún (1945-1999). Para realizarlas, don Federico se desplazaba por toda Europa. Sus lugares predilectos eran el Barrio Latino de París, la ciudad en la que estuvo becado, y los anticuarios de Venecia, su ciudad de veraneo habitual. No pocas veces visitó la Galería Lella & Gianni Morra, especializada en estampas y otros objetos japoneses. Sin embargo, no fueron estos los únicos lugares en los que en los viajes de don Federico se veía ampliada su colección, sino que hubo muchas otras ciudades en las que realizó adquisiciones: Londres, Amsterdam, Ginebra, Bruselas… También en España consiguió piezas, especialmente en Madrid y Barcelona, pero también en Bilbao, donde compró una funda para pipa casi única en Europa, de la que solo se conserva otro ejemplar en Amsterdam.

El plan que Federico Torralba había trazado para el destino de su colección era, originalmente, legársela en herencia a Antonio Fortún, su discípulo y ayudante, con la intención de que se quedase en Aragón (ambos habían rechazado ofertas para depositar la colección fuera de la comunidad). Sin embargo, la prematura muerte de Fortún en 1999, cuando contaba con apenas 54 años, condicionó un cambio de rumbo y la urgencia de encontrar un nuevo destino. De este modo, el 1 de octubre de 2001 se firmaba un pacto sucesorio entre Federico Torralba y el Gobierno de Aragón. Los términos de este pacto recogían que el Gobierno de Aragón se hacía cargo de la colección y se responsabilizaba de su inventario, catalogación y su exhibición en el Museo de Zaragoza, poniéndola así a disposición de todos los ciudadanos. A la vez, gestionaría la biblioteca especializada y el archivo documental de la colección. El Gobierno de Aragón se comprometió además a la creación de una Fundación dependiente de la Comunidad Autónoma de Aragón, con el objetivo de divulgar el arte oriental e impulsar su estudio. Esta Fundación se constituyó en 2002, con el nombre de Torralba-Fortún en honor a los dos coleccionistas (aunque el profesor eclipse al artista), y desde entonces ha participado activamente financiando la restauración de las piezas, las nuevas adquisiciones, actividades culturales de todo tipo, la edición de libros especializados y creando becas de investigación en arte asiático.

Como ya hemos avanzado, aunque el arte japonés supone la parte más importante de la Colección, no es la única procedencia de las obras, ya que existe también un nutrido conjunto de arte chino. Además, entre las más de mil que suponen el total de la Colección, se encuentran también piezas de India, Corea, Tíbet, Nepal, Irán, Tailandia, Indonesia, Birmania y Turquía. Se custodian en el Museo de Zaragoza (situado en la Plaza de los Sitios, nº 6), aunque solo una selecta muestra es exhibida en una pequeña sala dispuesta para tal fin, mientras que el resto de la colección permanece almacenado en las dependencias del mismo museo.

Cabeza de Buda de Gandhara, siglo III, de la Colección de Arte Oriental Federico Torralba.

Cabeza de Buda de Gandhara, siglo III, de la Colección de Arte Oriental Federico Torralba.

Más allá de la clasificación geográfica (de gran importancia al hablar de China o Japón, y mucho menor en el resto de los casos), las diferentes temáticas y tipologías de los objetos coleccionados también son muy elocuentes a la hora de definir la Colección. Destaca, por una parte, el arte búdico. Esta parte de la Colección es la que abarca un mayor número de procedencias, así como la más amplia cronología. La pieza más antigua de la Colección Torralba pertenece al arte búdico, se trata de una cabeza de Buda que se calcula del siglo III, procedente de Gandhara (Pakistán), y se prolonga hasta el siglo XIX, prácticamente alcanzando el límite cronológico (que en piezas de otras temáticas llega hasta el siglo XX), con varias esculturas de Buda japonesas del periodo Meiji.

Suzuribako de la Colección Federico Torralba de Arte Oriental.

Suzuribako de la Colección Federico Torralba de Arte Oriental.

Del máximo interés resultan algunas parcelas de la colección japonesa, concretamente, las lacas y los inros. Dentro de los muchos objetos lacados que conforman la Colección, pueden encontrarse desde piezas de menaje hasta muebles, pasando por un importante conjunto de cajas de muy diversas funciones: desde suzuribako (cajas específicamente diseñadas para guardar los objetos de escritura) hasta bentô-bako o cajas para picnic. Por otro lado, también posee gran importancia la colección de inrô, [2] algo más de setenta, algunos provenientes de las grandes colecciones europeas de la época del japonismo en el siglo XIX. Por supuesto, no pueden olvidarse en este apartado los grabados ukiyo-e (tanto del periodo Edo como posteriores) y libros ilustrados, entre los que se encuentran obras de relevancia como los 15 volúmenes que conforman el Hokusai Manga.

Hokusai Manga, volúmenes pertenecientes a la Colección Federico Torralba de Arte Oriental.

Hokusai Manga, volúmenes pertenecientes a la Colección Federico Torralba de Arte Oriental.

Cerámica "sangre de buey", perteneciente a la Colección Federico Torralba de Arte Oriental.

Cerámica “sangre de buey”, perteneciente a la Colección Federico Torralba de Arte Oriental.

Respecto al arte chino, entre las varias tipologías debemos destacar las piezas de cerámica y porcelana. El grueso principal de la colección se remonta a las dinastías Ming (1368 – 1644) y Qing (1644 – 1912), aunque también hay ejemplos muy celebrados de época Sung (960 – 1279). Están representadas numerosas técnicas como el celadón (un esmalte de tonalidad verdosa muy empleado en Asia continental, no solo en China, también en Corea, desde tiempos antiguos hasta el siglo XIII), cerámicas craqueladas en distintos colores, reproducciones en cerámica de piezas de bronce, porcelana azul y blanca… Aunque sin duda la que más destaca por su aspecto y presencia es la porcelana roja conocida como “sangre de buey” o “sangre de toro”, de la que se conservan varias piezas de gran tamaño, distintas formas y muy buena calidad.

Vajra de la Colección de Arte Oriental Federico Torralba.

Vajra de la Colección de Arte Oriental Federico Torralba.

Además de todo lo anteriormente citado, la Colección se completa con pinturas y caligrafías sobre distintos soportes, esculturas de temática profana, lacas y esmaltes chinos, pipas, abanicos, tsuba,[3] tabaqueras, bordados, piezas de carácter ritual (campanillas, hachas, vajra [4]) y un largo etcétera. En resumen, se trata de una colección de gran versatilidad, que ha permitido la realización de numerosas exposiciones temporales temáticas tanto en el Museo de Zaragoza como en otros espacios (por ejemplo, el Museo Pablo Gargallo de Zaragoza o el Centro Joaquín Roncal de la Fundación CAI).

No solo como coleccionista, sino también como docente, Federico Torralba contribuyó enormemente a la difusión y conocimiento del arte oriental en España. A finales de los setenta, creó la asignatura Artes fuera de Europa en la Universidad de Zaragoza, y en 1982, con la creación de un nuevo plan de estudios en el que la Historia del Arte se convertía en una especialidad dentro de la titulación de Licenciatura en Geografía en Historia, transformó dicha asignatura en Arte Extremo Oriental, de carácter optativo. Con la creación de una Licenciatura específica en Historia del Arte, esta asignatura, ya en otras manos (las de los profesores Elena Barlés y David Almazán) se consolidó, adquiriendo carácter obligatorio, tal como se ha mantenido hasta la actualidad, incluido el nuevo plan de estudio con la titulación de Grado en Historia del Arte.

Orden del Sol Naciente, Rayos Dorados con Cinta Colgante.

Orden del Sol Naciente, Rayos Dorados con Cinta Colgante.

Por su trayectoria, así como por esta magnífica y excepcional colección, Federico Torralba fue distinguido en 2008 con la Orden del Sol Naciente, Rayos Dorados con Cinta Colgante, una de las máximas distinciones que otorga el gobierno japonés. Esta condecoración, que nació para premiar servicios especiales prestados al país de manos del emperador Mutsuhito en 1875, puede otorgarse desde 1981 a extranjeros en reconocimiento por las labores de difusión de la cultura japonesa y de acercamiento del pueblo nipón al resto del mundo, y solo se ve superada en la jerarquía nipona por la Orden del Crisantemo.

Para saber más:

Sobre la Colección de Arte Oriental Federico Torralba:

  • Federico Torralba, Retrato de un coleccionista. www.youtube.com/watch?v=oUWz87yCpgk‎
  • BARLÉS, Elena,  “La Colección de Arte Oriental Federico Torralba en el Museo de Zaragoza” en AA. VV.,  Japón. Arte, cultura y agua, col “Caxón de sastre” , Zaragoza,  Prensa Universitarias de Zaragoza, 2004, pp. 29- 48.
  • VV.AA. Arte Oriental. Colección Federico Torralba, Museo de Zaragoza, Zaragoza, 2002, consultable aquí. http://www.museodezaragoza.es/wp-content/uploads/2012/10/arteorie.pdf
  • VV.AA., Cerezos, lirios, crisantemos y pinos. La belleza de las estaciones en el arte japonés. Fundación Torralba-Fortún, Zaragoza, 2008.
  • VV.AA., “Museo de Zaragoza. La colección de arte oriental Federico Torralba”, en Artigrama nº 18, Monográfico sobre las colecciones de arte extremo oriental en España, Zaragoza, Universidad de Zaragoza, 2003, consultable aquí. http://www.unizar.es/artigrama/pdf/18/2monografico/04.pdf

Sobre la colección de grabados ukiyo-e:

  • ALMAZÁN, David, “El grabado japonés Ukiyo-e de era Meiji (1868-1912) en la Colección de Arte Oriental Federico Torralba del Museo de Zaragoza”, en Artigrama nº 26, Universidad de Zaragoza, Zaragoza, 2011, consultable aquí. http://www.unizar.es/artigrama/pdf/26/3varia/14.pdf

Notas:

[1] TORRALBA, Federico (y otros), “Museo de Zaragoza. La colección de arte oriental Federico Torralba”, en Artigrama nº 18, Monográfico sobre las colecciones de arte extremo oriental en España, Zaragoza, Universidad de Zaragoza, 2003.

[2] Un inrô es un pequeño estuche, compuesto de una serie de cajitas o departamentos apilados y unidos por cordones en sus extremos, diseñado para ser llevado colgando del cinto u obi, para lo cual contaban con un pequeño contrapeso en el otro extremo del cordón. Este contrapeso, llamado netsuke, alcanzó también un gran desarrollo artístico, convirtiéndose en auténticas miniaturas escultóricas de gran calidad. La colección Torralba también posee ejemplos de netsukes entre sus piezas.

[3] Tsuba es el nombre que recibe en japonés el guardamanos de la espada, una de las varias piezas de las armas niponas que recibía una exquisita decoración.

[4] Vajra es un arma simbólica de la religión hindú, generalmente de oro, que fue adoptada por la vertiente tántrica del Budismo como símbolo de la estabilidad y la imperturbabilidad.

avatar Carolina Plou Anadón (272 Posts)

Historiadora del Arte, japonóloga, prepara una tesis doctoral sobre fotografía japonesa. Autora del libro “Bajo los cerezos en flor. 50 películas para conocer Japón”.


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