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“Pies descalzos. Una historia de Hiroshima”: la belleza y los horrores de la Segunda Guerra Mundial recogidos en uno de los mejores mangas de todos los tiempos – Revista Ecos de AsiaRevista Ecos de Asia
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This article was written on 19 Mar 2018, and is filled under Cultura Visual.

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“Pies descalzos. Una historia de Hiroshima”: la belleza y los horrores de la Segunda Guerra Mundial recogidos en uno de los mejores mangas de todos los tiempos

Han pasado setenta y tres años desde que Little Boy y Fat Man cayeron sobre las ciudades niponas de Hiroshima y Nagasaki, pero aún seguimos recordando esos fatídicos días como el inicio de la autodestrucción del ser humano. El 6 y el 9 de agosto, ambas poblaciones fueron arrasadas por el ejército estadounidense debido al persistente gobierno de Japón, quien quería continuar con la guerra contra Occidente incluso tras saber que era imposible obtener la victoria. El bombardeo atómico sobre ambas ciudades fue algo nefasto para la humanidad. El 14 de agosto de 1945, el Gran Imperio del Japón declaró su rendición ante las tropas aliadas, dándose por finalizada la Segunda Guerra Mundial.

Es cierto que el horror que vivieron los japoneses de las ciudades de Hiroshima y Nagasaki fue espantoso, pero es muy común echar la culpa a Estados Unidos por dicho ataque, sin pararse a pensar en lo que el país nipón hizo durante la guerra. Invasiones, masacres, violaciones…, fueron actos llevados a cabo por el ejército japonés bajo la excusa de luchar por y para el Emperador Hirohito, también conocido como Shôwa. A pesar de lo que se piense popularmente en países como España o Italia, Japón no fue una víctima durante la Segunda Guerra Mundial, sino que fue el país más combatiente e insistente de toda la contienda. Es posible que, de no ser por las dos bombas atómicas, el gobierno japonés no se hubiese rendido, habiendo llevado a sus súbditos a la más trágica de las desgracias.

¿Pero qué ocurría con los nipones que no iban a la guerra? ¿Acaso vivían en calma, felicidad y armonía? Ni más lejos de la realidad. Los japoneses que no participaban en la guerra, o aquellos que habían ido y vuelto de la misma debido a las heridas causadas en ella, pasaban sus días con miedo, miedo a los ataques aéreos de las tropas aliadas, miedo a que los niños y las niñas muriesen de hambre por no tener nada de comida que darles, miedo al castigo que se propiciaba a aquellos que estaban en contra de la guerra, y miedo a las consecuencias de pensar por uno mismo. No, Japón no era un cuento de hadas entonces, al igual que tampoco lo es en la actualidad.

Una de las personas que mejor nos puede relatar estos sucesos es Keiji Nakazawa, autor del manga Hadashi no Gen, conocido en castellano como Hiroshima o Pies descalzos. Una historia de Hiroshima. Keiji nació en Hiroshima en 1939, mismo año que dio comienzo la Segunda Guerra Mundial. Allí vivió junto a sus padres y hermanos hasta el 6 de agosto de 1945, cuando el niño de tan sólo seis años vio cómo su hogar y su familia eran arrasados, sobreviviendo únicamente su madre y el bebé que llevaba en su vientre, la cual fallecería al poco de nacer debido a la radiación y a los escasos nutrientes que la joven infante podía obtener de su madre. Desde entonces, Keiji y su madre fueron marcados por los horrores de la guerra, a lo que se le sumaba la discriminación que los propios japonés propiciaron a los exhabitantes de Hiroshima y Nagasaki.

Malviviendo por la pobreza que los bombardeos le habían causado, Keji se convirtió en mangaka en 1961, y a partir de 1966, año en el que fallece su madre debido a los efectos de la radiación causada por la bomba atómica, se dedicó casi por completo a relatar acontecimientos de Hiroshima. Su mejor obra, sin duda, es ésta que tenemos entre manos, en donde Keiji nos relata, un poco a modo autobiográfico, la historia de un niño llamado Gen Nakaoka que pierde a su familia por culpa de la Little Boy, y tiene que sobrevivir junto a su madre.

Keiji Nakamura, finalmente, murió a los setenta y tres años en el año 2012 debido a un cáncer de pulmón. Una vida que había sido marcada por los grandes horrores de los que es capaz de realizar el hombre, llegaba así a su fin. Es por eso por lo que en este artículo no solo hablaremos sobre su gran obra, sino que también queremos rendir homenaje a una de las grandes figuras del mundo del manga y del cómic, sin el cual historias tan conmovedoras y tristes como la del joven Gen, jamás nos hubiesen llegado.

Fotografía de Keiji Nakamura (1939-2012).

Hadashi no gen es la obra cumbre de Keiji Nakamura, y ésta fue realizada entre 1973 y 1974, contando con un total de diez volúmenes. A España esta obra nos ha llegado en dos momentos diferentes; la primera vez que este manga se publicó en español fue bajo la mano de la editorial Otakuland, entre los años 2002 y 2004, bajo el nombre de Hiroshima, y recopilado en siete tomos. Años más tarde, entre 2015 y 2016, Debolsillo publicó esta misma obra bajo el nombre de Pies descalzos. Una historia de Hiroshima, y lo llevó a cabo en cuatro tomos. Es de esta edición en concreto de la que hablaremos a continuación.

Portada del primer tomo de Pies descalzos. Una historia de Hiroshima, de la editorial Debolsillo.

El protagonista de esta historia, como ya se dijo anteriormente, es Gen Nakaoka, un niño que vive en Hiroshima con sus padres y sus hermanos, y al igual que ocurría en el caso de Keiji Nakamura, su familia era pobre y, además, algo repudiada por sus convecinos. La razón por la que los Nakamura no eran bien vistos por los demás era porque el padre de Gen pensaba por sí mismo, y no repetía el dogma nacionalista del Gran Imperio del Japón. Este pensamiento fue lo que hizo que fuese detenido por la policía y apodado de antipatriota por todos los habitantes de Hiroshima, con la excepción de un coreano, obligado a pertenecer en Japón por el gobierno, que estaba de acuerdo con sus ideas. De este modo, se puede ver como el padre de Gen era muy similar al de Keiji:

Mi padre fue pintor (y artesano especializado en la decoración mediante grabados del calzado tradicional japonés conocido como geta), pero también participaba activamente en la representación de obras teatrales. Escogió obras subversivas como Yoakemae (Antes de que amanezca) de Tôson, o En lo más profundo de Gorkii, y formó parte de varios eventos en contra de la guerra. Fue arrestado junto a todos los miembros de la compañía teatral por violar la Ley de Mantenimiento de la Seguridad Pública. Acto seguido lo encerraron en una celda del ayuntamiento de la prefectura de Hiroshima. La puesta en libertad tuvo lugar tras cumplir una pena de año y medio. El director de la compañía, considerado responsable de todo, fue trasladado a un centro penitenciario de la prefectura hasta el término de la guerra. Yo me crie escuchando a mi padre decir constantemente que Japón estaba librando una guerra temeraria.[1]

La madre de Gen, por su parte, era capaz de cualquier cosa para que sus hijos sobreviviesen, pues algo que no se suele contar en los libros de historia es la mala alimentación que tenían los japoneses durante la guerra. El arroz, principal sustento de cualquier familia nipona, junto con la mayoría de las cosechas, era llevado al frente de guerra para que los soldados pudiesen mantenerse en forma. Los miembros de la familia de Gen, en muchas ocasiones, sobreviven comiendo una única batata cruda en todo el día. Aun así, la mayor parte de la población nipona pensaban absurdeces como que el Gran Imperio del Japón ganaría la guerra, que era mejor suicidarse en nombre del emperador que ser detenido por las tropas aliadas, o que morir en batalla era lo mejor que podía pasar (de hecho, aparecen dos ancianos cuyo sueño era que su hijo muriese en combate). La manipulación a la que el gobierno nipón indujo a sus habitantes se ve de una manera espléndida en esta obra.

Pero el problema de los Nakaoka no era sólo que los apodasen de antipatriotas, sino que por culpa de esa idiotez, sus conciudadanos les hacían la vida imposible: no les fiaban dinero para comer, les destruían las cosechas que con tanto empeño habían criado y acosaban a los niños tanto en el colegio (incluso por parte del profesorado) como en las calles de la ciudad; en otras palabras, a los Nakaoka les hicieron la vida imposible, igual que a la familia de Keiji Nakamura. Éste era el precio a pagar por pensar por uno mismo.

Portada del segundo tomo de Pies descalzos. Una historia de Hiroshima, de la editorial Debolsillo.

El manga continúa relatando el resto de la vida del autor, siendo uno de los grandes momentos de la obra el estallido de Little Boy sobre Hiroshima. Las consecuencias de la guerra (la radiación, las quemaduras, el sangrado…) se muestran a la perfección en esta obra, algo bastante doloroso de ver. Todas las atrocidades cometidas por la bomba atómica se pueden ver a través de los ojos de un niño que no acaba de entender por qué su hogar había sido destrozado. Gen, al igual que Keiji, crece bajo el Japón desolado por la Segunda Guerra Mundial, pero con un pensamiento y unas ideas propias:

Sed como el trigo, hijos míos, como os dijo vuestro padre tantas veces. Como el trigo que crece fuerte, apuntando al cielo, aunque lo pisoteen… Por muy dura que sea la vida, seguid creciendo y sed fuertes y residentes como el trigo.[2]

Portada del tercer tomo de Pies descalzos. Una historia de Hiroshima, de la editorial Debolsillo.

En cuanto a la edición, a pesar de que se trata de un manga japonés, la lectura de la obra se realiza de manera occidental, es decir, de izquierda a derecha. Esto es algo que, sin duda, facilitará la lectura a las personas que no estén relacionadas con este mundillo. Debolsillo recopiló la obra en cuatro grandes tomos, concretamente de setecientas ochenta y cuatro, seiscientas ocho, seiscientas setenta y dos, y quinientas noventa y dos páginas; a pesar de su gran tamaño, los volúmenes se pueden leer sin ninguna dificultad. La única pega que se le puede poner a esta edición es la tapa blanda, algo que está bien para los tomos de manga o cómic que no tienen muchas páginas (es decir, menos de trescientas), pero que puede ser un problema para libros de muchas páginas, pues las esquinas se acaban doblando por el uso y el lomo y las portadas arrugando. Aun así, su compra y lectura es cien por cien recomendable, pues no hay mejor manera de ver los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial en Japón que a través de los ojos de un niño que tuvo que padecer sus consecuencias.

Portada del cuarto tomo de Pies descalzos. Una historia de Hiroshima, de la editorial Debolsillo.

Keiji Nakazawa, mangaka bastante desconocido en Occidente, fue víctima de los altos cargos del gobierno japonés, y en Pies descalzos. Una historia de Hiroshima, refleja todo su pasado. No sólo se trata de una obra destinada a un público otaku, sino para todo aquel que esté interesado en la historia, tanto de Japón como del resto del mundo. Es un manga bello y conmovedor a la vez que duro y desolador; es decir, es una obra mágica. Fue considerado por el historietista Robert Crumb como “uno de los mejores cómics de todos los tiempos”, y ahora desde Ecos de Asia, lo confirmamos.

Hiroshima (6 de agosto de 1945).

Notas:

[1] Información sobre la cita disponible aquí.

[2] Nakazawa, Keiji. Pies descalzos. Una historia de Hiroshima, vol. 1. Barcelona, Debolsillo, 2015, p. 782.

avatar Daniel Rodríguez (208 Posts)

Profesor de Geografía e Historia. Graduado en Historia del Arte en la Universidad de Oviedo, con un Máster Universitario en Estudios en Asia Oriental cursado en la Universidad de Salamanca y otro Máster Universitario en Formación del Profesorado de Educación Secundaria Obligatoria, Bachillerato y Formación Profesional en la Universidad de Oviedo. Ha trabajado para el Museo Arqueológico de Asturias, la sala de exposiciones LAUDEO, la Universidad de Salamana, Satori Ediciones y la Academia Formación Sagan.


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2 Comments

  1. Irene
    21/03/2018
    avatar

    Como se puede decir que la bomba atomica fue necesaria? Fue solo la población civil quien pago sus consecuencias.

    • Staff ECOSdeAsia
      24/03/2018
      avatar

      En ningún lugar del artículo se hace mención a que haya sido lo correcto, simplemente fue un hecho que hizo ver al gobierno japonés que la guerra estaba perdida.

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