Revista Ecos de Asia

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This article was written on 10 Feb 2016, and is filled under Historia y Pensamiento, Varia.

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El Zen de la mano del shiatsu

Un discípulo le preguntó a Zhao Zhou, un maestro del Zen, cómo encontrar el verdadero yo y éste le contestó: “¿Te has comido ya tus gachas?” “Sí”, respondió el discípulo. “Ve y lava el cuenco”, le ordenó el maestro. El discípulo despertó al Zen repentinamente.

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El sumi-e o pintura a la tinta es una actividad estrechamente relacionada con la meditación (fuente: Vero ReyHer).

La anterior historia Zen es una de las múltiples que existen y que han llegado hasta nosotros a través de la transmisión oral, principalmente, y de textos escritos en monasterios de China y Japón. Ilustra perfectamente el sentimiento y pensamiento de los practicantes Zen orientales, así como la relación entre un maestro y un alumno de una disciplina como es el budismo Zen. También sirve como ejemplo para captar la sencillez y concreción a la hora de emitir un enunciado en el entorno Zen: cuanto más sofisticada es la pregunta, más sencilla es la respuesta. Así ocurre en la historia inicial que abre este artículo: se pregunta por el verdadero yo y se envía al alumno a lavar el cuenco de la comida. Esta sencillez, unida a otros factores intrínsecos del Zen, provocó que esta filosofía haya impregnado numerosas artes procedentes de Oriente, entre ellas al shiatsu.

Para llegar al Zen japonés hay que remontarse al origen del budismo: la fundación por los siete budas y su transmisión de patriarca a patriarca durante veintiocho generaciones en la India hasta Bodhidharma. Este último recorrió la India, atravesó China en el año 520 y se instaló en el monasterio Shaolin, cerca de Lo-Yang, la antigua capital, donde se elaboraron para su práctica artes marciales basadas en la meditación como el kung-fu, el taichí y el Chi Kung.

Durante las dinastías Tang (618-906) y Song (960-1279), el budismo alcanzó su máximo esplendor, desarrollándose el Zen, que también recibía influencias del taoísmo y, en menor medida, del confucianismo, y llegando a Japón en el siglo XIII de la mano de Eihei Dogen, un monje japonés que había viajado a China en busca de sabiduría filosófica y prácticas monásticas formales. A su regreso al País del Sol Naciente fundó el monasterio Eihei-Ji (“monasterio de la paz eterna”) en la costa oeste de Japón. A partir de ese momento, el Zen se cultiva en las dos escuelas japonesas principales: la Soto y la Rinzai. La primera de ellas lo hace basándose en la meditación en Zazen (meditación sentado) y la segunda, en el uso de los koan (problema que el maestro plantea al alumno) como herramienta para la meditación.

Siendo el Zen una rama budista, tiene como base en su doctrina, al igual que el resto de escuelas, a las Cuatro Nobles Verdades enunciadas por Buda en sus enseñanzas: la primera afirma que vivir es sufrir; la segunda explica que la causa del sufrimiento es el anhelo; la tercera enseña que el sufrimiento puede extinguirse, eliminando su causa y la cuarta muestra que para extinguir la causa del sufrimiento, debemos seguir el Noble Camino Óctuple: 1) comprensión correcta 2) pensamiento correcto 3) discurso correcto 4) acción correcta 5) ocupación correcta 6) esfuerzo correcto 7) atención correcta y 8) concentración correcta.

Estos ocho preceptos anteriores siguen aplicándose actualmente por los adeptos budistas, independientemente de la escuela elegida, y, por tanto, son seguidos también por los practicantes de cualquier disciplina Zen, entre ellas el shiatsu Zen, creado por Shizuto Masunaga a mediados del siglo XX en Japón. Además se añaden conceptos de medicina tradicional china, como es el uso de los meridianos energéticos, empleados desde hace más de cuatro mil años por la acupuntura.

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El estilo del shiatsu Zen goza de gran popularidad (fuente: p_ferd).

Entre los dos estilos de shiatsu existentes en la actualidad, el shiatsu de Namikoshi y el shiatsu Zen, es este último el que presta más atención al receptor que al tratamiento en sí, para, de ese modo, llegar al interior de su estado físico, psicológico, emocional y espiritual. Para ello, es importantísimo utilizar una postura de trabajo adecuada, así como el enfoque y la posición de las manos. De ahí surgió el concepto de la mano madre (la que escucha) y mano hija (la que se desplaza y presiona). La técnica anterior nos permite fundirnos con el chi (energía) del receptor y realizar una valoración de los estados Kyo (vacío) y Jitsu (lleno) de los puntos y meridianos energéticos. Masunaga lo explica como uno de los puntos importantes en la práctica del shiatsu Zen, diferenciándolo del de Namikoshi en el “uso consciente” que se hace de las manos para captar el estado del receptor.

Otra de las cuestiones que distingue al shiatsu Zen del de Namikoshi es “la toma de contacto inicial” y el uso del hara (campo energético situado a cuatro dedos por debajo del ombligo) para diagnosticar y trabajar sobre él. Realizando una toma de contacto con las manos, el terapeuta de shiatsu Zen puede llegar a conocer el estado energético de los órganos y las vísceras del receptor, con el objetivo de buscar un equilibrio en los meridianos implicados.

Tanto el “uso consciente” de las manos como “la toma de contacto inicial” del hara reflejan la influencia del Zen, sus características de atención y concentración correctas y plenas. Así mismo, se pueden trasladar los principios de meditación en Zazen para lograr la quietud de la mente y, con ello, focalizar todo el esfuerzo en la acción terapéutica del shiatsu Zen que se imparte.

Como se puede observar en cualquier arte Zen, desde un arte marcial como el karate al ikebana (arreglo floral), pasando por otras como el Chado (ceremonia del té) y desembocando en el shiatsu Zen, existen elementos comunes a todas ellas, basadas en principios de atención y concentración correctas al ejecutar una acción en el momento presente. También se percibe la influencia de la meditación para alcanzar el estado de satori o iluminación que permita al practicante llegar a la realización completa del Zen, donde terapeuta y receptor durante una sesión de shiatsu rompan con la dualidad existente y se conviertan en un todo indivisible con las energías de ambos.

Para saber más:

  • Bonet, Inma y San Juan, Vicente. Manual práctico de Shiatsu Zen. Barcelona, La liebre de Marzo, 2005.
  • Clearly, Thomas. Antología Zen. Cien historias de iluminación. Madrid, EDAF, 1995.
  • Wong Kiew Kit. El libro completo del Zen. Barcelona, Martínez Roca, 2000.
avatar José Ángel García González (9 Posts)

José Ángel García González es Diplomado en turismo por la UNED, Diplomado en Shiatsu por la Escuela Mingmen de Madrid e instructor y practicante de diversas disciplinas (Karate, Kobudo, Chi Kung), además de miembro fundador, y actualmente Presidente, de la Asociación Española de Artes Zen japonesas. Se dedica en estos momentos a la investigación del shiatsu y sus aplicaciones en enfermedades desde el espacio shiatsu Kokoro, creado junto a Silvia Juárez Gallango.


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