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This article was written on 17 Ene 2018, and is filled under Crítica, Cultura Visual.

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Quaterni nos invita a contemplar “100 Vistas de Tokio”

La editorial Quaterni ha publicado recientemente 100 Vistas de Tokio, de Shinji Tsuchimochi, una obrita de gran interés en la que se recopilan las ilustraciones del artista tokiota. Se trata de un libro de pequeño formato, algo aparentemente sorprendente al tratarse de un libro de arte, aunque no supone en absoluto un hándicap, sino que, al contrario, ofrece una mayor intimidad al lector que se aproxime a su contemplación.

La primera sorpresa al abrir 100 Vistas de Tokio es que se trata de una obra bilingüe. Tanto las fichas de las ilustraciones como los textos de introducción y epílogo (ambos a cargo del propio Tsuchimochi) figuran tanto en japonés como en castellano (con traducción de Bárbara Pesquer Isasi). De este modo, la obra se estructura como si se tratase de un catálogo de una exposición internacional, lo que da una mayor fuerza a la presentación de las ilustraciones.

Las imágenes constituyen un catálogo de rincones de Tokio, representados a través del filtro del punto de vista del autor. En numerosas ocasiones aparecen elementos fantásticos (como yôkais y otras criaturas de la tradición sobrenatural nipona), que se funden con el entorno gracias al estilo suave y abigarrado del artista. Todas las escenas incluyen la fecha de realización, de manera que, aunque no se disponen en orden cronológico sino geográfico, permiten percibir la evolución del artista en el periodo de realización de la serie, entre 2013 y 2016.

Cada ilustración representa una escena cotidiana, con un cierto aire bucólico en ocasiones, y más irónico o distendido en otras. Tsuchimochi demuestra una gran habilidad para experimentar con las paletas de colores, la forma de aplicación, las tintas que perfilan los objetos… En cualquier caso, pese a estos experimentos visuales, todas las imágenes desprenden una intensa influencia de las series de vistas en grabados ukiyo-e producidas por los grandes maestros durante el Periodo Edo (1603-1868).

Al contrario de lo que podría parecer, esta fuerte herencia estética no constriñe la expresividad del autor, sino más bien al contrario, potencia la creatividad y la imaginación de Tsuchimochi a la hora de representar distintos espacios y momentos. En este sentido, resulta especialmente interesante cómo varía las gamas cromáticas de diferentes escenas para dar la sensación de efectos lumínicos en unas ilustraciones que se colorean prácticamente mediante tintas planas, con escasas gradaciones y virguerías en el uso del color.

Vista de una de las páginas del libro (fuente: Quaterni).

Esta serie de ilustraciones nació, como el propio autor expresa, de la necesidad que sintió tras el Gran Terremoto de Tohoku de preservar la memoria de los barrios populares que tanto habían cambiado con el paso de los siglos. También destaca algunas de sus influencias contemporáneas, muchas de ellas pertenecientes al mundo del cómic, tanto japonés como europeo.

Los rincones representados se agrupan formando varias rutas, que se intercalan con unos mapas muy sencillos a doble página en los que se indican de manera aproximada los recorridos realizados.

Además de las vistas de la capital, el libro incluye tres pequeños extras: un pequeño cómic de dos páginas, titulado Peldaños del atardecer, una pequeña sección titulada 5 Vistas de Osaka y un índice en el que se ofrecen el título de cada ilustración, el lugar que representa, la dirección completa y el estado del espacio (en muy pocos casos, han desaparecido o sufrido cambios muy significativos).

Quizás el pequeño manga sea la pieza más problemática de la obra, puesto que al ser una edición bilingüe, se ha optado por mantener las páginas en japonés e incluir en la página siguiente un pequeño esquema con las posiciones de los bocadillos y cartelas y su contenido en castellano. Este planteamiento hace más complicado el disfrute por parte de los castellanoparlantes, aunque lo cierto es que pocas soluciones solventes cabían a tal problema.

Destacábamos al comienzo el pequeño formato para tratarse de un libro de ilustraciones. En este sentido, Quaterni no ha querido hacer un álbum ostentoso, sino que se ha aprovechado del formato reducido para crear una obra más íntima, que permita al lector/espectador sumergirse en los distintos parajes para ofrecerle la ensoñación de un paseo por la gran urbe. Así, tiene potencial para convertirse, incluso, en una inspiradora guía de viajes alternativa que conduzca a los lugares más pintorescos de una ciudad que, normalmente, se conoce desde otra perspectiva. Más allá de eso, se trata de una edición muy cuidada, con papel de gran calidad (además de ecológico y libre de cloro) y una cubierta con una ligera textura, muy agradable.

100 Vistas de Tokio es un imprescindible para los aficionados a la ilustración nipona, puesto que acerca de manera ordenada y en una gran calidad la obra de un artista desconocido en nuestro país.

avatar Carolina Plou Anadón (227 Posts)

Historiadora del Arte, japonóloga, prepara una tesis doctoral sobre fotografía japonesa. Autora del libro “Bajo los cerezos en flor. 50 películas para conocer Japón”.


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