Revista Ecos de Asia

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This article was written on 03 Oct 2016, and is filled under Cine y TV.

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A propósito de Kubo y las dos cuerdas mágicas: una historia de amor por las historias

Aviso: el siguiente artículo contiene spoilers. Realizamos un análisis bastante detallado de algunos momentos clave de la película, entre ellos la estructura y el final. Se recomienda evitar la lectura si todavía no se ha visto la película.

Como ya anunciamos en una entrega anterior, nos entregamos a un nuevo análisis de la película Kubo y las dos cuerdas mágicas, una obra compleja de la que pueden extraerse interesantes reflexiones. Si bien en el artículo anterior se situaba la película en el contexto cronológico de su productora, la reflexión en la que nos vamos a sumergir en esta ocasión se centra en la narrativa, tanto en los mecanismos internos de los que se sirve la película para hacer que la historia avance, como en la importancia que la acción de narrar tiene para el ser humano y cómo esta idea trasciende el argumento para impregnar el desarrollo de la cinta.

Kubo y las dos cuerdas mágicas es, ante todo, una historia sobre contar historias y sobre los contadores de historias. Su propio esquema narrativo (en el que el viaje del héroe, también denominado monomito, se reproduce tal y como describió Joseph Cambell en El héroe de las mil caras) puede considerarse como un primer estadio de este homenaje. Si bien este esquema es un recurso básico que puede rastrearse en un alto porcentaje de las producciones culturales de todo tipo (literatura, cómic, cine, televisión, videojuegos…), en Kubo… aparece de una forma excesivamente literal como para tratarse de un problema de superficialidad del guión, especialmente tratándose de una productora con sus antecedentes, en la que sus anteriores películas tal vez sean sencillas, pero no pueden tacharse de simples.

Existen varias clasificaciones de las etapas del viaje del héroe, creadas tanto por Campbell como por otros autores que han profundizado en el estudio de este esquema. No obstante, atendiendo a las dos versiones más generalizadas, podemos comprobar cómo la historia de Kubo encaja, en ocasiones, con connotaciones que van más allá de la simple inspiración.

Ejemplo 1 de la estructura del monomito (en seis fases) y la estructura de Kubo y las dos cuerdas mágicas.

Ejemplo 1 de la estructura del monomito (en seis fases) y la estructura de Kubo y las dos cuerdas mágicas.

Ejemplo 2 de la estructura del monomito (desarrollado de manera más extensa, en doce fases) y la estructura de Kubo y las dos cuerdas mágicas.

Ejemplo 2 de la estructura del monomito (desarrollado de manera más extensa, en doce fases) y la estructura de Kubo y las dos cuerdas mágicas.

Como se puede ver, hay algunos rasgos del esquema del viaje del héroe que son expuestos en Kubo… de manera explícita. Quizás uno de los ejemplos más elocuentes a este respecto sea el último apartado de la segunda tabla. Se establece que en el monomito el héroe regresa a casa con algo que le permite mejorar la vida de los que le rodean. El elixir o sustancia milagrosa del monomito es en este caso la forma humana del abuelo. Si bien en la película la aparición del abuelo-humano no resulta una ayuda o mejora para el pueblo (como dicta el recurso), sí se produce una situación curiosa: el pueblo decide hacer creer al abuelo que es y siempre ha sido la persona más bondadosa de la aldea, condicionando así su comportamiento humano y convirtiendo al elemento del abuelo-humano en este elixir.

Kubo y su abuelo, en el primer encuentro que protagonizan.

Kubo y su abuelo, en el primer encuentro que protagonizan.

En cualquier caso, se trata de un esquema que en Kubo… se sigue de manera muy concreta, atendiendo a todos los hitos, explicitando su presencia y, en cierto modo, subrayando el mecanismo narrativo, de forma que es demasiado evidente como para constituir un defecto. Hasta el momento, Laika ha mostrado solvencia en este aspecto, y resulta extraño asumir que en esta, su mayor obra hasta la fecha, se haya mostrado “tan” descuidada (entendiéndose, por supuesto, en términos relativos).

Y es que en Kubo… se recogen toda una serie de influencias y referencias sobre la transmisión (tradicional y moderna) de los grandes relatos épicos y, en general, de cualquier historia. La película comienza con un narrador que indica al espectador cómo debe aproximarse al relato que va a tener lugar a continuación (“Si van a parpadear, háganlo ahora” se oye al comenzar el relato, en una interacción con el público que rompe la llamada cuarta pared –aquella pared invisible y ficticia que separa el espacio de la ficción y el espacio del espectador–), para luego dejar que sea la historia la que tome el control narrativo hasta un final en el que se recupera esta voz en off que cierra el relato y cuya presencia termina de confirmar algunas de las sospechas que el espectador ha podido hacerse durante la película. También durante la primera parte de la película, la presentación de Kubo como un narrador, una suerte de trovador medieval que, únicamente apoyado en su shamisen (y en sus habilidades mágicas), elabora y transmite emocionantes relatos para sus vecinos. Si bien durante la aventura el rasgo identitario de Kubo como narrador pierde importancia en favor del desarrollo de sus poderes, es innegable que forma parte de la personalidad del protagonista, una parte importante y en absoluto casual. Del mismo modo, durante el desarrollo de la película son fundamentales también otros pequeños relatos que se insertan en la narración principal y que la dotan de sentido: el avance de la trama, en algunos puntos, es una reacción directa a un episodio narrado y alejado de la línea argumental principal. En este sentido, también merece la pena destacar cómo el hecho de contar historias y hacer que éstas cobren vida mediante sus poderes mágicos es el principal nexo de identificación que une a Kubo y a su madre. Por una parte, está la herencia biológica, los poderes que ambos poseen, pero por otro lado, también el acto de contar define la personalidad del protagonista, un rasgo que ha adquirido mediante un vínculo materno-filial fuerte y positivo.

Kubo y su madre, contemplando el atardecer desde la entrada de la cueva en la que habitan.

Kubo y su madre, contemplando el atardecer desde la entrada de la cueva en la que habitan.

Todo ello responde a esta intencionalidad de realizar una oda a la necesidad humana de contar historias. En este sentido, se inserta muy bien en una trayectoria que Laika ha evidenciado, especialmente, en sus guiones originales: en ParaNorman (2012) un cuento se convierte en un arma fundamental para hacer frente al espíritu de la malvada bruja; en Los Boxtrolls (2014) se desarrolla la construcción de una realidad sobre un relato interesado. En ambos casos, Laika ya hablaba sobre la importancia de las historias para el ser humano, y cómo estas historias no son un simple elemento de ocio, sino que poseen un peso cultural, social y personal innegable. Las ficciones educan, transmiten valores, ética y formas de ver la vida; las ficciones establecen y articulan comunidades que permiten el desarrollo y la interacción de los individuos (no hay más que ver cómo se ha desarrollado el fenómeno de los fandom a través de internet); las ficciones pueden servir de apoyo personal en los malos momentos, condicionar el estado de ánimo de aquel que participa de ellas.

Y si han cumplido todas estas y muchas otras funciones desde tiempos inmemoriales, siendo fundamentales desde que el mundo es mundo, en la época contemporánea su importancia y su influencia se han multiplicado exponencialmente. El cine, la televisión, la literatura, las narraciones personales (transmitidas tanto mediante la oralidad tradicional como, en un estadio más evolucionado, empleando los recursos disponibles en internet –desde las redes sociales hasta el fan fiction–), prácticamente cualquier forma de ocio (y un alto porcentaje de los actos sociales) contemporánea se apoya en la transmisión de historias que, lejos de agotarse, se multiplican y son devoradas con avidez, casi de manera compulsiva. Tal es su importancia que cualquier otro aspecto, en apariencia desligado, ha hecho suya la capacidad y la versatilidad de la creación de la narración, del establecimiento de discursos narrativos potentes que permitan integrar la realidad dentro de un relato en el que subyazcan todo tipo de ideas e interpretaciones; pueden citarse como ejemplos los casos de la política y del deporte (en ambos, la realidad se matiza al antojo del narrador para insertarla en un discurso artificial, creado generalmente al servicio de intereses ideológicos o subjetivos ocultos).

Kubo en la aldea, contando historias para sobrevivir.

Kubo en la aldea, contando historias para sobrevivir.

Pero existe otro punto de vista, diferente y complementario, a este que acabamos de explicar, que también resulta fundamental en la película. Se trata de la necesidad personal de contar historias, de interpretar de manera narrativa nuestro propio pasado, para poder descubrir a través de esta construcción la verdadera identidad de cada uno. Al igual que el mundo que nos rodea está hecho de historias, nosotros mismos, cada individuo, está formado por la urdimbre de las historias que constituyen su pasado, en las que es igual de importante el acontecimiento que la perspectiva adoptada para narrarlo. Quizás uno de los puntos en los que esta concepción queda más en evidencia es, precisamente, el final, en el que la identidad perdida del abuelo es reconstruida por la sociedad en la que desde ese momento se inserta, con un punto de vista que condicione al abuelo a abrazar la bondad, hablando en términos absolutos. No obstante, todas las narraciones insertadas en la película tienen un importante componente similar, ya que todas ellas contribuyen a forjar la personalidad de Kubo, o bien muestran al espectador el estado en el que se encuentra su reafirmación personal. Atendiendo a este aspecto, el juego de historias y narraciones insertadas unas dentro de otras cobra un mayor sentido al descubrir que la frase inicial pertenecía al propio Kubo, que narra en pasado su historia para los espectadores. De este modo, Kubo utiliza las diversas narraciones para mostrar su desarrollo personal, hasta el punto en el que, una vez que la aventura ha concluido, está lo bastante reafirmado en sí mismo como para contar la historia completa, entendiendo el papel que juega en ella.

Así pues, Kubo y las dos cuerdas mágicas es un alegato de amor por la transmisión de historias, así como la propia necesidad de ellas. Independientemente de cuál sea el problema de Kubo, de qué aventuras corra para solucionarlo y de cuál sea su desenlace, la importancia subyacente de la película estriba en la autoconsciencia y complicidad con el espectador de compartir en un mismo momento un proceso tan definitorio del ser humano. Síntoma de esta complicidad son también las elipsis y la forma en la que dosifica la información para que el espectador realice deducciones sobre aspectos argumentales que se desvelarán posteriormente.

Estrechamente ligado con este papel destacado que juega el concepto de la narración que impregna todos los niveles de lectura de la película, se encuentra también una interesante reflexión sobre la mirada y sobre la humanidad que esconde el gesto de mirar. En una próxima entrega tendremos ocasión de profundizar en este concepto y comprobar de qué modo se relaciona con la importancia vital y el poder de la transmisión de historias.

avatar Carolina Plou Anadón (181 Posts)

Historiadora del Arte, japonóloga, prepara una tesis doctoral sobre fotografía japonesa. Autora del libro “Bajo los cerezos en flor. 50 películas para conocer Japón”.


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