Revista Ecos de Asia

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This article was written on 04 Mar 2022, and is filled under Crítica, Literatura.

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“Agujero”, el realismo mágico de Hiroko Oyamada

En el año 2020 la editorial Quaterni tradujo al castellano La fábrica, la primera obra de la escritora nipona Hiroko Oyamada (1983). Esta, publicada en el archipiélago japonés como una compilación de relatos en 2013, se hizo con el Premio Oda Sakunosuke, un hecho que la fue catapultando a convertirse en una escritora de éxito. De hecho, al año siguiente vería la luz su siguiente obra, Agujero, la cual se haría con el aclamado Premio Akutagawa, el más importante para los autores japoneses. Es justamente esta obra la que hoy venimos a reseñar en Ecos de Asia.

Portada de Agujero de Hiroko Oyamada e Impedimenta.

La editorial encargada de licenciar y traducir Agujero al español fue Impedimenta. La edición acoge en su total tres relatos de diferente longitud, siendo Agujero el principal y más largo de ellos, seguido de Sin comadreja y Una noche en la nieve. Los tres se encuentran ambientados en el Japón rural, en grandes casas perdidas en medio del campo que crean atmósferas únicas protagonizadas por elementos como la soledad, la muerte y la desconexión del mundo. Hiroko Oyamada crea un universo complejo enmarcado dentro de la corriente literaria del realismo mágico japonés, cuyo posible mayor exponente, al menos para los occidentales, es Haruki Murakami (1949).

La autora presenta, en las casi doscientas páginas de este libro, una escritura limpia y sencilla, aunque bastante adictiva. El primer relato de los tres, Agujero, tiene como protagonista a Asa, quien se muda al pueblo de su marido debido a que a él le han ofrecido un buen puesto de trabajo. Es así como acaban viviendo en la casa contigua a su suegra, la cual, al ser propiedad de la familia, les saldrá gratis.

El problema para nuestro personaje principal comienza cuando se da cuenta de que se encuentra completamente sola en un pueblo en medio de la nada. Su marido trabaja durante todo el día, al igual que sus suegros, por lo que ella queda destinada a ser ama de casa sin mucho que hacer, pues, aunque busca empleo, no tiene coche para desplazarse. La desidia la envuelve, y la autora nos da una narración lineal con diálogos entrecomillados, lo cual provoca que todo sea percibido como un eco lejano.

Hiroko Oyamada nos ofrece un viaje por los pensamientos y sentimientos de Asa en primera persona, confundiendo a veces al espectador entre la realidad y el sueño debido a algunos sucesos que ocurren durante la lectura, como la presencia de un cuñado cuya existencia era desconocida, la aparición y desaparición de niños en un pueblo donde prácticamente sólo viven ancianos, o la existencia de un animal negro no identificado al que Asa seguirá varias veces, cayendo alguna vez que otra en los agujeros que dicha criatura va creando por el pueblo.

Todo ello deja claro al lector la soledad que siente Asa, así como desconexión con el resto de los personajes de la trama, pues ni siquiera con su marido, que se pasa todo el rato tecleando en su teléfono móvil, tiene buena comunicación. La protagonista se encuentra en un agujero metafórico del que no podrá escapar, viajando entre realidades que acabarán también por confundir al espectador debido a su anticlimático final, algo muy habitual en los relatos del realismo mágico japonés.

Los otros dos relatos presentan una longitud menor, aunque se relacionan entre ellos. Sin comadrejas tiene como protagonista a un hombre de nombre desconocido por medio del cual vemos la casa de Saiki, un antiguo amigo suyo de la universidad, y Yoko, su joven mujer. Esta pareja se ha comprado una vieja casa en medio del campo, aunque se encuentra infestada de comadrejas en el tejado.

La historia se centra en una cena llevada a cabo entre el protagonista y su mujer con Saiki y Yoko, presentando en esta ocasión un diálogo convencional y fluido. Al final es una trama hogareña y costumbrista con un guiso de jabalí de fondo y una conversación sobre comadrejas que acabará en un final bastante sobrecogedor que puede llegar a impactar al lector.

Finalmente llegamos a Una noche en la nieve, una historia inspirada en la experiencia de la propia autora durante su embarazo; en realidad las tres historias tienen cierto toque autobiográfico, aunque esta última la más impactante debido al propio miedo de Hiroko Oyamada a la maternidad.

Esto es visto en el relato por el nacimiento de Yukiko, la reciente hija de Saiki y Yoko, y como los protagonistas, el mismo matrimonio sin nombre de la anterior historia, no se van de la casa de Saiki y Yoko, aunque queda bastante claro que son una molestia. Al final es un relato sobre la espera y la maternidad bastante ligero.

Fotografía de Hiroko Oyamada.

La sensación final al leer los tres relatos que componen Agujero es bastante extraña y puede que incluso insatisfactoria si lo que se espera es una novela a lo occidental. Bien enmarcado en el realismo mágico japonés, en donde la obra esconde mucho más de lo que uno puede llegar a leer, el lector ha de darse cuenta de las metáforas encadenadas que se encuentran dentro del libro, y al hacerlo descubrirá la gran labor que Hiroko Oyamada realizó en Agujero, Sin comadrejas y Una noche en la nieve.

De este modo, se trata de una lectura mucho más que recomendada para aquellos conocedores del género, siendo también un buen libro para empezar con él. Una gran obra de Hiroko Oyamada acompañada de la bella y mimada edición de Impedimenta.

avatar Daniel Rodríguez (206 Posts)

Profesor de Geografía e Historia. Graduado en Historia del Arte en la Universidad de Oviedo, con un Máster Universitario en Estudios en Asia Oriental cursado en la Universidad de Salamanca y otro Máster Universitario en Formación del Profesorado de Educación Secundaria Obligatoria, Bachillerato y Formación Profesional en la Universidad de Oviedo. Ha trabajado para el Museo Arqueológico de Asturias, la sala de exposiciones LAUDEO, la Universidad de Salamana, Satori Ediciones y la Academia Formación Sagan.


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