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This article was written on 08 Sep 2015, and is filled under Cine y TV, Crítica.

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Crítica: El bailarín del desierto (2015)

Tras la estela de la aclamada película de Darren Aronofsky Cisne negro (2010), el director británico Richard Raymond se atreve a tratar de nuevo con El bailarín del desierto el bello y, al mismo tiempo, difícil mundo del ballet profesional.

En este caso se ha elegido la figura del bailarín profesional Afshin Ghaffarian para narrar, a modo de largometraje biográfico, no solo el universo que rodea dicha profesión, sino también el contexto de la revolución iraní.

Nacido en Mashhad (Irán) en 1986, el coreógrafo, director, bailarín y actor Afshin Ghaffarian comenzó su carrera artística en el Saba Art Center en 1999, graduándose posteriormente en la Islamic Azad University Central Tehran Branch.

Tras su transgresora actuación en el festival cultural iraní en Mülheim an der Ruhr (Alemania) a finales de 2009, donde lució una pulsera verde (símbolo del movimiento verde de su país natal) mientras gritaba “¿Dónde está mi voto?”, no regresó a Irán y se quedó en Francia como refugiado político. Renunció a esta condición en 2014, cuando realizó un viaje a dicho país islámico. Es el fundador, además, de la compañía de danza Reformances.

Imagen promocional de la película.

Imagen promocional de la película.

La película cuenta la vida, tanto personal como profesional, de Afshin Ghaffarian, papel interpretado por el actor británico Reece Ritchie (10.000, 2008; Hércules, 2014). Principalmente, se centra en el año 2009, cuando el bailarín decide formar una compañía de danza en Irán. En esos instantes, debido a las inminentes elecciones presidenciales, se están produciendo en dicho país toda una serie de conflictos políticos; algo que aviva aún más los odios hacia una disciplina prohibida: el baile.

El bailarín del desierto es el primer largometraje de su director, Richard Raymond, quien anteriormente ya había realizado los cortos The First Day (1998) y The Bridge (2005), y producido la película Heartless (2009). Pese a la fuerza de la historia de Afshin Ghaffarian, lo cierto es que el británico decide alejarse bastante de la misma, dotándole de un toque más convencional, quizás más próximo al de las grandes producciones hollywoodienses. Es decir, en cierto modo se deja embriagar por la emotividad de la trama, dotando a ésta de una dosis extra de sensibilidad, drama. Estos aspectos se aprecian principalmente en las partes relativas a la historia de amor entre el protagonista y la joven bailarina Elaheh (Freida Pinto), así como en la línea argumental que trata los conflictos políticos y la revolución iraní.

Escena de El bailarín del desierto.

Escena de El bailarín del desierto.

En todo caso, lo que el espectador contempla es una fascinante muestra de la lucha por la libertad de expresión y los derechos humanos, dentro de una sociedad reprimida y retrógrada que penaliza una práctica tan primaria como es el baile.

Aunque en algunos momentos puede resultar edulcorada e incluso estereotipada en ciertos aspectos (como la figura del hermano de uno de los bailarines, policía del régimen, que se presenta como el enemigo por antonomasia de la trama), todo ello se compensa con la fuerza con la que Raymond dota a las escenas de baile. Su delicadeza y sensualidad no son fruto del azar, sino que para las mismas se contó con el trabajo del coreógrafo Akram Khan encargado, entre otros, de la coreografía inicial de los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

Si se tiene en cuenta, además, que todas estas escenas cuentan como telón de fondo con la lucha que estos artistas llevan a cabo por la libertad de expresión en su país, Irán, el espectador encuentra en El bailarín del desierto un hermoso y esperanzador drama, lleno de mensajes positivos.

En definitiva, el largometraje muestra una parcela más de la sociedad actual, quizás, en ocasiones, ignorada por Occidente pero clave en muchos países: la lucha por la libertad, la igualdad y el respeto, principios que, por desgracia, no tienen el mismo valor en todo el mundo.

Para saber más:

avatar Ana Asión (41 Posts)

Licenciada en Historia del Arte, Máster en Estudios Avanzados en Historia del Arte, Máster en Gestión del Patrimonio Cultural y Máster en Profesorado por la Universidad de Zaragoza, en la actualidad me encuentro realizando el doctorado en Historia del Arte cuya tesis lleva por título La Tercera Vía: revisión, actualización y debate historiográfico en el cine español del tardofranquismo. Para el mismo soy beneficiaria de un contrato predoctoral por parte de la Diputación General de Aragón.


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