Revista Ecos de Asia

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This article was written on 21 Feb 2017, and is filled under Cine y TV.

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Conociendo “La tortuga roja” (“La tortue rouge”)

Un hombre a punto de perecer en el mar logra sobrevivir y va a parar a una isla perdida poblada de aves, cangrejos y otros animales. En su lucha contra la Naturaleza encuentra a un ser con un poder mágico: una gran tortuga, que dará nuevo sentido a su vida. Este es el punto de inicio de La tortuga roja, película franco-belga-japonesa dirigida por Michaël Dudok de Wit y coproducida por Studio Ghibli.

Fotograma de la película

Fotograma de la película (Fuente: 2016 Studio Ghibli – Wild Bunch – Why Not Productions – Arte France Cinéma).

Dado que nos encontramos en la antesala de los 89th Academy Awards de Hollywood,[1] como parte del Especial Oscars que ofrece la revista, no podía faltar esta bellísima película, que compite por la estatuilla a la mejor cinta de animación.

Cartel francés de la película

Cartel francés de la película (fuente: Filmaffinity).

La tortuga roja supone la primera alianza del estudio Ghibli con un artista europeo, fruto de la admiración confesa de Hayao Miyazaki por la obra del holandés Michaël Dudok de Wit, cuyo cortometraje Father and Daughter (2000)[2] le valió un Oscar a la mejor película animada en 2001. La tortuga roja es su tercer trabajo como director y el primer largometraje de su carrera, para el que ha contado con el gran Isao Takahata (La tumba de las luciérnagas, El cuento de la princesa Kaguya) como supervisor artístico. Tras cosechar el éxito en el festival de Cannes 2016 con el Premio Especial “Un certain regard” y después de su nominación por la Asociación de Críticos de Los Angeles, esta cinta de amor en la Naturaleza parece seguir la estela afortunada de su predecesora del 2000 y opta al Oscar de 2016, teniendo entre otras rivales a Vaiana y a Zootrópolis, filmes de la todopoderosa Disney, y Kubo y las dos cuerdas mágicas, realizada en EEUU pero cuya historia trascurre en el Japón medieval.

La tortuga roja narra la historia mágica de amor entre un hombre y un animal mítico que posee un misterioso poder de transformación. Entre ellos se establece una relación tan natural como trascendente, en un entorno primitivo en el que no hay alma humana, y donde el sol y la luna, la arena y el mar, ostentan un poder total con el que ellos se funden. Esta serena fusión confiere a la Naturaleza su carácter de recipiente de todo lo sagrado. El ser humano halla el sentido de su existencia no en un dios separado de él, sino en esa Naturaleza, cuyo devenir es el suyo propio y el del resto de criaturas.

Fotograma de la película (fuente: www.cinescopia.com).

Fotograma de la película (fuente: www.cinescopia.com).

Además de eso, La tortuga roja es un cuento poético sobre el ciclo de la vida. En él, esa relación amorosa extraordinaria (el nudo de la trama no lo vamos a desvelar) no es sino un pretexto, o si se quiere una alegoría, del encuentro entre dos personas en un mundo que es hermoso, pero a veces solitario y difícil. Una vez más se obra el milagro del amor, sin que medie palabra o explicación alguna; no en vano la película es muda, carente de diálogos. Los dos amantes unen sus vidas en medio de toda clase de vicisitudes, malas y buenas, fortuna y calamidades: un niño que nace, una noche de buena pesca, un maremoto. Esta vida es la vida real, que los une para mal y para bien con la Naturaleza, a cuyo seno regresarán con total paz cuando todo acabe. Este planteamiento es en el fondo muy japonés, en cuanto que se reconoce lo sagrado en lo ordinario; constituye la idea central del shintô, religión primitiva del Japón. Estando Studio Ghibli tras el proyecto, no es de extrañar la influencia de la factoría nipona sobre el trabajo de Dudok de Wit, que ya se apreciaba en el minimalismo de Father and Daughter.

Fotograma de la película 3

Fotograma de la película (fuente: www.elseptimoarte.com).

Estos resabios de la cultura nipona se hacen evidentes en los importantes actores secundarios, los animales. Las tortugas, inseparables compañeras del joven hijo del protagonista, son seres fantásticos dotados de sabiduría; hay que recordar que en Japón simbolizan la longevidad. A este respecto, las escenas en que nadan rítmicamente surcando las aguas cristalinas son de lo mejor del filme. También los pequeños cangrejos, testigos de los infructuosos intentos del hombre por sobrevivir, parecen espíritus capaces de leer su estado de ánimo. Son criaturas entrañables y provistas de un alma que se hace patente en sus tiernas actitudes.

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Fotograma de la película (fuente: http://en.rocketnews24.com/).

Pese a su ritmo sosegado (que no lento) la película contiene momentos de gran tensión, que tienen que ver con alguna catástrofe. El desastre, la contingencia y la pérdida están presentes en la vida de los personajes. Pero más allá del suceso, constituyen un punto de reflexión e inflexión en su camino a la madurez. Los sueños también se encuentran representados mediante imágenes de una delicadeza extraordinaria, donde el trazo de las figuras se diluye en medio de tonos grisáceos que nos sumergen en la noche del alma.

La tortuga roja tiene un poder visual tal que no necesita de palabras. Una vez más, Dudok de Wit hace poesía con la imagen. Como ha comentado el crítico Jordi Costa de El País, los paisajes, inmensos y eternos, “emulan las texturas paisajísticas del ilustrador Hasui Kawase”, en medio de los cuales las figuras humanas, de un trazo casi infantil, se mueven delicadamente sintiendo esa inmensidad. La paleta de colores oscila según el momento del día: ocres y pálidos para el alba, cian y amarillo a pleno sol, y grises perlados en el sueño de la noche.

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Collage con fotogramas de la película (fuente: www.sofilm.es y www.sensacine.com).

Estamos, por tanto, ante una historia de amor universal y un canto a la Naturaleza, donde la simplicidad y la belleza forman el tándem perfecto que hace de La tortuga roja una película encantadora e irresistible. Como el buen té, cuyo verde tiñe la hierba donde el náufrago reposa, ha de degustarse sorbo a sorbo, pues así es la vida en su hermosa fragilidad.

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Fotograma de la película (fuente: www.sensacine.com).

Para saber más

Notas:

[1] Todos los nominados a los Oscar 2017. El País, 27 de enero de 2017.

[2] Ficha de Filmaffinity.

avatar María Jesús López Beltrán (4 Posts)

Nació en Madrid. Licenciada en Derecho, escritora y ensayista, es una apasionada de Japón, país cuya cultura lleva estudiando desde hace veinte años. Actualmente es propietaria del blog japanseye.com.


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