Revista Ecos de Asia

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This article was written on 07 Oct 2016, and is filled under Arte.

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Oi Katsushika – Análisis de su obra y estudio del grabado japonés desde el periodo Edo (década de 1850) I

La saga de artículos que comienza da a conocer la vida, pero sobre todo, la obra, de la grabadora Oi Katsushika, estudiándola desde una perspectiva que la enlaza con el arte de sus contemporáneos. Así, se comprende la iconografía característica de la época de la artista, la evolución de la misma, de las técnicas pictóricas o de cómo se figuran unos motivos y otros en las estampas, siempre utilizando los grabados de Oi como eje central de la investigación.

1. Biografía de la artista:

Oi Katsushika (1800-1866) es la más reconocida grabadora y pintora del periodo Edo (1603-1868). Fue hija del grabador Hokusai Katsushika (1760-1849), uno de los principales exponentes del arte japonés, gran representante del popular género ukiyo-e. [1] Existen pocos datos biográficos claros acerca de esta mujer, aunque se sabe que nació en Edo, actual Tokio, fruto del segundo matrimonio de Hokusai. Tenía, al menos, dos hermanos de sangre, además de tres hermanastros. Se conoce que fue ayudante de su padre desde niña, algo que era muy habitual en Japón, lo que propició la aparición de abundantes mujeres artistas en esta época. Como alcanzaban una gran maestría, colaboraban y completaban las obras de sus padres. De igual modo, estas artistas gozaban de un virtuosismo que no estaba limitado a la mera colaboración con sus maestros. A partir de varias investigaciones recientes se ha descubierto la mano de Oi en muchos trabajos de Hokusai. También realizó de forma autónoma bastantes grabados, pero algunos se han perdido y otros no pueden identificarse hoy día. El nombre de Oi se ha conservado hasta la actualidad debido a la popularidad de Hokusai Katsushika, por lo que las demás mujeres grabadoras coetáneas no tuvieron la misma suerte –el hecho de que el género femenino careciera de ciudadanía en el periodo Edo acrecentó esta desgraciada situación para el conocimiento de su arte–. Volviendo al personaje, además de la herencia de su padre, también contó con la formación del grabador Torin Tsutsumi III (1743-1820), a quien acudió junto a su marido para mejorar la técnica. Oi enseñó el arte del grabado a sus hijos con el propósito de perpetuar el negocio familiar. En 1828 se producen dos acontecimientos clave en la vida de Oi Katsushika; su madre fallece y se produce su divorcio. Desde este momento se retira al taller de su padre, acompañándole hasta su muerte en 1849. Luego de este hecho, no se conoce con exactitud cómo continuó la vida de la artista. Se sabe que se distanció de su familia, aunque en ningún momento abandonó el universo del ukiyo-e, viviendo en el barrio de Aoyama, en su ciudad natal. También realizó algunos viajes al final de su vida que impiden determinar el lugar donde falleció, siendo posibles varias provincias del centro de Honshu; la mayor isla de Japón.

  1. Obra de arte:

A continuación, se estudiarán los grabados de Oi Katsushika siguiendo un orden cronológico descendiente que atiende a un grupo de obras suyas por cada década de producción. Cada estampa de la artista sirve también como base para estudiar otras obras de grabadores contemporáneos. Al final de cada década, se añadirá una conclusión que resuma los contenidos más importantes. Este primer artículo se encarga de realizar un estudio iconográfico del primer grabado, Mujer componiendo un poema bajo los cerezos en flor en la noche.

2.1. Década de 1850:

2.1.1. Mujer componiendo un poema bajo los cerezos en flor en la noche.

Mujer componiendo un poema bajo los cerezos en flor en la noche (década de 1850)

Mujer componiendo un poema bajo los cerezos en flor en la noche (década de 1850)

De las obras que han sido identificadas como de Oi Katsushika, tres de ellas son escenas nocturnas. La primera que se va a comentar es Mujer componiendo un poema bajo los cerezos en flor en la noche, una de las estampas que se fechan en la década de 1850.

-Iconografía:

La escena representa a una mujer ataviada con un furisode o kimono (quito cursiva) de manga larga, que se ubica de lado respecto al público en medio de un jardín nocturno con faroles pétreos. Gira su cabeza hacia el papel en el que, según el título de la obra, redacta un poema. La luz incide en su rostro, destacando la importancia de la protagonista. Entre las linternas resurgen las flores de los cerezos que hacen todavía más romántico el momento de inspiración de la poetisa.

La poetisa Murasaki Shikibu en el templo Ishiyama, Otsu, de Suzuki Harunobu (1768).

La poetisa Murasaki Shikibu en el templo Ishiyama, Otsu, de Suzuki Harunobu (1768).

La iconografía de la mujer escritora del periodo Edo puede hallar su precedente en cualquier representación de la poetisa Murasaki Shikibu. El primer grabado adjunto pertenece a Suzuki Harunobu (1725-1770). En el año 1768 revela al espectador la imagen de la Dama Murasaki, autora de la famosa novela Historia de Genji (siglo XI). La novelista y también poetisa escribió su libro más reconocido, según la leyenda, en el templo Ishiyama durante la noche, ubicado en la prefectura de Shiga. La iconografía corresponde a este lugar, y el momento del día, así como la estación, pueden deducirse a través del astro que se oculta entre las nubes y de las hojas de los árboles. Se entiende que está anocheciendo, mientras que las hojas comenzando a secarse aluden al otoño o sus comienzos –de hecho, la novela fue redactada en agosto, apoyando esta hipótesis–. La mujer se ha adaptado a un tiempo irreal, el periodo Edo, mediante su kimono a la moda de la época. Este habitual recurso acerca el hecho histórico al espectador con el objetivo de transmitirle la idea de una muchacha que, pensativa, y con su papiro todavía en blanco, comienza a crear la novela clásica más importante de Japón. A partir de esta iconografía nace la que se muestra en la obra de Oi Katsushika. Es la mujer del periodo Edo, en teoría, con una mayor cultura respecto a sus congéneres de anteriores épocas. Como se sabe en la actualidad, la mujer en Japón durante estos años estaba subordinada al hombre en todo momento, pero es cierto que las hijas de los gobernantes, samuráis, comerciantes y agricultores con un alto nivel adquisitivo, recibían frecuentemente una alfabetización y lecciones de economía. Es muy posible que la iconografía de la mujer escritora remita precisamente a este hecho, una alegoría a la creciente culturización de las féminas del periodo Edo, especialmente en el siglo XIX.

Las mujeres afortunadas del Edo contemporáneo, de Utagawa Kunisada (década de 1830)

Las mujeres afortunadas del Edo contemporáneo, de Utagawa Kunisada (década de 1830)

Se trata de un tema masivamente ponderado que se ensalza de nuevo en Las mujeres afortunadas del Edo contemporáneo, de Utagawa Kunisada (1786-1865). El propio nombre de la obra clama dicha noción de culturización femenina, hablando de la buena suerte que acompaña a las mujeres del periodo Edo. El trasfondo del grabado no se conoce por completo, pero es una muestra más del gusto por elogiar la mejoría patente en la condición de la mujer durante estos siglos. Al fin y al cabo, se trata de una forma útil que emplea la iconografía del momento para transmitir que el periodo vivido es más fructífero que ningún otro; idea fomentada por el gobierno militar.

Mujer escribiendo una carta, tercera imagen de la serie Pinturas elegantes con aves y flores de las cinco estaciones, de Eizan Kikugawa (1815).

Mujer escribiendo una carta, tercera imagen de la serie Pinturas elegantes con aves y flores de las cinco estaciones, de Eizan Kikugawa (1815).

 Mes de febrero, de la colección Los doce meses en Tokio, por Odake Kunikazu (1901).

Mes de febrero, de la colección Los doce meses en Tokio, por Odake Kunikazu (1901).

Son abundantes los ejemplos que giran en torno a la idea de la mujer instruida, como el realizado por Kikugawa (1787-1867), donde la muchacha hace memoria para escribir una misiva. Aquí discierne la creatividad de la alfabetización y, posiblemente, Las mujeres afortunadas del Edo contemporáneo se encauce en la última idea frente al mundo de la creación literaria de la Dama Murasaki y, lo más seguro, de Oi Katsushika.

Gyokkashi Eimo escribiendo al lado de su madre y hermana, de Torii Kiyonaga (1783)

Gyokkashi Eimo escribiendo al lado de su madre y hermana, de Torii Kiyonaga (1783)

De igual modo, se distancia también del arte de la caligrafía tan aclamado en este periodo; una variante de la iconografía de la mujer escritora que gira en torno a la capacidad de lograr la ‘’escritura bella’’. Este arte a menudo era enseñado a las mujeres japonesas y necesitaba sendos conocimientos del idioma, escritura y fonética. Una de ellas fue Gyokkashi Eimo, joven que ya se había iniciado en el mundo de la escritura desde la infancia. En la estampa de Kiyonaga (1752-1815), a finales del XVIII, Gyokkashi tiene nueve años de edad y, acompañada de su madre y su hermana, empieza con la caligrafía sobre un papiro en blanco. Lo cierto es que el universo de la caligrafía está más orientado hacia la belleza y el arte de las palabras que al uso como instrumento de comunicación.

Por último, el pintor del periodo Meiji (1868-1912), Odake Kunikazu (1868-1931), en 1901 mantiene la iconografía de la mujer escritora forjada en la etapa anterior. La fémina de la nueva era es culta y escribe sobre su experiencia en el Templo de Kameido, Tokio, donde es tradición –y toda una atracción turística– ver florecer los ciruelos en febrero. Durante el periodo Meiji, sobre todo a finales del mismo –por ejemplo, en los años de la estampa– era mucho más fácil para la mujer acceder a la educación y, de hecho, se creía una obligación para ambos sexos, como parte de la modernización del país.

La escena de Mujer componiendo un poema bajo los cerezos en flor en la noche se sitúa en la última etapa del día, por lo que tal vez aluda al comienzo de la creación de la Historia de Genji, aunque no se conoce con exactitud, al igual que el significado de los cerezos en flor. No obstante, la hipótesis que plantea esta investigación, indiferentemente del tema original, es que sugiere el mundo de la inspiración y la creatividad en el ámbito de la literatura, y no se trata de una exaltación de la creciente educación femenina ni tampoco del gusto por la caligrafía. La mayor parte de los grabados desde el periodo Edo muestran la iconografía de la mujer escritora, se conozca su completo significado o no, en un contexto que sirve para entender qué están redactando. Normalmente son cartas o bien practican dicho arte de la caligrafía. Estas misivas también las leen con mucha frecuencia, pues la iconografía de la mujer lectora es realmente pareja a esta. Durante el periodo Meiji, como plantea Kunikazu, la idea de viaje se hizo más accesible para las féminas, y gracias a la educación, pudieron escribir diarios sobre sus experiencias –o su vida ordinaria–. Las escenas propias de esta iconografía se ubican normalmente en interiores o exteriores –los segundos son más habituales en la temática yakusha-e, es decir, relativa al teatro–, intercalándose textos o ilustraciones alusivos a la acción de las mujeres. En el caso de Oi, los dos últimos recursos no aparecen, y el motivo del cerezo en flor no puede ignorarse. Evoca la primavera y, por tanto, el inicio de la vida. De este modo, es sencillo realizar una metáfora entre el simbolismo inherente a los cerezos en flor y la redacción de una obra literaria nueva. También las velas encendidas y una noche estrellada rememoran, por lo general, a la concepción y la claridad del pensamiento; es posible que Oi Katsushika haya utilizado estos recursos para acrecentar el significado de la obra.

-¿Autorretrato?

Antes de abordar los aspectos relativos a la técnica del claroscuro que emplea la artista, tema que ocupará la siguiente entrega de la serie, se quiere plantear una última hipótesis entre las diversas interpretaciones sobre el significado del grabado. En este caso, se trata de que la mujer representada tal vez no sea alguien completamente anónimo, sino ella misma o una pariente cercana.

Grabando y pintando surimono, [2] de Hokusai Katsushika (1825)

Grabando y pintando surimono, [2] de Hokusai Katsushika (1825)

Una manera de resolver la cuestión es apostando por el autorretrato, ya que Hokusai Katsushika realizó numerosas imágenes de sí mismo; algo poco común en la época y cuyo gusto posiblemente se transmitiera a su hija. Tampoco cabe duda de los poemas escritos por el padre de Oi, y que tal vez ella continuara con dicha tradición. Hokusai igualmente se dibujó junto a su hija en varias obras, si bien es cierto que el rostro dado a Oi no resulta demasiado significativo en la estampa anexa, lo cual no serviría para establecer un símil fiable.

Con esta última hipótesis se pone fin a la aproximación iconográfica. La siguiente entrega estará dedicada a un estudio profundo sobre la técnica del claroscuro que emplea Oi Katsushika, y también de cómo incide la luz de los faroles en la escena. Continuando con el método de estudio establecido en este artículo, se investigará Mujer componiendo un poema bajo los cerezos en flor en la noche comparándola con las obras de otros artistas desde el periodo Edo.


Notas:

[1] El ukiyo-e es un género japonés de xilografía que surge en el periodo Edo (1603-1868), inherente a la cultura chonin, es decir, la clase urbana emergente. Los temas tratados eran fundamentalmente cotidianos, como el teatro –yakusha-e, el sexo –shunga–, la belleza femenina –bijin-ga– o las labores, y también paisajísticos, pese a que a finales de la era, los históricos y literarios cobran auge.

[2] El surimono es un género xilográfico japonés que consiste en la creación de grabados de tamaño pequeño que combinan ilustración y literatura. Su objetivo era alcanzar una alta capacidad reproductiva, mucho mayor que la generada por el ukiyo-e. Normalmente, se diseñaban como recuerdos o avisos de acontecimientos importantes para la sociedad.

avatar Andrea Garcia Casal (12 Posts)

Estudiante de Historia del Arte en la Universidad de Oviedo. Especialmente interesada en las artes plásticas y visuales desde la perspectiva de las influencias que percibe el arte occidental del procedente de Asia-Pacífico, y viceversa.


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One Comment

  1. Daniel
    09/11/2017
    avatar

    Enhorabuena por este maravilloso artículo. Me gustaría saber que bibliografía has utilizado para esta pequeña investigación.
    Muchas Gracias!!

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