Revista Ecos de Asia

Una mirada a “Mil años de literatura femenina en Japón”, de Carlos Rubio y Satori Ediciones

La literatura, el arte y la cultura niponas han tenido un gran desarrollo en España. Fue en la segunda mitad del siglo XIX cuando los íberos se empezaron a interesar por las tierras lejanas del archipiélago nipón, teniendo una gran acogida, especialmente entre los barcelonenses y catalanes, el fenómeno del Japonismo. Parece ser que, con el paso de las décadas, ese interés se fue difundiendo por el resto de la Península Ibérica, dando como resultado el amplio espectro que se puede encontrar en la actualidad.

Uno de los sectores más apreciados es el literario. Primero fue el manga quien se hizo un hueco dentro del mercado español a finales del siglo XX, viéndose grandes ejemplos en revistas como Cavall Fort y en editoriales como Grijalbo o Glénat (posteriormente conocida como Editores de Tebeos, EDT, y hoy extinta), aunque posteriormente fueron las grandes editoriales de Norma, Ivrea, Planeta y Panini quienes empezaron a dominar el mercado, a lo que se suman las creadas en la última década, como Tomodomo, Milky Way o ECC, por mencionar algunas.

Seguidamente fue la literatura nipona la que fue cogiendo fuerza en España, un fenómeno sin parangón que ha catapultado al sector. Tanto es así que, en la actualidad, hay un gran abanico de editoriales con especial interés en Japón, siendo buenos ejemplos de ello Miraguano Ediciones, Quaterni, Nocturna, Gallo Nero, Chidori Books, Vasoroto, Verbum, Austra Editorial, Kairós Ediciones, Impedimenta, Tusquets, Ediciones Península, Anagrama, Roca Editorial o Hiperión Ediciones. Pero por encima de ellas destaca Satori Ediciones por la gran dedicación y labor que han efectuado en sus quince años de historia.

Logo de Satori Ediciones.

Esta editorial gijonesa nació con la intención de rellenar el espacio bibliográfico que había por entonces en relación a la cultura japonesa, motivo por el que se ha dedicado a ello en exclusivo desde entonces. Bien conocida por todos aquellos amantes de la literatura nipona, su catálogo recoge mitos, cuentos, novelas, poemas, relatos, antologías, ensayos y tratados, y todo ello de muy diversa índole, destacando la recién creada colección de teatro, con obras como El sol, de Tomohiro Maekawa, Una noche, de Yuko Kubawara, y ¿No queda nadie vivo?, de Shirô Maeda.

Portada de las obras El sol, de Tomohiro Maekawa, Una noche, de Yuko Kubawara, y ¿No queda nadie vivo? de Shirô Maeda. Más información de la colección de teatro de Satori disponible aquí.

Es dentro de este panorama donde apareció Mil años de literatura femenina en Japón en octubre del año pasado, un libro con la intención de realizar una larga travesía por la historia de la literatura femenina desde las primeras transmisiones orales en tiempos pretéritos hasta autoras contemporáneas como Julie Otsuka, Natsuo Kirino, Aki Shimazaki, Yôko Ôgawa o Banana Yoshimoto.

El autor y encargado de realizar este laborioso y dedicado compendio ha sido Carlos Rubio, destacado doctor en lingüística aplicada y gran estudioso y analista de la literatura japonesa. Fue profesor en la Universidad de Tokio y, desde 1991, ha sido docente de Lengua y Literatura Japonesas en la Universidad Complutense de Madrid. Asimismo, ha traducido varias obras niponas al castellano, así como escrito varios manuscritos, como Claves y textos de la literatura japonesa o El pájaro y la flor. Su dedicación a la cultura japonesa provocó que en el año 2014 fuese distinguido por la Casa Imperial de Japón con la Orden del Sol Naciente.

Fotografía del momento en el que el embajador de Japón en España, Satoru Satoh, condecora a Carlos Rubio con la Orden del Sol Naciente de Rayos Dorados y Cinta Colgante. Foto: Embajada de Japón.

Mil años de literatura femenina en Japón, como ya se ha dicho anteriormente, recoge la historia y evolución del papel de la mujer como escritora y transmisora de la cultura nipona desde los tiempos preliterarios hasta el 2019, dando cabida a, aproximadamente, ciento ochentaiuna autoras a lo largo de las más de seiscientas páginas del libro. Son ocho partes en total las que componen la obra, estando cada una de ellas dividida en varios capítulos. En cada una de estas partes se da especial importancia al contexto histórico del momento, así como a las claves y criterios estéticos.

Portada de Mil años de literatura femenina en Japón, de Carlos Rubio y Satori Ediciones.

De este modo, se trata de un compendio y análisis ampliamente interesante, especialmente para todo lector aficionado a la literatura japonesa. Es destacable, por ejemplo, el valor que da Carlos Rubio a la tradición preliteraria, y es que la literatura nipona no nace con Murasaki Shikibu (978-1014) o Sei Shônagon (968-1000/1025), con sus respectivas obras El relato de Genji y El libro de la almohada, sino que ya en tiempos pretéritos el papel de la mujer como transmisora de la cultura nipona era predominante.

No es hasta los siglos IV y V que los japoneses conocen la escritura, pero eso no quiere decir que no existiese en el archipiélago una literatura. Esta se desarrollaba de manera oral, y eran las mujeres las encargadas de su transmisión. Fue tras la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) cuando los antropólogos e historiadores se pusieron mayoritariamente de acuerdo para confirmar, de una vez por todas, que fueron las mujeres aquellas encargadas de guardar y transmitir los textos orales del pretérito archipiélago nipón. Mitos, leyendas, cuentos, poesías y genealogías estaban en boca de las recitadoras, las cuales se enmarcaban dentro del “gremio” conocido como kataribe. Esta cultura era transmitida de madres a hijas, dando como resultado un papel muy destacado para la mujer.

Fue en la época Heian (794-1185) cuando desapareció completamente la figura de las kataribe. La escritura fue ampliamente desarrollada en los ambientes cortesanos, dando como resultado que las mujeres pudiesen dedicarse a la creación de relatos ficticios, pues estas no tenían acceso a la literatura que provenía de China. Esta era leída por los varones, quienes se contagiaron del espíritu confuciano que repudiaba las obras de ficción.

Uno de los motivos por el que las mujeres de la corte podían dedicarse a la escritura, analiza Carlos Rubio, es debido a la independencia que éstas tenían. En aquellos tiempos no convivían con el marido, sino que este iba a visitarlas a su residencia; y normalmente tenían servicio para cuidar a los hijos e hijas. De este modo, la mujer, que incluso en aquella época podía heredar y transmitir propiedades, gozaba de cierta independencia, por lo que podía dedicarse a escribir. Ejemplos de esta época tenemos varios, como la ya citada Murasaki Shikibu y El relato de Genji, creado en torno al año mil, y que supone una de las primeras novelas ficticias de la historia.

Con la toma del poder de los samuráis en el siglo XII, la situación de la mujer fue cambiando, siendo a partir de entonces recluida en el hogar. Es en ese momento cuando comienza a desaparecer el papel de la mujer como escritora, pues la cultura confucianista las sometería primero al padre, luego al marido y finalmente al hijo. Aun así, en estos siglos se conocen algunas poetas, como la princesa Shikishi (siglo XII), la hija de Fujiwara no Shunzei (1170-1255), la emperatriz Eifukumon-in (1271-1342), así como escritoras de diarios, destacando Hino Nako (1310-1358), autora del último diario conservado de la época, el Takemukigaki, de 1349.

Portada de Violeta agreste, de Chiyo y Satori Ediciones. Forma parte de la colección “Maestros del Haiku”. Más información disponible aquí.

Existe una época oscura a continuación donde la mujer ya no publicaba como tal, y es el período Edo o Tokugawa (1603-1868); esto no quiere decir que dejasen de escribir, pero ya no era algo público. Uno de los motivos por los que no se tienen constancia de relatos femeninos en el período es porque los mecanismos de transmisión y crítica literaria que designaban qué debía recogerse en un manuscrito, eran controlados por hombres, quienes detestaban la ficción debido a los valores confucianos que tenían. Aun así, fue muy común en esta época la escritura de haiku, como lo demuestran las haijinas (escritoras de haiku) de Edo. Un ejemplo demostrable es el de Chiyo y sus poemas, algunos de los cuales se pueden leer en español por medio del librito Violeta agreste, editado por Satori.

Portada de Cerezos en la oscuridad, de Higuchi Ichiyô y Satori Ediciones. Forma parte de la colección “Maestros de la literatura japonesa”. Más información disponible aquí.

Sería a finales del siglo XIX, ya en la era Meiji (1868-1912), cuando la mujer vuelve a retomar importancia dentro del campo de la escritura, en parte debido a las influencias occidentalizadoras que llegaban desde Europa tras la apertura del archipiélago nipón. Una de las primeras escritoras encargadas de resucitar el papel femenino en el mundo literario fue Higuchi Ichiyô (1872-1896) y sus relatos, compilados en castellano por Satori en Cerezos en la oscuridad.

A partir de entonces la legislación japonesa fue evolucionando, momento en el que aparecieron una serie de mujeres como pioneras del feminismo japonés. Así, durante las eras Meiji y Taishô (1912-1926), se comenzó a reivindicar el papel de la mujer, siendo un ejemplo de ello el nacimiento de la revista Seitô, en 1911, en la cual sólo podían publicar mujeres. Esta fue creada por Raichô Hiratsuka (1886-1971), pero sólo existió durante dos años debido a la existente censura. Aun así, fue un hito que inspiró a la creación de muchas otras revistas literarias durante las décadas siguientes, apareciendo autoras como Fumiko Hayashi (1903-1951) o Yuriko Miyamoto (1899-1951), de las cuales se pueden leer en castellano Diario de una vagabunda y Nubes flotantes, de la primera, y Una flor, de la segunda, tres obras editadas por Satori. Fueron tales las reivindicaciones de la literatura femenina que se creó el término joryû bungaku para referirse a ella.

Portada de las obras Diario de una vagabunda y Nubes flotantes, de Fumiko Hayashi, y de Una flor de Yuriko Miyamoto, de Satori Ediciones. Forman parte de la colección “Maestros de la literatura japonesa”. Más información disponible aquí.

Se alentó así a que las mujeres escribieran y publicaran con libertad, lo que acabó dando lugar a nuevas tendencias literarias tras la Segunda Guerra Mundial, pues surgieron muchas revistas que daban oportunidad a la visibilidad de la obra femenina. Popular fue entonces la literatura que reflejaba la realidad de la posguerra y la evolución de Japón durante estos años. Grandes ejemplos femeninos de esta época fueron Sumie Tanaka (1908-2000), Fumiko Enchi (1905-1986), Masako Togawa (1931-2016) y Hisako Matsubara (1935).

Así se entronca ya con la contemporaneidad más absoluta, donde ya no existe cabida para dudar del papel de la mujer en el mundo literario japonés e internacional, pues cada vez más sus obras van teniendo más aceptación y público en Occidente, como Kazumi Yumoto (1959), Natsuo Kirino (1951), Julie Otsuka (1962), Hiromi Kawakami (1958), Yôko Ôgawa (1962), Banana Yoshimoto (1964), Yukiko Motoya (1979) o Natsuko Imamura (1980).

Imagen desplegada de las solapas de Mil años de literatura femenina en Japón, de Carlos Rubio y Satori Ediciones.

Lo escrito anteriormente es una síntesis muy escueta de la obra de Carlos Rubio. Este libro, de seiscientas sesentaicuatro páginas, presenta una estructura bastante sencilla, así como un lenguaje fácil de comprender, por lo que se trata de una lectura ligera a pesar de su extensión. Además, es de señalar que al finalizar cada una de las ocho partes de la obra, se encuentra un capítulo titulado “Para oírlas en español…”, donde aparece una bibliografía de las obras de las autoras mencionadas que se pueden leer en castellano.

Junto a lo ya nombrado en este artículo, el libro incluye cuarenta páginas a color donde aparecen, retratadas y/o fotografiadas, las principales autoras y artistas mencionadas en Mil años de literatura femenina en Japón. Asimismo, como anexos, se encuentran una bibliografía, un índice de autoras y otro onomástico, un glosario de japonesismos, y unas notas acerca del autor.

En conclusión, Satori Ediciones y Carlos Rubio han creado una joya indiscutible dentro del panorama actual de la literatura japonesa. No sólo porque recoge más de mil años de historia femenina, sino porque también sirve de guía para el mejor entendimiento del mundo literario nipón. Un manuscrito cuidado, mimado y detallado que debería estar en la estantería de todo lector asiduo de la literatura del País del Sol Naciente.

Presentación del libro Mil años de literatura femenina en Japón en Casa Asia. Con Carlos Rubio (autor), Kenji Hiramatsu (embajador de Japón en España), Emilio de Miguel (director de Casa Asia) y Marián Bango (editora de Satori Ediciones).

avatar Daniel Rodríguez (199 Posts)

Profesor de Geografía e Historia. Graduado en Historia del Arte en la Universidad de Oviedo, con un Máster Universitario en Estudios en Asia Oriental cursado en la Universidad de Salamanca y otro Máster Universitario en Formación del Profesorado de Educación Secundaria Obligatoria, Bachillerato y Formación Profesional en la Universidad de Oviedo. Ha trabajado para el Museo Arqueológico de Asturias, la sala de exposiciones LAUDEO, la Universidad de Salamana, Satori Ediciones y la Academia Formación Sagan.


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