Revista Ecos de Asia

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This article was written on 05 Sep 2018, and is filled under Arte.

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Fuad Kôichi Honda, un maestro de caligrafía árabe en Japón

Fuad Kôichi Honda es un maestro calígrafo de renombre internacional. Sin embargo, su arte no es el de la caligrafía japonesa, como sería de suponer, sino la caligrafía árabe, concretamente lo que él mismo llama el shodô arabi, “el camino de la escritura arábiga”, o lo que es lo mismo, la forma en la que los japoneses escriben caligrafía árabe ateniéndose a las formas tradicionales de la misma.

Fuad Kôichi Honda con copias de algunas de sus obras.

Honda, además, pertenece a la pequeña y poco conocida comunidad de japoneses que practican la religión del Islam. Según la Asociación de Musulmanes en Japón (JAM), cuyo presidente honorario es Khalid M. Higuchi, se estima que sólo hay de 7.000 a 10.000 japoneses musulmanes, sin contar los 90.000 musulmanes no japoneses que viven en el territorio, lo que es un porcentaje extremadamente pequeño para un país con una población de 130 millones de habitantes.

Esta pequeña comunidad se originó durante la Segunda Guerra Mundial, cuando cincuenta soldados japoneses se convirtieron al Islam durante sus misiones en los países de Singapur y Malasia. El número de conversos creció en 1970, cuando las empresas japonesas empezaron a mandar empleados a los países árabes y algunos estudiantes japoneses empezaron a aprender árabe con la esperanza de encontrar un buen trabajo.

Fue durante estos años cuando los japoneses empezaron a entrar en contacto regular con la cultura árabe, y con él llegó la primera mirada moderna a su caligrafía. Antes de los libros publicados por Fuad Kôichi Honda, sólo otro libro de interés había sido editado en Japón sobre el tema, Anmâṭ al-khaṭṭ al-ʿArabî. Fue escrito por Sagenji Yoshida, un musulmán japonés nacido en 1925 que estudió diseño islámico en Egipto, Italia y Francia como investigador empleado por el Ministerio de Educación entre 1970 y 1971. Este libro, publicado en 1975, recoge una veintena de obras de caligrafía creadas por el autor, así como una breve explicación de lo que es el Islam, la historia del alfabeto árabe, una introducción a los distintos estilos de esta caligrafía y análisis sobre obras de otros calígrafos árabes. La mayor parte de las inscripciones del propio autor fueron creadas con un pincel, y no con el cálamo (qalam) tradicional.

En cuanto a la situación más reciente, en 2007, en la competición de caligrafía internacional de Estambul organizada por el IRCICA (Research Centre for Islamic History, Art and Culture), ganaron premios cuatro participantes japoneses, tres de los cuales eran discípulos de Honda. Actualmente, hay unos 300 estudiantes de caligrafía árabe en el Instituto Islámico Árabe de Tokio, y su número crece poco a poco cada año.

Biografía de Fuad Kôichi Honda:

 Kôichi Honda (Tokio, 1946) se graduó en la especialidad de árabe en la Universidad de Tokio de Estudios Extranjeros en 1969. Según reconoce él mismo, la única razón por la que eligió este departamento fue el interés que tuvo desde pequeño por las lenguas extranjeras en general (ya en el colegio tenía facilidad con el inglés) y porque era la especialidad más fácil a la que optar. Por desgracia, la universidad no le ayudó a apreciar esta cultura, pues las enseñanzas se limitaban a explicar gramática. Durante sus años universitarios tuvieron lugar las revueltas estudiantiles de 1960, en las que no participó por estar demasiado concentrado en la obra de Kenji Miyazawa (1896-1933), hasta el punto de que llegó a soñar con convertirse en un escritor como él.

Honda en sus años universitarios.

Al acabar la universidad, Honda intentó dedicarse a la escritura de novelas, pero sin ningún éxito. Los siguientes cuatro años estuvo prácticamente encerrado en su casa, trabajando para escribir su gran obra, leyendo a los clásicos como Sócrates y Goethe, escuchando la música de Bach o admirando los cuadros de Cézanne. Según comenta él mismo, fue durante este periodo cuando adquirió la sensibilidad artística necesaria para pintar posteriormente sus obras. Presionado por su padre ante la falta de resultados de su empeño, entró a trabajar en una empresa relacionada con la industria pesquera, pero fue despedido en menos de una semana. Un año después, sin embargo, las habilidades adquiridas durante la carrera le permitieron acceder, aunque de mala gana, a un trabajo en Arabia Saudí, donde una empresa estadística afincada en Tokio quería hacer mapas del territorio.

Caravana en la que viajó Honda en su viaje a Arabia Saudí (izquierda) y el futuro artista, situado a la izquierda de la fotografía, con los miembros de su caravana (derecha).

La primera impresión fue desconcertante, ya que el árabe escrito clásico que le habían enseñado en la universidad distaba mucho del árabe coloquial que se hablaba en la calle. Sin embargo, gracias a su perseverancia, pronto llegó a hablar fluidamente el idioma, hasta el punto de que fue elegido para actuar de intérprete y coordinador de un equipo de investigación de recursos mineros organizado por el Ministerio Saudí del Petróleo. Fue a raíz de este viaje cuando comenzó a cautivarle el mundo árabe, empezando por sus paisajes, tan diferentes de los de Japón. El que le causó más impacto fue el área desértica de Rub’al-Khali, en la Península Arábiga, donde Honda creyó ver en los movimientos de la arena una similitud con las letras de la caligrafía árabe, lo que le llevó a interesarse por este tipo de escritura. Por suerte, el supervisor del gobierno que les acompañaba sabía caligrafía, y fue su primer maestro, con el que practicaba por las noches después de su jornada de trabajo.

Continuó con esta práctica incluso después de volver a Japón en 1978, y mientras aprendía caligrafía árabe de manera autodidacta con la ayuda de libros comprados en Arabia Saudí, se dedicaba a hacer de traductor e intérprete, además de diseñar logos para embajadas y compañías con sedes en países árabes. En 1979 se convirtió al Islam, tomando el nombre musulmán de Fouad (“corazón”). El motivo de su conversión no fue tanto un despertar religioso sino el querer acceder a las palabras del Corán, que sólo los creyentes pueden tocar, y adquirir una comprensión más profunda de la belleza de esta fe.

Escritura de Honda en negro, y las correcciones de su maestro Hasan en rojo.

En 1988, en los últimos días de la guerra entre Irán e Irak, Honda fue invitado por el gobierno iraquí a asistir a un festival de caligrafía árabe en Bagdad que reunía a 188 calígrafos y estudiosos de todo el mundo. A pesar de que Honda estaba bastante seguro de su pericia y pensaba que ya sabía escribir bien los caracteres, bastantes calígrafos lo criticaron duramente. Fue allí donde conoció al calígrafo turco Hasan Çelebi (1937), al que pidió que le corrigiera sus trabajos por correo. No fue hasta 1998 cuando su maestro alabó por primera vez su trabajo. Bajo la tutela de Hasan, Honda empezó a ser poco a poco reconocido en el mundo de la caligrafía árabe: en 1990 participó en la segunda competición internacional de caligrafía organizada por IRCICA  y ganó un premio de consolación; también ganó otro en la misma competición en 1993; en 1996 fue elegido como uno de los cinco calígrafos árabes contemporáneos más prometedores del mundo por el gobierno kuwaití en un festival. No fue hasta el año 2000, cuando recibió de parte de su maestro su ijâza (diploma en caligrafía islámica), convirtiéndolo en un maestro calígrafo reconocido y con derecho a enseñar su arte a los demás.

La Cara de Dios.

Honda ha participado desde entonces en varias exposiciones tanto en Japón como en Egipto, Irán, Kuwait, Malasia, Oman, Qatar, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, destacando la Ijaza Exhibition organizada en 2005 y la Word into Art Exhibition de 2006 en el Museo Británico de Londres. De hecho, su obra “La Cara de Dios”, una serie de escrituras coránicas escritas sobre fondos piramidales azules, rojos y amarillos, ha entrado a formar parte de la colección permanente de este mismo museo.

El interés de Honda por este arte no se limita a producir composiciones de caligrafía, sino que también es un apasionado divulgador que quiere dar a conocer este arte único entre los japoneses a través de sus publicaciones: es el traductor de la edición japonesa de la publicación de IRCICA The Art of Calligraphy in Islamic Heritage (Fann al-khaṭṭ), publicada en Japón en 1996, que incluye una breve historia de la caligrafía árabe, 192 obras comentadas por el propio Honda, y secciones varias sobre los distintos tipos de caligrafía árabe, términos técnicos relevantes y una introducción a los aspectos generales del Islam y la gramática del lenguaje. Por otra parte, su libro The Cosmos of Arabic Calligraphy: The Works of Fuad Kouichi Honda, que recoge una selección de sus obras comentadas, se ha traducido al japonés y también al árabe. Asimismo, ha publicado varios manuales sobre el alfabeto arábico y su lenguaje, un diccionario árabe-japonés y otro japonés-árabe.

Actualmente, Honda vive en Zushi, en la prefectura de Kanagawa con su mujer Mitsuko, una artista del entintado de kimonos, y su hija. Es profesor de Relaciones Internacionales en la Daitô Bunka University en la prefectura de Saitama, presidente de la Asociación Japonesa de Caligrafía Árabe (JACA) fundada en 2006 y también, miembro honorario de la Asociación Nacional de Calígrafos en Egipto.

La Cara de Dios.

El estilo de Fuad Kôichi Honda:

En más de una ocasión, Honda ha declarado que siempre ha pensado en los trazos de la caligrafía árabe como en seres vivos y no sólo debido a sus formas, sino también a su proceso de representación, en el que a un trazo que acaba, le sigue otro. De esto se deriva que la mayor parte de sus obras estén inspiradas por la naturaleza y el cosmos, si bien su contenido principal son los versos coránicos.

Una de las obras más emblemáticas de Honda en la que se aprecia su particular uso del color, Desierto Rojo.

Desde un punto de vista formal, Honda considera que lo más importante para alcanzar la belleza en la caligrafía árabe es controlar los distintos grosores de las líneas. Su estilo se caracteriza por su interrupción de la iluminación (tadhhîb) es decir, del diseño geométrico, floral o del arabesco que rodea las letras, para destacar la belleza de la letra en sí. Según dice el propio artista, las letras árabes no necesitan iluminación que las rodee ya que su forma misma es de por sí intrínsecamente bella. Esta adaptación constituye una revolución dentro de la caligrafía árabe, y es posible gracias al origen japonés de su creador: mientras que a los artistas en Oriente Medio les gusta llenar los espacios vacíos con arabescos, los japoneses más fieles a la tradición Zen prefieren dejar el espacio vacío tal cual y eliminar cualquier elemento que no sea estrictamente necesario. Su sensibilidad japonesa también interviene en su particular uso de los colores, ya que respecto al contraste de colores vívidos preferidos por otros artistas, él prefiere utilizar la degradación tonal. Además, en sus cuadros, Honda intenta combinar los colores y el diseño de las letras con su significado.

Boceto de Honda.

Honda también ha introducido adaptaciones en la propia técnica caligráfica. Los calígrafos del shodô arabi escriben con un cálamo hecho de un tallo de bambú en vez de caña, que es el utilizado tradicionalmente por los calígrafos de Oriente Medio. Según Honda los cálamos de caña son demasiado finos, lo que los hace muy frágiles y difíciles de sujetar. Además, Honda fabrica sus propios implementos utilizando un bosque de bambú cercano a su casa, ya que es tradicional que en la caligrafía árabe sea el propio calígrafo quien los fabrique, a diferencia de en las caligrafías china y japonesa donde las herramientas se compran. Por tanto, la caligrafía árabe ya depende de lo bueno que sea el maestro calígrafo para hacer su propio utensilio.

Instrumentos de trabajo de Honda.

La continuación de su legado:

Obra de Nobuko Sagawa

Nobuko Sagawa, segunda maestra certificada en caligrafía árabe, una generación más joven que Honda, es considerada el futuro del shodô arabi. Estudió Bellas Artes en la universidad, y fue allí donde empezó a interesarse por las letras del lenguaje árabe. Este interés la llevó hasta Damasco, donde conoció al que sería su profesor, Mohamed Al Qawi. El estilo de Sagawa se define como una composición entre el silabario japonés (los kana), los caracteres de origen chino (los kanji) y la escritura árabe. Debido a su entrenamiento en Siria, escoge el uso de un cálamo de caña antes que de bambú cuando escribe árabe, y recurre al pincel (fude) para los kana y los kanji. Así mismo, prefiere escribir poesía árabe a los textos sagrados coránicos, y elige los kanjis para que armonicen con el significado de las letras árabes.

En este artículo hemos visto un ejemplo de un fenómeno de interrelación artística entre dos grandes áreas culturales, la del arte Islámico y la del arte de Asia Oriental, concretamente de Japón. Honda ha expresado en más de una ocasión que, si bien su base cultural japonesa es la que le permite introducir ciertas novedades en el arte milenario de la caligrafía árabe, su motivación incluso hoy día sigue siendo el tiempo que vivió en Oriente Medio, que cambió su percepción del mundo. Su trabajo es, por tanto, una forma japonesa de expresar el Islam y su cultura.

avatar Claudia Bonillo (22 Posts)

Nació en Zaragoza el 29 de diciembre de 1993. En su época de instituto vio sus primeros mangas y animes, lo que la llevó a interesarse por Japón. Acabó la carrera de Ingeniería Informática en 2016 y actualmente estudia japonés en el Centro Universitario de Lenguas Modernas, además de cursar el post-grado de Estudios Japoneses en la Universidad de Zaragoza.


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