Revista Ecos de Asia

“A Shot Through the Wall” (2021): Ración doble de racismo

El pasado viernes 21 de enero, tras su paso por diversos festivales cinematográficos,[1] llegaba a la cartelera estadounidense el drama policíaco A Shot Through the Wall (2021).[2] Dado que no está previsto su estreno en España, nos tomaremos la libertad de traducir su título literalmente por “Un disparo a través de la pared”, a la espera de que los expertos hagan su magia y exploten su creatividad narrativa con alguna versión más libre que esta humilde traducción (no, no hemos superado que Die Hard se llame La jungla de cristal). En cualquier caso, la cinta está escrita y dirigida por la cineasta sinoamericana Aimee Long, y trata el triste aunque aún actual tema de los asesinatos de jóvenes afroamericanos inocentes a manos de la policía estadounidense. Aunque se trata de una tragedia harto habitual y de la que podemos destacar múltiples ejemplos,[3] Long se inspiró en los sucesos acaecidos en Brooklyn en 2014, cuando el oficial de policía asiático Peter Liang disparó a Akai Gurley, un joven afroamericano.[4] La película toma esta historia real para tratar el tema del racismo, la violencia policial y la exigencia de responsabilidades. Sin embargo, al estar protagonizada por un policía asiático, nos plantea un doble dilema racial: ¿es el racismo policial contra los afroamericanos la raíz de estos trágicos accidentes?, y ¿se trataría del mismo modo a otro policía que hubiera cometido el mismo error, o por el contrario está siendo utilizado el asiático como chivo expiatorio?

Cartel promocional del filme.

La película está protagonizada por Mike Tan (Kenny Leu), un oficial de policía novato de origen asiático quien un día se encuentra patrullando con su compañero por las calles de Brooklyn cuando deciden acercarse a un grupo de adolescentes afroamericanos que les resultan sospechosos. Tras dirigirse a ellos, uno decide escapar corriendo y se refugia en un edificio, hasta donde le persiguen los dos policías. Mientras recorren los rellanos de estas viviendas, a Mike se le dispara el arma de forma involuntaria, con tan mala suerte que la bala perdida atraviesa una pared (dando título al filme) y mata por accidente a un joven afroamericano que estaba en su casa.

El oficial Tan (Kenny Leu) registrando una vivienda.

Se inicia así una caída libre hacia la locura, pues se mezclan en él los naturales sentimientos de culpa por las consecuencias de su acción, con la seguridad de haber obrado correctamente. Esta tensión irá en aumento a medida que Mike se vea arrastrado por la polémica cuando los medios de comunicación se hagan eco de la noticia. Se encontrará entonces en medio de dos fuerzas divergentes: de un lado, su familia sinoamericana y su novia afroamericana, Candace (Ciara Renée), quienes tratarán de proveer el apoyo emocional e incondicional que tanto necesita; de otro, el cuerpo de policía que, en un principio tratará de controlar el desastre mediático que este caso supone, prometiéndole a Mike que todo irá bien si no llama la atención durante unos días, pero que progresivamente va cambiado su enfoque, cediendo a las presiones sociales y animándolo a que se declare culpable para conseguir una sentencia reducida. Mortificado por la culpa y sintiéndose perseguido por la sociedad y por sus propios compañeros, Mike se sentirá como una fiera acorralada con tan solo dos opciones: huir o luchar.

Tan contempla desolado las pintadas de “Asesino Racista” que alguien ha hecho en su residencia familiar.

Al tratarse de un drama policial, la película cuenta con momentos de acción, incluyendo un sorprendente giro de guion final que no desvelaremos aquí, pero en general el nudo de su argumento versa sobre la culpa y la responsabilidad, ahondando en debates morales y juicios éticos que pueden resultar algo lentos al espectador que espere un thriller de diferentes características. Todo en este filme gira en torno al problema racial en un momento de alta tensión en los Estados Unidos, pues racismo institucional y asesinatos policiales son algo que está a la orden del día en el continente americano. Sin embargo, A Shot Through the Wall ofrece un giro de tuerca a esta problemática, mostrándonos no solo la dualidad policía/afroamericano, sino cuestionando cuál es el papel de los asiáticos en el movimiento Black Lives Matter. Mike Tan, el protagonista, no es caucásico pero, ¿quiere esto decir que no tiene prejuicios racistas contra los negros? Vive en Brooklyn, rodeado de afroamericanos, y su novia Candace es mestiza, hija de un policía negro, pero ¿acaso es eso determinante, o es una mera fachada que mejorará su imagen ante la opinión pública?[5]

El otro eje fundamental del filme es el de la familia sinoamericana. Mike vive con sus padres, en la casa familiar, y tiene una hermana. A pesar de vivir juntos, la película hace un trabajo excepcional a la hora de mostrar las dinámicas y relaciones familiares en un hogar sinoamericano. Por un lado, vemos la diferencia en la educación de los hijos varones, ya que si bien su hermana es capaz de cocinar y su madre le ha inculcado que una mujer debe saber desempeñar todas las tareas del hogar, Mike es un completo inútil en la cocina, mostrando un privilegio que se le ha consentido mantener bien entrada la edad adulta. Por otro lado, vemos el papel esencial que tiene la comida como medio de expresión del afecto: si bien no hablan directamente del problema, ni se dicen “te quiero”, simples gestos como el padre poniendo más comida en el cuenco de su hijo, son una muestra evidente de cariño.

Fotograma de la película en la que vemos una cena en casa de la familia Tan, con Candace y su padre como invitados.

Finalmente, conviene mencionar la presencia de un reparto diverso pero que incluye mayoría de actores asiáticos, al centrarse en el núcleo familiar del protagonista. Ya hemos mencionado a Kenny Leu, que interpreta a Mike, que es hijo de inmigrantes chinos, creció en San Francisco y es conocido por interpretar a Gohan en la serie Dragon Ball Z: Light of Hope (2014). La actriz china Fiona Fu, interpreta a la madre, May; y Lynn Chen, taiwanesa-americana nacida en Queens, da vida a su hermana, Grace. En el papel del padre, Chow, encontramos al conocido Tzi Ma, actor nacido en Hong Kong y criado en Staten Island, que es un habitual del cine y la televisión estadounidense al que hemos visto en múltiples producciones, desde Hora punta (1998) hasta Mulán (2020), pasando por la premiada The Farewell (2019).

La hermana (Lynn Chen) y los padres de Mike (Fiona Fu y Tzi Ma), apoyándolo en el juicio.

En resumen, A Shot Through the Wall nos ofrece una interesante propuesta dramática que permitirá a la audiencia explorar un tema tan conocido como necesario, pero planteándose nuevos interrogantes y, tal vez, iniciar una conversación relevante que consiga encontrar soluciones al problema policial estadounidense.

Tráiler de la película en Youtube.

Para saber más:

  • Ficha de la película en Filmaffinity.
  • Ficha de la película en IMDb.
  • Entrevista de la cineasta Aimee Long en el podcast TwoOhSix, disponible en Youtube.

 

Notas:

[1] Entre estos festivales podríamos mencionar el New York Asian Film Festival o Los Angeles Asian Pacific Film Festival, entre otros.

[2] A Shot Through the Wall (2021). País: Estados Unidos. Dirección: Aimee Long. Guion: Aimee Long. Música: Jon Monroe. Fotografía: Alex Chinnici. Reparto: Kenny Leu, Ciara Renée, Fiona Fu, Tzi Ma, Lynn Chen, Clifton Davis, Derek Goh, Catherine Curtin, Dan Lauria, Damian Young, Kelly AuCoin, Michelle Wilson, Eden Malyn, John Patrick Hayden. Productora: Kings Road Pictures. Distribuidora: Vertical Entertainment.

[3] Sonado fue el caso de Breonna Taylor, la joven asesinada en su propia casa de madrugada, en marzo de 2020; aunque el más reciente ejemplo de muerte accidental a manos de la policía estadounidense sucedió el pasado mes de diciembre en Los Ángeles, mientras la adolescente chilena Valentina Orellana-Peralta se encontraba en el probador de una tienda.

[4] La historia real que inspiró la película puede leerse en The New York Times, aunque desaconsejamos hacerlo antes de su visionado, puesto que puede llevar a comparaciones innecesarias y destripar partes importantes del argumento del filme.

[5] Este uso de la proximidad con personas de color para probar que uno no es racista se llama en inglés tokenism, y se explica en el interesante libro de Layla F. Saad, Me and White Supremacy (p. 95). Esta breve obra incluye una serie de preguntas que el lector debe hacerse y responder, a modo de diario a lo largo de 28 días, para trabajar en sus propios prejuicios raciales y tratar de mejorar como persona. Aunque pueden adquirirse ejemplares en papel, el libro fue autopublicado en 2018 y está disponible de forma gratuita aquí.

avatar Laura Martínez (171 Posts)

Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza y Máster de Estudios Avanzados en Historia del Arte de la misma, con especialización en Cine. Actualmente realiza estudios de Doctorado en la Universidad de La Rioja.


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