Revista Ecos de Asia

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This article was written on 13 Feb 2017, and is filled under Historia y Pensamiento.

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Antigüedades de sangre: el mercado del arte y la financiación del terrorismo islámico

El inicio en el año 2011 del conflicto armado sirio, delimitado geográficamente en los países de Siria, Iraq y Libia, hasta la actualidad ha propiciado el aumento de la destrucción y el saqueo del patrimonio cultural propio de estos estados. De esta forma, el expolio de bienes culturales de dichas zonas ha supuesto un nuevo método de financiación para grupos terroristas como el ISIS o el Frente Al- Nusra.

El tráfico ilegal de estos bienes, así como su comercialización, abarca desde piezas concretas destinadas a la colección privada de algún particular que las solicitó hasta el expolio de colecciones completas para su posterior venta en el mercado negro. Estos actos han ingresado en las cuentas del Estado Islámico miles de millones de dólares gracias al expolio de las zonas controladas por estos grupos terroristas.

Los principales entes que promueven esta práctica son los coleccionistas de arte, las galerías y los magnates estadounidenses, europeos y asiáticos, de estos últimos, específicamente de zonas como Japón, Hong Kong (China), Tailandia y Singapur.

La destrucción masiva de patrimonio cultural no es del todo útil para la venta para estos grupos ya que, si los objetos robados son de gran tamaño no es fácil introducirlos en el mercado negro. La mayoría de objetos y bienes de los que se obtiene un precio, gracias a su introducción en el mercado por los marchantes de arte que actúan en la sombra, son pequeños como monedas, mosaicos o minúsculas figuras. Aun así, las figuras de mayor tamaño son guardadas durante el tiempo necesario para que puedan ser usadas en el blanqueo de dinero por traficantes de arte. Y, aunque la práctica es arriesgada, en el último año el saqueo a la región de Al- Nabuk aportó más de 28 millones de euros a la financiación del ISIS.

El concepto “antigüedades de sangre”, acuñado por el periodismo cultural recoge aquellas piezas arqueológicas, mosaicos, vasijas, esculturas y demás obras de arte y piezas culturales expoliadas de museos y zonas de valor arqueológico de Oriente Medio por coleccionistas privados en subastas o por encargo, incluso algunos, en paradero desconocido.

Pero, la noticia puede ir más allá si nos detenemos en el análisis de las imágenes que veíamos en todos los medios de comunicación de la destrucción por parte de uno de estos grupos terroristas del Museo de Mosul y del brutal asesinato del arqueólogo Jaled Assad delante de una docena de personas en una plaza de la ciudad. O los vídeos difundidos por estos mismos grupos, del saqueo y la completa destrucción del Templo de Bel en Palmira.

La majestuosidad del Templo de Bel en Palmira, la imagen muestra como éste se encontraba antes del ataque.

La majestuosidad del Templo de Bel en Palmira, la imagen muestra como éste se encontraba antes del ataque.

Resulta curioso que estas imágenes son filmadas y distribuidas por estos mismos adeptos al terrorismo islámico y, obviamente, de manera posterior, se presentan en todos los medios de comunicación occidentales, televisiones, plataformas digitales y así un largo etcétera.

Vistas estas imágenes que los medios de comunicación nos mostraban meses atrás como, por ejemplo, de la destrucción de estatuas milenarias del Museo de Mosul, cabe cuestionarse si esta difusión de imágenes no es nada más mera publicidad para que así los compradores en la sombra sepan de la nueva remesa de arte dispuesta para el tráfico ilegal.  Pensemos en el último vídeo viral que se mueve por todas las redes sociales, ¿qué ha sido lo último que nos han enviado a un grupo de Whatsapp?, de la misma forma hemos sido nosotros mismo quienes, de manera puramente informativa hemos sido los transmisores, los anunciantes de las últimas rebajas de un mercado de barbarie, sangre y expolio.

De hecho, podría ser considerada la mayor estrategia de marketing jamás conocida bastando, para tal efecto, que, en el momento del saqueo, se filmen las imágenes y se envíen a cualquier medio de comunicación o se publiquen por internet, a lo que, horas después ya estarán en todas las cadenas de televisión y todos los medios de comunicación del mundo se harán eco de las mismas. Y todo además, contando con la gratuidad de esa publicidad, llegando a todo el mundo sin tener que gastar nada en campañas, venta o publicidad.

Así, han conseguido llegar a sus compradores y a los marchantes de arte que actúan en este mercado negro, a través de una pantalla que constituyen las imágenes del saqueo y la destrucción, aprovechándose del afán informativo de occidente y que, en realidad, no hacen otra cosa que disuadir de la verdadera barbarie, el comercio de arte para financiar una guerra.

En la actualidad, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en aras de proteger el patrimonio cultural de esta zona de Oriente Próximo, ha aprobado la Resolución 2199 (2015) orientada a afianzar la prohibición de la financiación del terrorismo a través del comercio ilícito de antigüedades y bienes culturales, especialmente aquellos provenientes de estos países en conflicto. Para complementar esta Resolución, el Consejo Internacional de Museos ha publicado la Lista Roja de Objetos Sirios Culturales en Riesgo, donde se establece una relación de los bienes culturales en peligro en esta zona con el fin de que los mismos no sufran daño alguno al recaer una vigilancia más exhaustiva sobre los mismos.

Pero, ¿es efectiva toda esta normativa o es simplemente parafernalia gubernamental con el fin de acallar las quejas?

La necesidad de una mayor implicación de los entes políticos y gubernamentales con el fin de acabar con el comercio ilícito de arte y el uso del patrimonio cultural se hace cada vez más imprescindible, no sólo como un instrumento para derrocar el mercado negro de arte sino también como un medio más para debilitar estos sangrientos y mortales grupos terroristas.

La concienciación social tiene un papel fundamental en este punto, no debemos contribuir a que estos grupos obtengan beneficios para llevar a cabo sus objetivos bélicos.  Para eso, es imprescindible, no sólo establecer una mayor protección de estas zonas y del patrimonio cultural que en ellas reside sino educar a la población para la protección y la salvaguarda del patrimonio evitando caer en las redes del tráfico de bienes culturales.

Esta concienciación debería comenzar desde el punto básico del respeto por la cultura, de darle el valor que se merece a nuestro patrimonio, y con nuestro no sólo el que se encuentre en nuestra ciudad, en nuestros límites más cercanos, sino entender el patrimonio cultural mundial como un todo, como los hechos materiales que definen nuestra historia y nos conforman como lo que somos.

Entendiendo esto, el arte se revalorizará y entenderemos que no es un instrumento más a nuestro servicio para hacer comercio, para beneficiarnos de un mercado negro que sólo empodera a quienes quieren hacer una guerra.

avatar Mara Mateo (1 Posts)

Graduada en Derecho por la Universidad de Jaén y actualmente estudiante del Máster en Gestión y Desarrollo del Sector Cultural y Creativo por la Universidad Complutense. Interesada en la protección del patrimonio cultural de Oriente Próximo y en la regulación normativa de los distintos ámbitos culturales.


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