Revista Ecos de Asia

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This article was written on 16 Ene 2019, and is filled under Cine y TV, Crítica.

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“Un asunto de familia”, la apuesta japonesa para los premios Oscar 2019.

 Sabemos que un director de cine ha realizado un buen trabajo por las emociones y sentimientos que los actores parecen evocar en los espectadores. Muchas veces la relación entre lo verosímil y lo posible se hace realidad en la pequeña y gran pantalla, especialmente, cuando la escena gira en torno a problemas de vida cotidiana.  En este caso, encontramos una película galardonada por el festival de cine de San Sebastián, llena de momentos muy emotivos, secuencias con un marcado sentido de la humanidad y, puede que lo más destacable, valores de unión, piedad y amor fraternal y familiar.

Hirokazu Koreeda nació en Tokio en 1962 y se graduó en la Universidad de Waseda. Sus primeros inicios los dedicó a la literatura y la escritura, pero por diversas circunstancias terminó dedicándose al cine. Ha ganado el Premio de Oro en el Festival de Cannes con la película Manbiki Kazoku, y la principal temática de sus películas gira en torno a problemas relativos a la memoria, la muerte y la pérdida de seres queridos. Sus cintas, dirigidas al más puro estilo melodramático, parece recordarnos a las historias de los cuentos de los famosos escritores occidentales como Charles Dickens, al tratar el tema del abandono y la explotación infantil con sumo esmero. Básicamente, una de las características principales es la disimulada, pero tentativa relación familiar entre miembros que no comparten vínculos sanguíneos. Tal vez sea esta la mayor marca de una formación como novelista: su genial juego en escena para enlazar temas literarios con el fascinante mundo de la claqueta y la cámara. Estas son unas razones por las cuales Hirokazu se ha transformado en un crítico contemporáneo de la sociedad japonesa, analizando una de sus partes menos visibles: los niños abandonados y más desprotegidos.

Hirokazu Koreeda.

En el caso de Un asunto de familia, la temática gira en torno a Osamu y su familia. Un hombre de espíritu humilde, pero sin recursos y, por lo que parece, también sin fortuna y providencia. Dedicado a enseñar a los más jóvenes de su familia a practicar el hurto desde que tienen uso de razón, quienes viven felices, pero al margen de la ley. Esta vida llena de pequeños robos en tiendas de barrio se convierte en algo habitual y, en toda esa cotidianidad, se encuentran con una niña a la que deciden acoger. A pesar de su extrema pobreza, todos viven con cierta armonía, pues los lazos que les unen son prácticamente irrompibles, hasta que un oscuro secreto sale a la luz.

 Con casi toda seguridad, es necesario entender cuál ha sido la evolución artística de este director para comprender que esta película, es una consecución de sus anteriores trabajos. Por otro lado, hablar de la psicología de los personajes es un punto que no se puede dejar pasar: los principales protagonistas son una pareja (que forman el núcleo familiar y resultan difíciles de etiquetar), su hijo al que enseñan su oficio de mangantes, una abuela, una hermanastra y una niña llamada Juri, proveniente de un hogar desestructurado.

Es una película llena de momentos consuetudinarios, envueltos en mentiras y discusiones que reflejan las partes más difíciles y duras de la vida. La agudeza de Hirokazu a la hora de rodar las escenas no se merma, ya que el espectador, a pesar de presenciar el horror y la aspereza de la vida, no se sobresalta puesto que las escenas no se representan con magnanimidad, más bien, se interpretan con disimulo dentro de un marco melancólico y tremendamente difícil. En el reparto cuenta con grandes actores y actrices como Lily Franky, famoso por aparecer en otra película de Hirokazu -y con una temática similar- titulada De tal padre, tal hijo; y con Sakura Andô, famosa actriz y nieta del primer ministro japonés Inukai Tsuyoshi.

Cartel promocional de Un asunto de familia.

En definitiva, nos encontramos una película llena de mensajes ocultos que tan solo el buen espectador puede interpretar. Hirokazu nos demuestra que los lazos de unión que no están relacionados con la sangre pueden estar llenos de afecto, galantería y amor fraternal. A pesar de tener un final poco agradable, el reparto de los diversos problemas y deberes es bastante equilibrado entre todos los personajes, lo que hace que su unión sea más fuerte.  La ingente crítica social que realiza Hirokazu se centra en el desamparo y abandono de los maltratados, especialmente en la infancia, y en los casos de maltrato y violencia de género. Es en estos últimos casos, cuando el infante, a pesar de tener que estar protegido como si su futuro y educación se trataran del mayor tesoro de una nación, pasa desapercibido, quedando en la parte mas residual de la sociedad nipona, sin voz ni opinión, tornándose en un paria. Con total seguridad, este ha sido uno de los principales órdagos del cine japonés para lograr en el año 2019 la famosa estatuilla de los premios Oscar, al unir la afabilidad, la franqueza y la crítica social, junto con una profunda psicología de los personajes y su gran interpretación y puesta en escena.

 

Para saber más:

  • https://www.imdb.com/title/tt8075192/fullcredits
avatar Juan Ignacio García de las Peñas (3 Posts)

Doctorando en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid. Ha centrado su investigación en la figura del filósofo japonés Nishi Amane y sus relaciones con el positivismo y el utilitarismo junto con la ética, moral y política en el período Meiji. También tiene un Máster Universitario en Formación del Profesorado por la Universidad CEU San Pablo. Es un apasionado de la literatura en general, de Japón y de la investigación filosófica.


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