Revista Ecos de Asia

“El imperio de la ostentación” (“Bling Empire”, 2021): Lujo asiático en Los Ángeles

La tele realidad tiene algo de irrefrenable atracción morbosa: sabes que no es bueno pero no puedes dejarlo, como la comida basura o una relación tóxica. El último placer culpable en llegar a nuestras pantallas gracias a Netflix es Bling Empire, traducido al castellano como El imperio de la ostentación, que nos adentra en las vidas de un grupo de amigos (o enemigos, rivales, amantes… ¿dónde estaría el drama, si no?) de ascendencia asiática que viven en Los Ángeles a todo tren. Y cuando decimos “a todo tren” nos referimos al lujo en su máxima expresión: coches y prendas de marca, excursiones en jet privado, fiestas decadentes… Si alguna vez pensasteis que Crazy Rich Asians era demasiado estrambótico para ser cierto, preparaos para lo que os espera al otro lado del telón porque, en este caso, el reality supera a la ficción.

Cartel promocional de la serie.

A lo largo de ocho episodios Bling Empire nos lleva de fiesta en fiesta, recorriendo los rincones más lujosos de Beverly Hills, y ofreciéndonos la oportunidad de asomarnos y echar un vistazo a la vida de estos ricos y ociosos asiáticos, mientras asistimos a sus amoríos, rencillas y dramas familiares. Nuestro Cyrano, aunque de perfecta nariz, en esta aventura será Kevin Kreider: originario de Corea y adoptado por una familia estadounidense, fue criado en Filadelfia donde era uno de los pocos asiáticos de su entorno, y actualmente vive en Los Ángeles donde trabaja como modelo. Kevin es el primero de los protagonistas que conocemos en esta temporada y ejerce de guía y nexo para introducir al espectador en el ostentoso mundo de sus amigos ricos. A diferencia del resto de personajes, Kevin no es el heredero de una gran fortuna y por lo tanto su contacto con el lujo extremo de sus amigos es tan reciente como el nuestro. Es por ello que sus reacciones cuando observa los exorbitantes gastos de los demás hacen que el televidente con un sueldo medio empatice más con él que con el resto de aspirantes a Paris Hilton.

Precisamente serán dos las mujeres que se enfrenten por la corona de este ficticio reino de pantomima: Christine Chiu y Anna Shay. La primera es la esposa del doctor Gabriel Chiu, un acaudalado cirujano plástico cuyos ancestros pueden rastrearse hasta la dinastía Song (960-1279); mientras que la segunda es una mujer mitad japonesa y mitad rusa cuyo dinero procede de la venta de armas. El primer evento de la temporada del que somos testigos es la celebración del Año Nuevo Chino, para lo cual Christine organiza una fiesta cerrando la famosa calle Rodeo Drive (esa que recorriera Julia Roberts del brazo de Richard Gere en Pretty Woman).

Anna y Christine en un momento de la fiesta del Año Nuevo Chino.

Para la siguiente reunión en casa de Anna, Christine planea –mientras echa un vistazo a los nuevos modelos de Ducati en la tienda de Beverly Hills– cómo puede poner en evidencia a su anfitriona, y se le ocurre lucir un collar que ambas tienen. Ante este desplante, Anna modificará la organización de los asientos, mandando a los Chiu al ostracismo, es decir, al otro extremo de la mesa. Este pequeño gran drama, que se desarrolla en los primeros episodios, nos deja entrever la animosidad entre estas dos socialités que seguirá emergiendo en otros desencuentros a lo largo de los distintos capítulos. Esto evidencia la importancia de las apariencias en este universo de lujo y esplendor, pero también lo absurdo de estos dilemas que parecen graves crisis interpersonales para gente sin problemas reales.

El otro punto sobre el que gira el drama de Bling Empire es un triángulo amoroso e interracial que dará mucho juego durante toda la temporada. En el centro de esta espiral de deseo y autodestrucción se encuentra Kelly Mi Li: una divorciada cuyo ex marido chino fue detenido por fraude fiscal, poniendo fin a la vida de jet set que llevaban hasta entonces. Al comienzo de la serie, Kelly mantiene una relación con Andrew Gray, un actor conocido por su papel del Power Ranger rojo, pero la pareja deberá hacer frente a vaivenes emocionales, con violentas discusiones y tórridas reconciliaciones, salpicadas por sesiones de terapia, y todo ello ante la impertérrita mirada de las cámaras. Con o sin pareja, Kelly recibirá siempre las atenciones de Kevin, aunque sus intentos de flirteo suelan acabar con él en la friendzone.

Imagen de Andrew y Kelly disfrutando de su amor.

Si bien el drama, las rencillas y los amoríos son lo que engancha de Bling Empire, también es cierto que, desde un punto de vista cultural, resulta muy interesante ver cómo las vidas de estas élites financieras de Estados Unidos se ven afectadas por sus raíces orientales, ya sea por el interés en conocer su pasado para conocerse a sí mismos, o por el peso que la tradición supone en su estilo de vida.

De esta forma, podemos ver una muestra de lo primero en la figura de Kevin, que tras hacerse un test genético averigua que sus orígenes están en Corea del Sur y tratará de contactar con sus padres biológicos a través de la agencia de adopción, recurriendo incluso a la hipnoterapia para desbloquear sus recuerdos infantiles. Un viaje similar llevará a cabo Kim Lee, modelo y disc-jockey de origen vietnamita conocida como la “Kim Kardashian asiática”, que contratará a un investigador privado para encontrar a su padre biológico, con el que perdió el contacto tras el divorcio de sus padres. Estas pesquisas nos llevarán hasta Charleston, en Carolina del Sur, y supondrán un intenso viaje emocional para Kim y sus amigos.

Kim y Christine embutidas en sendos vestidos rosas durante una fiesta en la clínica de cirugía estética del doctor Chiu.

En lo que respecta al peso de la tradición, este se hace especialmente relevante en el caso de Christine pues, como vamos descubriendo a lo largo de los episodios, trató durante once años de darle a su marido un hijo varón, como se espera de toda mujer china. Los problemas de fertilidad de la pareja supusieron una carga especial para Christine, quien se sentía humillada y desprestigiada ante la familia de su marido hasta que por fin, gracias al in vitro, consiguió tener a su bebé. Por ello, cuando el doctor Chiu plantee tener otro hijo y los médicos le aconsejen un vientre de alquiler para evitar complicaciones, Christine deberá de nuevo hacer frente a los fantasmas de la aceptación familiar, pues siente que no verán con buenos ojos este método de concepción.

En una situación similar se encuentra Cherie Chan, cuyo dinero procede del negocio familiar relacionado con la tela vaquera y que tuvo un conato de carrera musical en Japón como estrella del pop cuando firmó un contrato con Sony. Cherie tiene una hija y está embarazada de su novio Jessey Lee, pero no está casada, una situación complicada para ella pues es una sinoamericana que se siente atrapada entre dos culturas. Además, perdió a su madre recientemente y en su duelo podemos ver cómo se mezclan las creencias y tradiciones culturales chinas (desde los cánticos budistas hasta creer que su hija tiene un tercer ojo con el que ve el espíritu de su abuela) con las tendencias californianas (como contratar al médium de Hollywood Tyler Henry).

Cherie, en un fotograma de la serie.

Como hemos ido viendo a través de este análisis, Bling Empire es un espectáculo lleno de excentricidades que combina el drama al más puro estilo reality show, repleto de enemistades, romance y descubrimientos que mantendrán enganchado al espectador, con una atmósfera de lujo y ostentación llena de joyas, vestidos de diseño y fiestas decadentes. Como espectáculo escapista resulta curioso y algo morboso poder asomarse a la vida de estos herederos, influencers y mujeres florero, adentrándonos en las casas de los ricos. Aunque también es cierto que en la actual situación de pandemia y grave crisis económica, con tasas de paro disparadas y gente haciendo cola en la beneficencia, la serie puede rayar entre lo mundano y lo grotesco hasta resultar exasperante. Si le añadimos el toque asiático que, a modo de pinceladas culturales, se deja entrever en cada episodio, tenemos un entretenimiento que hará las delicias de los curiosos, sobre todo aquellos interesados en la moda, la opulencia y lo oriental.

Imagen de algunos de los protagonistas probándose ropa en una excursión a Las Vegas, mostrando que el dinero no siempre es sinónimo de buen gusto.

Para saber más:

  • Página de la serie en IMDb.
  • Sitio web de la serie en Netflix.
avatar Laura Martínez (145 Posts)

Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza y Máster de Estudios Avanzados en Historia del Arte de la misma, con especialización en Cine. Actualmente realiza estudios de Doctorado en la Universidad de La Rioja.


Share