Revista Ecos de Asia

Information

This article was written on 23 Sep 2014, and is filled under Historia y Pensamiento.

Current post is tagged

, ,

Castillos japoneses I: el castillo japonés.

Cualquier persona que visite Japón se sorprenderá por la gran cantidad de castillos que se conservan a lo largo de todo el país. Cada ciudad suele albergar uno, siendo con frecuencia su principal atractivo turístico. Desde Ecos de Asia les proponemos  realizar un recorrido por estas magníficas construcciones a través de una serie de artículos en los que desarrollaremos algunos de sus aspectos más significativos.

Existen evidencias tanto arqueológicas como literarias de la existencia de más de treinta mil castillos y fortificaciones en Japón. En determinadas áreas había un castillo en cada colina y montaña, frecuentemente con una mansión señorial al piede las mismas. Puede resultar extraño que se encuentre un número tan alto de fortificaciones en un territorio geográficamente aislado como era el archipiélago japonés, esto se debe a que Japón se estructuraba políticamente en feudos dominados por diferentes señores que solo rendían fidelidad al Emperador. La mayoría de estas fortificaciones fueron producto de las hostilidades entre estos señores, como protección frente al acoso de los bandidos y como medida de control ante posibles disturbios sociales. Se han encontrado restos de fortificaciones desde época Yayoi (300 a. C.- 250), alcanzando su máxima expresión durante el período Momoyama (1568- 1603).

Los castillos japoneses se edificaron sobre todo tipo de terrenos y accidentes geográficos, pero todos se acomodaban a las variaciones de un esquema arquitectónico bastante bien definido. Los yamajiro  o “castillos de montaña” eran los más comunes, y como su nombre indica, se construían en la cima de una colina o montaña, por lo que contaban con las mejores defensas naturales. Sin embargo, los castillos construidos en las llanuras, denominados hirajiro, también fueron frecuentes, e incluso se llegaron a levantar fortificaciones en pequeñas islas, ya fueran naturales o artificiales, a lo largo de las costas y lagos de Japón.

El enclave sobre el que se alzaba el castillo de montaña (yamashiro) de Toda es  el característico de los primeros ejemplos de fortificaciones de Japón. Las construcciones ocuparían toda la parte arbolada superior.

El enclave sobre el que se alzaba el castillo de montaña (yamashiro) de Toda es el característico de los primeros ejemplos de fortificaciones de Japón. Las construcciones ocuparían toda la parte arbolada superior.

Las edificaciones se disponían casi siempre sobre una colina o elevación, lo que con mucha frecuencia conllevaba la construcción de un montículo de tierra artificial para este fin. Esto no sólo ayudaba en la defensa del castillo, también permitía una mayor visión sobre las tierras circundantes y a la vez le confería al castillo un aspecto impresionante. Con el paso del tiempo, estos montículos de tierra evolucionaron hasta complejos taludes de piedra de paredes inclinadas, lo que ha llevado a muchos expertos a sostener que este sistema era una eficaz defensa frente a las armas de fuego que se generalizaron en el siglo XVI en Japón, a la vez que proporcionaban una mejor resistencia frente a los frecuentes terremotos.

Los castillos japoneses, al igual que los ejemplos europeos, se valían para su defensa de un sistema de murallas y grandes fosos. Sin embargo, en Japón, las murallas resguardaban solamente al castillo en sí y nunca se extendieron alrededor de una ciudad o asentamiento. Esto quizás se deba a la propia historia nipona, en la que en contadas ocasiones se ha temido por una invasión extranjera, lo que contrasta marcadamente con la arquitectura defensiva de Europa o China, donde los constantes conflictos e invasiones hicieron que en las ciudades se desarrollaran complejos sistemas defensivos.

Aunque el área comprendida dentro de las murallas llegaba a ser bastante grande no abarcaba campos o casas de campesinos, y la gran mayoría de la población vivía fuera de las murallas del castillo. Los samurái vivían casi exclusivamente dentro del recinto, siendo los de más alto rango los que tenían el honor de residir más cerca de torreón central del daimio. En algunos de los castillos más grandes, como  el caso de Himeji, un foso interior secundario separaba la zona central de las residencias de la sección exterior, donde los samurái de rango inferior vivían en condiciones más humildes. Sólo unos pocos plebeyos, los que conformaban parte del servicio del daimio, así como sus criados, ostentaban el privilegio de residir dentro de las murallas, a los que a menudo se les designaban ciertas partes del complejo para vivir de acuerdo a su ocupación, y a efectos de la eficacia administrativa. En general, se puede llegar a decir que en el castillo residían solamente las personas que conformaban la casa del daimio y sus criados, los samurái, que eran la demostración del poder militar del señor, y todas aquellas personas importantes para la administración del dominio.

Dentro de las murallas los edificios presentan un estilo arquitectónico muy diferente en comparación con los castillos europeos. Se ubicaban toda una serie de construcciones de tejados curvos de teja, construidos a partir de estructuras de madera y paredes enlucidas de yeso, que se encontraban situados alrededor de un patio central, en torno al cual se organizaban las distintas dependencias.

El torre del homenaje del castillo de Hikone es una de las mejor conservadas del período Momoyama (1568- 1603). Sobre la base de piedra se alza la estructura de madera con  los característicos tejados curvos.

El torre del homenaje del castillo de Hikone es una de las mejor conservadas del período Momoyama (1568- 1603). Sobre la base de piedra se alza la estructura de madera con los característicos tejados curvos.

El edificio principal de la fortificación era la torre del homenaje, de una altura de tres o cinco pisos, que se conoce con el nombre de tenshukaku, y por lo general se encontraba comunicada con las demás construcciones del castillo. Se trataba de la edificación más alta y elaborada del complejo y con frecuencia también era la más grande. En la torre del homenaje habitaba el daimio y desde ella ejercía el gobierno sobre sus dominios. Esta construcción se encontraba defendida por todo el sistema de murallas y torres secundarias, y su papel ornamental nunca se desatendía, mostrando un aspecto impresionante, no sólo en lo referente a su tamaño, sino que era la muestra del poder militar y de la riqueza del daimio.

Si llegaba a darse el caso de que fuerzas enemigas llegaran a invadir el interior del recinto, la torre del homenaje podía llegar a servir como el último bastión de defensa, así como el punto a partir del cual se podían realizar intentos de volver a tomar la fortaleza. Si en última instancia la derrota resultaba inevitable, en ciertas habitaciones de la torre se llevaba a cabo el seppuku (suicidio ritual) del daimio y su familia, así como de sus seguidores más cercanos.

Una gran variedad de torres o atalayas, denominadas yagura, se colocaban en las esquinas del recinto, sobre las puertas y en otras posiciones estratégicas, estando destinadas a numerosos propósitos. Aunque la gran mayoría se utilizaban con funcionesdefensivas y de vigilancia, otras servían como depósitos de agua, almacenes o incluso como observatorios lunares. Ya que estos castillos eran en última instancia las residencias de grandes señores, supuestamente ricos y poderosos, abundaban en ellos las torres para observar la Luna, balcones para disfrutar del paisaje, salones de té y bellos jardines. Estas construcciones no desempeñaban ninguna labor marcial, sino que eran la plasmación de la autoridad y el poder del señor, pero sin llegar a descuidar su utilidad. En el caso de los jardines y huertos, por ejemplo, aunque su principal objetivo era el de agregar belleza y un grado de suntuosidad a la residencia del señor, también podría proporcionar agua y fruta en el caso de suministros se agotaran debido a un asedio, así como la madera podía ser empleada para una gran variedad de propósitos.

A continuación, pasaremos a comentar la importancia que tuvieron estos edificios durante  el período Momoyama (1568- 1603), una época marcada por la inestabilidad y los enfrentamientos entre los señores feudales, así como algunas cuestiones relativas a los asedios y a la vida diaria en el castillo.

El castillo en los conflictos de los samurái.

Durante el período Momoyama la adquisición, posesión y pérdida de un castillo por parte de los distintos señores feudales llegó a ser un evento frecuente. Durante este período se estaba llevando a cabo, como a su vez ocurría en Europa, una tendencia hacia el desarrollo de grandes ejércitos, por lo que  el castillo no sólo desempeñó el papel de mero barracón para las tropas, sino que se convirtió en un lugar estratégico sobre el que ejercer el control sobre los distintos territorios.

Los Hôjô, de la provincia de Kanto, fueron una dinastía de señores feudales especialmente hábiles en la conquista y construcción de castillos, tanto es así que su nombre se encuentra íntimamente relacionado con un castillo en particular, Odawara, el cual durante siglos actuó como fortaleza, residencia del señor e importante puesto comercial. Esta fortaleza resistió ante dos intentos de asedio, aunque finalmente tuvo que capitular tras sucumbir a la abrumadora fuerza del ejército de Toyotomi Hideyoshi  en 1590.

Castillo de Odawara, prefectura de Kanagawa, principal castillo y residencia de la familia Hôjô.

Castillo de Odawara, prefectura de Kanagawa, principal castillo y residencia de la familia Hôjô.

El primer castillo de Odawara fue construido en 1416 por la familia Omori, quienes mantuvieron el castillo en su poder hasta que cayó en manos de Hôjô Sôunen 1495. Tras la muerte de Sôun, su hijo Ujitsuna movió la capital administrativa de los Hôjôa Odawara. Por su situación estratégica se encontraba bien defendido por todos sus lados, con un torreón de cuarenta metros de altura  construido en el lado noroeste, el cual era el punto más débil de sus defensas naturales. El lado sur de la fortificación se levantaba sobre la playa de la bahía de Sagami, y la ciudad del castillo, la cual actuaba como un importante puesto comercial,  se extendía más allá de los muros de la fortificación.

A pesar de que Odawara demostró su valía en las guerras que durante más de cien años asolaron Japón, los Hôjô nunca dejaron que su capital fuera su única defensa. Esta poderosa fortaleza fue el castillo principal (honjô) del que dependía toda una red de castillos satélites (shijô) que se extendían por los dominios de la familia. En algunos casos estos castillos menores actuaban de manera independiente de Odawara, así como servían de base para la administración  de los nuevos territorios conquistados por la familia.  Los castillos satélite más importantes se encontraban bajo el mando de miembros de la familia Hôjô, como era el caso de HôjôUjikuni (1541-1597), tercer hijo de  HôjôUjiyusu,  que dirigió el castillo de Hachigata, al norte de la provincia de Musashi. En 1568, Ujikuni alcanzó gran fama al resistir un ataque en Hachigata perpetrado por TakedaShingen, y se encontraba al mando de unos cinco mil hombres, una cantidad mucho mayor que cualquiera de los demás lugartenientes  de la familia Hôjô. Ujikuni, debido al poder que atesoraba se sentía en cierta manera independiente de las órdenes de la familia, y de hecho actuaba como un señor local. Hachigata era a su vez el eje central de una red de pequeños castillos o atalayas, desde los cuales se podía disponer de almenaras de señales o hacer sonar las caracolas o tambores para comunicar posibles avistamientos enemigos a la guarnición principal.

Este mismo sistema de castillos y emplazamientos subordinados  fue usado por los demás daimio de la época, como Uesugi Kenshin y Takeda Shingen, teniendo el primero no menos de noventa y siete en la provincia de Echigo, siendo alguno de las construcciones formidables edificios como Odawara o Hachigata.

La mayoría de estos castillos dependientes de una construcción mayor se edificaban en la cima de una colina que se fortificaba (yamashiro), con empalizadas, barracones, una armería y un espacio destinado para disponer las señales de fuego. Estos pequeños castillos no se encontraban en disposición  de resistir prolongados asedios, su principal cometido era el de controlar puntos estratégicos relacionados con las vías de comunicación. Su custodia dependía de compañías de samuráis que se relevaban con el tiempo, pero se encontraban siempre bien servidos de provisiones para una posible emergencia. Por ejemplo, en 1588 uno de estos pequeños castillos disponía de 252 hombres, de los cuales 21 eran samuráis a caballo, 5 samuráis a pie, 21 arcabuceros y 202 ashigaru (soldados de infantería).  Ha llegado hasta nuestros días una detallada lista de uno de estos castillos en la que se pedían suministros al señor, y entre otras cosas se demandaban: “50 arcabuces, 1200 cargas de pólvora, 1350 municiones de arcabuz, 1500 flechas y 10 lanzas”, a su vez el comandante al mando de la guarnición proveía de su bolsillo “15 arcabuces, 1500 cargas de pólvora, un cesto de pólvora, 3200 municiones de arcabuz, 200 lanzas, 100 flechas, 3 arcos, 20 bolas de cañón, 10 fardos de provisiones.”[1] De estas listas de suministros se desprende que la defensa de estos pequeños emplazamientos no se dejaba a la ligera, sino que eran considerados por los señores  como unos valiosos puestos de avanzada, de los que en muchas ocasiones dependía el éxito de las campañas y la defensa del territorio del señor.

Para saber más:

  • GARCÍA GUTIÉRREZ, F., Arquitectura Japonesa vista desde Occidente, Japón y Occidente II, Sevilla, Guadalquivir Ediciones, 2001.
  • TURNBULL, S., The samurai sourcebook, Londres, Cassell& Co, 1998.

Notas:

[1] Listado recogido y estudiado en profundidad por Stephen Turnbull en: TURNBULL, S., The samurai sourcebook, Londres, Cassell& Co, 1998, pp. 163-164.

 

avatar David Lacasta (60 Posts)

Soy Licenciado en Historia del Arte y actualmente estoy cursando el máster en estudios avanzados, en la modalidad de Asia Oriental. Estoy trabajando en la cerámica Satsuma, y el fenómeno de su coleccionismo en occidente.También me interesa mucho todo lo relacionado con las armas y armaduras de los samurai, así como la historia militar de Japón.


Share

2 Comments

  1. […] desde Ecos de Asia comenzamos a realizar una aproximación a los castillos japoneses. En la entrega previa nos centramosen la principal fortificación de la familia Hôjô, el castillo […]

  2. […] anterioridad en Ecos de Asia hemos venido tratando diversos aspectos de los castillos japoneses, cómo eran estas construcciones y de qué manera servían para articular el territorio. Para finalizar, en este artículo nos […]

Deja un comentario