Revista Ecos de Asia

Celeste Ng y el fenómeno “Pequeños fuegos por todas partes”

A mediados de marzo se estrenó la miniserie de televisión Little Fires Everywhere (2020)[1] culminando el enorme interés suscitado por la novela homónima de la autora asiática-americana Celeste Ng, que fue traducida al castellano por Alba Editorial como Pequeños fuegos por todas partes en 2017. Su primera novela Todo lo que no te conté (Alba Editorial, 2014) alcanzó también el estatus de bestseller del New York Times, pero sin duda el reconocimiento internacional le ha llegado con esta segunda obra y la consiguiente adaptación televisiva. Una parte sustancial de este ascenso meteórico viene de la relación con la famosa actriz y reconocida bibliófila Reese Witherspoon, quien incluyó Pequeños fuegos por todas partes entre las novelas escogidas para su multitudinario club de lectura (Reese’s Book Club), con más de millón y medio de seguidores en Instagram. Además, la propia actriz, de la mano de su productora Hello Sunshine, ha contribuido a construir este proyecto televisivo en el que, como no podía ser de otra manera, tiene un papel protagonista. En este artículo, nos proponemos analizar la impronta asiática en la narrativa de Celeste Ng, comentando tanto sus novelas como la más reciente miniserie y, tal vez, “avivar” en el lector el deseo de conocer un poco más la obra de esta autora.

Celeste Ng: literatura de segunda generación… y primera calidad

Celeste Ng, que como dice su propio nombre de usuario en Twitter se pronuncia “ing” (@pronounced_ing), es hija de padres originarios de Hong Kong, quienes se mudaron a Estados Unidos en los años sesenta para trabajar en el ámbito científico: su padre como físico de la NASA y su madre enseñando química en la Universidad Estatal de Cleveland. En este entorno familiar nació la autora, el 30 de julio de 1980 en Pittsburgh, Pennsylvania. Años después se mudaron a Shaker Heights, Ohio, donde estudió Celeste hasta empezar la carrera en Harvard y proseguir después con un máster en la Universidad de Michigan.

Fotografía de Celeste Ng.

Su carrera literaria comenzó desde época bien temprana y continuó con su participación en la revista del instituto, pero no se desarrolló verdaderamente hasta la universidad, momento en el que escribió historias breves gracias a las cuales ganó diversos premios. Su salto a la novela se produjo en 2014, con su obra debut: Todo lo que no te conté, que obtuvo enorme éxito; aunque este parece palidecer si lo comparamos con el fenómeno que ha supuesto su segunda novela: Pequeños fuegos por todas partes (2017).

El estilo narrativo de Celeste Ng resulta, en apariencia, sencillo y sin ornamentos, pero oculta una profundidad temática y emocional apasionante. Ambas novelas giran en torno a un suceso particular que, contado de otra forma, podría haber resultado un thriller o una novela de misterio; sin embargo, en la pluma ágil y sin artificios de Ng estas historias nos son presentadas como carentes de suspense: lo interesante no es, en ninguna de estas obras, descubrir qué ha sucedido, sino rastrear los antecedentes y las motivaciones profundas de los personajes que, siempre de forma coral, nos explicarán el por qué de los acontecimientos.

Por otro lado, ambos libros (y la consiguiente adaptación televisiva) profundizan en temas de importante calado, como son la complejidad de las estructuras familiares convencionales, la maternidad con todos sus claroscuros o el universo adolescente, además de otros aspectos más universales como la pasión o el peso de nuestros secretos.

En cuanto al marco espacio-temporal de estas obras, se sitúan en el pasado aunque en momentos diversos: Todo lo que no te conté en la década de los setenta y Pequeños fuegos por todas partes en los noventa; aunque la acción de ambas se desarrolla en pequeñas comunidades suburbanas del estado de Ohio, en ese tipo de lugares en apariencia idílicos, como el Springfield de Los Simpsons (1989-) o el Lumberton de Terciopelo Azul (1986), en los que nunca ocurre nada, pero que ocultan misterios por desvelar.

Todo lo que no te conté: homenaje a Gabriel García Márquez

“El día que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana…”. Este es el ya mítico comienzo de Crónica de una muerte anunciada (1981), esa novela que pivota entre lo policial y lo periodístico, envuelta en el místico halo del realismo mágico que tanto caracterizó el estilo de Gabo y el de otros autores del boom latinoamericano. Celeste Ng, en su primera novela, bebe de esta inspiración colombiana cuando arranca con las líneas “Lydia está muerta. Pero esto aún no lo saben”. Directa. Sin rodeos. La autora nos sitúa en medio del drama y desmonta de un plumazo el suspense. No hay misterio. No hay conflicto. Tan solo unos cientos de páginas en los que navegar el intrincado mundo de las relaciones interpersonales, familiares, amistosas, escolares… El lector no pasa las páginas de forma frenética tratando de buscar un culpable ni la expiación del crimen, tan solo trata de averiguar por qué hemos llegado al punto inicial.

Portada de la primera novela de Celeste Ng.

Tras este abrupto inicio, la novela nos narra a través de constantes saltos temporales (también al estilo de García Márquez) la vida de una familia sinoamericana mestiza de una pequeña ciudad de Ohio en los años setenta, cuyo equilibrio se tornará en caos al conocer la noticia de la muerte de Lydia. James Lee, su padre, hijo de inmigrantes chinos, es profesor de cultura americana en la universidad mientras que la madre, Marilyn, es una belleza sureña y ama de casa a tiempo completo. Nathan, el mayor de los hijos de la pareja, es un joven brillante, apasionado por la astronomía y a punto de ingresar en Harvard; Lydia, la favorita de sus padres, parece abocada al éxito social y escolar; mientras que Hannah, la pequeña de la familia, vive acostumbrada a ser pasada por alto por los demás, aunque siempre atenta a todo lo que sucede a su alrededor. Cuando el cadáver de Lydia aparezca en un lago próximo a su hogar, emergerán junto a él todos los secretos que cada miembro de la familia ha ido ocultando a los demás y a sí mismos.

Sin desvelar mucho más de la trama, podemos apuntar que este trágico suceso es el principio de una caída libre para todos los protagonistas; en el proceso caerá también el velo de las apariencias y la idílica normalidad suburbana nos revelará una realidad oscura llena de racismo, bullying, presión familiar y sueños frustrados.

El componente racial es especialmente relevante en la novela y podemos observar cómo los personajes navegan su autoconciencia como asiáticos en una sociedad que, aunque parece integradora, está llena de microagresiones de muy diversa índole. También vemos cómo la aceptación de los propios orígenes es una auténtica lucha interna para James Lee, quien a lo largo de toda su existencia ha tratado sin éxito de encajar, dedicando incluso su vida profesional al estudio del cowboy, súmmum de “lo americano”, y trasladando esas ansias por ser “normal” a sus hijos.

Pequeños fuegos por todas partes: la llama del éxito

“Aquel verano, en Shaker Heights, todo el mundo hablaba de ello: Isabelle, la pequeña de los Richardson, había perdido definitivamente la cabeza y había quemado la casa”. De nuevo un inicio descarnado: un acontecimiento dramático y el culpable delatado en la primera línea. ¿Para qué entonces vamos a leer las trescientas cincuenta y una páginas siguientes? Sabemos qué ha pasado y quién lo ha hecho… pero ¿por qué? Este es el gran dilema que desentraña Celeste Ng en su segunda novela, como ya hiciera en la primera, y lo logra gracias al estudio psicológico de unos personajes redondos y facetados, moviéndose en la escala de grises de una realidad que está muy lejos de ser blanca o negra.

Imagen del libro en su edición española.

En esta ocasión la acción se sitúa en los años noventa en Shaker Heights, la población de Ohio en la que creció la propia autora, y nos presenta cómo cambia la vida de una familia perfecta de esta localidad a lo largo de un año. Elena Richardson, madre de cuatro adolescentes y periodista a tiempo parcial, parece llevar una vida de catálogo y acorde con sus sueños, pero todo cambia cuando decide alquilar su segunda vivienda a Mia Warren y su hija adolescente, Pearl. Los hijos de Elena (Lexie, Trip, Moody e Izzy) pronto atraerán la atención de la joven, quien pasará gran parte de su tiempo entre ellos, pero Mia no ve esta relación con buenos ojos y, al margen de su ocupación principal como artista, decide aceptar un trabajo como sirvienta de los Richardson, además de su empleo a tiempo parcial en el restaurante chino.

Las ya de por sí complicadas relaciones entre Elena y Mia acabarán estallando por un acontecimiento que agita a toda la comunidad: una respetada familia local, los McCullough, han adoptado una niña china, pero la madre biológica aparece para reclamar su custodia. Este debate hará reflexionar a todos los personajes sobre el significado de la maternidad creando dos bandos enfrentados de forma irreconciliable.

Como puede apreciarse de este breve resumen, que no desvela ninguno de los entresijos de la novela, en esta obra el componente asiático es menor, aunque no por ello secundario, puesto que se sitúa en el centro de la acción y es el gran desencadenante de la misma. A través de la lucha por la custodia del bebé chino, el lector asiste de nuevo a los problemas raciales ya establecidos en la primera novela: la adaptación, el choque cultural, la importancia de los orígenes… Sin embargo, queda claro que, el tema principal en este caso es el de la maternidad en todas sus variantes socioeconómicas y morales, centrándose en lo que significa ser madre y el conflicto que esto crea en concreto en las protagonistas.

Little Fires Everywhere (2020) y el fulgor de una compleja adaptación

La versión televisiva de esta segunda novela de Celeste Ng supone una adaptación en toda la dimensión del término puesto que, pese a seguir el planteamiento original, aporta componentes novedosos a la vez que enriquecedores, que la hacen destacar como un producto interesante en sí mismo y digno de ser valorado como tal.

Cartel promocional de la serie

Una de las principales diferencias entre el libro y la serie lo encontramos en el personaje de Mia Warren (Kerry Washington), quien no aparece definida racialmente en la novela pero que en la adaptación resulta ser afroamericana. Esta modificación añade una nueva capa al análisis de la historia, incluyendo un componente racial que permite profundizar en otras cuestiones esenciales para la sociedad estadounidense.

Mia Warren y su compañera de trabajo Bebe en un fotograma de la serie.

Asimismo, el personaje de Izzy, quien en la novela es la oveja negra de los Richardson y la causante del incendio de su hogar, tiene en la televisión un arco dramático mucho más amplio, ya que se nos desvela que este personaje es en realidad homosexual. Al añadir esta experiencia de una adolescente lesbiana y su conflicto para encajar, tanto en la sociedad como en su familia, se nos presenta una nueva capa a esta ya de por sí rica narración.

Izzy en un fotograma de la serie

Finalmente, una modificación menor a efectos de la trama pero muy interesante, es la inclusión de una escena en la que Elena (Reese Witherspoon) preside una reunión de su club de lectura en el que se debate la obra teatral Los monólogos de la vagina, algo muy apropiado puesto que, como ya comentamos al comienzo de este artículo, la propia actriz es aficionada a estas tertulias. Sin embargo, lo verdaderamente interesante de esta escena es que, entre las asistentes del grupo se encuentra la propia autora, Celeste Ng, que realiza un cameo en la producción.

Fotograma de la serie en la que vemos a Celeste Ng (izquierda).

Todas estas modificaciones se deben sin duda a la implicación directa de la autora en el proceso creativo, participando como productora ejecutiva pero además revisando los guiones y dando su aprobación a estos cambios esenciales que hacen de la serie un producto independiente.

En cualquier caso, y como hemos podido ver a través de este análisis, todas estas obras de ficción reflejan de un modo u otro, con mayor o menor profundidad, la experiencia de los sinoamericanos, que en muchas ocasiones no es sino un reflejo de las vivencias personales de su autora Celeste Ng, cuyo éxito internacional permite abrir un nuevo horizonte para las letras asiáticas en los Estados Unidos.

Para saber más:

Notas

[1] Little Fires Everywhere (2020) País: Estados Unidos. Dirección: Lynn Shelton. Guion: Liz Tigelaar. Fotografía: Trevor Forrest, Jeffrey Waldron. Reparto: Reese Witherspoon, Kerry Washington, Joshua Jackson, Rosemarie Dewitt, Jordan Elsass, Gavin Lewis, Jaime Ray Newman, Jade Pettyjohn, Anika Noni Rose, Lexi Underwood, Huang Lu, Stevonte Hart, John Pirruccello, Byron Mann, Austin Basis, Derek Brandon, Jonathan Bray, Rachel Eggleston, Micah Nelson, Melanie Nicholls-King, Anahi Bustillos, Maggie Carney, Pedro Correa, Andy Favreau, Erin Flannery, Alexander Michael Helisek, Jim Jepson, John Patrick Jordan, Dylan Kenin, Michael Lanahan, Senta Moses, Rich Morrow, Rob Nagle, Marissa Nans, Mauricio Ovalle, Caitlin Reagan, Marvin Ryan, Oren Skoog, Maverick Thompson, Jessica Tuck, Jesse Williams. Productora: Emitida por Hulu; Hello Sunshine / Simpson Street / ABC Signature Studios.

avatar Laura Martínez (137 Posts)

Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza y Máster de Estudios Avanzados en Historia del Arte de la misma, con especialización en Cine. Actualmente realiza estudios de Doctorado en la Universidad de La Rioja.


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