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This article was written on 24 Jul 2015, and is filled under Cine y TV.

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Cine de verano: Desterrado (Outcast, 2014)

Cartel promocional, que sigue las reglas del ángulo aberrante y letras en rojo (fuente de la imagen: séptimoarte.net).

Cartel promocional, que sigue las reglas del ángulo aberrante y letras en rojo (fuente de la imagen: septimoarte.net).

La época estival es perfecta para sumergirse en filias y fobias cinematográficas y poder ponerse al día con aquellas películas que, sin ser imprescindibles, nos han podido llamar la atención a lo largo del año. Tal es el caso de Desterrado, una cinta protagonizada por Hayden Christensen (Anakin Skywalker en las entregas II y III de Star Wars, éste es su primer papel relevante en años) y Nicolas Cage (protagonista de películas como Leaving Las Vegas, su carrera se encuentra en horas bajas, aunque sigue siendo muy prolífica debido a problemas financieros), que se estrenó en los cines españoles el pasado marzo y ahora se comercializa en DVD y a través de plataformas de visionado directo.

La película comienza con un genérico “Oriente Medio, siglo XII”, donde Christensen y Cage encarnan a dos caballeros cristianos, Jacob y Gallain, sumidos en plena batalla durante las Cruzadas. En este prólogo se plantean las diferentes personalidades de los dos, que los llevarán a seguir caminos separados. Efectivamente, tras una secuencia (la toma del palacio) con un montaje acelerado y plagada de saltos temporales, la acción se traslada al “Lejano Oriente, tres años después”. Allí, en la corte, un monarca enfermo otorga la sucesión a su hijo menor, el príncipe Zhao, cuya protección le encomienda a su hija, la princesa Lian. En ese momento se aproximan a palacio las tropas del hermano mayor, Shing, lo que provoca una precipitada huída de los dos jóvenes, con el sello real que su padre les ha encargado custodiar, ya que es el símbolo que designa a Zhao como legítimo heredero. La intriga queda completa cuando Shing llega ante su padre, y tras una discusión en la que deja claro el papel de Shing como villano, le da muerte e inicia una persecución contra los dos hermanos.

Shing irrumpe en el salón del trono.

Shing irrumpe en el salón del trono.

Por su parte, Zhao y Lian se las han apañado para adquirir una ligera ventaja sobre sus perseguidores, sin embargo, pronto encuentran una serie de obstáculos que les demuestran que es imposible que alcancen por sus propios medios a los generales del ejército, los únicos que pueden protegerles de Shing y sus guardias negros. Afortunadamente, en su camino se cruzan con Jacob, quien en un primer momento se muestra reticente, pero termina acompañando y asumiendo la protección de los hermanos. Durante el camino, se encontrarán con Gallain, que durante el lapso de tiempo acaecido desde el prólogo tuvo tiempo de forjarse una reputación como bandolero feroz y una enemistad con Shing, algo muy oportuno para dejar de lado sus diferencias con Jacob para buscar el bien común. A partir de aquí se desarrolla un tercer acto relativamente predecible, con inconsistencias evidentes y algunos cabos sueltos.

Lian, Zhao y Jacob.

Lian, Zhao y Jacob.

Quien se haya acercado a Desterrado a ciegas, o a través de la cartelería promocional, seguramente haya pensado en ella como una superproducción de segunda fila, creada por la industria hollywoodiense deprisa y corriendo para exprimir la taquilla tirando del nombre de sus protagonistas y caer en el olvido para dar paso al siguiente blockbuster. Algo de ese espíritu hay, como desgranaremos a continuación, sin embargo, se trata de un producto cinematográfico más complejo: una coproducción entre tres países, China, Francia y Canadá, que ha buscado emular la fórmula del blockbuster para hacerse un hueco en el panorama internacional.

Este largometraje estaba llamado a ser, ante todo, una producción épica histórico-fantástica, con la acción como pilar fundamental, aderezada con una historia romántica que atrajera al público femenino y con un mensaje moral leve pero presente, a favor del pacifismo y condenando los horrores de la guerra. En definitiva, estaba concebida para llenar salas de cine y convertirse en un éxito comercial a nivel internacional, aunque a la hora de la verdad pasó sin pena ni gloria por la taquilla de los distintos países en los que fue estrenada, recibiendo numerosas críticas negativas tanto por parte del público como por la prensa especializada.

Este fracaso viene justificado por la baja calidad del conjunto, que si bien posee algunos elementos salvables y evidencia en general una pretensión de conseguir algo mejor, en la práctica constituye una serie de elecciones desafortunadas, unidas a la inexperiencia de la dirección (Nick Powell se ponía por primera vez a dirigir, tras una larga trayectoria como doble de acción, coordinador de dobles y coreógrafo de peleas) y a un guion mediocre. Powell echa mano de recursos, como el plano inclinado, con la intención clara de que contribuyan a crear un ambiente y a transmitir un mensaje en cada ocasión, intentando, sin éxito, que funcionen como una exteriorización de los conflictos internos de los personajes.

Al comienzo de la película, Jacob se prepara para el desenlace de la batalla. El plano, que pretende transmitir la tensión emocional del personaje, crea un efecto fallido y desconcertante.

Al comienzo de la película, Jacob se prepara para el desenlace de la batalla. El plano, que pretende transmitir la tensión emocional del personaje, crea un efecto fallido y desconcertante.

Otro factor determinante dentro de la película son las escenas de batalla. Cabía esperar que, al tratarse de una producción respaldada por China y dirigida por un especialista, las luchas y peleas (especialmente aquellas cuerpo a cuerpo entre los protagonistas) resultasen espectaculares, con unas coreografías acrobáticas y potentes en la línea de los wuxia de éxito internacional. Sin embargo, resultan toscas, previsibles, muy teatreras y poco creíbles (dicho esto no en un sentido realista sino de lenguaje cinematográfico, o de lo que cabe esperar por creíble en una película).

Las escenas de lucha, aunque resultonas, no logran ser convincentes.

Las escenas de lucha, aunque resultonas, no logran ser convincentes.

Del mismo modo, la película está plagada de inexactitudes y errores históricos, que contribuyen a romper la complicidad con el espectador más avezado. Por destacar uno de los anacronismos más evidentes, la constante incidencia en la marginalidad de los consumidores de opio: si bien esta sustancia se conoce y consume desde el siglo IX aproximadamente, durante los primeros siglos fue empleada de manera medicinal, y posteriormente pasó a considerarse un remedio tradicional con propiedades afrodisíacas, pero en el siglo XII todavía no era considerada una droga perniciosa ni sus consumidores unos parias sociales (este fenómeno comenzaría a surgir a partir del siglo XVI, cuando ya existen algunas prohibiciones de opio en China, y especialmente en el siglo XIX, en relación con las Guerras del Opio). Obviamente, ni la película pretende ser histórica ni debe interpretarse como una reproducción de la realidad del momento, sin embargo este tipo de anacronismos resulta chirriante y dificulta que el espectador se sumerja en el universo que la película construye: está demasiado anclado a la realidad histórica como para que se puedan asimilar determinados cambios con facilidad. Aunque se trate de una cinta de aventuras en la que el escenario histórico es solo una excusa, la lógica interna se ve afectada por este tipo de cuestiones.

El uso de la cámara subjetiva con distorsiones pretende crear en el espectador la sensación de sentidos nublados que posee Jacob cuando se entrega al opio, un motivo recurrente a lo largo de la película.

El uso de la cámara subjetiva con distorsiones pretende crear en el espectador la sensación de sentidos nublados que posee Jacob cuando se entrega al opio, un motivo recurrente a lo largo de la película.

La escenografía, aunque tópica (busca, a toda costa, forzar la evocación de “lo chino”, especialmente a través de los paisajes), resulta cuidada, sin excesiva espectacularidad, pero coherente y consistente dentro del film. No ocurre así con las caracterizaciones. Si bien las de  Zhao y Lian entre los personajes principales, del padre de ambos y de algunos secundarios resultan correctas e incluso amagan un interés en dotar al vestuario de espectacularidad y de peso visual en la película (particularmente el impoluto vestido blanco de Lian), la caracterización de los personajes principales deja mucho que desear. Por una parte, en el caso de Hayden Christensen (Jacob), combina una labor de peluquería que parece pretender dar un punto moderno a la película (y que solo logra estropear el resultado) con un vestuario vagamente de época, que podría servir tanto para una aventura oriental como para una en el Medievo europeo o incluso de tintes fantásticos. Por otro lado, el caso de Nicolas Cage (Gallain) pasa a formar parte, en una posición honorífica, de una tradición en internet que atiende a los nefastos peinados que el actor ha ido luciendo a lo largo de su carrera (para muestra un botón). No obstante, en Desterrado, Cage consigue ir un paso más allá: no solo luce un peinado desfavorecedor y poco logrado, sino que logra superarlo tanto con el vestuario como, especialmente, a través de sus facciones. El personaje de Gallain, curtido en mil batallas, está plagado de cicatrices, de las cuales una debía ser, por motivos argumentales, especialmente visible: aquella que le habían producido los guardias negros. De modo que se optó por convertir al personaje en tuerto, con una cicatriz que le deforma la cara, y el ojo derecho cerrado o entrecerrado. Si bien esta decisión, por sí misma, no tiene por qué ser problemática con un buen departamento de maquillaje y una interpretación adecuada, en este caso contribuye enormemente a que Cage roce el ridículo durante buena parte del metraje.

La más que desafortunada caracterización de Nicolas Cage como "el Fantasma Blanco". El por qué lleva sendas serpientes en sus manos constituye un auténtico misterio.

La más que desafortunada caracterización de Nicolas Cage como “el Fantasma Blanco”. El por qué lleva sendas serpientes en sus manos constituye un auténtico misterio.

En definitiva, Desterrado ha sido un fracaso comercial y es una película que adolece de numerosos problemas a todos los niveles, sin embargo, a pesar de estas deficiencias (que se hacen especialmente evidentes dadas las elevadas pretensiones del film), se trata de una película altamente disfrutable si no se la toma demasiado en serio, y tampoco merece la calificación de serie B que algunos le han dado. Resulta especialmente recomendable para los acérrimos fans de la carrera reciente de Nicolas Cage, que encontrarán aquí una verdadera joya.

avatar Carolina Plou Anadón (162 Posts)

Historiadora del Arte, japonóloga, preparando una tesis doctoral sobre fotografía japonesa.


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