Revista Ecos de Asia

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This article was written on 01 Mar 2021, and is filled under Cine y TV.

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“Cop Craft”: policías, hadas y… ¿fanservice?

Cop Craft es una serie de policías e investigación estrenada en 2019 que presenta, de manera inicialmente vistosa e interesante, la coexistencia de dos mundos: el humano y el de las hadas, elfos y otras criaturas fantásticas, con buenos toques de fantasía y un mensaje de trasfondo sobre la tolerancia y no discriminación entre distintas etnias o razas.

La cuestión es que durante los primeros capítulos se resuelve, al menos temporalmente, un pequeño arco, que se supone es el principal arco del anime, pero que rápidamente se queda colgado para dejar paso a capítulos cuyo objetivo parece que no es otro que el de emparejar a los dos protagonistas a la fuerza, donde Tilarna Exedilica lucha continuamente por hacer cosas para que Kei Mutoba la acepte y la quiera, mientras que este se resiste continuamente y juega un papel de figura dominante. Aunque se supone que Tilarna tiene 26 años (18 años en el mundo humano), tiene una apariencia infantil y él, aparentemente al menos, le duplica o triplica la edad. Si bien en España la mayoría de edad se alcanza con 18 años y no habría problema en que ambos protagonistas experimentaran una relación sentimental, el caso es que visualmente Tilarna se presenta como un personaje infantilizado e hipersexualizado, que podría tener, por ejemplo, 12 años, a la par que Kei se presenta como un hombre mayor y con “mucha calle”, de manera que entre ambos se fuerzan situaciones típicas del fanservice que pueden resultar bastante dantescas.

Imagen de los protagonistas: a la izquierda, Tilarna Exedilica, a la derecha, Kei Mutoba.

Otro problema radica en que la personalidad de Tilarna cambia completamente durante los primeros seis capítulos, con respecto a lo que se mostraba en el primero: pasa de ser una chica independiente, sensible pero fuerte, valiente, que lleva su nobleza con orgullo y responsabilidad (representando a su país) a la subordinación total hacia Kei. De esta manera, se fuerza y justifica su cambio de personalidad con un enamoramiento que desplaza la trama principal, especialmente cuando Tilarna se va a vivir a casa de Kei, momento en que su personaje adopta un rol totalmente secundario, dejando a su paso escenas típicas del fanservice y que refuerzan los estereotipos y roles de género, tales como Tilarna fregando los platos y haciendo otras tareas de la casa mientras el hombre no hace nada. En adelante, Tilarna se convierte en un mero objeto o herramienta para hacer avanzar las investigaciones, configurándose como una protagonista con un desarrollo muy superficial.

Imagen del capítulo siete que muestra a Tilarna impasible ante la violencia a la que está siendo sometida, con el hombre encima como depredador.

Una de las mayores escenas de fanservice en la que se produce su cosificación se encuentra al comienzo del capítulo siete. Tilarna es el cebo para la ejecución de una redada policial, en la que se hace pasar por prostituta. En ese momento un “cliente” requiere de sus servicios. Entonces el cliente, con cara de depredador, la lanza violentamente contra la cama, la retiene poniéndose encima y la manosea, mientras ella permanece impasible, como una muñeca inerte, y justo cuando va a empezar a chuparla, aparecen los policías. Después, ella sólo se queja de que ha tenido que aguantar que le tocasen el cabello y toda la escena, en general, se trata con una insensibilidad y frialdad desconcertante, ¿se podía haber abordado el caso de otra manera, sin tener que exponer así la figura de la mujer? Teniendo en cuenta todo lo previamente comentado, la imagen que se transmite es la de una menor sufriendo una agresión sexual.

En definitiva, estos son algunos de los contenidos de discriminación y violencia contra las mujeres que puede transmitir este anime y que lo alejan de ser una serie disfrutable, en lo que al tratamiento del género se refiere; en este sentido, los consumidores que no tienen por qué tener los referentes culturales japoneses presentes, podrían no ser capaces de reconocer e interpretar adecuadamente este tipo de contenidos y, por consiguiente, estar empapándose de una serie de valores en los que se normaliza que las mujeres sean tratadas de esta forma.

avatar Javier Cebrián (3 Posts)

Graduado en Trabajo Social en la Universidad de Zaragoza, con Máster en Salud Pública y actualmente doctorando en el Programa de Sociología de las Políticas Públicas y Sociales en la Universidad de Zaragoza con la tesis “El ámbito cultural del anime en España en el contexto de los consumidores, las políticas culturales y la igualdad de género". Ha trabajado en proyectos sobre violencia de género. Amante del anime y los videojuegos.


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