Revista Ecos de Asia

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This article was written on 06 Nov 2017, and is filled under Cine y TV, Crítica.

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Crítica: “Después de la tormenta”

En la cocina, una mujer joven y su madre escriben cartas a sus conocidos para anunciar la muerte de su padre y comentan el divorcio de Ryota, su hermano, al que la vida no está tratando demasiado bien. A pesar de haber tenido un éxito considerable como novelista, ahora trabaja como detective privado en una agencia de poca monta que se dedica a espiar y a descubrir las aventuras entre amantes. El poco dinero que gana, lo gasta en apuestas, tal y como hacía su difunto padre, a pesar de que debería pagarle a su ex mujer la manutención de su hijo Shingo, de 11 años.

Cartel de Después de la tormenta

La historia se centra en Ryota, el padre de Shingo y en su relación padre-hijo, pero la película va más allá y deja que el espectador eche un vistazo a la vida del resto de los personajes. La ex-mujer de este, Kyoko a la que espía, parece estar recuperándose bien de la ruptura, pero no perdona que Ryota se gaste el dinero de Shingo en apuestas. Y la abuela, que ha perdido a su marido, intenta hacer que su desastre de hijo recupere la vida que tenía de casado y favorece una reunión familiar durante un tifón. El tifón en sí, es real, ya que obliga a la familia a resguardarse en casa de la abuela y permite así una interacción entre los dos miembros de la ex-pareja y también del padre y de su hijo,  que de otra forma no hubiera sido posible. Sin embargo la tormenta representa esa etapa de la vida de Ryota que no está yendo como él había planeado, los momentos de incertidumbre y, probablemente, de tristeza e infelicidad se suceden sin dejarle avanzar hacia el futuro. Él presencia día a día su propia tormenta, que le impide olvidar a su ex-mujer y cuidar apropiadamente de su hijo, además de mantenerle estancado en un trabajo que no disfruta e irremediablemente adicto a las apuestas.

La familia protagonista

Sin embargo, en esa tormenta interior y personal del protagonista, vemos pequeños momentos en los que el personaje muestra su lucha interna y su intención de avanzar y mejorar. Apunta frases que le gustan para su siguiente novela, que aún no se atreve a escribir, e intenta hacer feliz a su hijo, haciéndole regalos que no puede permitirse. También le vemos tratando de no preocupar a su madre, aunque sin mucho éxito.

El ritmo pausado de este filme le da un aspecto muy natural, dejando que los personajes interactúen entre ellos como si estuvieran en la vida real. Éste rasgo característico del director, Hirokazu Koreeda se deja ver en otros de sus trabajos y es también bastante común en el cine dramático japonés, donde asistimos a la vida diaria de un grupo de personajes que nos cuentan sus historias a través de la interacción cotidiana. La música apenas se percibe en escena y son los diálogos los que llenan de sonido la historia.

La actuación de Hiroshi Abe (Ryota) es excelente, al igual que la de Kirin Kiki que interpreta su papel de “abuelita” formidablemente,  como ya hizo en el rol de Tokue en la película Una pastelería de Tokio de la directora Naomi Kawase, de la que ya nos ocupamos anteriormente en Ecos de Asia.

La ambientación va acorde con la historia, escenarios cotidianos y, algunos, no demasiado alegres, como la agencia de detectives, decadente hasta el extremo, o el salón de pachinko en el que las únicas luces que brillan son las de las máquinas de juego. Los paralelismos de la vida de Ryota con la vida de su padre ausente son puntualizados por el resto de personajes y este paralelismo, se repite cuando vemos a Shingo hacer también cosas que su padre le cuenta que hizo de niño.

En definitiva, una película tranquila y sosegada, donde asistimos a un trozo de vida, sin apenas percibir el guion como tal y con una moraleja vital que, a pesar de ser obvia, el director pretende que jamás olvidemos.

avatar Elsa Ariño (3 Posts)

Casi graduada en Lenguas Modernas por la Universidad de Zaragoza e interesada en la cultura japonesa. Actualmente estudiando cuarto curso de japonés en el CULM.


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