Revista Ecos de Asia

Del protectorado Japonés al Porfiriato. La migración coreana a México en 1905. Parte II

En un artículo pasado nos adentramos en el contexto histórico en el que se desenvuelve la migración coreana a México en 1905 (del Protectorado Japonés al Porfiriato). Para darle continuidad, en este artículo abordamos la importancia de las haciendas henequeneras. El estudio de los símbolos, como los procesos de adopción de costumbres y el aculturamiento de los extranjeros que llegaron a México en 1905, además de los contrastes entre valores y prejuicios como el racismo y el idioma, permite penetrar en aspectos difícilmente accesibles por otras fuentes como los documentos oficiales para el estudio de la migración coreana a México.  Sin embargo, una de las cuestiones que se plantea el historiador es lo difícil que es encontrar las fuentes para el estudio de la historia de vida de los coreanos migrantes, aunque también en los documentos oficiales podemos encontrar la historia de vida cotidiana.

Los restos materiales no revelan por sí mismos más que simples curiosidades aisladas, el historiador es el encargado de darle forma y revelar el pasado de esos para darles un lugar en la historia. En este sentido, las pequeñas unidades que forman lo cotidiano contienen un mensaje implícito que informa del nivel de vida de los conflictos sociales y de la mentalidad de los individuos que fueron protagonistas de su historia. Los primeros emigrantes coreanos  que llegaron a México compartían, entre otros aspectos:

La misma edad, motivaciones, ascenso social y búsqueda de mejores condiciones de vida. La mayoría de estos grupos estuvieron conformados por jóvenes y en menor porcentaje mujeres y niños; en alguna medida estos factores favorecieron la integración temprana, de forma que su incorporación no estuvo ligada únicamente a las actividades económicas sino a la vida familiar.[1] 

La preferencia hacia lo europeo y de manera particular hacia lo francés, fue algo característico del periodo del Porfiriato puesto que “…todo lo que no sea Europa no es más que plaga en materia de inmigración”.[2] Esa preferencia se basó en tres razones principales: la fácil asimilación, eficaz contrapeso al influjo estadounidense y  belleza física.”[3] De la misma manera, Díaz favoreció una política colonizadora y promulgó la Ley de Extranjería y Naturalización en 1886 que entre otros aspectos establecía que:

Los colonos que vengan al país en virtud de los contratos celebrados por el gobierno y cuyos gastos de viaje e instalación sean costeados por éste, se considerarán como mexicanos… así como los emigrantes de toda clase, puedan naturalizarse.[4]

Jornaleros coreanos de las haciendas henequeneras.

La palabra hacienda procede del latín facienda que significa: “cosas por hacer” y es una finca agrícola, de gran tamaño, de carácter latifundista las heredades del campo y tierras de labor que se trabajan para que fructifiquen.

A mediados del siglo XIX, la industria henequenera fue de gran importancia en el mercado nacional e, incluso, para el extranjero. A partir de entonces, se cultivaron en las haciendas yucatecas el henequén, también conocido como “oro verde”. Se destinaron para su cultivo grandes extensiones de tierra y para su recolección y elaboración de los productos derivados de dicha fibra y se valieron de la mano de obra indígena maya[5] quienes padecieron torturas a manos de los capataces y los hacendados, lo que desencadenó la llamada guerra de castas.[6]

A diferencia de los indígenas, quienes se habían convertido en verdaderos esclavos del henequén, los migrantes asiáticos se encontraron con barreras como el clima, la alimentación y el más importante: el idioma. La cotidianeidad de los coreanos en las haciendas  transcurrió en un estado de constante discriminación y enriquecimiento de los grandes hacendados.

Agave de henequén.

Las ganancias que estos obtenían por el comercio del henequén poco a poco fueron opacando a las demás industrias paralizando casi por completo, en Yucatán, otras actividades tan importantes como la ganadería, que derivaron en la aparición de signos de prosperidad y que contribuyeron a la creación de líneas férreas.

En estas condiciones, los coreanos consiguieron organizar sus vidas. Su día laboral era de doce horas y su paga era con monedas que solo eran válidas en las haciendas, aunque para 1915, con la llegada de Salvador Alvarado a la gubernatura de Yucatán, se les permitió a todos los jornaleros el pago con moneda fraccionaria. Un aspecto que cabe rescatar acerca del trabajo de los coreanos y su aporte en la economía hacendaria fue que crearon un guante para poder agarrar la penca del henequén sin lastimarse; de esa manera maniobraban mejor e, incluso, aceleraban la producción del henequén.

Hacia el año de 1909 habría concluido ya el contrato con los hacendados, sin embargo, los coreanos se vieron imposibilitados para regresar a su país debido a que se encontraban en pleno protectorado japonés (1905-1910) y a un año de la colonización de ese imperio hacia la península (1910-1945) y tampoco volvieron a ver a sus familias: “No sintieron tanto los bienes o las cosas que dejaron, sino sus seres queridos que jamás volvieron a ver.”[7]

Primera escuela de la comunidad coreana en Mérida, Yucatán.

Pese a que la costumbre en Corea era (y en la mayor parte de los casos sigue siendo) la de no casarse con extranjeros, los coreanos crearon lazos de familia y  amistad con los mexicanos, particularmente los mayas, aprendiendo, incluso, esa  lengua[8]. Los emigrantes crearon asociaciones de coreanos y posteriormente asociaciones de descendientes coreanos, lo mismo que escuelas para su propia comunidad.

Para la década de los treinta varios emigrantes decidieron desplazarse a la ciudad de México y otras zonas, y poco a poco se fueron introduciendo en  la vida cotidiana de ese país. Hacia la primera mitad de la década el gobierno mexicano decidió organizar todas sus instancias gubernamentales y le dio especial atención al Registro Nacional de Extranjeros (RNE), organismo encargado de regular la estancia, las entradas y las salidas de los extranjeros en esa nación.

Caja que resguarda los documentos migratorios de los coreanos que llegaron a México en 1905. AGN, México, Registro Nacional de Extranjeros, varias nacionalidades, Corea, caja 1.

Fue así como los coreanos tuvieron que solicitar su inscripción al RNE obteniendo fichas personales y libretas de inscripción que les sirvieron como identificación para comprobar su estancia legal en ese país, documentación que en la actualidad se conserva en el Archivo General de la Nación (AGN) de México y que ha sido ampliamente estudiada por varios investigadores mexicanos y extranjeros.

En el siguiente artículo hablaremos acerca de la vida cotidiana de los coreanos (sus lugares de residencia, familias, costumbres y oficios) utilizando como fuente los documentos migratorios que resguarda el AGN, y que son de gran ayuda para conocer la cotidianeidad de los extranjeros que llegaron a México provenientes del este asiático.

Para saber más:

  • Muñoz, Alberto, et.al., Las migraciones internas en América Latina. Consideraciones teóricas, Buenos Aires, Argentina, Ediciones Nueva Visión, 1974.
  •  Romero, Alfredo. “Los coreanos en México”, Revista Semestral de Estudios Regionales, nº 9, junio de 1995.
  • Los que llegaron. Coreanos. México, 23 de febrero del 2012. Disponible aquí.

Notas:

[1] Romero Castilla, Alfredo, “Los coreanos en México”, Eslabones, revista semestral de estudios regionales, nº 9, 1995, pp. 138-139.

[2] Cardiel Martín, Rosario, “La migración china en el norte de Baja California. 1877-1949”, Destino México. Un estudio de las migraciones asiáticas a México Siglos XIX y XX, México, El Colegio de México, 1997, pág. 234.

[3] Ota Mishima, María Elena (coord.), Destino México. Un estudio de las migraciones asiáticas a México siglos XIX y XX, México, El Colegio de México, 1997.

[4] González Navarro, Moisés, “Introducción”, Destino México. Un estudio de las migraciones asiáticas a México. Siglos XIX y XX, México, El Colegio de México, 1997, pág.14.

[5] Los mayas son una de las culturas indígenas más representativas de América (México, Guatemala, Honduras, El Salvador y Belice). Algunos de los sitios arqueológicos mayas más representativos son Chichén Itzá, Uxmal, Edzná, Becán, Izapa, Palenque, Chacchobén, San Miguelito, Comalcalco y Tortuguero en México, así como Tikal, en Guatemala y Copán en Honduras.

[6] La guerra de castas se llevó a cabo entre 1857 a 1901 y fue un levantamiento indígena maya en contra de los grandes hacendados puesto que eran humillados, torturados y sobre explotados.

[7] Entrevista a Irma Song para “Los que llegaron. Coreanos” Canal Once , México,  23 de febrero del 2012.

[8] La lengua “maya” corresponde a un idioma hablado en diversos puntos del sureste mexicano. Es más preciso referirse a aquella como “maya yucateco”, ya que pertenece a una familia de lenguas denominadas mayenses.

avatar Andrea Elena Ríos (12 Posts)

Licenciada en historia por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha escrito varios artículos para la revista Debates por la Historia de la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH), México y la publicación de su tesis por el Centro de Documentacion de los Movimientos Armados (CeDeMa) en Valencia, España. Forma parte del seminario de Historia de Corea en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Su línea de investigación gira en torno a los movimientos sociales en Corea durante la ocupación japonesa (1910-1945).


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