Revista Ecos de Asia

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This article was written on 18 Abr 2017, and is filled under Arte.

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El Japonismo de la familia Masriera I

Como bien sabemos, en el siglo XIX tiene lugar el fenómeno del Japonismo, o lo que es lo mismo, la presencia del arte y cultura nipona en Occidente. En nuestro país tuvo una singular presencia en Cataluña, siendo la región más cosmopolita y abierta de España. Una de las familias de artistas que se vio imbuida en esta tendencia es la de los Masriera.

¿Pero, quiénes eran los Masriera? Hablamos de una saga de artistas: orfebres, diseñadores de joyas, pintores, críticos de arte, ensayistas, literatos, coleccionistas, etc., que quedaron fascinados por el arte de Asia Oriental como veremos a continuación.

Los orígenes debemos situarlos en la figura de Josep Masriera i Vidal, nacido en el año 1810 en Sant Andreu de Llavaneres, un pequeño municipio en las proximidades de Barcelona. Un maestro joyero que en el año 1838 fundó una casa con su nombre en la calle Vigatans, de Barcelona, en la que trabajaba por encargo y que posteriormente abrió un taller. Tuvo cinco hijos de los cuales tres se interesaron por el mundo del arte: Frederic, Francesc y Josep, quien tuvo un hijo, llamado Lluís Masriera i Róses, que se convirtió en un artista muy relevante como veremos en próximos artículos.

En cuanto a Frederic, nacido en Barcelona en el año 1846 y fallecido en el año 1932, fue fundidor, orfebre y escultor, abrió un taller de decoración y ebanistería. Francesc, nacido en la misma ciudad en el año 1842 y fallecido en 1902, fue orfebre y pintor, destacado principalmente por sus maravillosos retratos y su inspiración en las artes fuera de Europa, por lo que es un referente en el ámbito del Orientalismo y del Japonismo. Josep, nacido el año 1841, por lo tanto, el mayor de los tres hermanos, y fallecido el año 1912, fue un pintor adscrito al movimiento impresionismo y romanticismo, constante y perfeccionista, destacado especialmente por realizar obras pictóricas cuya temática principal es el paisaje. Además, junto a Francesc inició una vasta y exquisita colección de arte nipón que amplió su hijo.

Debemos hacer especial hincapié en la figura de Josep y Francesc Masriera i Manovens, que mantuvieron un estrecho y especial vínculo con el arte japonés.

Respecto a Francesc Masriera i Manovens, epígono de Mariano Fortuny, fue un retratista de la burguesía catalana, especialmente de mujeres, por lo que se le relaciona en multitud de ocasiones con Federico Madrazo. Su vinculación con el Arte Extremo Oriental se manifiesta en sus obras pictóricas en las que introduce objetos japoneses como sombrillas, abanicos, biombos, divanes, elementos naturales y especialmente quimonos. Algunas de ellas son: Antes del baile de 1886, Después del baile de 1886, Alegoría de l’estiu de 1888, y Fatigada de 1894, donde las protagonistas son bellas mujeres de la burguesía ataviadas con ricos quimonos, que portan abanicos orientales y están dispuestas en divanes. Fue enviado a Ginebra por su padre para que estudiase la técnica del esmalte, la cual ejerció con destreza. En 1865, se trasladó a París para ampliar su formación en el taller del pintor Alexandre Cabanel y copiando a los maestros en el Louvre. En 1867 visitó la Exposición Universal en la que pudo contemplar un pabellón procedente del País del Sol Naciente.

Francesc Masriera, 1902, imagen extraída de Catalunya Artística, nº 18, 1 de mayo de 1902, p. 2.

Francesc Masriera, 1902, imagen extraída de Catalunya Artística, nº 18, 1 de mayo de 1902, p. 2.

En el año 1888 recordemos que tiene lugar la Exposición Universal de Barcelona, muestra considerada un hito en el establecimiento de las relaciones entre Oriente y Occidente. Los Masriera asistieron a la exhibición, y Francesc, junto a su hermano Josep, fue reconocido a nivel nacional, pues recibieron la Medalla de primera clase por los objetos de expuestos en la Sección de Arte industrial, joyería y bisutería, cerámica, cristalería y vidriera. Además, visitaron el pabellón japonés por el que tan fascinados se sintieron y en el que pudieron hacerse con algunas de las piezas que conformarían su colección. Asimismo, participaron en las sucesivas exposiciones, en la de Bellas Artes de 1891 y de 1895 y en la Exposición Universal de 1900 de París con un stand propio, en las que Japón también contó con representación, por lo que el arte y la cultura nipona siempre van a ir ligados a esta familia.

Antes del baile (1886) y Después del baile (1886), Francesc Masriera, Museo Nacional de Arte de Cataluña

Antes del baile (1886) y Después del baile (1886), Francesc Masriera, Museo Nacional de Arte de Cataluña

En cuanto a Josep, fue pintor, joyero, escritor y un tenaz impulsor y difusor de la cultura, aunque es reconocido especialmente por su labor como crítico de arte y paisajista. Asimismo, fue presidente de la Academia de Ciencias de Barcelona y presidente del Círculo Artístico de la misma ciudad, por lo que se convirtió en una personalidad de gran envergadura y relevancia en el plano artístico. Mantuvo una relación muy estrecha con Apel·les Mestres y Alexandre de Riquer, artistas japonistas con los que trabajó en el taller familiar y con los que compartió su afición coleccionista de arte nipón.

Retrato de Josep Masriera, Ramón Casas, 1909, Museo Nacional de Arte de Cataluña

Retrato de Josep Masriera, Ramón Casas, 1909, Museo Nacional de Arte de Cataluña

En su periodo de formación, junto a su hermano Francesc viajó por Europa, recorriendo los principales focos artísticos y participando en múltiples muestras expositivas: Bruselas, París, Viena, Londres o Ginebra fueron algunos de sus destinos, en los que, además, pudieron observar de primera mano objetos japoneses, haciéndose con alguno de ellos, dando lugar al inicio de su colección particular.

Los primeros contactos de Josep con el arte japonés debieron de producirse en la década de los 60 del siglo XIX, cuando en 1867 realizó el obligatorio viaje a París, que era una constante invariable en todos estos artistas de la época como parte de su aprendizaje. Aquí se relacionó con Mariano Fortuny y el marchante francés Adolphe Goupil (1839-1883), comerciante de objetos orientales (en especial japoneses). Es en París donde recoge la afición por el arte japonés que traslada a su familia y allegados.

Su conocimiento del arte nipón se fue incrementando con el tiempo y prueba de ello es su discurso leído en la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona en el año 1885 denominado Influencia del estilo japonés en las artes europeas.[1] En él expone unas ideas sobre el Arte Extremo Oriental: el concepto y la importancia de la naturaleza en esta cultura, la brillantez y suavidad de los colores, el delicado tratamiento de la línea y las sencillas composiciones. Asimismo, advierte la existencia de dos vertientes de la impronta del arte japonés: la primera de ellas hace referencia a aquellos artistas que se sintieron atraídos por la estética e iconografías orientales pero se limitaron a copiarlas; la segunda de ellas alude a aquellos artistas que penetraron en el mundo nipón y se inspiraron en la esencia de la cultura japonesa, así como las técnicas artísticas para otorgar a la naturaleza nuevas formas y dimensiones. Este discurso no es fruto de la simple admiración por lo exótico, sino el estudio de un erudito del arte de nipón que, admitiendo que el arte occidental está en crisis, señala:

Las excelencias de inspirado naturalismo, reducido a la simple expresión, son, pues, el particular distintivo de las artes japonesas, que pasando a través de los años sin llamar la atención, tenían señalado el momento oportuno en que los hombres inspirados y a la vez pensadores, protestando contra el dominio del amaneramiento, las utilizarían en su ayuda y en su noble provecho. Ello se realizó rápidamente, concediendo a tal influencia elevadísimos destinos […][2]

Además, es en estos momentos cuando Apel·les Mestres, íntimo de Josep, está realizando poemas e ilustraciones de estética japonesa como L’anima enamorada (1884) en la que se pueden apreciar las características e ideas enumeradas por Josep en su disertación. Particularidades que también reflejaría Alexandre de Riquer en sus obras, como Composiciones con motivos vegetales japonizantes (1887) o Crisantemos (1899).

L'anima enamorada (1884), Apel·les Mestres y Crisantemos (1889), Alexandre de Riquer

L’anima enamorada (1884), Apel·les Mestres y Crisantemos (1889), Alexandre de Riquer

Con este discurso Josep Masriera se convirtió en uno de los precursores del conocimiento del Arte Extremo Oriental en Europa, ya que fue un año más tarde, en 1885 cuando Whistler, uno de los primeros artistas influenciados por el arte japonés, dictó en sus conferencias Ten o clock in the evening, sus ideas sobre el arte nipón y su impacto en Occidente. También debemos recordar que fue posterior a la lectura del discurso de Josep cuando se inició a publicar Le Japan Artistique, una revista dedicada a la difusión del arte nipón, divulgada por Samuel Bing a partir de 1888.

Por último, debemos señalar que en los años 1901 y 1903 pronunció los discursos Arte moderno[3] y El arte plástico y gráfico[4] respectivamente. En el primero de ellos afirmaba que el arte japonés había supuesto una renovación estética en las artes europeas. El segundo discurso versó sobre las artes gráficas y la importancia de la delicadeza de los dibujos haciendo claras referencias a la destreza y los métodos artísticos japoneses.

Nos fijamos en el arte japonés viendo en él el principio estético de la naturaleza llevado especialmente con simplicidad armónica a la decoración. El arte japonés nos ha conducido de nuevo al estudio de formas y color naturales en su acepción más rudimentaria, dejando sentir su poderosa influencia en nuestras artes.[5]

Vemos como los hermanos Masriera se convirtieron en difusores del arte nipón en nuestro país gracias a sus manifestaciones artísticas en las que queda latente la impronta japonesa, influencia que heredó Lluís Masriera i Róses y que veremos en nuestro próximo artículo.

Para saber más:

  • V.V. A.A., Els Masriera: Francesc Masriera, 1842-1902, Josep Masriera, 1841-1912, Lluís Masriera, 1872-1958. Barcelona, Generalitat de Catalunya, Departament de Cultura, Museo Nacional d’Art de Catalunya, Proa, 1996.
  • Arias, E., “La familia Masriera y el Japonismo español”, Estudios de arte español y latinoamericanos, nº7, 2006, pp. 5-10.
  • Vélez, P., Els Masriera: un segle de joieria i orfebreria. Girona, Fundació Caixa, 2004.

 

Notas:

[1]Masriera, Josep.“Influencia del estilo japonés en las artes europeas”, Memòries de la Reial Acadèmia de Ciènces i Arts de Barcelona, 2a ép., n.º 34, vol. II, 1885, pp. 97-104.

[2]Masriera, Josep. “Influencia del estilo japonés…”, op. cit., p. 100.

[3] Masriera, Josep. “Arte moderno”, Memòries de la Reial Acadèmia de Ciènces i Arts de Barcelona, 3a ép., n.º. 7, vol. IV, 1902.

[4] Masriera, Josep.“El arte plástico y gráfico”, Memòries de la Reial Acadèmia de Ciènces i Arts de Barcelona, 3a ép., n.º 38, vol. IV, 1904.

[5]Masriera, Josep.“Arte moderno”, op.cit., p. 43

avatar Elena Pilar de Frutos (9 Posts)

Graduada en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza y Máster en Estudios Avanzados de Historia del Arte por la misma universidad. Actualmente realizando la Tesis Doctoral sobre el impacto del arte y la cultura japonesa en España, especialmente en la producción artística de una familia catalana de finales del siglo XIX y principios del siglo XX.


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