Revista Ecos de Asia

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This article was written on 15 Ene 2016, and is filled under Cine y TV.

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El Mundo de Kanako (2014) Tetsuya Nakashima nos adentra en el monstruo

Si hay un adjetivo que califique mejor que ningún otro la filmografía nipona de mitad del siglo pasado y principios de éste, usaríamos sin dudar el de extremo. El cambio de tercio de los clásicos Ozu o Kurosawa se produce conjunto a los turbulentos años 60, con la llegada de la nueva ola,[1] y alcanza su máximo apogeo tras los años 90, influenciado por el manga, los videojuegos y el suspense norteamericano, con los inefables Takashi Miike y Takeshi Kitano, que llevan la cinematografía nipona a cuotas de exageración y lirismo que no se habían visto antes en ningún lugar. Uno de los alumnos aventajados de esta tradición (posiblemente el mejor junto con Sion Sino) es sin duda Tetsuya Nakashima. Polifacético, capaz de fantasías infantiles como Paco and the Magical World  (2008) o turbiedades del tamaño de Confessions (2010), con la que muchos le conocimos hace unos años, su última obra, El mundo de Kanako, recoge toda esta tradición (el cine yakuza de los 70, el gore, la caricaturización y la mezcla de lo absurdo, lo crudo y lo humorístico) y le añade unas pizcas de melodrama y suspense para parir una obra incómoda y descarnada.

Cartel del filme, con las referencias a otras obras de Nakashima y los galardones obtenidos en festivales como el de Sitges en 2014.

Cartel del filme, con las referencias a otras obras de Nakashima y los galardones obtenidos en festivales como el de Sitges en 2014.

Siendo comparada por muchos, tanto en lo temático como en lo formal, con los thrillers coreanos de la pasada década, especialmente Oldboy (2003), El mundo de Kanako trata una historia de desapariciones y embrollos policiales en la que la adrenalina fluye constante y sólo los estómagos fuertes sobreviven. Sin ir más lejos, dado el éxito de taquilla en su país de origen, el propio Nakashima se disculpó asumiendo que la película era “ciertamente grotesca”, pero que, al fin y al cabo, así es la visión que él tiene de la sociedad japonesa en general y de su juventud en particular.

Basada en una novela de Akio Fukachami, la obra nos transporta desde el minuto uno a una realidad donde nada es lo que imaginamos y nunca acabamos de descubrir la verdad detrás de las apariencias, ni siquiera una vez transcurridas las más de dos horas de agotador y atropellado metraje, donde la mayoría de planos no se sostienen en pantalla por más de 5 segundos. El filme comienza con una cita de Jean Cocteau que ya nos adelanta lo que veremos a continuación: “una época solo será confusa para un alma que ya está confusa”. Y confusos nos encontraremos nosotros al contemplar un sangriento laberinto donde, a cada paso que damos, nos sumergimos más y más en un mundo de crueldad, indiferencia y manipulación donde nadie, ni jóvenes ni adultos, ni policías ni mafiosos, ni hombres ni mujeres, absolutamente nadie, se salva de herir y ser herido.

Protagonizado por un actor de la talla de Kôji Yakuso (galardonado en Sitges por esta actuación) en el papel de un policía alcohólico y con problemas mentales que busca a su hija desaparecida, la historia nos llevará sin piedad alguna por los entresijos de una familia desestructurada, un cuerpo de policía mentiroso y un instituto, cuanto menos, problemático, descubriendo poco a poco un entramado donde el abuso de poder, con la violación como máximo símbolo, es la única ley que impera.

Con un estilo que entremezcla la lisergia musical y visual, con aportaciones del increíble grupo Trippple Nippple  o animaciones cortesía de Studio 4ºC [2]  con la sobriedad del noir setentero (imagen granulada, infinidad de salpicaduras de sangre, títulos de crédito…) y una narración deslavazada que rompe el tiempo y el punto de vista, el objetivo es reforzar la temática del filme, que pasa por ser la idea de que existen mundos ocultos y explicaciones imposibles para acciones brutales y violentas, mundos donde no existe la responsabilidad ni la moral y donde la corrupción y la coacción son lo único capaz de despertar emociones. No por nada, las dos primeras frases que escuchamos en el filme son “te quiero” y “te mataré”, sentimientos extremos que se muestran complementarios en el filme y cuyos enunciantes no descubriremos hasta bien avanzado el metraje.

La enigmática y despiadada Kanako, cuya presencia empapa toda la narración como un fantasma.

La enigmática y despiadada Kanako, cuya presencia empapa toda la narración como un fantasma.

La búsqueda de Kanako, protagonista presente en todo el filme que, sin embargo, nunca llega a aparecer durante la acción presente y jamás descubriremos si está viva o muerta, y el vía crucis al que son sometidas todas las personas que alrededor de ella pivotan, se compara constantemente con el libro de Alicia en el País de las Maravillas , metafóricamente,  como descenso a lo desconocido -y en este caso con desagradables sorpresas-  y trazando a la vez paralelismos nada gratuitos con la temática de la obra (ya que, no olvidemos, se dice que el autor Lewis Carrol sufrió abusos sexuales, y la pederastia fue una constante polémica presente en su vida). Las drogas (recreativas y médicas) la ambigüedad moral o los aspectos ocultos de la realidad, son otros temas que enlazan con este clásico de la literatura. La dicotomía falsedad-realidad se exacerba al ambientar parte de la narración durante la Navidad, reforzando la idea de que la falsedad y la imagen ocultan una verdad dolorosa y cruel, contraponiendo ternura y dulzura en apariencia para ocultar el verdadero rostro corrupto que aguarda al protagonista una vez inicie su búsqueda. La comparación con Oldboy en este sentido no es nada gratuita, ya que el personaje principal no es sino un “monstruo” que acentúa su monstruosidad a medida que se sumerge en un mundo que no entiende y en el que ni siquiera comprende su propio propósito hasta que ya es demasiado tarde. Las últimas escenas, sobre la nieve, a modo de conclusión desesperada, refuerzan la comparación con la obra maestra de Park Chan Wok.

No es, por tanto, una obra de fácil visionado, tanto por lo formal como por lo temático, pero se trata sin duda de un paso adelante en la carrera de un cineasta como Nakashima, que aún tiene mucho que ofrecer y que no parece vaya a amedrentarse a la hora de seguir presentándonos historias en el límite.

Nakashima no se corta a la hora de incluír escenas de violencia lírica, caricaturesca e incluso casi gore.

Nakashima no se corta a la hora de incluír escenas de violencia lírica, caricaturesca e incluso casi gore.

Notas:

[1] El el movimiento cinematográfico conocido como la Nueva Ola acontece en diversos países al unísono, siendo el más célebre, sin duda, Francia, con Jean-Luc Godard a la cabeza. En Japón, la ruptura de formalismos técnicos y la exploración de temas polémicos como el sexo, la violencia o la política, estará marcado por Seijun Suzuki, Yasuzo Masamura o Kinji Fukusaku, cuya influencia rastrearemos no sólo en su propio país, sino que será capital para entender a otros cineastas posmodernos como Tarantino.

[2] Conocidos por su estilo visual tan característico y tendente a lo experimental, Studio 4ºC saltó a la fama por encargarse de Animatrix, los episodios animados que expandían el universo de los hermanos Wachowski. En los últimos años, han parido obras de arte como TekkonKinkret o MindGame. Son, posiblemente junto a Madhouse, el estudio más atrevido y valiente, en cuanto a anime se refiere en la actualidad.

avatar Hector Tome Mosquera (15 Posts)

Se licenció en Historia por la Universidad de Santiago de Compostela, afincado ahora en Barcelona, donde colabora con diversos proyectos literarios, periodísticos y políticos.


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