Revista Ecos de Asia

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This article was written on 04 May 2015, and is filled under Cultura Visual.

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En busca de otro Irán: “Así calló Zaratustra” (2013), de Nicolas Wild

Portada de la edición en español.

Portada de la edición en español.

Bajo el rimbombante y soberbio título de Así calló Zaratustra aparecía en 2013, en una cuidada edición traducida por Dibbuks, un extraño ejemplar de novela gráfica francesa, que mediante una poco habitual pero práctica mezcla de humor, novela negra y guía didáctica introducía al lector en el universo del zoroastrismo y su situación actual en Irán. Su autor, Nicolas Wild, ha vivido varios años en Afganistán, experiencia de la cual resultaron sus exitosos primeros pasos en el mundo de la historieta gráfica (Kabul Disco I y Kabul Disco II),[1] y gracias a obras como éstas –atrevidas pero maduras– se ha convertido de una de las mayores promesas de la gráfica francófona.

Viñeta que muestra la ruta que el grupo recorrerá en Irán.

Viñeta que muestra la ruta que el grupo recorrerá en Irán.

Así calló Zaratustra constituye el relato -ficticio, pero con una importante parte de verdad- del viaje vacacional del autor y un nuevo grupo de amigos a Irán, realizado en los comienzos del primer mandato de Ahmadineyad. En su descanso laboral y geográfico de sus aventuras medio-orientales, Wild encontrará en París un nuevo Afganistán, creado por los numerosos inmigrantes ilegales de la región que llegan a la capital francesa en busca de asilo político y/o sustento económico. Será en este ambiente en el que conozca a Sophia, una atractiva y enigmática joven que resultará ser la hija de una de más importantes figuras del zoroastrismo iraní, Cyrus Yazdani –personaje ficticio pero inspirado en hechos reales–, asesinado en extrañas circunstancias en Ginebra.[2]

Conoceremos la vida y obra de Cyrus Yazdani -además de la de Zoroastro-, de la mano de su familia y amigos.

Conoceremos la vida y obra de Cyrus Yazdani -además de la de Zoroastro-, de la mano de su familia y amigos.

A través del juicio, en el que se ponen sobre la mesa algunos de los aspectos que rodearon la vida de Cyrus, Wild se valdrá de los tres preceptos principales del zoroastrismo (buenos pensamientos, buenas palabras y buenas acciones, que sirven en cierto modo como leitmotiv argumentales) para dividir formalmente un volumen en el que reduce la carga satírica y burlona de Kabul Disco para dar paso a un tono crítico que por velado y elegante podría pasar incluso desapercibido. Refinando asimismo su trazo y estilo narrativo con respecto a su obra interior, Wild se sirve de su propia inmersión en el zoroastrismo –como posiblemente suceda a muchos de los lectores, al principio de la novela el autor desconoce todo sobre esta religión– para narrar al lector algunos elementos sobre una de las religiones más antiguas del planeta.

El elegante faravahar, símbolo zoroástrico, aparece de manera repetida en la novela.

El elegante faravahar, símbolo zoroástrico, aparece de manera repetida en la novela.

Con más dos millones y medio de fieles distribuidos entre la India, donde son conocidos como parsis e iranis,[3] Irán y las comunidades en la diáspora, el zoroastrismo fue la religión oficial de Persia hasta la caída del Imperio Sasánida, en cuyos territorios pervivió a pesar de la adopción oficial del Islam, y de las muchas vejaciones y persecuciones que sus fieles han ido sufriendo a lo largo de los siglos.[4] Aunque muchas de sus prácticas han sido prohibidas, tal y como se nos recuerda en la novela, muchos otros de sus rituales, como el Año Nuevo o Nouruz, permanecen fielmente implantados en una de las sociedades islámicas más conservadoras del mundo, tal como es la República Islámica de Irán.

El pintoresco grupo protagonista.

El pintoresco grupo protagonista.

Deseando seducir a la bella Sophia Yazdani, pero también falto de adrenalina en la calmada Europa, Wild se embarca junto a un grupo de casi completos desconocidos en un viaje por Irán, que tendrá como propósito celebrar el cumpleaños póstumo del contestatario y burlón Cyrus, así como a la inauguración del Centro Cultural Zoroástrico de Yazd –ciudad principal de esta religión en el país–, una gran obra social que este dejó inconclusa tras su repentino asesinato. Mientras que Wild, Sophia y su grupo se adentran en el país, irán conociendo las costumbres de la comunidad zoroástrica, así como la ajetreada vida del difunto profesor Yazdani: estudiante del MIT, manifestante perseguido y conferenciante estrella en Occidente, habría sido uno de los representantes clave del zoroastrismo, tanto dentro como fuera de Irán. Amante de las artes y filántropo por naturaleza, fundó en Ginebra una residencia de artistas, en la que una muerte violenta le sobrevendría un año antes de los hechos que se narran en el libro.

Viñetas de la novela

Viñetas de la novela

A pesar de lo aparentemente polémico y reivindicativo del tema elegido -no podemos dejar de apreciar una aparente simpatía por el zoroastrismo dentro de la disidencia iraní al régimen oficial, tal como se explica en la novela o como se percibe en obras tan populares como Persépolis[5]-, Wild optar por huir, de manera general, del tema político -constituyendo en este sentido un soplo de aire fresco en cuanto a las narrativas de la resistencia-, aunque la obra incluye numerosas referencias a cuestiones sociales, como el doble rasero del gobierno iraní relativo al consumo de opio, o la baja consideración social de los afganos entre los iraníes. No obstante, el autor tiene el buen gusto de mantener la incógnita en cuanto a los verdaderos motivos del asesinato de Cyrus, y se cuida muy bien de no dotar al mismo de carga política: si es su religión, su disidencia política o su estatus económico -más allá de la posible casualidad- un factor determinante en las muerte del mismo queda a juicio del lector. Wild prefiere alejarse cautamente de la polémica para centrarse en la vida y obra de su ficticio Cyrus Yazdani mediante un nietzscheano título que no se llega a entender hasta el final.

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El cilindro de Ciro, célebre pieza arqueológica, jugará un curioso y metafórico papel en la obra.

El cilindro de Ciro, célebre pieza arqueológica, jugará un curioso y metafórico papel en la obra.

Wild, como la Sophia de su obra, no busca enemigos, sino que mediante sus elegantes y melancólicas líneas parece llamar a la cordura, intentando hacer universal un relato sobre la libertad y la justicia (más que sobre poder o religión), que tal y como aparecen en el célebre cilindro de Ciro -pieza a la que se alude de manera repetida en la obra- no están tan presentes como deberían en nuestra sociedad.

En definitiva, nos encontramos ante un libro tan instructivo como sobrio, en el que las dosis justas de humor aligeran la enorme, aunque nada doctrinaria, carga humanística. Dotándola de un sentimiento de tristeza y misterio, Wild presenta una obra elegante en la que demuestra que no solo es un aventurero y un cínico envidiable, sino que sabe valerse de estas características para convertirse en un artista y divulgador digno de admirar.


Notas:

[1]    Wild, Nicolas. Kabul Disco I: Cómo no fui secuestrado en Afganistán. Rasquera, Ponent Mon, 2008 y Wild, Nicolas. Kabul Disco II: De cómo no me enganché al opio en Afganistán. Rasquera: Ponent Mon, 2009.

[2]    La historia está parcialmente inspirada por los asesinatos en extrañas circunstancias de varios miembros importantes de la disidencia iraní -todos zoroástricos- que han tenido lugar durante los últimos años en Europa. En particular, toma como base real la muerte de Kasra Vafadari, un profesor de la Universidad de Nanterre que en 2006 fue apuñalado en su domicilio parisino por un refugiado iraní. Otros asesinatos célebres son el de Feleli, también en 2006 en España, y el del millonario Manouchehr Farhangi Farhangi, que tuvo lugar en 2008 en La Moraleja, y del que  finalmente se eliminó cualquier carga política. Para leer más sobre las similitudes entre las vidas de Yazdani y Vafadari, véase Poly, Jean-Pierre, “Les rencontres Kasra Vafadari”, Droit et cultures, vol. 52, nº 2, 2006, disponible  aquí. La prensa de varios países se hizo eco de estas muertes: sobre ellas puede leerse aquí, o aquí.

[3]    Se conoce como parsis a los zoroástricos que llegaron en una primera oleada desde la Persia Safávida, mientras los que llegaron como resultado de las persecuciones de los siglos XIX y XX son conocimos como iranis.

[4]    La persecución contra los zoroástricos ha tenido lugar en varias oleadas a lo largo de la Historia, y vino de la mano de diferentes religiones, pero fue especialmente drástica en tres momentos históricos: durante la Persia Safávida -periodo en el cual una parte importante de zoroástricos se estableció en la India, siendo el de los parsis  un sector que alcanzaría gran importancia posteriormente gracias a su colaboración con el incipiente dominio colonial inglés-, durante el final del periodo Qajar (especialmente cruento), y tras la proclamación de la República Islámica de Irán, a pesar de que fueron reconocidos como una de las religiones permitidas por el nuevo régimen.  De entre las numerosas vejaciones sufridas durante el régimen Qajar podemos destacar la aplicación de numerosas leyes que limitaban sus derechos. La comunidad zoroástrica era considerada impura e intocable: no se les atendía en muchos negocios y tenían prohibido acceder a determinadas profesiones; durante los días de lluvia no se les permitía llevar paraguas o aparecer en público, puesto que la lluvia que luego habrían de pisar los musulmanes habría tocado sus cuerpos. Tampoco se les permitía montar a caballo, construir casas nuevas o reparar las suyas con muros más altos que las de los musulmanes, portar ropa nueva o blanca, además de llevar gafas, abrigos largos, pantalones, sombrero, botas, calcetines, relojes o anillos. Asimismo, tenían prohibido ocupar determinados puestos de trabajo. Muchos de ellos eran perseguidos y amenazados, golpeados, y las muertes de zoroástricos raramente recibían justicia; a menudo eran obligados a convertirse y muchas jóvenes eran secuestradas y obligadas a casarse con musulmanes. Al respecto, son famosas las masacres de  Boarzjan y Turkabad. Para favorecer la conversión al Islam, existía una ley -que afectaba también a otras minorías- en la que si un miembro de una familia no musulmana se convertía al Islam, se convertía en el único heredero de la misma. Además, estaban sujetos a un impuesto especial conocido como jizya, que se pagaba en una ceremonia especialmente humillante, y cuyo pago impuntual se castigaba, además de con el común maltrato físico, la quema de libros y de elementos sagrados. Este impuesto hizo que muchos zoroástricos se convirtieran al Islam pero siguieran profesando su fe.

[5]    En la novela gráfica de Marjane Satrapi, la autora narra cómo de niña quería regirse por los principios del zoroastrismo.

avatar Marisa Peiró Márquez (103 Posts)

Marisa Peiró Márquez (marisapeiro@ecosdeasia.com) es Licenciada en Historia del Arte y Máster en Estudios Avanzados de Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza. Actualmente, sigue en esta universidad, terminando su tesis doctoral y curso el Diploma de Especialización en Estudios Japoneses. Se especializa en el Arte y la Cultura Audiovisual de la primera mitad del s. XX, y en las relaciones artísticas interculturales, especialmente entre Asia y América Latina (fue becaria del Gobierno de México), con especial interés en el Sudeste Asiático y en Oceanía.


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One Comment

  1. […] [1] Los parsis serían aquellos zoroástricos que llegaron en una primera oleada desde la Persia Safávida, mientras que aquellos que llegaron como resultado de las persecuciones de los siglos XIX y XX son conocimos como iranís, tal y como quedó explicado en el artículo En busca de otro Irán: “Así calló Zaratustra” (2013), de Nicolas Wild. […]

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