Revista Ecos de Asia

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This article was written on 20 Jun 2017, and is filled under Literatura.

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Hacia una verdadera poesía japonesa: Ishikawa Takuboku.[1]

El Japón de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX es un Japón de cambios y transformación. Un Japón de enorme complejidad política y social, abierto brusca y dramáticamente a toda influencia occidental tras casi dos siglos de enclaustramiento, ajenos a prácticamente cualquier contacto extranjero. Se trata del Japón del periodo Meiji (1868-1912), del final del shogunato Tokugawa y de la renovación política y cultural de la sociedad nipona.

En estos momentos, el archipiélago japonés se debatía entrela tradición y la modernidad; entre mantener la fidelidad al espíritu y a las costumbres del Japón tradicional o abrirse, captar y absorber las influencias que las potencias occidentales ofrecieron. El País del Sol Naciente debía decidir una pauta y camino para su futuro, sacrificando sus valores tradicionales o volviendo a negar su papel en el contexto internacional como había hecho durante más de doscientos años.

Pero estas controversias, no solo se materializaron en un ámbito político, en episodios como el de la Rebelión de Satsuma,[2] sino que también fueron palpables en las artes y la literatura, las cuales se debatían en perpetuar su tradición o adaptarse a los modelos occidentales, que el gobierno Meiji “importó” a través de la acogida de profesionales europeos y norteamericanos, que en diferentes especialidades, sirvieron de modelo para modernizar las instituciones y la cultura.

En este contexto es en el que debemos entender por qué Ishikawa Takuboku se ha convertido en uno de los poetas más valorados de este periodo. Un escritor, que a pesar de las presiones por seguir una moda o corriente lírica predominante en su época, supo anteponer sus ideales propios, manteniéndose fiel a su forma de concebir la lírica, de una manera especialmente sincera, entre el amor a la tradición y la aceptación de los cambios de su tiempo.

Retrato de Ishikawa Takuboku.

Ishikawa Takuboku nace con el nombre de Ishikawa Hajimeen 1886, en plena Restauración Meiji, en Iwate, al norte de la isla de Honshū, como hijo de un bonzo budista de la secta Zen.En el colegio rápidamente destacó como un niño prodigio, pero al pasaral instituto cambió este título por el de alumno más holgazán.En los últimos años de secundaria se hizo miembro del grupo poético Shinshisha (Asociación de Nueva Poesía), fundado por YosanoTekkan (1873-1935).[3]

Mis maestros y amigos

riñen sin saber

que este misterio

de mi holgazanería

tiene su porqué.

Takuboku mantendrá una especial relación tanto con YosanoTekkan, como con su mujer, la poetisa YosanoAkiko (1878-1942), sobre todo al comienzo de su carrera poética, participando en la revista fundada por Tekkan, Myōjō (Estrella del Amanecer), referencia en el movimiento de la Nueva Poesía japonesa, liberado de la tradición de la lírica japonesa y sus estrictos formalismos.

Muy pronto, en 1902, se traslada a la capital, a Tokio, para probar fortuna escribiendo. A comienzos del siglo XX, estaba en auge el Naturalismo entre los escritores japoneses, como influencia de la literatura europea, y aparecieron los poetas que cantan a la vida diaria, los seikatshushi.[4]En estos momentos, Takuboku comenzó a publicar sus primeros poemas en la citada revista Myôjô, pero pronto acabaría abandonando este grupo.

A los cuatro meses en Tokio tuvo que volver a su pueblo por culpa de una enfermedad. En este periodo en el que regresa a su hogar, su padre es expulsado del templo, por malversación de las cuentas,[5] y a partir de ese momento, Ishikawa se hace responsable de toda la carga familiar, entrando como profesor en la escuela de su aldea, a la vez que continuaba escribiendo.

Su primer libro de poesías, Akogare (Anhelos), es publicado en 1905. Se trataba de una colección de poemas que se adscribían a la corriente de la Nueva Poesía, ese movimiento al que hemos hecho mención anteriormente, caracterizado por la influencia de la poesía europea, marcando una ruptura con la poesía japonesa tradicional a partir de una longitud variable y versos libres. El prólogo de esta obralo escribe BinUeda (1874-1916), poeta y traductor francés, mientras que el epílogo lo redacta el ya citado Yosano Tekkan.[6]

Este nuevo estilo en la poesía ya estaba plenamente asentado cuando Takuboku publica esta primera colección de poemas. La Nueva Poesía estaba funcionando desde 1882 con la publicación de Shintaishi-sho (Antología de Poesía al Nuevo Estilo).[7]De esta manera, los nuevos autores japoneses se diferenciaban de quienes escribían kanshi (poesía de China),  que entró en declive con la europeización de la cultura nipona, y que en su mayoría eran hombres, letrados samuráis o sacerdotes.[8]

Tras esta pequeña experimentación con la Nueva Poesía, Takuboku definitivamente se centra en los tanka. Este tipo de poemas, conocidos como waka hasta el siglo XIX, literalmente “poesía de Japón”, nacen para diferenciarse de los citados kanshi.[9] Esta lírica tradicional puramente japonesa se compone por cinco versos (5-7-5-7-7 sílabas) con un total de 31 onji o sílabas, aunque algunos poemas de Takuboku no se atienen estrictamente a esta regla.

El mismo año que publica Akogare, Ishikawa se casa con Horiai Setsuko, pero no será la única mujer de su vida, ya que Takuboku se enamoró de muchas mujeres como su alumna Tachibone Chieko o la geisha Koyakko.

Menos yo, mis amigos

suben en la vida.

Le compré flores

y hablé a mi mujer

como de amigo a amiga.

Retrato de Ishikawa Takuboku junto con su mujer Horiai Setsuko, 1904.

En 1906 comienza a escribir historias de ficción, en tono naturalista, pero sin éxito.[10]A finales de ese mismo año también nacerá su primera hija, pero los numerosos problemas económicos a los que se enfrenta él y su familia, acrecentados por su despido como profesor de la escuela,debido a su posicionamiento político organizando huelgas y protestas, le obligaron en 1907 a dejar a su familia en su pueblo mientras él se trasladó a la isla de Hokkaidô.[11]

En Hokkaidô comienza a trabajar como profesor sustituto en Hakodate, pero debido al incendio del colegio se tuvo que trasladar a Sapporo, la capital de la isla, donde trabaja como corrector de pruebas en un periódico local. En Sapporo tampoco dura mucho tiempo, ya que a las dos semanas se vuelve a trasladar, en esta ocasión a Otaru, donde continúa su labor en los periódicos. A los pocos meses se muda a Kushiro, también en Hokkaidô, donde trabajará como redactor jefe y encargado de la columna literaria del periódico de la ciudad.[12]

Hay quienes se pasan

una larga vida

en esas nieves

con la soledad

enemiga y amiga.

Tras un año movido para Takuboku, finalmente, en 1908, decide volver a intentar asentarse en Tokio. De nuevo en la capital, trabajará como corrector de pruebas y editor de poesía del diario Asahi.[13]Mientras tanto, sus novelas fracasan editorialmente, aunque no deja de escribir poesía.

Al año siguiente, su familia finalmente se puede unir a él. Es por ese momento cuando también comenzará a escribir un diario personal usando el rômaji, o alfabeto latino, para evitar que su esposa lo pudiera leer, conocido como Rômajinikki (publicado en 1954).[14]

En este periodo en Tokio desarrollará más profundamente su teoría poética, sobre todo a través del artículo titulado Kuubekishi (Poesía para comer), en donde hace hincapié que el poeta debía ser primero hombre y su poesía un diario fidedigno de su vida interior como ser humano.

Obtuve la idea para el título Poemas para comer de una propaganda de cerveza que veía a menudo en el tranvía. Quiero decir con ello poemas que están apegados a la tierra, poemas con sentimientos que no se alejan de la vida real. No cosas deliciosas, no un festín, sino poemas con el sabor de nuestras comidas cotidianas; poemas, es decir, que nos son necesarios.[15]

Takuboku propone de esta forma un tipo de poesía intimista, centrada en los sentimientos humanos. Captar instantáneas cotidianas a través del verso, sin pretensiones, ni alardes. Una poesía sencilla, volviendo a la métrica tradicional, pero con aires renovados. La adaptación de la occidentalización a la idiosincrasia japonesa, de esta forma se ha convertido en uno de los grandes poetas japoneses de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX.

Un perro bosteza

lento, lento, lento,

junto a un camino.

Yo hago lo mismo

de envidia que le tengo.

Ese mismo año comenzará también el definitivo declive del poeta nipón. En 1910 nace su primer hijo varón, que fallecerá a las tres semanas, algo que sin duda marcará a Takuboku.[16] A los pocos meses aparecerá su primera colección de tanka, Ichiakunosuna, una recopilación de poemas escritos en Tokio entre 1908 y 1910,[17]con una cierta influencia del nihilismo de Kropotkin,[18]traducidos al español por Antonio Cabezas como Un puñado de arena.

Me dijeron que el niño

al morir lloró

dos o tres veces

con voz apagada,

y el llanto me ahogó.

También se vio involucrado en cierta medida con el incidente de Alta Traición o caso Kôtoku, tras la conspiración anarquista para derrocar al emperador Meiji, que acabo en la encarcelación masiva de opositores al régimen imperial y la ejecución de doce conspiradores, aplastando los movimientos populares en Japón. Esta simpatía por el Socialismo y el Anarquismo por parte del poeta también se deja ver en títulos de poemas no tradicionales como Yobuko no fue (Silbato y flauta) de 1912.[19]

En 1911 le diagnostican peritonitis crónica y tuberculosis, y acaba ingresado en el hospital, desde donde escribirá sus últimos poemas. En septiembre de ese mismo año su padre abandona la casa, y en marzo de 1912 su madre fallece. Finalmente, al mes siguiente, tras arreglar la publicación de su segundo libro de tanka, Kanashikiomocha (Muñecos tristes), será Takuboku, muy enfermo, quien pase a mejor vida.[20]

Takuboku supo anteponerse ante la falsa renovacióna la que muchos contemporáneos suyos se acogían. Ante la sobreexposición de nuevas influencias occidentales, que en cierta medida traumatizaron a muchos japoneses, el poeta supo encontrar un camino que superó la modernidad de su tiempo, volviendo a encontrar las raíces de la idiosincrasia nipona a través de la tierna sinceridad de sus versos.

Mis recuerdos a veces

se parecen mucho

al mal humor

de cuando me pongo

calcetines sucios.

Estatua de Ishikawa Takuboku en Hakodate.

Notas:

[1] Todas las estrofas que acompañan a esta artículo son traducción de Antonio Cabezas, en: TAKUBOKU, Ishikawa, Un puñado de arena, Madrid, Hiperión, 2001.

[2] Revuelta de antiguos samuráis contra el gobierno Meiji en la región de Satsuma, en la isla de Shikoku, al sur del archipiélago, en 1877.

[3]TANABE, Atsuko, “Poesías de Ishikawa Takuboku” en Revista de la Universidad de México, nº10, 1971, pp. 3-4.

[4]TANABE, Atsuko, “Poesías de Ishikawa Takuboku” en Revista de la Universidad de México, nº10, 1971, pp. 3-4.

[5]TAKUBOKU, Ishikawa, Un puñado de arena, Madrid, Hiperión, 2001, p. 11.

[6]MONTES, Óscar, “Poemas para comer, Ishikawa Takuboku” en Estudios de Asia y África, vol. 13, nº3, 1978, Ciudad de México, pp. 397-408, espec. 397.

[7]Ibídem., pp. 397-398.

[8]NAGAKAMI, Tetsuo, “La poesía del país de la lluvia”, Arquitrave, nº46, 2009, pp. 5-12.

[9]PRIETO, José M., Tanka a trancas y barrancas, Madrid, Ediciones Vitrubio, 2009, p. 5-7.

[10] UEDA, Makoto, Modern Japanese Poets and the Nature of Literature, Stanford, Stanford University Press, 1983, p. 102.

[11]TAKUBOKU, Ishikawa, Un puñado de arena, Madrid, Hiperión, 2001, p. 12.

[12]Ibídem., p. 12.

[13]PULVERS, Rogers, “Illusions of Self: The Life and Poetry of Ishikawa Takuboku”, The Asia-Pacific Journal, nº2, vol 15, 2002. Disponible aquí.

[14]Entrada sobre Ishikawa Takuboku en la enciclopedia británica. Disponible aquí.

[15]MONTES, Óscar, “Poemas para comer, Ishikawa Takuboku” en Estudios de Asia y África, vol. 13, nº3, 1978, Ciudad de México, pp. 397-408, espec. 399.

[16]TAKUBOKU, Ishikawa, Un puñado de arena, Madrid, Hiperión, 2001, p. 13.

[17]Ibídem., p. 12.

[18]TANABE, Atsuko, “Poesías de Ishikawa Takuboku” en Revista de la Universidad de México, nº10, 1971, pp. 3-4.

[19]Entrada sobre Ishikawa Takuboku en la enciclopedia británica. Disponible aquí.

[20]TAKUBOKU, Ishikawa, Un puñado de arena, Madrid, Hiperión, 2001, p. 13.

 

avatar Alejandro Sanz Guillén (4 Posts)

Graduado en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza. Actualmente estudia en la misma Universidad el Máster de Estudios Avanzados en Historia del Arte y un diploma de Especialización en Estudios Japoneses.


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