Revista Ecos de Asia

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This article was written on 03 May 2018, and is filled under Cultura Visual.

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El Hallyu como una forma de soft power

La cultura nacional es un reflejo de su pueblo. Cómo piensan, cómo hablan, cómo viven; todo se ve representado a través de la cultura popular que producen. Sin embargo, no es una representación perfecta; el cristal a través del que uno ve su propia sociedad siempre está distorsionado, y puede que pasemos por alto aquello que resulta obvio para el ojo ajeno. Pero no importa, porque aquellos que lo disfrutarán lo están viendo a través del mismo cristal distorsionado. Este proceso ayuda a crear una percepción de uno mismo, de la identidad nacional, de unidad y valores compartidos que existirán para siempre como un reflejo de lo que somos ahora, para que cualquiera que llegue después lo vea. Esto cambia, sin embargo, cuando el enfoque de la producción de la cultura popular se modifica para dirigirse a un público internacional, como un retrato de la nación al ojo extranjero para influenciar la visión de esta; pero también como una manera para encontrar una identidad nacional en un entorno internacional que reclamar como propia.

Este es el cambio que la sociedad coreana sufrió con el Hallyu. La Ola Coreana, conocida como Hallyu, era la manera que el gobierno tenía para proyectar una imagen deseable de Corea, para tomar control de cómo el país se veía representado ante el mundo; pero también para encontrar una identidad propia en la comunidad internacional tras escapar el control de China, Japón, y la influencia de la Unión Soviética y Estados Unidos tras la Guerra Fría. El Hallyu comenzó como una simple medida económica para la pequeña y poco importante Corea para lograr que el mundo dejara de verla como pequeña y poco importante. Sin ser tan poderosa como sus vecinos del norte, Corea del Sur estaba renaciendo, y el Hallyu era su manera de decidir por qué quería ser conocida, qué representaba, y qué era.

En este ensayo estudiaremos los detalles del Hallyu y cómo fue creado; cómo funcionaba antes y cómo lo hace ahora, qué significa para Corea y cómo influye el poder extranjero de Corea del Sur. Hemos de pensar en el Hallyu como una forma de soft power, qué significa para Corea y sus vecinos, qué significa para la identidad coreana tras la guerra y cuáles son las tres olas del Hallyu. Compararemos la concepción inicial del Hallyu y el enfoque de la generación actual, y nos preguntaremos si sigue siendo el mismo fenómeno o si ha evolucionado a una nueva forma más poderosa de soft power basada en la industria mediática de hoy, y no en el enfoque económico original.

 

¿Qué es el Hallyu?

Hallyu es el nombre coreano por el que se conoce a esta ola coreana, y se traduce directamente por “flujo coreano”. Es un término muy amplio que se refiere al auge de la industria del entretenimiento surcoreana a nivel mundial, especialmente en los países vecinos. Incluye el K-Pop, los K-dramas, los manhwa (cómics coreanos) y la forma particular en que la industria es manejada en Corea, desde cómo se representa a los famosos a cómo actúan, como los embajadores perfectos del país.

El Hallyu se suele dividir en tres olas o generaciones. La primera alcanzó el éxito principalmente gracias a los dramas y, aunque no tiene una fecha de inicio exacta, se sitúa entre 1995, con la creación de la industria como la conocemos hoy en día, hasta 2005, cuando el gran debut de ahora icónicos y legendarios grupos cambió el enfoque de la industria hacia uno más centrado en la música, mientras los ahora menos populares K-dramas pasaban a segundo plano. La segunda ola o generación va desde 2005 a 2012, y está principalmente definida por un cambio en la industria: los K-dramas dando un paso atrás para dejarle espacio al K-pop. Esta es la generación más importante en términos de ventas y llevar el K-pop al resto del mundo, ya que la mayor parte de los grupos y artistas que hicieron el Hallyu relevante a nivel internacional debutaron en estas fechas; como Girls’ Generation, Big Bang, Super Junior o Wonder Girls. Y la tercera ola de Hallyu es la que estamos viviendo actualmente, con artistas que debutaron desde 2012 hasta hoy en día. La industria ha cambiado bastante desde entonces, y el impacto que esta nueva generación de artistas tiene ha crecido exponencialmente gracias a las redes sociales e Internet. De hecho, este año pasado, G-Dragon, el líder del icónico grupo de segunda generación Big Bang, celebró el tour más extenso y lucrativo de la historia para un artista de K-pop. Sin embargo, aunque el Hallyu ha evolucionado hacia un lenguaje más universal como es la música, los K-dramas siguen siendo exportados a nivel mundial, como Goblin o Descendants of the Sun. De hecho, Descendants of the Sun se ha vuelto tan popular que Netflix decidió comprar los derechos y está disponible para ser visto en línea en la plataforma americana.

La primera dama de Corea del Sur, Kim Yoon-ok (derecha), con el grupo de K-pop Girls’ Generation en 2011.

El gobierno coreano no tuvo ni que intentar hacer el Hallyu algo exitoso, ya que se convirtió en un fenómeno independiente antes de que se pensara siquiera en cómo usarlo. Una vez el Hallyu hubo arrancado y los primeros dramas hubieron ganado atención internacional, todo lo que el gobierno tuvo que hacer fue guiarlo de manera que pudiera beneficiar al país. Así, comenzaron a fundar las inversiones correctas, promocionando el contenido que ayudaría a la marca Corea. Porque, hoy en día, gracias al Internet y la globalización, cada país es una marca, y la manera en la que es representado se refleja directamente en el país en sí: desde inversiones a exportaciones, en el turismo e incluso en las relaciones diplomáticas con sus vecinos. El K-pop, por sí solo, nunca habría sido capaz de darle el empujón necesario al Hallyu para comenzar a rodar, porque le falta lo que los K-dramas sí tenían: una manera de mostrar la forma coreana de vivir, de pensar y sus valores generales, que eran representados bajo una luz lo suficientemente específica como para que los países vecinos los pudieran admirar e incluso identificarse con ellos. Mostraban valores confucianos y situaciones idílicas, gente que no solo era deseable sino envidiable, promoviendo con ello la imagen de una Corea “cool”. Como cualquier forma de soft power, jugaba con la diferencia entre realidad y percepción, construyendo una nueva imagen de Corea del Sur, que era mucho mejor, más moderna y entretenida de lo que lo era antes.

Esto es lo que hace que el Hallyu funcione tan bien: la exportación de cultura coreana empuja a querer saber más sobre Corea, y el querer saber más sobre Corea estimula al Hallyu a desarrollarse en formas más sofisticadas de cultura y esto, a cambio, lo eleva a un nivel más alto. El Hallyu solo dejará de crecer si para de desarrollarse porque, para un fenómeno como este, significaría dejar de existir.

 

Enfoque internacional: ¿y ahora qué?

Aunque el Hallyu comenzó como un fenómeno coreano, se abrió y expandió rápidamente al resto del mundo, especialmente a China, Taiwán y Japón. Sin embargo, no era un fenómeno internacional: puede que estuviera orientado internacionalmente, pero era Corea quien daba de comer a los actores y artistas. Es importante entender esto porque, por mucho que se utilizara como una herramienta de relaciones internacionales, y por mucho que influenciara su percepción de Corea y su gente, era el país quien lo mantenía, quien compraba los álbumes y los DVDs, quien iba a los encuentros con fanes y los conciertos. Incluso si un drama, grupo, o artista ganaba éxito internacional, era prioritario mantener a los fanes nacionales contentos porque, si no, uno se podía encontrar con una carrera en declive. Esto ha sido probado múltiples veces, desde las quejas de los usuarios sobre canciones en inglés a la inexistente carrera de las Wonder Girls, por ejemplo, que se fueron de gira con los Jonas Brothers y perdieron gran parte de sus fanes tras empezar a centrarse en Estados Unidos, porque al público coreano no le gustaba toda la atención dedicada al país americano cuando, al fin y al cabo, eran ellos quienes mantenían sus carreras.

Es aquí donde comienzan las dificultades, porque la industria del Hallyu quiere y necesita el flujo, aprobación y clubes de fanes internacionales para ser efectivo. Super Junior fue el primer grupo de K-Pop en introducir un miembro extranjero, y la mayoría de los grupos de hoy en día tiene al menos un miembro chino, japonés o incluso coreano. Esto ayuda con la popularidad internacional del grupo, ya que sirve para que el país tenga un embajador de marca en una industria tan poderosa como lo es el K-pop hoy en día. Esto ha ayudado con la percepción coreana de grupos que hacen su debut en el extranjero, especialmente en Japón, donde varios grupos han debutado en estos últimos años; pero la conquista de Estados Unidos es un tema totalmente nuevo, especialmente teniendo en cuanta la percepción surcoreana de Estados Unidos y los estadounidenses.

El tema de miembros extranjeros es extremadamente controvertido. Los representantes del Hallyu son vistos como embajadores y tienen que representar continuamente una imagen perfecta del país, por lo que los miembros extranjeros, o incluso aquellos mestizos, son escudriñados fuertemente por cada pequeño error. Un miembro japonés no solo representa a Japón, sino también a Corea y, mientras que esto es algo positivo y facilita el camino del grupo al que pertenecen, lo coloca en el centro del huracán.

Hasta ahora, ningún grupo había sido capaz de tener éxito internacional sin obtener éxito nacional primero. El público coreano no lo permitiría, y la comunidad internacional siempre ha sido excepcionalmente dura con los artistas coreanos, lo que es la razón principal de que necesitaran el éxito local. Sin embargo, ahora podemos encontrar grupos que no son apenas conocidos en Corea, pero que prosperan gracias a una base de fanes internacional. Gracias a la globalización e Internet, los artistas tienen ahora una audiencia mayor que está dispuesta a escuchar lo que tienen que decir. Este éxito internacional, aunque representa la expansión del K-pop, plantea algunas preguntas sobre el mercado coreano y lo que significa ser un artista de este.

 

Globalización y occidentalización:

El Hallyu ha sido, desde el principio, extremadamente influenciado por la cultura estadounidense, como la mayor parte de los países asiáticos tras la Segunda Guerra Mundial. La culta popular coreana es híbrida por naturaleza, mezclando elementos confucianos con elementos afroamericanos, especialmente. Esta mezcla crea una nueva identidad que mantiene los orígenes de lo que la formaron, y los fanes internacionales son capaces de reconocerlo. Elementos como el rap, por ejemplo, fueron añadidos tras el éxito de la música rap independiente de la década de los 70 en Corea del Sur. A pesar de que la mayoría de los grupos más icónicos del Hallyu tienden a tener un concepto más ligero y dulce, los grupos de hip hop coreanos van ganando éxito a nivel nacional.

Después del imperialismo occidental en Asia, el Hallyu fue la manera de que Corea desafiara al flujo de información de una manera que la hace no solo increíblemente atractiva para Corea y sus vecinos, sino también a Estados Unidos y el resto del mundo occidental por extensión. El reconocer valores propios en un producto extranjero hace su consumición más fácil y digestible: los países occidentales sólo están dispuestos a consumir productos si ya son familiares con los elementos que los forman.

El cantante surcoreano Psy ha sido comparado con Justin Bieber o Rebecca Black; y Kim Joo-Hyuk, fallecido recientemente, fue definido en los artículos sobre su muerte como “El Hugh Grant de Corea del Sur”. El reconocimiento y similitud occidentales son la meta final, y ser premiado en una gala occidental es la mayor hazaña. Mientras tanto, en occidente los premios ganados en Corea no significan nada, porque algo como entrar en el Billboard 200 es más importante que ganar un premio en Corea. Un daesang, que se traduce como “gran premio”, es el premio en las principales categorías de premios coreanos, desde Artistas del Año a Mejor Actor Principal. Estos premios son el objetivo de los artistas coreanos, como los Grammys o los Oscars lo son para los artistas estadounidenses.

Los artistas coreanos, en su mayoría, siguen interesados en ganar premios coreanos. La glorificación del éxito occidental viene por parte de la visión occidental, ya que los artistas coreanos son conscientes de que son, antes que nada, artistas coreanos. Ser famoso en Corea viene con muchas responsabilidades, y los únicos interesados en éxito occidental son aquellos que no pueden conseguir éxito nacional.

Con este éxito internacional vienen otros problemas, como la apropiación cultural o la fetichización. Definimos la apropiación cultural como lo que ocurre cuando alguien de una cultura diferente utiliza elementos de una cultura minoritaria u oprimida (como los quimonos o las diademas de plumas nativo-americanas) como una prenda de moda; ignorando lo que significan y el contexto cultural que los envuelve. Esto tiende a ignorar las burlas que se han hecho históricamente sobre estos elementos por parte de aquellos mismos que ahora lo utilizan como elemento de expresión propio.

El problema nunca ha sido el compartir culturas, sino el uso y muchas veces sexualización de elementos sagrados de otras culturas como un simple elemento de moda. No es lo mismo apropiación que apreciación: la apreciación sucede, por ejemplo, al llevar un sari a la boda de un amigo hindú como muestra de respeto y para encajar. Llevar un bindi porque encaja con la estética de un festival, sin embargo, es apropiación. Son cuestiones completamente distintas, y es la apropiación la que nos debe preocupar.

Como siempre pasa cuando algo se vuelve popular, la exportación masiva del Hallyu ha llevado a una gran cantidad de gente a estar interesada en la cultura coreana; pero a menudo faltándole al respeto, malentendiendo y apropiándose de sus elementos por el camino. Esto incluye, por ejemplo, partes del coreano que son específicas a la cultura coreana, como los términos honoríficos oppa o hyung, que se utilizan en coreano para referirse a hombres mayores con los que uno tiene una relación cercana. Los fanes extranjeros, especialmente occidentales, utilizan estos y otros términos en conversaciones casuales o simplemente a la hora de referirse a la gente de la que son fanes. Los extranjeros no deben utilizar estos honoríficos: son términos coreanos para ser utilizados entre personas coreanas, y utilizarlos en otras situaciones solo prueba una ignorancia mayor de la cultura, el lenguaje y la gente.

Por otra parte, tenemos la fetichización de la cultura y sus elementos. La apropiación es dañina, pero por lo general proviene de la ignorancia y puede ser corregida educando a la gente: la fetichización es un problema mayor, y no es algo que uno pueda eliminar de la sociedad con unas simples palabras.

La RAE define el fetichismo como “desviación sexual que consiste en fijar alguna parte del cuerpo humano o alguna prenda relacionada con él como objeto de la excitación y el deseo”. En este caso, la fetichización se refiere a la sexualización de la cultura, gente y elementos coreanos. Desde querer un novio coreano solo porque es coreano a utilizar términos honoríficos coreanos en un entorno sexual y mostrar un interés desproporcionado en elementos coreanos solo porque son coreanos.

Esto presenta los mismos problemas que los estereotipos, ya que se basan en el mismo concepto: definir a todo un país en base a lo que se cree saber por lo que muestra la televisión. La fetichización elimina la individualidad coreana y los reduce a productos del Hallyu, sean representantes de este o no. Cuando uno conoce al elemento de su fetichismo y este no cumple los estándares se lleva una decepción, y esto resulta en comentarios hirientes dirigidos a aquellos que han decepcionado. La glorificación y fetichización son hirientes y están basados en estereotipos. Son una falta de respeto, pero también tienen su base en el racismo.

Representación de la importancia del Hallyu a nivel global.

 

¿Es la tercera ola del Hallyu un fenómeno nuevo?

El Hallyu se ha desarrollado muy rápidamente. Internet y su formato han atraído a muchos fanes nuevos, y ha crecido hasta convertirse en un fenómeno global. El enfoque del Hallyu de hoy en día es diferente al fenómeno original; las exportaciones han crecido dramáticamente y se ha convertido en un fenómeno internacional, y la industria está reaccionando a este cambio.

La tercera ola del Hallyu ha cambiado tanto, incluso dentro de sí misma, que es imposible mantenerse al día. Sin embargo, el concepto es el mismo, solo que hoy en día tiene más éxito que nunca, exportando a todo el mundo.

El Hallyu de hoy en día no es diferente a la ola original. Ha evolucionado y se ha adaptado a las nuevas circunstancias, ganando éxito por todo el mundo, pero el concepto de base es el mismo y, principalmente, lo que ha logrado es la meta que se había propuesto al principio: representar una Corea “cool” y cambiar la perspectiva que los países vecinos tenían de Corea. Pero se ha extendido más allá, llegando a países occidentales y adaptándose a ellos mientras equilibra cuidadosamente los valores y la representación coreana.

El Hallyu es ahora un poder global, y seguirá existiendo mientras la gente siga queriendo ser entretenida. Es el ejemplo perfecto de qué es el soft power y por qué la diplomacia ha cambiado para siempre. Corea lidera con el Hallyu, y el mundo no puede evitar seguirle.

avatar Garazi Fernández del Campo (1 Posts)

Estudiante de segundo de Relaciones Internacionales y Comunicación en Madrid, con la intención de especializarse en diplomacia y derecho.


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