Revista Ecos de Asia

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This article was written on 03 Ago 2015, and is filled under Cine y TV.

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“Ikoku Meiro no Croisée”. Japonismo en formato animado

En Ecos de Asia queremos acercar al lector una de la series de animación japonesas que reflejan con la mayor fidelidad posible la recepción de la cultura japonesa en Occidente así como el choque entre dos culturas tan distantes, este es el caso de Ikoku Meiro no Croisée (2011)[1]. Estamos ante la adaptación de un manga o cómic japonés a manos de la autora Takeda Hinata[2] fechado en el año 2007 que, en resumidas cuentas, nos narra la historia de una niña japonesa que viaja al París de finales del siglo XIX con el fin de trabajar.

Imagen procedente del manga en la que se representa a Yune acompañada de Claude.

Imagen procedente del manga en la que se representa a Yune acompañada de Claude.

Yune es nuestra joven protagonista, que, acompañada de Oscar Claudel, viajará a París con el fin de conocer mundo y encontrar un trabajo. Los datos que se nos dan acerca de este personaje son escasos, apenas sabemos que tiene una hermana mayor enferma y que procede de la prefectura de Nagasaki. Su acompañante la instalará en la casa que comparte con su nieto Claude, sobre la tienda de forja que ambos regentan en plena Galerie du Roi. La convivencia entre los personajes va a comenzar no sin ciertas dificultades: el idioma -que posteriormente sabremos que la pequeña Yune ya domina- la comida, la ropa y las costumbres suponen una barrera importante que poco a poco se verá salvada gracias a la aceptación y la vida en común. Otros personajes que se sumarán a este escenario son Alice, la hermana de ésta y su elenco de criados, así como el resto de comerciantes de la galería. Alice es una niña rica cuya familia regenta una importante empresa dedicada a la apertura de grandes almacenes, la joven adora la cultura japonesa, y en su habitación se muestra una colección de todo tipo de objetos que van desde los grabados ukiyo-e a las muñecas tradicionales japonesas, pasando por una amplia gama de quimonos, objetos para la ceremonia del té, farolillos de papel o diversos biombos.

En cuanto al argumento, la historia es bastante sencilla y entrañable, centrada principalmente en la relación entre los personajes así como el lento descubrimiento de sus vidas y su pasado. Realmente se trata de una serie que deja de lado la acción e intriga para recrearse en el cuidado y belleza del dibujo, la construcción de un contexto y escenarios fieles y atractivos así como el hecho de reflejar el choque entre dos culturas diametralmente opuestas. Como resultado, tenemos un total de 12 capítulos en los que apenas sucede nada, una historia rematadamente sencilla donde el espectador es consciente de las pequeñas dificultades por las que pasa Yune para adaptarse a su nuevo hogar, enfrentándose a la distancia, la añoranza, su desagrado por el queso, o incluso un cierto cariño que parece que ha empezado a florecer hacia la familia Claudel. A la hora de situarnos en este contexto, nos encontramos a finales del siglo XIX, en un París en plena modernización que ha puesto su mirada en el archipiélago nipón[3], atraído por la belleza de su arte y artesanías así como lo exótico de sus atuendos y costumbres. Tal interés dio lugar a lo que conocemos como Japonismo, que comentaremos a continuación a modo de introducción, y que queda perfectamente encarnado en la figura de la caprichosa Alice.

La valoración del arte de Extremo Oriente reside en sus propiedades estilísticas, que suponen toda una referencia en el arte academicista. Dentro de este gusto por lo japonés podemos destacar un arquetipo de gran importancia, como es el caso de la geisha, valorada por su delicadeza y elegancia así como por lo colorido de sus atuendos. El Japonismo supuso la influencia de Extremo Oriente en la cultura burguesa, y más concretamente, en cualquier aspecto de la vida cultural propia de este final del siglo XIX -arte, decoración, diseño, literatura, moda y publicidad, entre otros-. Si bien, cabe destacar que los protagonistas de este Japonismo, en muchos casos, no conocieron directamente el archipiélago nipón y su cultura. Muestra de todo lo expuesto anteriormente es el personaje de Alice, una joven de buena familia e importante poder económico que siente una irresistible atracción por Japón y su arte, sin embargo, cae en errores como considerar que toda las féminas japonesas tienen el mismo aspecto que las efigies de sus grabados, confundir y desconocer la función original de los objetos que posee -destaca una escena en la que este personaje luce una cucharilla de madera para preparar el té a modo de accesorio para el cabello- o incluso disfruta poniéndose bellos quimonos sobre su voluminoso vestido para vagar por su casa. Por otro lado, en el anime podemos ver algunos de los medios de difusión propios del Japonismo, como es el caso de las revistas ilustradas, que aparecen en dos capítulos distintos como una fuente mediante la que los personajes pretenden entender el comportamiento de Yune.

En esta recopilación de fotogramas de la serie podemos ver como Alice, amante de la cultura japonesa e importante coleccionista de objetos nipones, confunde la utilidad de todos ellos, entrando en escena Yune para explicarle su auténtica función.

En esta recopilación de fotogramas de la serie podemos ver como Alice, amante de la cultura japonesa e importante coleccionista de objetos nipones, confunde la utilidad de todos ellos, entrando en escena Yune para explicarle su auténtica función.

Podemos considerar Francia, y más concretamente París, como el centro del fenómeno del Japonismo, escenario sobre el que se desarrolla la serie que nos ocupa. Importantes artistas como es el caso de Toulouse-Lautrec se vieron seducidos por las estampas japonesas y su perspectiva, la misteriosa belleza de las mujeres y sus delicados atuendos. Hemos querido mencionar este artista en concreto ya que durante los títulos iniciales de esta serie, durante los que se ofrece al espectador un breve recorrido por la ciudad parisina y sus diversos escenarios, podemos distinguir algunas de las más importantes obras realizadas por el artista, como es el caso de los carteles para el Moulin Rouge, reflejo de la influencia sobre de la figura de Lautrec de los ukiyo-e o grabados japoneses, caracterizados por sus tintas planas y asimetrías.

Créditos de la versión animada donde el espectador se acerca al París de finales del siglo XIX, podemos distinguir tanto la moda del momento como los carteles correspondientes al Moulin Rouge realizados por Taoluose-Lautrec.

Créditos de la versión animada donde el espectador se acerca al París de finales del siglo XIX, podemos distinguir tanto la moda del momento como los carteles correspondientes al Moulin Rouge realizados por Taoluose-Lautrec.

Por otro lado, y dejando de lado aquellos aspectos que nos remiten a Extremo Oriente, podemos señalar otros aspectos que nos ayudan a reconstruir el contexto parisino. Por un lado, estamos ante un momento de cambio y transición, las galerías y tiendas locales donde se venden productos artesanales palidecen ante el poder cada vez mayor por parte de los grandes almacenes y las tiendas de departamentos. En el caso del anime, esto viene de la mano de la situación en la Galerie du Roi, emplazamiento donde se sitúa el establecimiento de los Claudel, rodeado de toda una serie de tiendas cerradas. Estos grandes almacenes se presentan como un enemigo que está acabando con la venta artesanal así como atrayendo a una importante clientela por sus precios y las novedades que alberga en sus escaparates. Por otro lado, podemos ver un París donde cada vez son más comunes las estructuras de hierro y cristal, la fotografía está desbancando a los pintores de retratos y las fantasmagorías entretienen y atraen a todo tipo de público. Estos, junto con otros aspectos que no nos paramos a comentar en este caso, aparecen en la serie y ayudan al espectador a trasladarse al París de finales del XIX.

En cuanto a los choques entre los personajes, debidos principalmente a las diferencias culturales entre ellos, podemos centrarnos en aspectos tan banales como la educación, los gustos culinarios o el atuendo. Cuando Yune llega a la tienda de forja -Enseignes du Roi- será presentada a Claude, realizando la japonesa una reverencia, un gesto que se va a repetir en diversas ocasiones a lo largo de los capítulos y que no hace sino sorprender bastante a aquel que conversa con la niña. Igualmente, veremos toda una serie de situaciones más extremas en las que Yune -ya sea a modo de disculpa o ruego- se postre en el suelo, un gesto que genera aún mayor sorpresa a los franceses, que lo relacionan con la esclavitud o incluso, en un primer momento, con un fetiche sexual. Otros rasgos perfectamente definidos y que podemos relacionar con la cultura japonesa es el hecho de que nunca niegan algo de forma directa, acudiendo a evasivas y excusas, como hace la joven protagonista en bastantes ocasiones en las que quiere escapar al acoso de su supuesta amiga Alice. La comida es otro aspecto a considerar, sobre todo el episodio en el que Yune ha de enfrentarse al sabor del queso, que tanto parece fascinar a sus compañeros, así como al amargor del café, los estofados o la forma de preparar el té.

La moda japonesa fue uno de los aspectos más atrayentes para Occidente, de tal modo que aquellas mujeres que se lo podían permitir adquirían vistosos quimonos para lucirlos en la intimidad del hogar o en una serie de fiestas; Alice podría formar parte de este elenco de mujeres seducidas por la seda y estampado de las prendas niponas, si bien, al igual que ocurre en muchos casos, la forma de ponerlos nunca es la correcta. Yune será la encargada de mostrarle a su amiga la forma correcta de llevar un quimono, renunciando a  un apretado corsé y a la correspondiente crinolina, mostrándose Alice incómoda e incluso incapaz de andar con normalidad. Por otro lado, durante la misma tarde de juegos, la japonesa se verá atrapada en una crinolina, luciendo un voluminoso conjunto completo atendiendo a la moda del momento, subrayando su incomodidad o las dificultades que le supone a la hora de desplazarse, además de su correspondiente tamaño, mucho más amplio que un recto quimono. Podemos considerar esta escena como una de las más interesantes a la hora de abordar las diferencias entre ambas culturas, ya que ambos personajes no van a dudar en quejarse de los aspectos -diferencias- que interfieren en su comodidad.

Las grandes y aparatosas crinolinas despiertan la curiosidad de Yune considerando las importantes diferencias con su sencillo y recto quimono.

Las grandes y aparatosas crinolinas despiertan la curiosidad de Yune considerando las importantes diferencias con su sencillo y recto quimono.

Por último y en este caso, podemos señalar brevemente otros aspectos de menor importancia como es el caso de la limpieza por parte de Yune, que en su país natal se bañaba todos los días, mientras que en Francia se ve reducida a unos baños puntuales. O las evidentes diferencias físicas -aunque cabe destacar que atendiendo al diseño de la serie, la propia Yune tiene los ojos más grandes y redondeados que algunos personajes franceses-, sobre todo en lo referente a la altura y el tamaño de los objetos japoneses.

En resumidas cuentas y considerando lo expuesto anteriormente, Ikoku Meiro no Croisée nos habla de un importante viaje por parte de una persona dispuesta a adaptarse a lo que está por venir. Esta es una serie para ver con paciencia y sin grandes expectativas en cuanto al argumento, ya que, tanto el interés como la belleza de la misma, reside en el especial cuidado que se ha puesto a la hora de representar a Oriente (Yune) y Occidente (Claude como una persona sin grandes recursos ocupada en trabajar para conseguir dinero y, en consecuencia abocada a satisfacer el gusto de aquellos que le pagan; y Alice, burguesa enamorada de Japón), sus diferencias, pero también sus puntos comunes, recreando un momento del pasado que realmente tiene mucho más de lo que pensamos con el presente -identificado como un Neojaponismo-. Destaca la animación y diseño especialmente cuidados, así como una delicada banda sonora que acompaña a los personajes en sus andanzas, dando lugar a una obra repleta de ternura y delicadeza, que conquista al espectador gracias al carisma de sus personajes y su estética propia.

Secuencia en que las dos amigas deciden intercambiar sus atuendos y posar para una fotografía junto con la hermana de Alice.

Secuencia en que las dos amigas deciden intercambiar sus atuendos y posar para una fotografía junto con la hermana de Alice.

A modo de conclusión, no podemos sino recomendar al lector que el mismo se sumerja en las calles del París de finales del XIX, calles por las que vaga una niña japonesa vestida con un llamativo quimono de colores.

 Para saber más:

  • Almazán, David, “La seducción de Oriente: De la Chinoserie al Japonismo”. Artigrama, nº18, Zaragoza,Universidad de Zaragoza, 2003, pp. 83-106.

[1] Más información acerca de la serie aquí.

[2] Autora de otras obras ambientadas en épocas pasadas como es el caso de Gosick -a su vez está inspirada en una serie de novelas ligeras a manos de Kazuki Sakuraba-, que fue adaptada a formato anime en el mismo año que la serie que nos ocupa, trasladando al espectador a una Europa ficticia del año 1924 y sus misterios.

[3] Cabe destacar que en este momento, Japón ya había abierto sus puertas a Occidente -esto se produjo durante el periodo Meiji (1868-1912)- dando a conocer su arte y artesanías a través de la participación en exposiciones internacionales y universales, así como mediante toda una serie de intercambios comerciales con países como Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos o incluso España.

avatar María Gutiérrez (65 Posts)

Graduada en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza, cursando el máster de Estudios Avanzados con el objetivo de especializarse en arte asiático.


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