Revista Ecos de Asia

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This article was written on 29 Nov 2018, and is filled under Arte, Literatura.

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El Kojiki y la impronta de las principales deidades del panteón sintoísta en el arte – parte II

En la anterior entrega, se hizo una introducción sobre el primer texto histórico japonés que se conserva, el Kojiki, donde se recogen los fundamentos de su religión autóctona, el sintoísmo. Tras la presentación de los dioses creadores, Izanagi e Izanami, en este artículo continuamos analizando la presencia en el arte de los principales dioses del panteón sintoísta, los hermanos Amaterasu y Susanoô, así como el que es considerado el primer regente de Japón, Ôkuninushi.

Amaterasu:

Amaterasu es la Diosa del Sol, la divinidad más importante después de los dioses creadores Izanagi e Izanami. Nació del ojo derecho de Izanagi cuando éste se purificó a la vuelta de su funesto viaje a Yomi. Amaterasu es la hermana de Susanoô, Dios de los Mares y de las Tormentas y de Tsukiyomi, el Dios de la Luna, otros dos dioses principales de la religión sintoísta. No se dan demasiadas descripciones de cómo es la diosa físicamente. La única vez que se describe su atuendo con detalles es cuando, al poco de ser creados, su hermano Susanoô va a visitarla y ella, creyendo que va a intentar arrebatarle la parte del reino que su padre le ha encargado, se viste para la guerra:

Rápidamente, la diosa, después de deshacerse de su peinado, se recogió el cabello en dos moños, a un lado y a otro de la cabeza, que se sujetó con sarmientos. Después, en sus augustas manos se anudó un largo collar de muchas cuentas. A sus espaldas colgó una aljaba capaz de llevar mil flechas y a su costado otra capaz de llevar quinientas flechas. También se puso un gran guardabrazos. Después alzó y sacudió el arco.[1]

Además de los atributos antes mencionados, en ocasiones es común ver a Amaterasu con granos de arroz y espigas en las manos, como es el caso de su estatua en el Santuario de Ama no Iwato (pref. Miyazaki). Sin embargo, hay que destacar que estos símbolos no provienen del Kojiki, sino del Nihon Shoki, donde Amaterasu le da arroz sagrado de sus campos a su nieto, Ninigi-no-mikoto, cuando desciende a gobernar Japón: “Entregaré a mi hijo las espigas del jardín sagrado, del que tomo parte en las Llanuras del Alto Cielo”.[2] Aunque el descenso de Ninigi al país nipón sí está recogido en el Kojiki,[3] el regalo de la diosa no se menciona y es una adición posterior.

Amaterasu con su atuendo guerrero en Amaterasu, la Diosa del Sol y Hermana de Susanô, antes de esconderse en la Cueva, anónimo (c.1890) (izquierda) y estatua de Amaterasu con granos de arroz en la mano izquierda y una espiga en la derecha en el santuario de Ama no Iwato (derecha).

Al margen de esta descripción, el episodio más famoso en el que participa Amaterasu, y con mayor frecuencia representado, es el relacionado con La Casa Rocosa del Cielo: Susanoô gana en una competición a Amaterasu y, cegado por su orgullo, comete diversas fechorías en los territorios de su hermana. Asustada por el comportamiento salvaje de su hermano, la diosa se encierra en una cueva y decide no volver a salir. En el Kojiki se narra este episodio de la siguiente manera:

Al presenciar esto, la diosa Amaterasu se asustó terriblemente y, abriendo la puerta de la Casa Rocosa del Cielo, se encerró en ella. […] Entonces se congregaron los ocho millones de deidades en las orillas pedregosas del río celestial de Yasu […] Ordenaron reunir a todos los gallos del mundo de la noche eterna para que cantaran sin cesar. […] De las ramas más altas de su copa los dioses mandaron colgar el largo rosario de cuentas de jade; de las ramas del medio colgaron el gran espejo; y de las ramas más bajas ataron dos telas, una blanca de algodón y otra azul de lino. Entretanto, [la diosa] Ame-no-uzume-no-mikoto se arremangó la túnica con una liana tomada del monte celestial de Kagu, se sujetó la cabellera con otra liana de la hiedra de Masaki, y empuñó un ramo de bambú tomado del monte celestial de Kagi. A continuación, puso delante de la puerta de la caverna un cubo boca abajo, se subió encima de él y comenzó a bailar pataleando y pataleando hasta producir un ruido cada vez más ensordecedor. […] Mientras decía esto, los dioses Ame-no-ko-yane y Futo-dama colocaron el espejo sagrado delante de la diosa Amaterasu la cual, cada vez más intrigada, se asomó asombrándose de la imagen reflejada en el espejo. Y abrió más y más la puerta de la caverna. En ese instante el dios Ame-no-ta-jikara, que estaba oculto tras la puerta, la agarró por la augusta mano y tiró de ella para sacarla de la caverna. […][4]

El episodio de la Casa Rocosa del Cielo representado desde la perspectiva de Amaterasu en La Diosa del Sol, de Tsukioka Yoshitosi (1882) (izquierda) y Ama No Ihaya, de Tsuchiya Koitsu (1902) (derecha).

En la mayor parte representaciones de este mito hay algunos puntos comunes: suele aparecer un gallo en algún punto de la escena, representando todos los gallos que llaman para alborotar, y al fondo aparece un árbol con un espejo colgado. El detalle de las dos telas no suele representarse, a lo mejor porque no tienen un papel relevante en la historia. La danza de Ame no Uzume, siempre subida sobre un barril vuelto del revés y con una rama de bambú, como se especifica en el Kojiki, suele ser la figura principal de la escena.

Dioses tocan música para tentar a la Diosa del Sol, Ilustraciones de los Anales de Japón, No.2. Utagawa Hiroshige (1847-1851).

Danza para la Diosa del Sol, Tsukioka Yoshitosi (1879).  En rojo está rodeada la figura del gallo.

Tal y como se ha podido observar, la otra gran protagonista de la historia, además de Amaterasu, es Ama no Uzume, la diosa que baila y es la principal causa de que la Diosa del Sol salga de la cueva. Esta diosa, asociada al amanecer, el entretenimiento y la risa también ha sido representada en la cultura popular, y cuenta con estatuas en el mencionado santuario de Ama no Iwato, un templo situado en las cercanías de la cueva en la que se dice que Amaterasu se encerró, así como en el santuario de Takachiho (pref. Miyazaki), donde es una de muchas deidades a las que se le rinde culto. Aunque su aspecto suele variar, suele ser común a todas sus representaciones la expresión sonriente, la postura sugiriendo el movimiento de una danza, estar subida encima de un barril vuelto del revés y el que tenga en la mano una rama de bambú o algo que lo simbolice.

Estatuas de Ama no Uzume en el santuario de Awa no Iwato (izquierda) y en la ciudad de Takachiho: delante del santuario (centro) y en la Calle de los Mitos de la misma ciudad (derecha).

Susanoô:

Susanoô es el Dios del Mar y las Tormentas, hermano de la Diosa del Sol Amaterasu. En cuanto a personalidad, se trata de un dios impredecible y pendenciero, aunque esta actitud cambia ligeramente después de ser desterrado. El principal mito asociado a Susanoô es el de su lucha contra Yamato no Orochi, una serpiente gigante mitológica. La historia comienza después de que Susanoô, como parte de su castigo por haber asustado a la diosa Amaterasu, sea expulsado del Altiplano del Cielo. El Kojiki empieza la historia así: “Después de su expulsión, Susanoô bajó del Cielo […]. Entonces, se encontró con una pareja de ancianos que lloraban desconsoladamente con una joven en medio”.[5] Estos ancianos son los que le hablan de Yamato no Orochi, una serpiente marina gigante que se ha ido comiendo a sus ocho hijas hasta que sólo ha quedado la princesa Kushinada, la joven que está con ellos. En el Kojiki se describe a Yamato no Orochi de la siguiente manera:

Sus ojos son rojos como cerezas, de su tronco salen ocho cabezas y ocho colas y la piel está recubierta de musgo, cipreses y pinos. La longitud de su cuerpo se extiende por ocho valles y ocho montañas.[6]

Susanoô accede a encargarse de la serpiente a cambio de casarse con la princesa Kushinada, y la familia acepta el trato. Antes de ir a la pelea, Susanô transforma a Kushinada en una peineta, presumiblemente para que no se la coma la Yamato no Orochi: “Entonces, Susanô transformó a la joven en una peineta que se colocó en su moño”.[7] Luego, les da indicaciones a los ancianos para que hagan los preparativos necesarios para matar a la serpiente:

Ahora preparad un aguardiente que haya fermentado ocho veces. Levantad una valla en círculo y en ella abrid ocho puertas. En cada puerta haced ocho plataformas y sobre cada una de ellas poned un barril lleno del vino fermentado ocho veces. Luego, quedaos a la espera.[8]

Susanoô matando a la Yamano no Orochi, tríptico de Toyohara Chikanobu (1870). Este ukiyo-e se ajusta a lo relatado en el Kojiki, donde pueden contarse los ocho barriles con los que Susanoô embriaga a la serpiente, así como sus ocho cabezas. También se puede ver a los ancianos padres de Kushinada observando la hazaña (esquina superior derecha).

Cuando la serpiente llega para comerse a la última hija, ve los barriles y se los bebe. Susanoô aprovecha que la serpiente está dormida por su embriaguez para matarla y casarse luego con la princesa.

La historia de Susanoô contada a través de distintos ukiyo-e. El encuentro con Kushinada y sus desconsolados padres en Matador de Serpientes, de Toyohara Chikanobu (1886) (izquierda). Susanô enfrentándose a la serpiente: Susanô y la princesa Inada, de Tsukioka Yoshitosi (1880) (centro) y la princesa Kushinada transformada en peine en Dragón, de Utagawa Kuniyoshi (1840).

Hasta ahora, hemos visto cómo las distintas partes del mito de Susanoô han sido fuente de inspiración habitual para los artistas del ukiyo-e, sobre todo durante el periodo Meiji, cuando el sintoísmo era la religión oficial del gobierno. Sin embargo, hoy día, la historia sobre la derrota de Yamato no Orochi sigue gozando de gran popularidad, y en 1991 se inauguró el Yamato no Orochi Kôen, un parque con una estatua en honor a Susanoô, donde precisamente aparece luchando contra la serpiente. La representación más reciente del famoso dios data de 2012, y se trata de una pequeña estatua en piedra situada en la ciudad de Izumo, hecha como parte de las celebraciones del tres mil aniversario de la escritura del Kojiki.

Representaciones modernas de Susanoô: Yamato no Orochi Kôen (izquierda arriba) con su estatua de la serpiente (izquierda abajo) y de Susanoô (centro), y estatua inaugurada en 2012 en Izumo (derecha).

Ôkuninushi:

Ôkuninushi, nieto de Amaterasu, es el dios sintoísta de la magia y la medicina, y simboliza el renacimiento. El principal mito asociado al dios es la historia de “La Liebre Blanca de Inaba”, que explica cómo Ôkuninushi acabó siendo el regente del país:

Todos y cada uno de estos hermanos tenía la intención de pedir la mano de [la princesa] Ya-gami-hime de Inaba y, al partir en su busca, decidieron llevarse consigo a Oo-kuninushi para que les sirviera y les llevara sobre la espalda sus equipajes. Cuando llegaron al cabo de Keta, se encontraron con una liebre tendida y completamente despellejada. Al verla en tal estado, los ochenta dioses le dijeron:

Podrás curarte bañándote con agua salada. Después deja que el viento te seque tumbándote en lo alto de la montaña.

[…] El animal se puso a llorar de dolor y entró en agonía. […] Entonces, el dios Oo-namuji dio el siguiente consejo a la liebre: […] La liebre siguió su consejo y su cuerpo volvió a ser como antes.

Ésta es la historia de la liebre de Inaba, la cual todavía hoy se la conoce como la diosa Liebre. Después, la liebre le dijo al dios Oo-namuji:

Aquellos ochenta dioses nunca se casarán con la princesa Ya-gami. Tú, en cambio, aunque ahora seas el que lleva sus equipajes a la espalda, serás quien se case con ella.

El momento en el que Ôkuninushi aconseja a la liebre está ampliamente representado sobre todo en la escultura, ya que el dios cuenta con varios templos dedicados a su culto, donde es habitual que haya una estatua que representa dicho episodio. Dos de los santuarios principales donde se puede adorar esta figura es el Gran Santuario de Izumo (pref. Shimane) y el Hakutoji Jinja o Santuario de la Liebre Blanca, en la ciudad de Tottori.

Estatuas de Ôkuninushi y la Liebre Blanca de Inaba en el Gran Santuario de Izumo (izquierda), en la ciudad de Izumo hecha como parte del ya mencionado tres mil aniversario del Kojiki (centro arriba), en la rama de Osaka del Gran Santuario de Izumo (centro abajo) y en la estación de Tottori, donde está el Santuario de la Liebre Blanca (derecha).

En el Kojiki, la liebre cuenta la historia de cómo se ha quedado despellejada:

Yo estaba en la isla de Oki, pero deseaba atravesar el mar para llegar hasta aquí. Como no sabía cómo hacerlo, decidí gastarles una treta a los tiburones; así que les dije: «Me gustaría contar el número de todos los de vuestra especie para saber si sois más que los de mi especie. Así, reunid a todos los vuestros y formad una fila desde esta isla hasta el cabo de Keta. Yo iré saltando sobre todos vosotros para contaros uno a uno y poder saber qué especie es más numerosa.» Los tiburones, así engañados, se pusieron en fila y yo me puse a saltar sobre ellos. Pero cuando estaba a punto de tocar tierra y apenas había acabado de decir: «¡Ah! ¡Cómo os he engañado!», el último tiburón abrió la boca y de un mordisco me arrancó la vestimenta.[9]

Aunque en el texto se habla de “tiburones”, en los ukiyo-e es común que estos animales sean sustituidos por cocodrilos. Esto se debe a una deformación en la historia desde el Kojiki original hasta que se hicieron litografías sobre el tema. Según se indica en las notas de traducción de la edición de Carlos Rubio, el tipo de tiburón al que se refiere la historia llevaba el símbolo de wani, que significa “cocodrilo”. Esto provocó que con el tiempo se eliminara el resto del nombre del tiburón y sólo quedara este carácter, provocando el error de que a los que la liebre engañó fueron cocodrilos y no tiburones.

Por último, otro de los atributos que se le asocian a Ôkuninushi es el de dios de los matrimonios, o de los vínculos en general. Esto se debe a otro de los mitos asociados a él, donde se encuentra al hijo de Kamimusubi, asociado con los vínculos entre hombre y mujer. En el Kojiki el encuentro se narra así:

Estaba el dios Oo-kuni-nushi en el cabo de Miho, en el país de Izumo, cuando se le acercó una deidad montada sobre la cresta de una ola y a bordo de un bote hecho del fruto de kagami. […] — Es el dios Sukuna-hiko, hijo de [el dios] Kami-musubi-no-kami.[10]

Ôkuninushi no Mikoto, la Liebre Blanca de Inaba y los Cocodrilos de Hokusai (s. XIX) (izquierda), donde se ve que se han sustituido los tiburones mencionados en el Kojiki por los reptiles. Estatua representando el encuentro de Ôkuninushi con el dios Sukunahiko situada en el Gran Templo de Izumo (derecha).

En este artículo, se ha hecho un recorrido a través de las manifestaciones artísticas en las que se representan a algunos de los dioses más famosos del panteón sintoísta, Amaterasu, Susanoô y Ôkuninushi, desde el siglo XIX hasta la actualidad. En la siguiente entrega, se acabará este itinerario ocupándonos de las historias asociadas a las princesas Konohanasakuya y Toyotama, para acabar con la imagen en el arte del primer emperador de Japón, Jinmu.

Notas:

[1] Rubio López de la Llave, C. y Tami Moratalla, R., Kojiki. Crónicas de antiguos hechos de Japón, Madrid, Trotta, 2008, p.70.

[2] Cita traducida al español desde el inglés tomada de: Aston, W. G., Nihongi. Chronicles of Japan from the Earliest Times to A.D. 697, Londres, The Japan Society, 1896, p. 83. Esta versión ha sido reditada en 2013 para Kindle por la editorial CreateSpace.

[3] Rubio López de la Llave, C. y Tami Moratalla, R., Kojiki…, op. cit., pp. 108-110.

[4] Ibidem, pp.74-76.

[5] Ibidem, p.77.

[6] Ibidem, p.78.

[7] Ibidem, p.78.

[8] Ibidem, p.79.

[9] Ibidem, p.83-84.

[10] Ibidem, p.95.

avatar Claudia Bonillo (24 Posts)

Nació en Zaragoza el 29 de diciembre de 1993. En su época de instituto vio sus primeros mangas y animes, lo que la llevó a interesarse por Japón. Acabó la carrera de Ingeniería Informática en 2016 y actualmente estudia japonés en el Centro Universitario de Lenguas Modernas, además de cursar el post-grado de Estudios Japoneses en la Universidad de Zaragoza.


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