Revista Ecos de Asia

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This article was written on 18 Ene 2021, and is filled under Arte, Historia y Pensamiento.

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Komainu, los ¿perros? guardianes del sintoísmo

Hay dos símbolos especialmente representativos de los santuarios sintoístas japoneses: uno de ellos son los torii, puertas formadas por dos pilares verticales unidos en su parte superior por otro pilar horizontal que constituyen la entrada al recinto sagrado, y los komainu, estatuas colocadas sobre columnas, una a cada lado del torii que guardan la entrada. Aunque la mayor parte de los que se pueden ver hoy en día están hechos en piedra, e incluso los hay en cerámica y metal, originalmente se fabricaban en madera, ya que durante los periodos Heian (794-1185/1192) y Kamakura (1192-1333) se colocaban dentro del edificio sagrado formando parte del resto del estatuario budista, tradicionalmente realizado en este material.

Koma” es un vocablo antiguo para referirse a la Península de Corea, y una hipótesis sostiene que estaban hechos a imagen de los perros de este territorio, aunque la teoría más plausible explica que evolucionaron de las estatuas de leones que se colocaban a la entrada de los templos budistas al comienzo de la expansión de esta religión por el territorio japonés desde Corea, una costumbre que luego fue incorporada por el sintoísmo. Originalmente, de hecho, una de las estatuas era un komainu y la otra un león, aunque con el tiempo esta distinción se fue perdiendo e incluso empezaron a utilizarse otros animales, considerados mensajeros de los distintos dioses a los que estaban consagrados los santuarios; en este caso ya no se les llama komainu, sino que se añade a la palabra koma el nombre del animal correspondiente en japonés. Normalmente, el de la derecha tiene la boca abierta, aludiendo a la primera sílaba del sánscrito “a y es macho, mientras que la estatua de la izquierda tiene la boca cerrada, pronunciando la última sílaba del sánscrito “un” y es hembra, aunque en los casos en los que los komainu no retienen su forma clásica no tiene por qué respetarse esta diferencia, como vamos a ver en este artículo en nuestro recorrido por los distintos animales que actúan como guardianes de los santuarios en la ciudad de Kioto.

Entrada de Kitano Tenmanguu y su correspondiente komainu [fotos de la autora]

Después de los komainu, los guardianes sintoístas más famosos son sin duda los zorros, conocidos como los komagitsune. Son especialmente relevantes en el santuario Fushimi Inari Taisha consagrado a cinco deidades conocidas colectivamente bajo el nombre de Inari: la principal es Ukanomitama, acompañada de Satahiko, Ômiyanome, Tanaka y Shi. El grupo de dioses Inari es devotamente venerado, otorgando abundantes cosechas y éxito en los negocios, siendo Fushimi Inari Taisha el santuario principal de todos los dedicados a Inari en Japón. Los zorros, mensajeros de estos dioses, pueden encontrarse en el recinto del templo sosteniendo diferentes símbolos en la boca: una espiga de arroz, un makimono que simboliza la sabiduría, así como una pequeña pelota y una llave, que representan respectivamente el sol y la luna, el Cielo y la Tierra, o la virtud de Inari y la voluntad de albergar su espíritu.

Komagitsune de Fushimi Inari Taisha con algunos de los símbolos indicados: un maikomono, una pelota y una espiga de arroz [fotos de la autora]

En Fushimi Inari Taisha, sin embargo, podemos encontrar otros animales además de los zorros. En el recinto también se sitúan un considerable número de templos menores, siendo uno de ellos el dedicado a Suehiro-ôkami guardado por dos komagaeru, o komainu con forma de una gran rana con otras dos más pequeñas subidas encima. Las ranas se han considerado talismanes de la buena suerte desde la antigüedad, y es común la venta de fukugaeru, un amuleto que juega con la homofonía de la palabra “kaeru” y que puede significar dependiendo del kanji con el que se escriba “rana” o “volver”, pudiendo traducirse este vocablo por “rana de la suerte” o “la suerte vuelve”. En este caso, las tres ranas parecen aludir al dicho “fuku ga kaeru, bujikaeru, okane ga kaeru” (“vuelve la suerte, vuelve sano y salvo/ vuelve a estar sano, vuelve el dinero” [t.a.]), aunque también existe una versión alternativa en la que la tercera parte es sustituida por “wakagaeru” o “rejuvenecer”.

Komagaeru en el santuario dedicado a Suehiro-ôkami [fotos de la autora]

El santuario Goô está consagrado a Wake no Kiyomaru, consejero principal del emperador Kanmu (737-806), así como a su hermana Hiromushi, y su entrada está protegida por dos jabalíes, los komainoshishi. Su origen se remonta a la leyenda que cuenta cómo, gracias a la intercesión divina de Usa Hachiman, Kiyomaru logró frustrar el malvado plan del monje budista Yuge no Dôkyô de usurpar el trono imperial en el año 769, provocando que este lo exiliara a Ôsumi (actual prefectura de Kagoshima). En el trayecto le atacaron los secuaces de Dôkyô y le hirieron en la pierna, pero al llegar a Buzen (actual prefectura de Ôita) aparecieron cerca de trescientos jabalíes que lo escoltaron durante cuarenta kilómetros hasta el santuario de Usa Hachiman, donde su pierna se curó milagrosamente. Los jabalíes de la entrada honran a los que acompañaron al valeroso Kiyomaru, y se piensa que curan las enfermedades y heridas en las piernas, protegen en los viajes y garantizan una vida sin adversidades.

Komainoshishi en el templo Goô [fotos de la autora]

Las komabato, o komainu con forma de paloma, protegen la entrada del santuario Miyake Hachiman, construido por Ono no Imoko durante el reinado de la emperatriz Suiko (554-629). Mientras estaba viajando por la región de Tsukushi (actual prefectura de Fukuoka) cayó enfermó, pero tras rezarle a Usa Hachiman se recuperó rápidamente. Como agradecimiento decidió construirle un santuario, aunque en la actualidad el templo está consagrado al emperador Ôjin (201-310). Las palomas son consideradas las mensajeras de Usa Hachiman, razón por la que las komahato guardan su santuario.

Komabato en santuario de Miyake Hachiman [fotos de la autora]

El santuario de Okazaki está dedicado a Susano-ô, a su esposa Kushinada-hime, a sus tres hijas y a sus cinco hijos. Se cree que es uno de los cuatro santuarios que se construyeron en los puntos cardinales para proteger Kioto recién instaurada Capital Imperial en el año 794. Este santuario, situado al Este de la capital, se conocía como Higashi-tennô. En 1178, con motivo del nacimiento del emperador Antoku, se hizo una ofrenda ritual al santuario y se consagró al dios de los partos seguros. Desde la antigüedad, los conejos se han considerado los mensajeros de los ujigami, deidades tutelares de los uji, los clanes primigenios que conformaban la sociedad japonesa. Además, como Susano-ô y su mujer fueron bendecidos con muchos hijos, y los conejos son prolíficos, estos acabaron siendo considerados los dioses de los partos, favoreciendo que se situaran komausagi en la entrada.

Komausagi en el santuario de Okazaki [fotos de la autora]

Por último hablaremos del templo de Kurama, se dice que fundado por Ganchô, uno de los mejores discípulos de Jianzhen, el fundador del templo Tôshôdai-ji en Nara, que alcanzó la montaña de Kurama en el año 770 a lomos de un caballo blanco. Fue entonces cuando tuvo un despertar espiritual por obra de Bishamonten, uno de los Cuatro Reyes Celestiales, que le inspiró a construir una cabaña que se convertirñia en la precursora del presente templo. Su entrada está flaqueada por dos komatora, o komainu con forma de tigre, ya que este animal es considerado uno de los mensajeros de Bishamonten.

Templo de Kurama y uno de sus komatora [fotos de la autora]

En este artículo hemos presentado algunos de los komainu con formas menos tradicionales que podemos encontrar en Kioto. Por supuesto, este fenómeno no es exclusivo de la antigua Capital Imperial, y por todo Japón pueden encontrarse muchos tipos de komainu diferentes: con forma de dragón, tanuki o mapache japonés, mono, serpiente, perro, oveja, vaca, lobo, tortuga…a lo que se añaden las variaciones históricas y regionales de los komainu clásicos. Explorar los santuarios de Japón resulta una experiencia fascinante, y puede resultar aún más enriquecedora si nos fijamos en sus guardianes y las historias que esconden.

Para saber más:

Komainu – Kyoto National Museum. Disponible aquí.

Komainu, komazaru, komaôkami, komagitsune… – Ensenji. Disponible aquí.

avatar Claudia Bonillo (60 Posts)

Graduada en Ingeniería Informática con mención en Computación (2016, Unizar), Diploma de Especialización en Estudios Japoneses (2017, Unizar) y Máster de Estudios Avanzados en Historia del Arte (2018, Unizar), actualmente es doctoranda del área de Asia Oriental en el Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza especializada en la transmisión de la historia medieval japonesa, periodo Sengoku (1467/1477-1603), a través de la cultura popular nipona (videojuegos, manga y anime). En el año 2020 ganó la Beca del Gobierno Japonés (MEXT/ Monbukagakushô) para Graduados Españoles para poder hacer una estancia de investigación en la Universidad de Kioto.


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