Revista Ecos de Asia

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This article was written on 18 Oct 2017, and is filled under Historia y Pensamiento.

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La cultura de los eruditos en el Japón del siglo XIX

En la antigua China, los funcionarios nombrados por el emperador y sobre los que recaía el gobierno diario y determinadas labores administrativas, reciben el nombre de letrados o eruditos. A través de la educación, esta élite de funcionarios disponía del monopolio de las importantes labores de la administración y de la gestión del extenso imperio chino, llegando a eclipsar en importancia a la aristocracia y gran parte de cargos militares. Se les podría definir como una clase social que, tras superar  un duro sistema de exámenes, eran elegibles para ocupar los cargos reservados al funcionariado. Bajo el estricto sistema confuciano de clases, estos eruditos se encontraban por encima de los restantes estamentos de la sociedad, seguidos de granjeros, artesanos y comerciantes, y se esperaba de ellos que fueran un ejemplo para su comunidad al hacer gala de los valores del perfecto caballero confuciano.[1] A lo largo de más de dos milenios,[2]  estos eruditos se adaptaron notablemente a los cambios históricos por los que pasó el Imperio del Medio,  y mantuvieron su posición dominante en la sociedad tradicional china. Los  literatos se caracterizaban también por cultivar distintas artes entre las que cobraba una especial relevancia las denominadas artes del pincel, pintura, poesía y caligrafía. De esta manera, a finales del siglo X surgió la figura del pintor letrado o erudito, que desarrollaba su actividad artística, la cual debía de reflejar su personalidad.

Bajo el gobierno de los shogunes Tokugawa[3] del archipiélago japonés, la cultura china llegada del continente influyó notablemente en la sociedad, el arte y la política del periodo Edo. Las ideas importadas de China poseían un respaldo y una autoridad cultural reseñables,[4] lo que propició que fueran utilizadas, entre otras cosas, para  legitimar la política del gobierno Tokugawa. El Shogunato, recurrió así a la doctrina emanada del neoconfucianismo,[5] así como al estudio e interpretación de los textos de Confucio, como un medio para legitimar la posición de los dirigentes, lo que propició que se desarrollara una atmósfera de gran actividad cultural centrada en el estudio de estos textos. Esto conllevó a que se normalizara el aprendizaje de las enseñanzas chinas en Japón,  estudios denominados kangaku, los cuales se sustentaban y basaban en el estudio de los textos clásicos chinos, escritos que se leían de acuerdo a determinadas reglas japonesas de gramática y pronunciación, conocidas como kanbun.

Detalle del rollo Vivienda en las Montañas Fuchun, por el pintor Huang Guangwang (1269-1354), dinastía Yuan (1279-1368).

Este afán por las enseñanzas de la cultura china propició una gran demanda de productos y obras artísticas de origen chino, así como medicinas y remedios tradicionales, que debían ser importadas desde el continente al archipiélago. La transmisión de esta cultura  fue posible a través del comercio que se realizaba con puertos chinos a través de Nagasaki,[6] lo que lo convirtió a esta ciudad en un punto de encuentro para todos los interesados en esta tendencia.

Pesca en primavera, de Ike no Taiga (1723-1776), (Cleveland Museum of Art). Pintor letrado y calígrafo japonés que reflejó en la mayoría de sus obras su pasión por las técnicas clásicas de la cultura y pintura china, como buen literato, Ike mantuvo contactos con círculos artísticos prominentes de la época.

Dentro de esta fascinación por la cultura china, cobró una especial importancia la figura del letrado. Como hemos señalado, en China la figura del letrado o erudito encarnaba una serie de valores  de las enseñanzas de Confucio y la práctica de “las tres excelencias,” poesía, caligrafía y pintura (shishoga). Se sostenía que el carácter de un literato debía de aparecer reflejado en el trazo del pincel, reflejando por medio de la práctica de estas actividades un estilo de vida imbuido de preceptos morales.

La popularidad que alcanzó el estilo de vida del letrado para muchos japoneses se debía en gran parte a que proponía una vía de escape, una existencia honrosa al margen  del rígido control de la sociedad japonesa del periodo Edo, el cual se caracterizaba por las rígidas restricciones y obligaciones entre los distintos estamentos de la sociedad japonesa. La implantación de esta cultura de los letrados coincidió con un momento en el que se excluyó a muchos intelectuales y personas con inquietudes para la participación en política o en labores de gobierno debido a sus orígenes, presentando pocas alternativas para su avance dentro de la sociedad. Gracias a la práctica de este tipo de actividades, podían posicionarse como cultos observadores, con la esperanza de retirarse de la vida pública y de la vulgaridad del día a día. De esta misma manera, sus realizaciones artísticas permitían la representación de formas de expresión en contra de la clase dirigente y sus políticas.

En futuros artículos realizaremos un recorrido por la pintura que realizaban estos letrados en Japón, así como las reuniones y encuentros que mantenían entre ellos y que sirvió para popularizar este tipo de manifestaciones.

Notas:

[1] Con el término confucianismo entendemos el conjunto de principios políticos y morales enunciados principalmente por Confucio (551- 479 a. C.). El confucianismo como sistema de pensamiento parte de una visión determinada del universo en el que existe un orden preestablecido, regido por el Cielo, que no debe ser perturbado. En este universo se integra la sociedad humana que debe armonizarse con el cosmos, es decir, cada hombre que forma parte de la sociedad debe obrar de acuerdo a lo ordenado por el cielo, cumpliendo sus deberes en el puesto y función (claramente jerarquizados) que le toca desempeñar, buscando el bienestar social, bien en el ámbito de la familia (centro y base de la vida humana) o del Estado.

[2] Los letrados o eruditos desempeñaron su labor al frente de las administraciones con diferentes altibajos desde la dinastía Han (206 a. C.-220 d. C.) hasta el fin de la dinastía Qing (1644-1911).

[3] El shogunato Tokugawa, también conocido como bakufu o bakufu de Edo (actual Tokio), fue el último gobierno militar feudal que dirigió Japón y  que se produjo entre los años 1600 y 1868. El jefe del gobierno era el shogun,  título que recaía sobre miembros del clan Tokugawa. El shogunato Tokugawa gobernó desde el castillo de Edo y por lo tanto los años del shogunato se conocieron como el período de Edo. Marius B. Jansen. China in the Tokugawa World. Cambridge, Harvard University Press, 1992, p. 2.

[4] Buckland, Rosina. Painting Nature for the Nation.  Taki katei and the challenges to Sinophile Culture in Meiji Japan, Leiden-Boston, Brill, 2013, pp. 11-12.

[5] El neoconfucianismo se trata de una filosofía china moral, ética y metafísica influenciada por el confucianismo, y se originó con Han Yu y Li Ao (772-841) durante la dinastía Tang, y se hizo prominente durante las dinastías Song y Ming. El neoconfucianismo fue un intento de crear una forma más racionalista y secular de confucianismo al rechazar elementos supersticiosos y místicos del taoísmo y el budismo que habían influido en él durante décadas. El neo-confucianismo alcanzó Japón durante el período de Kamakura (1192-1333), y su filosofía puede calificarse como humanista y racionalista, con la creencia de que el universo puede ser entendido a través de la razón humana y que corresponde al hombre crear una relación armoniosa entre el universo y el individuo. El shogunato Tokugawa del siglo XVII adoptó el neoconfucianismo como el principio para presentar su legitimidad y controlar a la población.

[6] Nagasaki, además de Tsushima y las islas Ryûkyû, eran los únicos sitios del archipiélago donde el comercio exterior estaba permitido. La presencia de comerciantes chinos y holandeses, así como sirvientes de multitud de nacionalidades,  generaba atmósfera internacional en la ciudad portuaria, llena de bienes exóticos, vestimentas, y alimentos. Se suele poner el acento en el comercio de los holandeses durante este periodo, pero el comercio chino con creces lo superaba, en 1711, por ejemplo, entraron 44 naves chinas frente a las 4 holandesas. Los principales bienes importados de China, eran especialmente la seda en bruto,  los textiles de seda, el azúcar, y obras de arte, los cuales se intercambiaban por cobre japonés. Robert I. Hellyer. Defining Engagement. Japan and Globlal Contexts, 1640-1868. Cambridge, Harvard University Asia Center, 2009, p. 16.

avatar David Lacasta (60 Posts)

Soy Licenciado en Historia del Arte y actualmente estoy cursando el máster en estudios avanzados, en la modalidad de Asia Oriental. Estoy trabajando en la cerámica Satsuma, y el fenómeno de su coleccionismo en occidente.También me interesa mucho todo lo relacionado con las armas y armaduras de los samurai, así como la historia militar de Japón.


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