Revista Ecos de Asia

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This article was written on 22 Ene 2016, and is filled under Arte.

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La eboraria en China

El marfil es la materia ósea que conforma las defensas y piezas dentales de algunos animales, siendo el más común el proveniente del elefante. A lo largo de la historia, este material se ha empleado en la realización de toda clase de objetos de lujo, debido a la propia escasez del material y la fineza que puede alcanzar su talla. Los productos de marfil ostentaron una gran popularidad en el Imperio Bizantino y durante la Edad Media, momentos en los que se llevaron a cabo gran cantidad de pequeñas esculturas devocionales de este material, así como el mundo islámico, que supo adaptar a la perfección un amplio repertorio de intrincados motivos.

El marfil, como hemos señalado, procedente en su mayoría de las defensas del elefante, esta formado por una  estructura de capas fibrosas calcificadas alrededor de un núcleo central o pulpa, de la que se pueden diferenciar tres partes, la capa más exterior, formada por el esmalte dental, un cuerpo interior o dentina, y la raíz interna ósea. Para la talla del material se suelen destinar las dos últimas secciones, ya que el esmalte, la más dura, resulta en ocasiones difícil de trabajar. En el caso de otros animales como el hipopótamo, el esmalte presenta una dureza similar a la del jade, mientras que el proveniente de elefante, incluso las piezas de mayores proporciones, es relativamente blando, lo que lo convierte en un material idóneo para la escultura. La calidad del material depende de su dureza, consistencia y brillo, siendo el más apreciado el procedente de paquidermos de la costa oeste de África y Tailandia. El color suele oscilar entre un blanco puro brillante o un tono amarillento, que con el paso del tiempo va adquiriendo una tonalidad más oscura. La talla resulta muy similar a la de las maderas duras, empleándose las mismas herramientas, como sierras, limas o buriles. En su uso como material artístico, las piezas están condicionadas por el tamaño de la materia prima, lo que hace que por lo general las esculturas resultantes sean de pequeñas dimensiones,  de una talla delicada y se valgan de los veteados del material y de su forma curvada, no obstante, desde antiguo, existen técnicas mediante las cuales se puede aplanar en secciones rectangulares los cilindros de marfil, procedimiento que ya aparece recogido por el presbítero Teófilo.[1] A lo largo de la historia, debido a la escasez de marfil, se ha recurrido a distintas fuentes de aprovisionamiento, entre las que destaca Siberia, territorio donde grandes partidas de buscadores se dedicaban a desenterrar colmillos de mamuts preservados en el permafrost de la tundra,  así como al aprovechamiento de los dientes de  determinadas  especies de cetáceos, como orcas y cachalotes.

Colmillo de mamut tallado con representaciones de los doce símbolos del zodiaco chino.

Colmillo de mamut tallado con representaciones de los doce símbolos del zodiaco chino.

Tras esta breve introducción, pasaremos a señalar la importancia que este material ha desempeñado en la tradición artística de China. El territorio comprendido por la actual China estuvo habitado por elefantes desde la Antigüedad hasta bien entrado el siglo X, momento en que la caza para la obtención del preciado material hizo que las poblaciones de estos animales se concentraran en zonas más cálidas del Sureste Asiático. En China se pueden considerar tres periodos fundamentales en los trabajos de eboraria.[2] El primero se desarrollaría a la par que las dinastías Shang (1776-1046 a. C.) y Zhou (1050-256 a. C.), en el que se trabajarían las defensas de animales autóctonos para la fabricación de objetos como espátulas rituales o pequeñas figuras de animales. La decoración de estas piezas consistía en simples incisiones o en la incrustación de diversos materiales como turquesa y concha. El segundo periodo, del siglo II a. C. Al siglo X d. C., comprendería el momento en el que comenzó el declive de la presencia de elefantes en China, iniciándose el comercio de marfil con el Sureste Asiático, en el que se realizaron figuras del imaginario budista y pequeños objetos como peines y accesorios de tocador. Por último el tercer periodo abarcaría desde el siglo XI a la actualidad, en el que se vendría usando el marfil importado desde el Sureste Asiático y del continente africano. Así, durante las dinastías Ming (1368-1644) y Qing (1644-1912) se produjeron los objetos de marfil más elaborados y de mayor variedad tipológica, que abarcaban desde figuras religiosas y objetos de tocador, a varillas de abanico, sellos, copas ceremoniales, tabaqueras o placas con bajorrelieves que se aplicaban a piezas de mobiliario.

Recipiente para pinceles de marfil. Dinastía Ming (1368-1644).

Recipiente para pinceles de marfil. Dinastía Ming (1368-1644).

Además de estas etapas habría que destacar el fenómeno producido a partir del siglo XVIII, momento en el que se inició la exportación de piezas de marfil, realizando figuras devocionales cristianas en Macao destinadas sobre todo a las iglesias de Portugal, España y Nueva España, en un estilo híbrido que se ha denominado chino-portugués.[3] El encuentro entre Oriente y Occidente queda patente en que, si bien estas piezas estaban inspiradas a nivel iconográfico en grabados, pinturas y esculturas de origen europeo, con el tiempo las realizaciones, como señala Gonzalo Obregón,[4] fueron recuperando cierto carácter oriental, son frecuentes las arquitecturas con forma de pagoda, o las representaciones  de santos con marcados rasgos orientales.

Representación en marfil de Wen Chang, divinidad taoísta de la  Cultura y Literatura, Dinastía Ming (siglo XVI-XVII).

Representación en marfil de Wen Chang, divinidad taoísta de la Cultura y Literatura, Dinastía Ming (siglo XVI-XVII).

Esta corriente se prolongó durante los siglos XVII y XVIII, momento en el que estuvo en funcionamiento el Galeón de Manila, cambiando en el siglo XIX, ya que a pesar de que siguieron llegando figuras de marfil procedentes de China, los artículos ya no eran, por norma general de temática religiosa, sino que fueron reemplazados por objetos utilitarios como abanicos, objetos de tocador o arquetas con motivos chinescos, así como piezas de escultura que representaban a personajes de la mitología china y de las creencias populares, objetos que a pesar de su iconografía, no tenían un destino religioso, sino meramente decorativo. A estas manifestaciones habría que sumar las representaciones de mandarines o figuras de desnudos femeninas, ya que fue corriente en Occidente el coleccionismo de piezas como las “Diagnostic Dolls.”[5]

Escultura de una “Diagnostic Doll” de marfil.

Escultura de una “Diagnostic Doll” de marfil.

Como hemos podido comprobar, las tradición artística de China presenta un gran repertorio de muestras de la talla y trabajos con marfil, piezas que en numerosas ocasiones podemos contemplar hoy den día en nuestros museos, testimonio de  los intercambios que se han venido realizando a lo largo de la historia, debido al asombro y fascinación que esos trabajos generaban.

 Notas:

[1] El presbítero Teófilo (1170-1125), fue el autor de la obra Schedula diversarum artium (Listado de Varias Artes), un tratado técnico de diversas manifestaciones artísticas medievales, destacando las partes relativas a técnicas pictóricas, orfebrería y eboraria.

[2] Cervera, Isabel, Arte y Cultura en China. Barcelona, El Serbal, 1997, pp. 118.

[3] Las piezas que se encuentran en Europa llegaron como resultado de los contactos establecidos por España y Portugal en el siglo XVI con Extremo Oriente. Las piezas traídas por los portugueses llegaban atravesando el Índico  y rodeando el continente africano, mientras que en el caso de las piezas españolas, embarcaban en Manila hasta Nueva España, cruzando después el Atlántico hasta llegar a la Península. Más información aquí.

[4] Gonzalo Obregón es autor de un profundo estudio acerca de las piezas de marfil que forman parte de la colección del Museo de Chapultepec de México. Para más información remitimos al lector a su artículo: Obregón, Gonzalo. “La colección de marfiles del Museo nacional de Historia”, en Anales del instituto Nacional de Antropología e Historia, n. 7. México, Museo Nacional de México, 1955. Disponible aquí.

[5] A lo largo de los siglos la medicina tradicional china basaba se valía de la realización de “diagnósticos del pulso” o profundas pulsaciones superficiales sobre el cuerpo humano. A partir del siglo XVII y hasta bien entrada la década de 1950, las estrictas convenciones sociales impedían el contacto físico entre extraños de distinto sexo, por lo que las damas de la aristocracia, para preservar su decencia, señalaban en los lugares correspondientes de pequeñas figuras de marfil denominadas “Diagnostic Dolls.” Estas pequeñas esculturas, por lo general se representaban desnudas, solamente ataviadas con zapatos, pendientes y pulseras.

avatar David Lacasta (54 Posts)

Soy Licenciado en Historia del Arte y actualmente estoy cursando el máster en estudios avanzados, en la modalidad de Asia Oriental. Estoy trabajando en la cerámica Satsuma, y el fenómeno de su coleccionismo en occidente.También me interesa mucho todo lo relacionado con las armas y armaduras de los samurai, así como la historia militar de Japón.


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