Revista Ecos de Asia

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This article was written on 02 Oct 2015, and is filled under Historia y Pensamiento.

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La Ruta de la Seda III. Del siglo VII al siglo X d.C.

Proseguimos aproximándonos a la historia y a las historias de la Ruta de la Seda. Habíamos dejado nuestro recorrido en el artículo anterior hablando de un panorama cada vez más fragmentado, sin que esto repercutiese de manera sustancial en el comercio. Además, China había perdido por primera vez el monopolio sobre la seda, que se produjo en la zona del Reino de Jotán[1] y, brevemente, en el Imperio Bizantino durante el reinado de Justiniano.

La siguiente etapa en la que podemos periodizar esta historia de la Ruta de la Seda se encontraría entre los siglos VII y X. De nuevo se ha producido un cambio en el espectro político, que ha otorgado nuevamente estabilidad a las principales regiones implicadas en esta ruta.

Mapa en el que puede verse la situación geopolítica en el siglo IX, donde puede verse el territorio de la China de los Tang (amarillo), la desintegración del Imperio Gupta en numerosos imperios y reinos, la expansión del Islam a través del Califato (aquí ya Abasí, en color verde), y el Imperio Jázaro (azul, sobre el Califato Abasí) (fuente: wikipedia).

Mapa en el que puede verse la situación geopolítica en el siglo IX, donde puede verse el territorio de la China de los Tang (amarillo), la desintegración del Imperio Gupta en numerosos imperios y reinos, la expansión del Islam a través del Califato (aquí ya Abasí, en color verde), y el Imperio Jázaro (azul, sobre el Califato Abasí) (fuente: wikipedia).

En China se ha asentado ya la grandiosa dinastía Tang,[2] y la situación destaca por la unidad política, la gran estabilidad y vitalismo, que facilitaron un desarrollo cultural y artístico muy elevado. Desde el gobierno Tang se potenciaron y fomentaron los intercambios comerciales y culturales, de modo que existía un respaldo oficial.

En el caso de la India, el Imperio Gupta[3] se había desintegrado, pero los pequeños reinos que le sucedieron mantuvieron un panorama de estabilidad en la región.

Es en el Medio Oriente donde se producen los mayores cambios. El nacimiento y la posterior expansión del Islam[4] trajeron consigo una reconfiguración territorial en la que no solo cambiaba la política, sino también la religión y la sociedad.  Es esencial el protagonismo de la Persia musulmana, tanto en su relación con Occidente como hacia China. Por una parte, se convierte en la segunda potencia más importante en la producción de sedas, proveyendo a Occidente de este tejido. Por otro lado, Persia mantenía el monopolio del comercio con China.

Mientras al sur del Mediterráneo se expandía el Islam, al norte el Imperio Bizantino se mantenía, aunque notablemente mermado respecto a su etapa de mayor esplendor, y convivía con los distintos reinos de origen germánico: franco, visigodo, lombardo, etc.

En las estepas del sur de Rusia surgió el Imperio Jázaro,[5] entre los siglos VII y IX, un floreciente reino que favoreció la creación de rutas comerciales perpendiculares a la Ruta de la Seda, conectando Escandinavia con los países islámicos.

Durante este periodo, además de los productos lujosos habituales, también se desarrolló especialmente el tráfico de esclavos. Aunque la situación no era permanentemente estable, por los conflictos continuos generados de la expansión islámica, la fortaleza del califato favorecía los intercambios comerciales. De China, a través de Persia, llegaban principalmente seda cruda, sedas elaboradas, metales preciosos, perlas finas y objetos manufacturados (bandejas de laca y cobre, papel, peines, sombrillas, ollas de hierro, té para infusiones…), mientras que desde Occidente se enviaban marfil, lingotes de cobre, caparazones de tortuga, cuernos de rinoceronte, alcanfor, sándalo, aloe, ámbar. De puntos intermedios se obtenían otros productos, como las especias o el almizcle.

Miniatura islámica que representa un comercio de esclavos.

Miniatura islámica que representa un comercio de esclavos.

Prueba evidente de este fluido comercio es la colección artística del emperador japonés Shômu,[6] integrada por alrededor de nueve mil objetos de las procedencias más diversas, desde China y Japón hasta India, Irán, Grecia, Roma y Egipto; conservada en el Shôshô-in[7] del monasterio Tôdai-ji.[8]

Edificio del Shôshô-in, donde se conservan, junto a una parte muy relevante del patrimonio japonés, numerosas piezas artísticas de muy distintas procedencias.

Edificio del Shôshô-in, donde se conservan, junto a una parte muy relevante del patrimonio japonés, numerosas piezas artísticas de muy distintas procedencias.

De nuevo durante este periodo fue muy importante el movimiento de ideas, especialmente de ideas religiosas. A China llegaron el maniqueísmo,[9] el zoroastrismo,[10] el nestorianismo[11] y el Islam. Una de las fuentes más singulares que confirma la presencia de nestorianos en China es la estela de Si-ngan-fu.[12]

Igualmente la presencia musulmana está acreditada por muchas fuentes, destaca como llamativo el minarete de la Mezquita china de Xi’an, la capital de la provincia de Shaanxi en China. La mezquita fue construida originariamente en el año 742 durante la dinastía Tang para poder atender a los cada vez más numerosos creyentes musulmanes que habitaban en la ciudad, y sufrió restauraciones durante las dinastías Ming y Qing.

Este periodo, caracterizado por la fragmentación de algunos territorios, la multiplicidad de reinos y un abanico de culturas especialmente amplio, nos sirve para comprobar cómo la Ruta de la Seda (que hemos venido estudiando en numerosas ocasiones, aquí, aquí y aquí) no fue meramente un trazado comercial, sino que constituyó un importante circuito de transmisión de ideas y religiones. A lo largo de esta Ruta, se establecieron centros destacados de peregrinación y de valor religioso, al tiempo que las fronteras de las distintas religiones se desdibujaban, penetrando en nuevos territorios y ganando adeptos a través de un contacto que, en primera instancia, poseía una finalidad exclusivamente comercial.

Notas:

[1] El reino de Jotán es un reino histórico que se ubicaba bordeando el desierto de Taklamakán desde el sur. La capital, la ciudad-oasis de Jotán, fue uno de los principales enclaves de la Ruta de la Seda, y destacó por su producción de este tejido, así como por convertirse en un centro de gran importancia en el desarrollo y la difusión de la religión budista.

[2] La dinastía Tang se desarrolla entre los años 618 y 906 – 907. Fue bajo esta dinastía cuando se adoptó el budismo como religión oficial en China, al tiempo que se produjo un momento dorado en la cultura y en las artes. Se desarrolló la imprenta de bloques, que permitió el acceso a la cultura a una mayor población y la mayor difusión de las obras literarias. El gobernante más destacado fue Li Shi Min, que reinó entre los años 626 y 649, tras haber asesinado a sus dos hermanos para asegurarse el poder. No obstante, los logros que consiguió como monarca (reorganización del ejército, derrota de los xiongnu a los que debían rendir tributo, las reformas del reparto de tierras y la prosperidad económica) hacen que se le considere como uno de los mejores gobernantes que ha tenido China. Sin embargo, a partir del siglo VIII comenzó un declive de la dinastía Tang, y las derrotas ante la expansión islámica terminaron de debilitar esta dinastía, que fue derrocada entre los años 906 y 907 por el general militar Zhu Wen, abriendo paso a un nuevo periodo de inestabilidad.

[3] El Imperio Gupta, que se había desarrollado entre los años 320 y 550 d.C., fue un periodo de estabilidad en la historia del subcontinente indio, con una dinastía regente en los territorios que actualmente abarcan Pakistán, India y Bangladés, alcanzando una prosperidad que supuso un auge cultural a todos los niveles. En el siglo VI, la invasión de los hunos, procedentes de Asia Central, supuso el final de esta dinastía, que siguió gobernando en algunas regiones, al tiempo que en otras se consolidaban otras dinastías e imperios: el Imperio Rashtrakuta, los heftalitas o hunos blancos, el Imperio Jarsha, el Imperio Pala, el Imperio Gurjara-Pratihara, los reinos Rajput, el Imperio Chalukia…

[4] Tras las predicaciones de Mahoma, a la muerte del profeta sus seguidores comenzaron una fuerte campaña de desarrollo, que facilitada por los preceptos del Islam (la defensa de la fe verdadera) hicieron que en pocos siglos se expandiesen por un vastísimo territorio. Bajo las dinastías de los Omeyas y los Abasíes, el Islam dominó los territorios desde la Península Ibérica hasta el río Indo.

[5] El pueblo jázaro posee unos orígenes inciertos, que han dado lugar a un gran número de teorías: desde su posible relación con las tribus de Israel (teoría estimulada por la vinculación religiosa del Imperio con la tradición judaica, que llegó a ser religión oficial), otras corrientes los vinculan también con turcos emigrados, como pueblo indígena de origen caucásico; investigadores chinos los relacionan con la etnia uigur (que se sitúa en la actual región de Sinkiang, coincidiendo geográfica pero no cronológicamente con el Reino de Jotán); lingüísticamente se establece una relación con los hunos, por la similitud idiomática entre ambos… Como solución ante esta disparidad de teorías, la más abiertamente acogida es la que establece la procedencia de los jázaros en la etnia búlgara, a través de la cual pudieron tanto establecer contacto con los turcos, que culminaría con la migración hasta la región del Cáucaso, en Asia Central, y desde esa posición de reino independiente (bajo la fórmula del kanato) y hegemónico en el territorio, se produjo la absorción de pueblos circundantes de diferentes etnias, dando lugar a una multiplicidad cultural que validaría buena parte de las teorías anteriormente expuestas. Más allá de las posibilidades sobre las raíces del pueblo, el Imperio Jázaro tiene su origen en la escisión del Imperio turco Köktürk, que dio lugar a dos confederaciones, la búlgara y la jázara (encabezada por el antiguo clan gobernante de Köktürk, los Ashina). Su situación geográfica y su fortaleza convirtieron al Kanato Jázaro en una pieza fundamental en el desarrollo de las relaciones entre Europa del Este y Asia Central, protagonizando alianzas con el Imperio Bizantino y enfrentamientos con los Califatos Omeya y Abasí.

[6] El emperador Shômu (701 – 756) que reinó entre 724 y 749, ocupa el lugar 45 en el listado tradicional de emperadores de Japón.

[7] El Shôshô-in es una dependencia en el ámbito del monasterio Tôdai-ji, que en época histórica tuvo función de almacén. Posteriormente, ha pasado a albergar reliquias y patrimonio vinculado al emperador Shômu y obras del periodo Tenpyô de la historia japonesa (729 – 749). Se trata de un edificio estrechamente vinculado con la casa imperial nipona (en la actualidad, depende de la agencia imperial) y es reconocido como un tesoro nacional de Japón, por su relevancia histórico-artística.

[8] Templo budista ubicado en Nara, Japón, donde se desarrolló la escuela budista Kegon. En la actualidad, es célebre por los ciervos que pueblan su entorno, considerados mensajeros de los dioses por el sintoísmo y protegidos por el gobierno, que suponen un reclamo turístico de importancia. Sin embargo, más allá de esto, el Tôdai-ji es uno de los lugares religiosos más importantes de Japón, tanto por el culto que se realiza como por su relevancia artística. Posee un daibutsu (Gran Buda, esculturas gigantes) del Buda Vairocana, y el templo es la construcción en madera de mayor tamaño del mundo.

[9] El maniqueísmo es una religión dualista, que basa sus principios en la confrontación de dos opuestos: el Bien (la Luz o Zurván) y el Mal (las Tinieblas o Ahrimán), y consideraban que el espíritu del hombre era de Dios pero su cuerpo pertenecía al demonio. Toda la mitología que desarrollaba estos preceptos estaba fuertemente influenciada por el gnosticismo y el zoroastrismo. El principal profeta del maniqueísmo fue Mani (también conocido como Manes), cuya figura rápidamente se consideró sucesora de otros profetas y filósofos influyentes (Zoroastro, Platón, Jesús, Buda…), siendo Mani el último y el Sello de los Profetas.

[10] Religión que se apoya en las enseñanzas del profeta Zoroastro, quien reconoce a Ahura Mazda como único dios. El zoroastrismo defiende la libertad personal, rechazando cualquier tipo de predestinación, y por eso enfatiza la elección moral como forma de comportamiento, el ser humano debe ser capaz de decidir por sí mismo el camino del bien.

[11] El nestorianismo es una herejía creada por Nestorio (386-451), que fue denunciada en el concilio de Éfeso de 431. Concebía a Cristo como dos personas: la divina y la humana, cuestionando así la figura de María como virginal madre de la divinidad. Se expandió en un grupo bien posicionado, gente con un nivel cultural elevado y posibilidades económicas, dentro de una élite. Reunía en su seno a gente con gran experiencia médica.

[12] Esta estela, realizada en 781, fue descubierta por el padre Nicolas Trigault. El texto de la estela es muy relevante, allí se expone que un tal Alopen, procedente de Ta Tsin (o Da quin, nombre que los chinos daban a Occidente) en 635. Este Alopen traía una nueva ley que muy pronto fue conocida por el emperador, que lo recibió, con el que habló, y al que convenció de las bondades de esa nueva ley, de forma que el emperador aceptó esa ley como una de las muchas del imperio, facilitando su difusión, la traducción de textos, y permitiendo la construcción de un monasterio y una iglesia en el año 638. Esto ha sido confirmado también a través de otras fuentes, que han dotado de mayor valor al discurso de la estela.

avatar Carolina Plou Anadón (135 Posts)

Historiadora del Arte, japonóloga, preparando una tesis doctoral sobre fotografía japonesa.


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