Revista Ecos de Asia

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This article was written on 30 Mar 2017, and is filled under Cultura Visual.

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La técnica y calidad artística de Jirô Taniguchi a través de su manga “La época de Botchan”

A lo largo de sus casi setenta años de edad, el dibujante de manga japonés Jirô Taniguchi (谷口ジロー; Tottori, 14 de agosto de 1947-Tokio, 11 de febrero de 2017) ha producido una variada cantidad de obras. Estas, debido tanto a su alta calidad estética como a su documentada ambientación y a un guión muy bien trazado, han sido traducidas a diversos idiomas, lo que ha posibilitado que sea galardonado con numerosos premios que reconocen su formidable trabajo artístico.

Viñeta del primer capítulo del tomo 1 de La época de Botchan en la que Sôseki decide el nombre de su próxima novela

Viñeta del primer capítulo del tomo 1 de La época de Botchan en la que Sôseki decide el nombre de su próxima novela

Entre ellos se le concedió el premio Tezuka por su manga La época de Botchan, cuyo argumento giraba en torno a la vida del novelista Natsume Sôseki en pleno Japón de la época Meiji, justo cuando este decide empezar a escribir su obra Botchan. Por lo tanto, esta creación no solo es un buen ejemplo para conocer su estilo artístico sino que, debido a su documentada contextualización, también aporta una interesante visión sobre la situación histórica del país en aquel momento a nivel social, económico, cultural e histórico. Lograr unir todos estos factores en una sola obra que pudiera agradar al público no resultó tarea fácil. De hecho, tanto el propio Taniguchi como su compañero y guionista de la historia Natsuo Sekikawa (1949-), tuvieron originalmente serias dudas sobre si llegarían a terminarla sin, debido a ello, perder el gran detalle de ambientación que le habían conseguido dar. Ambos trabajaron codo con codo para sacar el proyecto adelante durante doce años mediante el mismo sistema. En primer lugar, para plasmar en viñetas la Era Meiji, fue necesario por parte de los dos llevar a cabo una ardua tarea de documentación. Teniendo esto en cuenta a la hora de comenzar a desarrollar la historia, Sekikawa escribía el guión y en base a este, Taniguchi hacía los dibujos. En caso de que la relación entre estos fallara, sería continuamente el guión de Sekikawa el que se vería modificado. Así, este siempre estará supeditado a las excelentes imágenes de su camarada, pues él mismo afirma que numerosas veces, simplemente a base de mirarlas, encontraba nuevas ideas para continuar la trama. No obstante, hay que ser consciente de que, pese a todo, en algunas existen ciertos anacronismos, a veces por voluntad propia y otras sin ella. Y es que, pese a que del periodo Meiji se tienen gran cantidad de testimonios y fuentes de información, no es tarea fácil describir las últimas décadas del mismo con sus corrientes de pensamiento, la presente política colonialista de los países occidentales, la rápida modernización del archipiélago nipón, su creciente poder industrial y militar… sin olvidar que ello no debía ser más que una ambientación contextual creada en torno a cómo el protagonista Sôseki está escribiendo su nueva novela, en la que justamente intenta plasmar este choque entre culturas. No obstante, los últimos años de la vida de este escritor decimonónico no dejan de ser un mero instrumento para trazar toda una serie de subtramas que nos presentan otros personajes históricos con curiosas peripecias interconectadas. De esta manera, el relato total, articulado en siete volúmenes, está dividido, en primer lugar, mediante los tomos uno y dos dedicados exclusivamente a Sôseki, sirviendo además para dar ya las primeras y más importantes pinceladas respecto a la situación de su país. Sin embargo, a continuación va introduciendo otras tramas de personajes contemporáneos como lo podían ser la desafortunada historia de amor entre Rintarô Mori y Elise Weigert, o el lamentable estilo de vida del poeta Ishikawa Takuboku. Finalmente, el relato cierra con las últimas meditaciones de Sôseki cuando ya está muy enfermo por problemas estomacales, seguido de su triste fallecimiento un par de años después.

Ya centrándonos plenamente en el estilo de dibujo, es importante hacer hincapié en los personajes. Con un firme trazo y cuidadosos detalles, Taniguchi suele crear a sus protagonistas de manera bastante realista, con facciones fáciles de distinguir y sin apenas ninguna caricatura, incluso en las expresiones, que apenas tienen grandes énfasis. A esta manera de tratarlos hay que unirle la constante presencia de carteles explicativos cada vez que aparece un personaje nuevo o se acomete un salto en la cronología, aportando al lector los datos necesarios para seguir la trama sin perder demasiado tiempo.

Viñeta del capítulo quinto del tercer tomo en el que se ve a Rintaro Mori haciendo referencia a su antiguo linaje samurái

Viñeta del capítulo quinto del tercer tomo en el que se ve a Rintaro Mori haciendo referencia a su antiguo linaje samurái

Por otro lado, a los hombres y mujeres hay que añadirles algunos otros elementos que complementan la novela gráfica, entre ellos los animales, dotados de gran preciosismo. Un ejemplo de ello son los gatos, los cuales van apareciendo en diferentes momentos como recurso de introspección cuando Sôseki está reflexionando y en los que el artista se complace esbozando en el pelaje, los ojos, y las diferentes posturas que los caracterizan. Asimismo, la composición de las viñetas, la cual destaca por tener formas muy regulares durante cada tomo (cuadradas y rectangulares), sin que los dibujos sobresalgan de ninguna manera (un recurso muy utilizado en otros manga), ayuda a fomentar una lectura tranquila, pausada, de poca acción violenta, compuesta fundamentalmente de diálogo y con pocos sobresaltos. Estas sensaciones se ven apoyadas por la presencia de los paisajes, en los que varias veces se apreciala acertada inspiración en ukiyo-e decimonónicos y de principios del siglo XX.

Precisamente este tipo de imágenes suponen el mejor de los escenarios para sumergir al público en aquellos años, siendo los más representativos y utilizados aquellos que nos muestran vistas urbanas y lugares icónicos o populares.

Vista de la ciudad de Tokio en la Era Meiji a doble página del capítulo uno del volumen cinco

Vista de la ciudad de Tokio en la Era Meiji a doble página del capítulo uno del volumen cinco

Puede resultar curioso cómo este manga ha obtenido tanto éxito en el extranjero, casi más que en su nación de origen, lo cual nos resulta sorprenderte teniendo en cuenta que trata temas históricos de un lugar tan lejano y en un medio todavía en fases de difusión en algunos sectores de la sociedad. En una entrevista concedida en 2012 a la AFP (Agence France-Presse), el propio Taniguchi opina, totalmente maravillado, que esto ocurre “quizás porque mi trabajo se acerca a los cómics occidentales que seguí durante más de treinta años y que han influido mi subsconsciente”. De esta manera, esto puede llevarnos a la reflexión sobre la alta capacidad que tiene un arte popular, normalmente barato y de masiva distribución como lo es el cómic en general, como medio de estudio para un determinado tema. El manga en particular –dotado de una larga tradición, aceptación y normalización en la historia nipona, mucho más que cualquier cómic occidental en su lugar de origen–  resulta una fuente muy útil para adquirir datos sobre la sociedad japonesa. De hecho, prácticamente todos los factores que caracterizan a esta novela gráfica dentro del estilo japonés aportan datos interesantes sobre la sociedad nipona. A eso se le añade la intención del artista en ilustrar y narrar relatos ambientados en Japón o unidos a valores y comportamientos que son intrínsecos a su forma de vida como ciudadano nipón. Tal es el caso de esta obraque, salvando algunos anacronismos, permite al lector acercarse de manera bastante fiel a personajes históricos y al contexto en el que estos se movían. Y es que el manga se está convirtiendo en una fuente cada vez más común para dar a conocer este país, precisamente por ser un género nada restrictivo o limitado a un grupo de entendidos, sino totalmente popular y accesible al público en general, con gran variedad de géneros aptos y llamativos para todos los gustos.

En definitiva, el alabado Taniguchi demuestra nuevamente en esta obra su espléndida capacidad y estilo de dibujo, acompañado de una digna ambientación tanto temporal como espacial que sumerge al lector en una época muy importante del Japón actual de una manera entretenida, fiel y estéticamente muy atractiva.

Para saber más:

Barral, X., Kyôto-Tôkyô des samouraïs aux mangas, Grimaldi Forum, Mónaco, 2010.

Altares, G., Jiro Taniguchi, el dibujante que rompió las barreras del manga, en El País, periódico online, 14 de febrero de 2017. Disponible aquí.

Sekikawa, N. (guion), Taniguchi, J. (dibujo), La época de Botchan, S. L. Ponent Mon, Madrid, 2008.

avatar Julia Rigual Mur (8 Posts)

Graduada en Historia del Arte, actualmente cursando el Máster de Estudios Avanzados en Historia del Arte y el título de Postgrado en Estudios Japoneses, con nivel del idioma nipón N4.


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