Revista Ecos de Asia

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This article was written on 05 Mar 2014, and is filled under Cine y TV.

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Las series de tu infancia: Heidi y Marco.

La historia comienza en un pequeño pueblo de los Alpes suizos. Una escena tremendamente bucólica: abejas, margaritas, una niña pequeña, caperuza roja, mofletes sonrosados y una cabrita llamada “Copo de nieve”. Una mujer llamada Dete, temerosa de perder su nuevo empleo como criada en la ciudad, deja en las montañas a su sobrina, de quién había cuidado desde la muerte de su madre. A partir de ese momento, el abuelo de la niña será el encargado de cuidarla. Huraño y gruñón por naturaleza, el corazón del viejo se ablandará con la llegada de la pequeña, un soplo de aire fresco para su monótona vida en las montañas.

Con esta presentación, Heidi había entrado en el imaginario colectivo de toda una generación de españoles. Las sucesivas reposiciones de la serie (con distinto éxito), hicieron que su impronta quedase grabada también en los hijos y nietos de esa primera generación de televidentes. La historia se encontraba basada en una novela escrita por Johanna Spyri, escritora nacida en Suiza en la segunda década del siglo XIX. Parece que Johanna fue una niña sensible que amaba profundamente la música y los bosques cercanos a su casa, en los que pasaba interminables tardes persiguiendo animales o jugando con las flores. Heidi fue, de este modo, su álter ego autobiográfico. Sin embargo, su primera obra, Una hoja en la tumba de Vrony, fue escrita ya en la madurez y con la finalidad de recaudar fondos para la Cruz Roja durante la Guerra Franco-Prusiana. En general, su vocación literaria fue tardía: con más de cuarenta años comenzó a escribir Heidi para acostar por las noches a su hijo y, tras quedarse viuda diez años más tarde, comenzó el grueso de su producción literaria, que continuaría prácticamente hasta su muerte en 1901. Ninguna de sus novelas lograría, no obstante, el éxito que obtuvo Heidi.

Imagen de Shirley Temple en Heidi.

Imagen de Shirley Temple en Heidi.

El relato fue retomado de forma más o menos fiel por una pequeña filial de la empresa japonesa Zuiyo Eizo, que más tarde se daría conocer como Nippon Animation. Creó un anime de poco más de cincuenta episodios, concebido ex profeso para un espacio televisivo contratado con Fuji TV: el World Masterpiece Theater, en el que se daban cita adaptaciones de la literatura juvenil (o considerada, generalmente, como tal) de origen occidental al anime.En realidad, cuando Nippon Animation se planteó la adaptación de la obra de Johanna Spyri, ésta había sido ya llevada a la televisión y la gran pantalla en varias ocasiones. Quizás, la versión más conocida fuera la protagonizada por Shirley Temple como Heidi. La conocida actriz de rizos rubios, estuvo acompañada por Jean Hersholt (actor danés que encarnaba perfectamente al abuelo de la niña) o Pauline Moore (especialmente conocida por su trabajo para Serie B), en una versión un tanto histriónica del relato. Por regla general, muchos éxitos adaptados al formato de Fuji TV se concebían, no sólo en base al éxito que podía tener (o haber tenido) la novela original, sino en función del éxito de sus diversas y sucesivas adaptaciones de forma contemporánea, también entre el público adulto. Este rasgo parecía hablar de un relato que tenía, más allá de los rasgos propiciados por su contexto temporal o circunstancial de creación, elementos universales. Ese fue el caso ya no sólo de Heidi, sino también de series como Marco, de los Apeninos a los Andes, que llegaría a España un par de años más tarde para convertirse en un auténtico fenómeno de audiencia.

Heidi en su versión original emitida en Japón, Alps no Shôjo Heidi.

Heidi en su versión original emitida en Japón, Alps no Shôjo Heidi.

En este caso, Nippon Animation adaptaba un viejo clásico italiano: Cuore, de Edmondo de Amicis. O, más bien, tomaba un breve capítulo incluido dentro de la obra para añadir toda una serie de personajes y tramas secundarias.Estereotipos ya presentes en propuestas anteriores de la compañía volvían a retomarse ahora. De fondo, se encontraba subyacente el esquema del viaje (del héroe/protagonista, cabría decir) en pos de un objetivo, alimentado por el amor materno-filial. La base argumental formada por matrices comunes hacía que espectadores de países muy distintos pudieran sentirse identificados por igual ante los personajes. En ambos casos, la animación era sencilla, con un stop motion (es decir, aparentar movimiento a través de la concatenación de imágenes fijas, en este caso dibujadas en papel) que ahorraba medios de producción (utilizando la menor cantidad de papel dibujado posible), pero detrás del que se encontraban los futuros promotores de Studio Ghibli: Isao Takahata en la dirección y Hayao Miyazaki en el diseño de personajes y fondos. Éste último llegó a viajar a Europa y Sudamérica en la búsqueda de escenarios para las series. Al margen de su trabajo en ellas,lo cierto es que el paisaje occidental marcó para siempre su propia obra. Los dos cineastas abandonarían la compañía tras el rodaje de Ana de las tejas verdes en 1979, pero su impronta estuvo presente en las dos obras que consolidaron e hicieron conocida a nivel internacional a Nippon Animation. Gracias a Heidi y Marco, la compañía japonesa extendió su modelo de negocio a todo el mundo. La fórmula de las coproducciones con compañías locales le aseguró un destino extraordinario para sus productos más allá del World Masterpiece Theater, enmarcándolos en el espacio televisivo propio de cada país. La fórmula, por ejemplo, fue probada con éxito en Alemania y Austria donde, de la suma del dinero de compañías locales y las fórmulas de Nippon Animation, surgió La abeja Maya y una intensa colaboración con la empresa, que convirtió a los países centroeuropeos y al lenguaje alemán en puerta de entrada para sus producciones. Más tarde, Italia retomaría el relevo de Alemania y, unos años después, Nippon Animation coproduciría con España La vuelta al mundo de Willy Fog y D`Artacan y los tres mosqueperros,series en las que la huella española irá más allá del mero aporte económico. Pero eso ya es otra historia.

Para saber más:

Resulta interesante observar la impronta japonesa que podían tener muchas de las series emitidas en España en esos años. Recomiendo al lector que revise Ruy, el pequeño Cid y trate de extraer los elementos propios de la cultura nipona que enriquecen el relato del pequeño muchacho castellano. Para una ficha pormenorizada de estas series e información acerca de alguna de las productoras (como la propia Nippon Animation) se puede consultar: MEDINA, Guillem (2011), Abuelito, dime tú. Los dibujos animados de nuestra niñez, Madrid: Diábolo Ediciones.

avatar Julio Andrés Gracia (38 Posts)

Licenciado en Historia del Arte y Máster en Gestión del Patrimonio Cultural (Universidad de Zaragoza), Máster en Historia del Arte Contemporáneo y Cultura Visual (Universidades Autónoma y Complutense de Madrid). Personal Investigador en Formación (Gobierno de Aragón y Fondo Social Europeo) en el Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza desde octubre de 2014, para la realización de una Tesis Doctoral sobre cómic en España.


3 Comments

  1. […] unos meses, en Ecos de Asia recordamos dos de las series más míticas para los niños de los años ochenta y no…: Heidi y Marco. La primera narra en formato animado las aventuras imaginadas por Johanna Spyri, […]

  2. […] [2] Responsable de otros títulos destacados de la compañía, como La tumba de las luciérnagas (1988) o Mis vecinos los Yamada (1999). También se ha ocupado de la producción de Nausicaä del valle del viento (1984), El castillo en el cielo (1986) y Nicky, la aprendiza de bruja (1989). Más allá de Studio Ghibli, ha dirigido afamadas series de animación, entre ellas, Heidi (1974) y Marco (1976). […]

  3. […] más genéricos, baratos y sencillos de exportar –como series animadas del estilo de Heidi y Marco. Un paso relevante apoyado en estos, o a veces contemporáneo, fue el reconocimiento por parte de […]

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