Revista Ecos de Asia

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This article was written on 06 Oct 2017, and is filled under Arte.

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Las tumbas mogolas de la India en los siglos XVI y XVII (II): los mausoleos imperiales

El presente reportaje continúa la serie iniciada por nuestro compañero Pablo C. Anía en un artículo previo, en el que daba a conocer la historia del Islam en la India, centrándose en el imperio mogol, así como las principales características de la arquitectura funeraria erigida por esta dinastía.[1] En esta ocasión, trataremos los principales mausoleos imperiales, que fueron construidos entre los siglos XVI y XVII, y que suponen los pasos previos que dieron lugar al culmen de esta tipología: el Tāŷ Maḥal (o “Taj Mahal”),[2] que abordaremos posteriormente.

El profesor Jean Roger Rivière establece tres etapas en el proceso de consolidación de la arquitectura islámica en la India: la primera de ellas abarcaría la fase de conquista por los ejércitos musulmanes (siglos XI-XII), que conllevaría la destrucción de los templos brahmánicos, según transmiten algunas crónicas. A esta fase seguiría un periodo aún más destructivo para la arquitectura precedente (finales del siglo XII), puesto que consistiría en la reutilización de los materiales constructivos de los templos autóctonos con el fin de levantar con ellos los monumentos exigidos por los nuevos gobernantes. Finalmente, una vez asentados éstos (siglo XIII), se daría una arquitectura construida con materiales trabajados para tal efecto.[3]

El Islam se estableció sobre las tradiciones locales y las adaptó de acuerdo a sus necesidades prácticas y litúrgicas, pero utilizando en la arquitectura las técnicas y la tradición decorativa preexistente. Sin embargo, esta religión no cuajó en las clases populares, y, al ser acogida por los sectores dominantes, la estética islámica se convirtió en expresión de poder. Además, la presencia de una élite musulmana minoritaria dio lugar a muchos enfrentamientos.

Las prácticas hindúes e islámicas, incluso en el campo artístico, eran totalmente opuestas. A finales del siglo XII, los artesanos hindúes eran virtuosos en el trabajo y el tratamiento plástico de la piedra, y basaban su arquitectura en el sistema arquitrabado. Los templos tradiciones contaban con abundantes representaciones figurativas de las divinidades, y se construían según los preceptos establecidos por los textos sagrados. Entonces, la invasión introdujo novedades tanto a nivel estructural como formal: aparece el arco apuntado, la trompa, la bóveda y la cúpula, además de la ornamentación característica de la estética islámica. Fue el contacto entre estas dos tradiciones constructivas lo que generó un estilo extraordinario, que se ha denominado “indoislámico”.[4] A nivel estético, la arquitectura islámica de la India sigue las formas importadas de Irán y Asia Central, ya que las corrientes culturales y políticas penetraron a través de la frontera noroeste. Se introdujo una arquitectura de la línea selyúcida,[5] que penetra indirectamente en un principio, a partir de la asimilación de Afganistán y la Transoxiana, para hacerse inmediata en el periodo mogol.[6]

Mientras que la convivencia de formas hindúes e iraníes se aprecia en los edificios religiosos, los mausoleos fueron importados directamente de Irán, debido a las costumbres funerarias hindúes, que practican la incineración del cuerpo del difunto y no producen monumentos funerarios. A ellos se añadieron rasgos particulares, como los chhatris[7] que se disponen en lo alto de los edificios, las flores de loto invertidas como remate de las cúpulas, los capiteles en forma de ménsula y la decoración de filigrana con formas vegetales.[8] Por otro lado, de tradición persa serían las grandes plataformas, los arcos aquillados y las grandes cúpulas.

La tipología de los mausoleos de los sultanatos indios es de lo más variada: se dan ejemplos que adoptan la estructura de qubba,[9] también monumentos con muros en talud y cubiertos con cúpula, o construcciones con cúpulas que apoyan sobre plataformas poligonales con grandes arcadas. Sin embargo, el esquema general que pasará a la arquitectura funeraria mogola es aquel en el que el monumento funerario se construye sobre un gran zócalo y se corona con una cúpula sobre tambor, complementada por chhatris que la rodean.[10] Además, estos mausoleos mogoles podría subdividirse en tres nuevos grupos según el trazado de su planta: siguiendo un  esquema cuadrado, octogonal, o el compuesto por diferentes cuerpos en torno a una sala central. [11]

Debido a que en los primeros momentos del Imperio mogol se sucedieron diferentes guerras, levantamientos y conquistas, Bābur (1526-1530), el fundador de la dinastía, no llevó a cabo importantes empresas arquitectónicas, aunque sí introdujo la influencia persa y asentó el gusto que desarrollarían sus sucesores. Llevó a cabo pequeñas intervenciones en sus residencias, que consistieron esencialmente en la incorporación de jardines. El mayor monumento erigido por este soberano fue la mezquita de Panīpat, construida en el lugar de su principal victoria, en torno a 1526.

Las memorias de Bābur, Bāburnāmah, reflejan la idea de este descendiente de Gengis Khan y de Tīmūr, que, como soberano de Ferganá, Samarcanda y Kabul, entendería la arquitectura como lo que había conocido en Asia Central. Por ello, en dicho texto se queja de que el trabajo de los albañiles indios no es bueno, y de que sus construcciones carecen de geometría.

 

Tumba de Bābur en Kabul. Fuente: Flickr. Autor: Jeff Rozwadowski.

Bābur fue enterrado en Kabul (Afganistán), lugar donde se habían iniciado sus conquistas, debido a que, a su muerte, su posición en los territorios ocupados estaba poco consolidada. Su tumba se ubica en un jardín, está protegida actualmente por una pequeña estructura de mármol sin cubierta –reconstruida recientemente–, de manera que su cenotafio y el de su esposa permanecen al aire libre.

El punto de inflexión en el desarrollo de la arquitectura funeraria mogola lo marca la tumba de Humāyūn (1530-1540 y 1555-1556) en Delhi, construida entre 1562 y 1571. Humāyūn tuvo que exiliarse quince años en Persia al ser vencido por Šer Šāh Sūrī (1540-1545) en 1543, allí pasó unos meses en Herat, pudiendo conocer la arquitectura timurí y los monumentos persas, por lo que a su regreso trajo consigo artistas de la zona. Fundamentalmente, la construcción sigue la tipología de mausoleo iraní, levantado aquí en piedra y sin revestimiento cerámico, pero asimismo es el primer ejemplo con jardín que se dio en la India, trasladando el gusto por los jardines adquirido por los mogoles en sus residencias en Persia. Esta tumba fue el primer gran proyecto constructivo emprendido por su sucesor, Akbar (1556-1605), que creó un mausoleo mientras que sus predecesores habían inaugurado sus gobiernos con la construcción de mezquitas, tratando de legitimar su autoridad imitando a los soberanos timuríes. A partir de 1565 fue la madre de Akbar, Ḥaŷŷī Bēgun, quien supervisó las obras.

Mausoleo de Humāyūn, en Delhi. Fuente: Travelkhana.

Los responsables del monumento fueron Mirak Sayyid Giyāṯ y su hijo Sayyid Muḥammad. Para su construcción se reunió a arquitectos y artesanos iraníes e indios, que aplicaron por primera vez una solución arquitectónica propia de Asia Central en un monumento indio, construyendo cuatro volúmenes exteriores de gran tamaño que enlazan con un cuerpo central, en cuyo interior se halla el cenotafio de mármol blanco. En el interior se encuentran ocho salas alrededor de la central de mayor altura, que aluden las ocho puertas del Paraíso.

El espacio mayor se cubre con una cúpula doble de mármol que alcanza los 45 metros de altura con la cúpula exterior. Sus cuatro fachadas, casi idénticas, se presentan dominadas por un gran iwān, que queda enmarcado por los volúmenes de los cuatro cuerpos satélites, también con awāwīn (singular: iwān), coronados por chhatris que rodean la cúpula de mármol. Todo el conjunto se construye con piedra arenisca roja y amarilla, que contrasta con la decoración de aplacados de mármol blanco y negro. La construcción se asienta sobre un gran zócalo de siete metros de altura y 52 metros de lado, en el que se abren arcos aquillados que aportan valor rítmico a la construcción y comunican con la cámara funeraria, donde se encuentran el sepulcro del emperador, los de algunas de sus esposas y altos dignatarios.

El podio aporta a la composición el esquema del triángulo isósceles, dotándolo de unas proporciones armoniosas y bellas. Su zócalo con arcadas se convirtió en una constante en la arquitectura funeraria, igual que los chhatris que rodean las cúpulas y los alminares. No obstante, la principal innovación del mausoleo Humāyūn es el jardín chahār bāgh[12] que rodea el edificio, y que convierte la tumba en una metáfora del Paraíso islámico a través de su división en cuatro cuarteles con acequias que evocan los cuatros ríos que calman la sed de los creyentes con agua, leche, miel y vino.

El sincretismo que Akbar desarrolló en el ámbito religioso se tradujo en parte a la arquitectura creada bajo su gobierno, donde se aprecia más claramente una fusión de las tradiciones iraníes e hindúes. Las placas de arenisca, esquisto y mármol sustituyen a la decoración cerámica polícroma, se mantienen los chhatris y los pabellones, a la par que se utiliza el arco aquillado y las cúpulas de estilo lōdī[13]. La ciudad imperial de Fateḥpūr Sīkrī es la obra maestra de este soberano, en ella destacan importantes edificios civiles como el palacio o la sala de audiencias, así como la mezquita aljama.

Portada de acceso al mausoleo de Akbar. Fuente: Wikimedia Commons. Autor: Anupamg.

La tumba de Akbar fue construida en Sikandra, entre 1604 y 1614. Iniciada en vida, se conoce que, tras el acceso al trono de su sucesor, éste decidió modificarla en gran parte. La tumba se ubica en el centro de un jardín chahār bāgh, al que se accede a través de una portada meridional que se ornamenta con incrustaciones de mármoles y piedras de colores que forman motivos vegetales y geométricos. Sobre esta entrada, sobresalen cuatro alminares que aparecen aquí por primera vez en la arquitectura funeraria mogola plenamente desarrollados.

Mausoleo de Akbar, en Sikandra. Fuente: Wikimedia Commons. Autor: John Haslam.

El mausoleo tiene cinco plantas y forma de pirámide escalonada, asemejándose a los templos hindúes; además, la estructura de los pisos superiores está formada por numerosos chhatris que se elevan sobre pilares conectados entre sí por sus aleros, siguiendo nuevamente la tradición hindú. Por ello, es posible que el proyecto original sufriese modificaciones después de concluirse la construcción del primer nivel, que contrasta con awāwīn en el centro de sus cuatro lados y pórticos de arcos aquillados. Algunos autores plantean la posibilidad de que se tuviese la intención de coronar la plataforma con una cúpula o un pabellón central.[14] En este caso, el cenotafio de Akbar se sitúa sobre el patio superior rodeado de celosías de mármol, en una terraza al aire libre, mientras que el verdadero sarcófago se sitúa justo debajo, en la cripta.

Al final de su vida, el emperador tuvo que enfrentarse a las diversas revueltas de su hijo Ŷahāngīr (1605-1627), aunque le reconoció como heredero legítimo en su lecho de muerte. El estilo ecléctico de la arquitectura promovida por Akbar no se desarrolló con la misma intensidad en la arquitectura funeraria, y tampoco tuvo continuidad en sus sucesores. Sin embargo, supuso la introducción de formas decorativas naturalistas y una mayor presencia de elementos propiamente hindúes, como los balcones o los chajjā, prolongados aleros que protegen del sol y la lluvia.

Fuente: Wikimedia Commons. Autor: Muḥammad Mahdi Karim.

La tumba de I‘tmād al-Dawla fue levantada en Agra, entre 1626 y 1628, por Nūr Maḥal Begun,[15] esposa de Ŷahāngīr, con el fin de conmemorar a su padre, que ocupaba uno de los más altos cargos del imperio. Este mausoleo se sitúa en el centro de un jardín cuadrado y se eleva sobre un pequeño zócalo; consiste en una gran sala de planta cuadrada de 23 metros de lado, a la que se yuxtaponen cuatro torres de planta octogonal en los ángulos. La construcción es coronada por un pabellón circundado por delicadas celosías. Dan armonía a la fachada los tres arcos del nivel inferior, y la cornisa que recorre todo el perímetro del edificio. El mármol blanco se ornamenta en su superficie con incrustaciones de piedras semipreciosas, como el lapislázuli, el ónix, el jaspe o el topacio, creando diseños vegetales y geométricos. En el interior destacan los muros de mármol calado y los sepulcros de pórfido amarillo con incrustaciones.

Probablemente el jardín fue proyectado como un parque, ya que entre los nobles mogoles era frecuente la construcción de jardines urbanos con pabellones que terminaron convirtiéndose en panteones familiares.[16] Resalta su colorido, donde el verde de los cipreses contrasta con el rojo de la piedra arenisca y con el mármol blanco del monumento.

 

Mausoleo de Ŷahāngīr, en Lahore. Fuente: Wikimedia Commons. Autor: Jugni.

Finalmente, la tumba de Ŷahāngīr fue erigida en Lahore (Pakistán), en 1627, y posiblemente fue promovida y financiada por su esposa. Se encuentra nuevamente en el centro de un jardín, con canales y estanques, al que se accede a través de cuatro portadas construidas con arenisca roja. Es un mausoleo de planta cuadrada y de un solo nivel, con arquerías en sus frentes, sobre el que se levantan cuatro alminares que se coronan con chhatris. En el centro de la construcción se encuentra una sala octogonal, y, sobre ella, tuvo en origen un pabellón de mármol en la plataforma superior, que ha desaparecido. Su cenotafio se ornamenta con incrustaciones de piedras semipreciosas creando motivos vegetales, y con inscripciones caligráficas de los 99 nombres con los que se le alude a Dios en el Corán.[17]

Como adelantábamos en el comienzo del texto, estas construcciones suponen los pasos previos que dieron lugar al mayor exponente de la arquitectura mogola: el Tāŷ Maḥal. En los mausoleos imperiales, y especialmente en la tumba de Humāyūn, se desarrolla todo el repertorio formal y constructivo que encontraremos perfeccionado en el monumento considerado una de las siete maravillas del mundo moderno.

 

Para saber más:

Ettinnghausen, Richard; Grabar, Oleg. Arte y arquitectura del Islam: 650-1250. Madrid, Cátedra, 2005.

Hattstein, Markus; Delius, Peter. El islam: arte y arquitectura. Colonia, Könemann, 2001.

Michell, George (dir.). La arquitectura del mundo islámico: su historia y significado social. Madrid, Alianza, 1985, p. 267-278.

Papadopoulo, Alexandre. El Islam y el arte musulmán. Barcelona, Gustavo Gili, 1977.

Porras Gil, Concepción. Arte islámico. Madrid, Creaciones Vincent Gabrielle, 2010.

Roger Rivière, Jean. Summa Artis: Historia General del Arte. Vol. 19. Arte de la India. Madrid, Espasa-Calpe, 1996.

Notas:

[1] Este artículo previo, elaborado por Pablo C. Anía, puede consultarse aquí.

[2] El alfabeto árabe o alifato es el utilizado en la escritura de lenguas como el árabe, el persa o el urdu. Existen diferentes sistemas de transcripción de los grafemas del alifato árabe al abecedario latino, por lo que seguimos el sistema más empleado en España, el adoptado por las revistas especializadas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Es por ello que nos referimos al monumento como Tāŷ Maḥal, y no como “Taj Mahal”, con el objetivo de reproducir mejor el sonido de estos grafemas.

[3] ROGER RIVIÈRE, Jean. Summa Artis: Historia General del Arte. Vol. 19. Arte de la India. Madrid, Espasa-Calpe, 1996, p. 590.

[4] MARTIN, Garry, “El subconinente indio”, en Michell, George (dir.) [versión española de Jorge Aguadé y Beatriz del Castillo]. La arquitectura del mundo islámico: su historia y significado social. Madrid, Alianza, 1985, p. 267-278.

[5] Los selyúcidas son un pueblo nómada de Asia Central que dominó los actuales territorios de Irán, Irak y Asia Menor entre los siglos XI y XIII. Bajo su reinado, la expansión musulmana tomó un nuevo impulso, establecieron una unidad política absorbiendo los estados menores que conformaban el califato abasí, abrieron los caminos migratorios de diferentes tribus al corazón del Islam y se conquistaron grandes extensiones del Imperio bizantino que fueron correspondidas, asimismo, por las cruzadas.

[6] PORRAS GIL, Concepción, Arte islámico, Madrid, Creaciones Vincent Gabrielle, 2010, p. 146.

[7] El chhatri es un elemento característico de la arquitectura india que adopta la forma de un pabellón con cúpula levantada sobre columnas.

[8] Ibídem, p. 150.

[9] Estructura arquitectónica característica del arte islámico, que consta de planta cuadrada y cúpula o techumbre de madera no plana.

[10] Ibídem, p. 151.

[11] PAPADOPOULO, Alexandre [con fotografías de Jean Mazenod]. El Islam y el arte musulmán. Barcelona, Gustavo Gili, 1977, p. 290.

[12] Estilo de jardín persa, que sigue un esquema cuadrilátero y se divide en cuatro cuarteles por dos ejes que se cortan perpendicularmente.

[13] La dinastía lōdī (1451-1526) gobernó el sultanato de Delhi en su último periodo. La arquitectura erigida bajo esa etapa consta de cúpulas de perfil aquillado rematadas con flores de loto invertidas.

[14] MARTIN, Garry, “El subconinente indio”, en Michell, George (dir.) [versión española de Jorge Aguadé y Beatriz del Castillo]. La arquitectura del mundo islámico: su historia y significado social. Madrid, Alianza, 1985, p. 267-278, espec. 276.

[15] La emperatriz recibía importantes ingresos económicos como fruto de sus empresas comerciales, y ejercía el gobierno ante el abuso del consumo de opio de su esposo.

[16] HATTSTEIN, Markus; DELIUS, Peter. El islam: arte y arquitectura. Colonia, Könemann, 2001, p. 478.

[17] Los “99 nombres de Dios”, conocidos como al-Asmā’ al-Ḥusnà o “los nombres más hermosos”, son las formas de referirse a Dios en el Islam, en su mayor parte epítetos que hacen referencia a atributos divinos.

avatar Esther Lupón González (6 Posts)

Graduada en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza, cursando el Máster de Estudios Avanzados en Historia del Arte.


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