Revista Ecos de Asia

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This article was written on 21 Dic 2018, and is filled under Historia y Pensamiento.

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“El libro del té” de Okakura Kakuzo

La historia del té y sus diferentes usos y formas de consumirlo tiene una especial importancia dentro de la cultura asiática. Esta obra está enfocada en el papel de los artistas y del arte de una manera muy singular: expone los diferentes caminos que han tenido las religiones orientales, siendo el ascetismo una virtud elemental para la perfecta armonía. La relevancia de esta obra no es ajena o desconocida por los lectores de la literatura o historia japonesas. En este caso contamos con la sexta edición de 2017 publicada por la Editorial Kairós y con la traducción al castellano por Ángel Samblancat, literato aragonés pero afincado en Barcelona, siendo El libro del té, una de las muchas obras que ha traducido guardando fielmente el objetivo principal de sus autores originarios.

Okakura Kakuzo nace en 1862 en Yokohama en una familia de procedencia samurái. Se formó en la Universidad de Tokio, especializándose en Filosofía y Literatura inglesa, de hecho, esta fue la principal causa por la que escribió esta obra en inglés en vez de escribirla en japonés. Fue defensor de la cultura tradicional de Japón, junto con su maestro Ernest Fenollosa, y así lo muestra constantemente en toda su obra: buscando un punto de anclaje para defender su ancestral cultura, manteniendo un punto de vista global en la historia y criticando la visión que tenía Occidente sobre Oriente. Esa visión consistía primordialmente en una creencia en la superioridad cultural que desembocó en un feroz colonialismo por parte de Occidente y con el objetivo de desmontar los prejuicios que estos habían acuñado sobre las sociedades asiáticas y sus modos de vida. También es necesario recalcar la ardua defensa de las pinturas japonesas[1] frente al arte occidental[2] que Okakura expone a lo largo de toda su obra. Educado durante el periodo Meiji, busco siempre volver a valores más nacionalistas defendiendo incluso el panasianismo. Pasó un año en la India, lo que le permitió conocer a Rabindranath Tagore y coincidir ambos en su visión del panasianismo, y tanto uno como el otro fueron grandes defensores de sus respectivas culturas de origen y de Asia en general.

Portada del libro

 

Un occidental ramplón, en su superficial autosuficiencia, no captará el hechizo de la ceremonia del té y no apreciará su encanto más que como una de las rarezas que para él constituyen la gracia y puerilidad del lejano Oriente. (página 13)

La obra comienza con una breve historia del té utilizado como un remedio para muchos males, aunque no es hasta el siglo VII cuando el té se incorpora como elemento cultural y punto de encuentro en China, siendo los japoneses en el siglo XV, con su elegante y meticulosa práctica, quienes lo elevan a la categoría de religión estética llamada teísmo. El tema principal del libro se centra en la concepción del té como una expresión cultural más, incluso traspasando esa barrera, llegando a ser un modo de vida muy singular y elemento étnico de suma trascendencia para Japón, subsistiendo este ideal hasta el final de la obra.  Esta nueva religión estética que se crea en torno al té y su ceremonia se centra en la trivialidad de lo cotidiano, ensalzando una concepción integral del hombre, de la naturaleza, la sencillez y la pulcritud.

No es solo en los hábitos de la gente de pro donde se descubre la presencia de los maestros del té, sino hasta en los más insignificantes detalles de la vida doméstica. (página 91)

En el segundo capítulo nos presenta las diferentes escuelas del té, de tal modo que el lector puede inducir en una comparación con diferentes academias filosóficas. En esta parte describe cuál fue el origen del té y su principal referente, el “Ch´a Ching”. Tras la inclusión del té como parte de la vida y la cultura oriental,se centró en un gran simbolismo que recogen las diferentes escuelas chinas que lo prepararon. Asimismo, especifica que actualmente el té, a pesar de ser una bebida muy consumida a lo largo del globo, son los nipones los únicos que lo han transformado en un ideal. Los japoneses han utilizado el té dentro de un fino refinamiento, entregado al culto de la pureza en la que el anfitrión y el huésped se apaciguan para disfrutar del momento en la sukiya.[3]

El tercer capítulo está dedicado al salón del té, lugar al que podemos presentarnos con un espíritu calmado dentro de la casa de la fantasía, donde lo asimétrico se torna en un elemento nodal. La descripción gráfica y meticulosa que realiza Okakura sobre la casa del té, resaltando que el puritanismo se debe a una influencia notoria del budismo zen,el cual tuvo un auge en Japón incluso llegando a considerarse una rama un tanto sectaria del budismo por ciertos historiadores de las religiones; es directa y muy concreta. Por otro lado, esto no hubiera acaecido sin la ayuda de los maestros del té que han sido guardianes y protectores de una herencia a la que han tornado esencial para desarrollar un culto estético llamado teísmo. Lo que pretenden con toda esta decoración excesivamente austera es crear un espacio donde el más poderoso y el más pobre se sintieran como iguales, respetando y aceptando que ambos poseen la misma naturaleza humana. La casa del té se troca en un santuario donde la paz es la consecuencia de todo lo estético relativo al teísmo.

Sukiya

Casi a modo de conclusión, ya en el cuarto capítulo, Okakura, especifica la relación lógica entre el ritual zen y la ceremonia del té. Estas están intrínsicamente unidas por sus nexos con el taoísmo: una misma concepción de la vida y un gusto estético que termina por incorporarse al teísmo. No es de extrañar que en todo este ambiente se desenvuelvan situaciones y actitudes pacíficas, con un alto nivel individualista centrado en la meditación y por lo tanto en la regulación de la respiración, muy propias de la práctica de la meditación zen.

Ceremonia del té

En el quinto capítulo, Okakura intenta aclararnos cuál es el verdadero sentido de todo este arte y a modo circular vuelve a la idea que está al principio de su obra: la concepción del té como una expresión cultural básica de la sociedad nipona. Aunque, para poder disfrutar y apreciar en plenitud todo lo que nos puede proporcionar nuestra estancia en una sukiya, es necesaria cierta sugestión por parte de los participantes de la ceremonia del té, concretamente del invitado. Este debe dejarse llevar por la situación y por los distintos elementos que componen su estancia durante la ceremonia.

En el penúltimo capítulo podemos encontrar una bella analogía con las flores. Se aprecia el valor estético y decorativo de las mismas, especialmente en su entorno natural, siendo sinceras en nuestro apego con ellas. En esta parte podemos encontrar una curiosa crítica a Occidente y al uso de las flores para decorar grandes mesas, banquetes y demás festejos y que al día siguiente se desechan como si de algo vulgar se tratase. En este caso preguntarse por qué nacen tan desgraciadas es un referente para la reflexión y la valoración de estas. Las flores en su estado natural, sin ser sesgadas por unas tijeras o unas manos desdichadas, son bellas porque decoran un entorno primoroso.

El último capítulo de su obra lo dedica a los maestros del té, que, por hacer una analogía con Schopenhauer, son los únicos capaces de parar la rueda búdica para extraer la esencia pura del arte y dotarlo de vida. Son los maestros del té unos creadores de una vida llena de belleza que no se constriñe únicamente al momento de la ceremonia, sino que más bien extrapolan ese modo de vida representada en el escenario del budismo zen. Uno puede reconocer a un maestro no solo en la ceremonia, sino por como actúa en todos los aspectos de su vida, incluso en los más insignificantes.

La exquisitez del lenguaje utilizado tanto en la traducción como por Okakura son de un refinamiento propio de literatos como él, que ha dedicado gran parte de su vida no tanto a escribir como a leer. La formación de Okakura no hace estragos en su composición, envolviendo al lector en una escenografía llena de metáforas y con un fuerte simbolismo que convierten a la obra en una reflexión muy intensa y profunda sobre los elementos culturales de Japón y su historia inconexa con el budismo. Quisiera agotar esta reseña enalteciendo el estilo y la semántica pues es lo más atractivo y deseable para poder realizar una lectura que capte el interés desde el principio hasta el final.

Notas:

[1] Nihonga

[2] Yôga

[3] La casa del té “Sukiya” es un lugar que pertenece a la tradición cultural de té, “el teísmo” que data del siglo XVI.

Para saber más:

  • Kakuzo, Okakura. El libro del té. Traducción de Ángel Samblancat. Barcelona, Editorial Kairós, 2017.
avatar Juan Ignacio García de las Peñas (3 Posts)

Doctorando en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid. Ha centrado su investigación en la figura del filósofo japonés Nishi Amane y sus relaciones con el positivismo y el utilitarismo junto con la ética, moral y política en el período Meiji. También tiene un Máster Universitario en Formación del Profesorado por la Universidad CEU San Pablo. Es un apasionado de la literatura en general, de Japón y de la investigación filosófica.


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