Revista Ecos de Asia

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This article was written on 14 Mar 2018, and is filled under Arte.

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El mercado artístico en China (II). Coleccionistas extranjeros vs. coleccionistas chinos

El coleccionista Uli Sigg junto con el artista Zeng Fanzhi.

Para analizar el fenómeno del mercado artístico actual chino debemos ir a sus pilares, los agentes culturales y económicos que han permitido levantar uno de los mercados más potentes del mundo en muy poco tiempo.

Sin duda alguna, el factor fundamental y primigenio sobre el que se sustenta actualmente el mercado artístico chino son los coleccionistas, tanto extranjeros como nacionales. Si analizamos a los compradores y coleccionistas de arte chino, o de arte en China, podremos hallar sus orígenes, explicar su proceso de crecimiento y conocer los principales problemas del mercado en nuestros días.

Coleccionistas extranjeros

[…] fueron el coleccionismo europeo y el estadounidense los que situaron a China en el mapa del arte contemporáneo. La explosión económica del país hizo el resto.[1]

Como ya hemos apuntado anteriormente, los orígenes del mercado chino actual los deberíamos situar en el interés de algunos compradores occidentales, coleccionistas habituados a un sistema de mercado estable y más o menos sólido, que se encuentran en un contexto muy concreto y que se comienzan a interesar por las manifestaciones artísticas chinas.

El más importante de estos pioneros, tanto por iniciativa como por perpetuidad a lo largo del tiempo, es sin duda el exembajador suizo en China, Uli Sigg. Considerado uno de los más importantes e influyentes coleccionistas del arte contemporáneo chino, Uli Sigg llegó a China tras la muerte de Mao, durante la política de puertas abiertas de Deng Xiaoping. Interesado en el arte contemporáneo, el coleccionista suizo no se vio muy atraído por el arte chino de finales de la década de 1970 y la década de 1980, marcado por la tendencia del Realismo socialista, la repetición de modelos controlados por el gobierno con un fin propagandístico. No será hasta las protestas y revueltas de 1989 en la plaza de Tiananmén, cuando el arte contemporáneo chino asume un papel más independiente, con una visión más política contra el sistema represivo, seguido del Realismo cínico y el Arte Pop.[2]

En el momento en que Uli Sigg se comienza a interesar por el nuevo devenir del arte chino se da cuenta de la situación del mercado del país:

Después de observar de cerca el desarrollo del arte chino, me di cuenta de que ni una institución individual, ni individuos conocidos, habían empezado a coleccionar en serio. Quienes sí compraban piezas lo hacían al azar.[3]

No existía un coleccionismo que respaldase un mercado, por lo que no podemos hablar de un mercado artístico chino antes de la década de 1990, e incluso aventurarnos a hablar sobre ello en esta última década del siglo XX, como un mercado asentado y establecido es imposible.

La existencia de coleccionistas hasta este momento es prácticamente nula, tampoco existen agentes culturales que promocionen la actividad artística o el coleccionismo, y tampoco podemos rastrear agentes económicos previos, según el propio Uli Sigg:

Casi siempre hacía las compras directamente de los mismos artistas, por pura necesidad, al menos al inicio: no había galerías que funcionaran o distribuidores como los hay hoy en día.[4]

Por lo que es necesario reconocer el trabajo de Uli Sigg sobre otros compradores es por su labor cultural, además de su sistemática manera de coleccionar, acercándose al papel de los marchantes históricos europeos y estadounidenses de comienzos del siglo XX, quienes sentaron las bases del mercado artístico actual en occidente y apoyaban a los nuevos artistas.

El exembajador suizo se dispuso a asumir el papel que el gobierno chino debió hacer para impulsar la cultura de su país:

Así que decidí hacer lo que una institución nacional debería hacer, pero nunca hizo: coleccionar obras de arte chino de una manera sistemática, desde finales de los años setenta en adelante, lo que refleja la producción de arte chino a profundidad desde sus inicios.[5]

Pero aparte de crear una de las colecciones más importante, dio un paso más en su labor como agente cultural y creó el primer premio para el fomento del arte contemporáneo chino, y de la crítica de arte:

En 1997, los catálogos de arte no existían, y las exhibiciones de arte seguían siendo eventos clandestinos, así que para poder tener una mejor vista del panorama del ámbito del arte en el país, creé el Chinese Contemporary Art Award (CCAA), el primer premio de su tipo que se celebraba en China. […] Más adelante, añadí un premio crítico del arte.[6]

Además la colección de Uli Sigg se ha exhibido en diferentes lugares del mundo, difundiendo el conocimiento del arte contemporáneo chino, y desde el año 2012, ha pasado a exhibirse en el M+ Museum de Hong Kong, el museo más importante de arte contemporáneo chino.[7]

Fotograma de The Chinese Lives of Uli Sigg (2016) de Michael Schindhelm.

Pero no sólo Uli Sigg fue uno de los principales promotoresdel mercado chino, sino que también influyeron otros importantes coleccionista occidentales como el caso de los barones belgas Guy y Myriam Ullens, quienes fundan en 2007 el Ullens Center For Contemporany Art (UCCA),[8] con el motivo de promover y difundir el arte contemporáneo chino; o Howard Farber, quien a pesar de haber centrado actualmente su interés en el nuevo arte cubano, fue también uno de los primeros coleccionistas en fijar sus ojos en el arte chino en la década de 1990.[9]

Coleccionistas chinos

Aunque bien hemos visto el peso que han tenido ciertos compradores occidentales en impulsar el mercado artístico chino, cierto es que no podemos explicarnos la increíble pujanza actual de este mercado únicamente mediante su labor.

Si los coleccionistas occidentales han sido la base, los compradores chinos se han convertido en la levadura que ha hecho que el mercado chino rompa todas las estadísticas predecibles en estos años.

Según David Chau, el valor de los coleccionistas chinos es fundamental para la continuidad del mercado chino:

En estos últimos años, los chinos han empezado a interesarse por la promoción del arte, por lo que podemos ver una gran variedad de exposiciones interesantes e interacciones entre coleccionistas y artistas. También hay un creciente número de coleccionistas jóvenes, como LIN Han, que ha fundado su propio espacio “M. Woods” para gestionar sus colecciones. Este tipo de coleccionistas jóvenes representa el futuro del arte contemporáneo chino. Opino que el mercado del arte contemporáneo chino continuará en esta trayectoria positiva.[10]

Las razones que han llevado a los chinos a invertir en el mercado artístico son diversas. Fundamentalmente se trata de una sociedad que dispone actualmente de grandes sumas de capitales y han descubierto en el arte una forma segura de inversión en tiempos de crisis. Zhao Yu, director ejecutivo de la prestigiosa casa de subastas china Poly International apunta las características del perfil del comprador chino: “Se trata de una generación que ha crecido con las reformas y la apertura económica y ha aprendido a invertir.”[11]

Pero no estamos en ningún momento hablando de compradores de clase media, sino que los coleccionistas chinos son personajes de un status social y económico elevado, y nadie mejor que la presidenta de Christie’s en Asia, Rebeca Wei, para constatar este hecho:

La razón de este comportamiento hay que buscarla en el perfil del comprador chino. A diferencia de lo que sucede en Occidente, donde la clase media también puede ser coleccionista sin tener que gastar cifras millonarias, en China de momento solo la crema de la sociedad adquiere arte. Y esa elite, cuyo poder adquisitivo duplica el de nuestros clientes en los mercados tradicionales, tiene especial ansiedad por comprar.[12]

A parte del valor especulativo del arte, también se suman otros intereses diversos a estos compradores. Un factor importantísimo es el orgullo nacionalista de muchos de los coleccionistas, quienes según la presidenta de Christie’s en China, Cia Jingqing: “Muchos tienen a gala adquirir obras chinas que estaban en el extranjero.”[13]

El factor nacionalista unido al valor especulativo, siempre presente en el mercado artístico, han conseguido elevar el nivel del mercado chino hasta unas alturas insospechadas. Pero también debemos tener en cuenta la otra cara de la moneda, la inflación del arte chino que esto supone. De nuevo retomando una cita de David Chau:

Muchos coleccionistas nuevos, especialmente en China,[…]se dedican ahora a la especulación, siguiendo el ejemplo occidental. Las obras de algunos artistas que valían 10 000 $ el año pasado se venden este año entre 500 000 $ y 1 000 000 $. Algo inimaginable hace tiempo.[14]

Definir pues el perfil del comprador chino es una tarea más que complicada. Con seguridad podemos afirmar que se trata de coleccionistas con gran poder adquisitivo que han comenzado a interesarse por el mercado artístico entre la década de 1990 y comienzos del nuevo milenio. Pero en cuanto a sus intenciones y gustos artísticos no podemos sentenciar nada. Según Zhao Yu: El 99 por ciento de las adquisiciones las hacen porque les gusta.”[15] Pero tal vez esta afirmación del director ejecutivo de la casa de subastas más importante de China nos pueda parecer al menos ingenua.

El valor especulativo al cual apuntaba David Chau, los intereses nacionalistas de las que advierte Cia Jingqing, y otros factores como la corrupción, pueden malinterpretar la posición del coleccionista chino llamándonos rápidamente a emitir juicios genéricos que no se correspondan con la realidad.

Mantienen un interés nacionalista, pero se han convertido en uno de los mayores compradores de arte occidental;[16] las compras tienen un carácter especulativo, pero también China es uno de los países en los que más ha crecido el número de museos creados a partir de colecciones particulares;[17] hay ciertos sectores que ven en el arte una oportunidad para la corrupción, pero eso también pasa en otros muchos países alrededor del globo.

Zheng Huaxing orando frente a la estatua de Buda que compró en una subasta en Sotheby’s.

Establecemos pues que los intereses de los compradores chinos obedecen a distintos criterios, los cuales no son ajenos a los mercados de otros países. En todos los mercados del arte compradores en los que priman los criterios especulativos, nacionalistas o corruptos se mezclan con coleccionistas con intereses culturales.

Aunque es cierto que ya sea por gusto, por tradición, por moda o por idiosincrasia, lo más demandado dentro del mercado chino han sido las obras de caligrafía tradicional y de pintura clásica china, destinándose en 2014 un 84,3% del total de la recaudación a este tipo de obras.[18]

Lo cierto es, por una causa o por otra, estos nuevos apoderados han sido los protagonistas que han elevado a la estratosfera la potencialidad económica del mercado chino, quienes han llevado a China a: “[…] la llamada era de los 100 millones de yuanes, por los precios que se llegaron a pagar.”[19]

Notas:

[1]Palma, Noelia, “Arte chino: estrategia y poder”, 20minutos, 2013. Disponible aquí.

[2]“Uli Sigg: Cómo construí la colección más grande del mundo de arte chino contemporáneo”, CNNEspañol, 2016. Disponible aquí.

[3]“Uli Sigg: Cómo construí la colección más grande del mundo de arte chino contemporáneo”, CNNEspañol, 2016. Disponible aquí.

[4]“Uli Sigg: Cómo construí la colección más grande del mundo de arte chino contemporáneo”, CNNEspañol, 2016. Disponible aquí.

[5]“Uli Sigg: Cómo construí la colección más grande del mundo de arte chino contemporáneo”, CNNEspañol, 2016. Disponible aquí.

[6]“Uli Sigg: Cómo construí la colección más grande del mundo de arte chino contemporáneo”, CNNEspañol, 2016. Disponible aquí.

[7]“Uli Sigg: Cómo construí la colección más grande del mundo de arte chino contemporáneo”, CNNEspañol, 2016. Disponible aquí.

[8] Página oficial del Ullens Center for Contemporary Art. Disponible aquí.

[9]Mena, Abelardo, “Howard Faber, Coleccionista de arte”, Revista Excelencias. Disponible aquí.

[10]“El mercado del arte contemporáneo”, Artprice, 2015. Disponible aquí.

[11]“China, la nueva dueña del mercado del arte”, Clarín. Disponible aquí.

[12]Aldama, Zigor, “¿Quién da más por el mercado de arte chino?”, El País, 2015. Disponible aquí.

[13]Aldama, Zigor, “¿Quién da más por el mercado de arte chino?”, El País, 2015. Disponible aquí.

[14]“El mercado del arte contemporáneo”, Artprice, 2015.  Disponible aquí.

[15]“China, la nueva dueña del mercado del arte”, Clarín. Disponible aquí.

[16] “El multimillonario chino que compró el desnudo de Modigliani más caro de la historia”, BBC, 2015. Disponible aquí; Ambrós, Isidre, “Los coleccionistas e inversores chinos se convierten en los grandes compradores mundiales de obras de arte”, La Vanguardia, 2015. Disponible aquí; “Los coleccionistas de arte chinos se van de turismo”, Attractchina, 2015. Disponible aquí.

[17] “¿Qué nos dice el auge del arte en China de su sociedad?”,  World Economic Forum, 2014. Disponible aquí.

[18]Aldama, Zigor, “¿Quién da más por el mercado de arte chino?”, El País, 2015. Disponible aquí.

[19]“China, la nueva dueña del mercado del arte”, Clarín. Disponible aquí.

avatar Alejandro Sanz Guillén (10 Posts)

Graduado en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza. Actualmente estudia en la misma Universidad el Máster de Estudios Avanzados en Historia del Arte y un diploma de Especialización en Estudios Japoneses.


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