Revista Ecos de Asia

Mujeres y movimientos sociales en China: desde el Imperio hasta la actualidad II

Este es el segundo de una serie de artículos dedicados a las mujeres en China y su participación en los principales movimientos sociales del país. En la primera entrega, realizamos una introducción al tema, explicando el marco teórico y la metodología empleada en el estudio. En este segundo artículo se trata el contexto social de las mujeres chinas durante la época imperial, así como algunas figuras y obras relevantes.

1. Mujeres en el Imperio chino: contexto social y figuras relevantes

No debemos empezar a hablar de figuras relevantes en este periodo, sin antes comprender la relevancia de la ideología confuciana y la familia en la sociedad china, ideales que aún se conservan en cierta medida en el pensamiento colectivo de la sociedad china actual.

Para Confucio, la familia es la institución básica para el funcionamiento de la sociedad y su correcto desempeño asegura la armonía social, meta de los preceptos confucianos. En una sociedad organizada jerárquicamente la armonía se consigue gracias a la obediencia debida a los mayores y superiores, tanto en edad como en posición que, según Confucio, pueden enmarcarse en cinco wulun: Gobernante – Súbdito, Marido – Mujer, Padre – Hijo, Hermano Mayor – Hermano Menor y entre amigos. La obediencia es una actitud básica del código ético del comportamiento humano articulada a través de la piedad filial (xiào), que junto con la humanidad (ren) y los ritos (li), constituyen el corpus de la moral confuciana.[1]

La piedad filial consiste en el respeto que se debe guardar hacia los superiores, en especial a los padres, evitando cualquier acto contrario a este precepto. De entre las faltas en que se podía incurrir, la peor según el filósofo Mencio era no tener descendencia, en especial, no tener descendencia masculina que asegurara el linaje.[2] La importancia del rito, en especial el culto a los antepasados también está ligado a la piedad filial, ya que este respeto por los mayores se mantiene después de su fallecimiento y hasta varias generaciones.

La posición de la mujer en la era imperial es de subordinación desde su nacimiento, no importando su clase social, ya que estaban por debajo de los hombres y de la sociedad por ellos dirigida. Según el pensamiento confuciano,[3] la mujer estaba sometida a las tres obediencias (Sâncóng) y cuatro virtudes morales (Sìdé). El cumplimiento de estos preceptos aseguraba la armonía y, por tanto, el orden social. La obediencia consiste en que cuando se es niña, se le debe obediencia al padre, cuando está casada al marido y, en caso de quedar viuda, a su hijo. Las virtudes, tal y como las expone la erudita Bân Zhâo,[4] que trataremos más adelante, son cuatro: la primera es la moralidad, la mujer conoce su posición y la conducta adecuada en cada momento; la segunda es el buen hablar, no hablar demasiado y de hacerlo no causar daño a los demás con sus palabras; una tercera es la apariencia, debiendo mantener una correcta higiene y vestuario para agradar a los demás y, por último, no puede descuidar sus deberes, como son los quehaceres domésticos.

No debemos olvidar la importancia que tiene el matrimonio para la familia tradicional china y, en consecuencia, para las mujeres. El sistema familiar chino se define como patriarcal, patrilineal y patrilocal. La mujer tiene el estatus de “extraña”, en palabras de Amelia Sáiz, en la familia de su marido pese a la importancia en la actividad doméstica. La ideología confuciana asigna a la mujer los espacios interiores, el nei, encargándose de las labores domésticas, la crianza de los hijos y la dedicación a los familiares del marido, es decir, cuidado de los suegros y de los ritos de los antepasados.

Imagen de una familia tradicional, consistente en un marido y varias esposas con sus hijos. Extraído de Botton Beja, 1993.

Las mujeres mejoraban su estatus con la maternidad, en especial si tenían varones, ya que así perpetuaban el apellido familiar y les daba un lugar en el altar familiar tras su fallecimiento. La mayor posición de poder que podían alcanzar era la de suegras, puesto que además del patriarca de la familia, se convertían en la figura femenina de mayor relevancia del hogar, encargada de administrar todos los asuntos del interior; en contraposición a los hombres, que se encargaban de los asuntos del exterior o wai.

La preferencia por hijos varones se expresa en un dicho que muestra el nacimiento de un niño como una gran alegría (daxi) y el de una niña como una pequeña alegría (xiaoxi), si es que producía alguna. Las niñas eran menos valoradas ya que, al casarse, todo su trabajo pasaba a la familia del marido, y los gastos asociados a su manutención y formación no compensaban a su familia natal. Esto hacía que la poca formación recibida al respecto fuera versada en la realización de las tareas domésticas. Asimismo, ocasionaba la venta de las niñas o infanticidio selectivo, en especial entre las clases bajas que no podían permitirse su cuidado. Entre las clases altas tenían más suerte en ese sentido, ya que su supervivencia podía forjar alianzas familiares ventajosas e incluso recibir algo de educación letrada.[5]

A este propósito, se realizaron obras pedagógicas para las mujeres, en ellas se mostraban ejemplos de mujeres virtuosas y las conductas que debían seguir según la ideología confuciana. Aunque gran parte de estas obras se crearan para la clase alta, es decir, para aquellas que podían recibir cierta educación formal, es posible que se transmitieran estas ideas e historias a clases más bajas.

1.1 Liú Xiàng. Biografías de mujeres ejemplares (Liènǚ Zhuàn)

Liú Xiàng (77 – 6 a.C.) fue un erudito de la dinastía Han,[6] quien destaca por su labor como historiador y bibliotecario, catalogando la extensa colección imperial. Además, editó colecciones de historias y biografías a modo de compilación de diversas fuentes, como pueden ser las Biografías de mujeres ejemplares (Liènǚ Zhuàn). Liú Xiàng realizó esta obra con la intención de mostrarla en la Corte y enseñar cuáles eran las conductas ejemplares en las damas, posiblemente con la intención de evitar las intrigas de palacio y las malas prácticas que llevaban a cabo algunas mujeres para ascender en la escala de poder.[7]

Imagen de la obra de Liu Xiang Biografías de mujeres ejemplares. Extraído de Queen, Sarah, “Beyond Liu Xiang’s gaze: Debating womanly virtue in Ancient China”, Asia Major, vol. 29, nº 2, 2016, pp. 7-46.

Esta obra se basa en relatos biográficos de mujeres que son consideradas ejemplares y que encarnan las virtudes confucianas. Por ello, esta obra fue considerada como una guía moral para la educación de las mujeres durante las distintas dinastías del imperio chino. En ellas hallamos relatos como el de Song Boji, que prefirió morir abrasada durante un incendio antes que abandonar la estancia sin permiso de su marido; con esto inferimos que el objetivo de relatos como este es destacar la posición subordinada de la mujer respecto a su marido, así como la separación de sexos del confucianismo, donde la mujer se encuentra en el interior y los hombres en el exterior. La importancia de cumplir con los preceptos confucianos hace que el amor filial y obediencia debidas al marido sean más importantes que la propia vida. Por otra parte, relatos como el de la madre del filósofo Mencio son muy comentados como un ejemplo de la educación que las madres deben dar a sus hijos, ya que sobre la madre recae el deber de formar al buen ciudadano.

Asimismo, se consideran virtuosas aquellas que, al quedar viudas, mantienen su castidad. Esto se defendía en los textos exponiendo prácticas como la mutilación para no parecer atractivas a un segundo matrimonio o recurrir al suicidio para seguir a su esposo en la otra vida. El suicidio cobró más importancia posteriormente, en especial en la dinastía Ming,[8] donde se llegaba a premiar a la familia de la viuda por haber mantenido su honor realizando este acto. Asimismo, el suicidio también se consideraba una alternativa a la hora de rechazar un matrimonio no deseado o ante el mal porvenir de uno, constando como un signo de protesta y deshonor para la familia del marido. No obstante, para asegurar la descendencia masculina, se permitía el concubinato. El concubinato era una institución por la cual se permitían los matrimonios con más de una mujer, aunque estos eran de menor rango que el de la esposa oficial. Por otra parte, se consideraba prestigioso el poder tener varias mujeres, por lo que se daba más entre la clase alta. Este hecho queda reflejado en algunos pasajes en los que se insta a las mujeres a la resignación y a que no se opongan a los deseos del marido a la hora de contraer matrimonio de nuevo.

1.2 Bân Zhâo. Lecciones para mujeres (Nǚjiè)

Representación figurativa de la historiadora Bân Zhâo. Extraída de Hinsch, 2014.

Bân Zhâo (45-116 d.C) fue la primera historiadora china, así como escritora, política y erudita. Proveniente de una familia de nobles y letrados como su padre Ban Biao, historiador en la corte, o su hermano Ban Gu, recibió una educación letrada. Se casó a los 14 años con Cao Shishu, del que quedó viuda y con hijos poco tiempo después, no se volvió a casar y dedicó el resto de su vida a sus estudios.

Entre sus obras destaca por haber completado el Hanshu (La historia de la Dinastía Han) tras el fallecimiento de su hermano. Asimismo, se le atribuye el haber escrito varias obras, entre ellas de poesía, pero lamentablemente la mayoría no se conservan. Ejerció como instructora en la biblioteca imperial, siendo conocida como “la mujer de talento” o “Venerable Dama Cao”. Una de sus alumnas más destacadas fue la emperatriz Deng Sui, que más tarde la nombró su dama de compañía y a la que acudía en busca de consejo, en especial durante su regencia. Entre sus tareas en la biblioteca, se dice que supervisaba las labores editoriales, como pudieran ser la copia de los textos en tablillas de bambú, al nuevo soporte inventado, el papel, así como la formación de nuevos letrados.

Su obra más destacada es el Nǚjiè o Lecciones para Mujeres, considerada una guía moral confuciana con la intención de educar a las mujeres en el correcto comportamiento para mantener la armonía en la familia. Si bien escribió esta obra dirigida a las hijas de su familia, pronto circuló en la Corte y se hizo muy popular como manual de educación femenina durante toda la época imperial, con un especial resurgir durante las dinastías Ming y Qing.[9]

En la obra se exponen las cuatro virtudes confucianas mencionadas anteriormente y cómo deben actuar las mujeres según estas. Se puede considerar que la autora ofrece una visión misógina y patriarcal[10] debido a sus postulados de seguir las tres obediencias y cuatro conductas morales, pero debemos tener en cuenta el contexto de la época y que, Bân Zhâo únicamente se limitaba a exponer los preceptos de los clásicos confucianos que había estudiado. Si bien esto puede parecer un retroceso para las mujeres, también se la considera algo revolucionaria al tratar la necesidad de una educación mínima y la violencia doméstica.

Autores como Rošker mencionan:

Muchos intérpretes posteriores creían que el apoyo de Bân Zhâo a la educación femenina era solo para que las mujeres pudieran servir mejor a los hombres, tales pasajes también podrían interpretarse en el sentido de defender la igualdad de género a pesar de los diferentes roles sociales prescritos para hombre y mujer.

“La falta de talento y la ignorancia en una mujer son virtud”, frase común a la hora de rechazar la educación femenina y a la que Bân Zhâo se opone aduciendo los beneficios de la educación para las mujeres, como educar mejor a los hijos en los clásicos confucianos. A su vez, los escritos de Bân Zhâo sobre la educación femenina tendrán continuidad en obras similares como la de Song Ruozhao Analectas de mujeres durante la dinastía Tang[11] o el Nèi xùn (Entrenamiento interno o Instrucciones de las habitaciones interiores) en la dinastía Ming.

1.3 Movimiento literario femenino

Las mujeres en época imperial que además eran escritoras, ya fuera de poesía, historia, teatro…, eran en su mayoría pertenecientes a las clases altas y letradas, con posibilidad de acceder a la educación. Pese a que hay variedad de autoras y diferentes áreas a las que se dedicaban, como puedan ser la dramaturgia, el teatro o la poesía, centraremos nuestra atención en esta última por ser más notoria en la bibliografía. La poesía es una disciplina donde se dio un mayor número de mujeres y además, por su morfología, permite identificar mejor que otros escritos las preocupaciones de las mujeres de la época, lo que sirve a nuestro análisis del contexto social de la mujer.

La poesía era percibida como un medio para la expresión de los sentimientos y anhelos, y seguía rígidos modelos que hacían que fuera un arte estructurado a la par que bello. Para empezar, podemos mencionar a Li Qingzhao (1084 – c. 1155) dinastía Song,[12] considerada una de las más grandes poetisas de la historia china. Destaca por su enorme influencia tanto en su época como a posteriori, siendo recordada en relatos como una dama de gran talento, hecho nada fácil de conseguir para una mujer, puesto que muchas poetisas no alcanzaban un alto grado de relevancia. Proveniente de una familia de intelectuales, destacó desde su juventud por sus conocimientos de historia y poesía, llegando a publicar y ganarse un nombre propio antes de su matrimonio a los 18 años.

Fisac afirma:

Pese a reconocer su valía y la intensidad expresiva de sus obras, una de las observaciones que tradicionalmente se han hecho sobre la poesía de Li Qingzhao ha sido la de estar demasiado centrada en sus propias experiencias vitales y ser en exceso autobiográfica, ya que gran parte de su vida puede ser reconstruida a través de sus poemas. En realidad, ésta es una forma un tanto reduccionista de leer su obra, más aún, considerando que los dos modos tradicionales de entender la poesía china han subrayado tanto su carácter didáctico en cuanto instrucción moral y social, como el hecho de constituir una fuente de expresión personal de las emociones.[13]

Quince años ha, bajo la luna,

me dedicaste un poema,

improvisado entre las flores.

Ahora, de nuevo estoy aquí.

Las flores, parecen las de antes

y la luna, es siempre la misma

Más, ¡qué distinto es lo que siento!

L.Q.

Otra de las grandes poetisas de la historia china y que consideramos de gran relevancia es Wu Tsao (1799-1862). Hija de comerciantes y casada con alguien del gremio, destacó por su poesía erótica y dedicada a mujeres, algo no tan usual en la época y motivo por el cual no se relacionó mucho con su marido, prefiriendo la compañía femenina. Se dice que en su madurez se recluyó en un monasterio taoísta, sin que trasciendan más datos de su vida desde ese momento.[14]

Además de su importancia por la calidad y temática de sus versos, consideramos a esta autora relevante, en tanto que nos muestra la presencia del colectivo LGTBIAQ y, en especial, las mujeres, no siendo tan inusual como pudiéramos pensar. Así lo afirman autores como John Boswell.[15]

Como cierre a este artículo, cabría destacar que ese trabajo constituye una introducción al movimiento de emancipación de las mujeres en China, con especial atención a algunas figuras relevantes según la etapa histórica. Se trata de un estudio general y no se profundiza en todos los aspectos, de ahí su carácter introductorio y dirigido a la divulgación. En la siguiente entrega, se tratará la situación de la mujer china en la etapa nacionalista, así como las figuras destacadas de ese periodo.

 

Notas:

[1] Sáiz López, Amelia, Utopía y género. Las mujeres chinas en el siglo XX. Barcelona, Bellaterra, 2001.

[2] Fisac Badell, Taciana, El otro sexo del dragón. Mujeres, literatura y sociedad en China. Madrid, Narcea, 1997.

[3] Hinsch, Brett, Women in early imperial China. Lanham (Maryland), Rowman & Littlefield Publishers. 2011.

[4] Hinsch, Brett, “Bân Zhâo, en Berkshire Dictionary Of Chinese Biography, vol. 1, Great Barrington (Massachusetts), Berkshire Publishing Group, 2014, pp. 222-235.

[5] Botton Beja., F.; Cornejo Bustamante, R., Bajo un mismo techo: la familia tradicional en China y su crisis. México, El Colegio de México, 1993.

[6] Dinastía Han (206 a. C. – 220 d. C.)

[7] Hinsch, Brett, “Reading Lienüzhuan (Biographies of Women) through the life of Liu Xiang”, Journal of Asian History, vol. 39, nº 2, 2005, pp. 129-157. Disponible aquí.

[8] Dinastía Ming (1368 – 1644)

[9] Dinastía Qing (1644 – 1912)

[10] Rošker, Janet S., “Confucian Humanism and the Importance of Female Education: The Controversial Role of Ban Zhao”, Asian Studies, vol. 9, nº 1, 2021, pp. 13-29.

[11] Dinastía Tang (618 – 907)

[12] Dinastía Song (960 – 1279)

[13] Fisac Badell, Taciana, El otro sexo del dragón: Mujeres, literatura y sociedad en China, Madrid, Narcea Ediciones, 1996, p. 47.

[14] Keehnen, Owen, “Wu Zao”, en Legacy Project Chicago, 2015. Disponible aquí.

[15] Boswell, John, Cristianismo, tolerancia social y homosexualidad. los gays en Europa occidental desde el comienzo de la era cristiana hasta el siglo XIV. Barcelona, Muchnik, 1998.

avatar Cristina Martínez Navarro (3 Posts)

Graduada en Historia por la Universidad de Almería. Actualmente cursando el Master de Profesorado en Educación Secundaria Obligatoria, Bachillerato y Formación Profesional en la Universidad de Almería. Apasionada de la historia de Asia Oriental y sus idiomas, estudia coreano, japonés y chino de forma autodidacta


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